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miércoles, 20 de mayo de 2015

Air World, un casting con mamada includa.



Había sido un duro, reclutando azafatas para la compañía. Reconozco mi trabajo no está mal. Me paso el dia recibiendo mujeres de 20 a 28 años, guapas y de buen ver, con ganas de quedar bien y ganarse el puesto. Debo puntuar simpatía, idiomas, inteligencia y don de palabra, pues no es sólo belleza lo que buscamos.


El problema es con tanta mujer, al final acabo calentandome. Antes de marcharme a casa, para olvidarme un poco del curro y matar el tiempo, me gusta mirar porno en internet. 

Aquel día, con la oficina vacía, me había bajado los  pantalones y había comenzado a acariciarme la polla y los huevos mientras veía fotos de mujeres por internet... Mi mano masajeaba mis pelotas a la vez que observaba aquellas perritas practicando el sexo. Estaba cachondo, y mi verga estaba dura como una piedra.


De repente, sin aviso, la puerta se abrió por sorpresa. Una chica joven, morena, de unos 22 añitos, con carita de ángel, una figura esbelta y unos pechos erguidos y turgentes, entró en mi oficina...


- "Lo siento, no quería llegar tan tarde, pero me salió un imprevisto y no pude venir a la entrevista". - Me dijo mientas se sentaba en la silla. Traía varias cosas en las manos y venia con prisas, se le notaba.


Desde luego, no era manera de entrar, ni tiene mucho sentido llegar 2 horas tarde a la oficina, pero la chica estaba muy bien, y se la veía con ganas de trabajar. Y para colmo, yo andaba con los pantalones bajados y la polla tiesa completamente debajo de la mesa.


- "Debe saber que no nos gustan las mujeres nerviosas, ni las que llegan tarde. En esta empresa buscamos azafatas calmadas, puntuales, y muy trabajadoras. No ha empezado usted nada bien la entrevista".



Y entonces pasó lo que no había pasado nunca. Con los nervios, a la chiquilla se le calló un papel que llevaba en la mano, con tal mala suerte que acabó debajo de la mesa. Casi sin darme de cuenta, la aspirante se levantó, rauda como el viento, y se agachó para buscar el papel, hasta ver que había ido a parar justo bajo mis pies. Y fue al meterse, para recuperar el papel, cuando descubrió lo que ocurría bajo la mesa.



Sonó un golpe en la mesa. De la impresión al ver mi polla bien dura levantó la cabeza por inercia y se golpeó con la mesa. Al salir, cruzamos la vista y ya no hubo dudas... me había pillado. 


- "Señorita, no es lo que parece. Ha entrado usted en la oficina, después de que todo el mundo se marchara, y sin pedir permiso. No la esperaba y yo ya estaba en mi momento de relax.".


- "No se preocupe, señor Domine. Entiendo que estaba usted solo y que estaba pasando el rato, pero es que yo quiero trabajar para usted".


Tras unos segundos dubitativos en los que los dos nos miramos a los ojos, empecé a mover las piernas, a juntarlas y cerrarlas, provocando que mis piernas apretaran y aflojaran mis testículos, en una especie de masturbación con las piernas... Yo continuaba con la mano bajo la mesa, agarrándome el miembro.



Seguramente, en cualquier otra situación, ella se habría sentido violenta y se habría marchado, pero aquel día resultó que a ella le hizo gracia encontrarme así, y le entraron unas inusitadas ganas de trabajar en la empresa.



- "Yo lo que quiero es ganarme un puesto de trabajo en esta empresa, Sr. Domine, y trabajar para usted. Tiene usted que saber que tengo cualidades ocultas que le sorprenderían..." dijo mientras acariciaba su pelo.


Los siguientes segundos fueron intensos. Yo callé la boca, no dije nada, y continué mi movimiento de piernas, con mi mano agarrando la base de mi polla, mientras repasaba cada uno de los centímetros de su cuerpo, de arriba abajo. Ella se mantenía de pié, observando como movía mis piernas y notando que una de mis manos no estaba encima de la mesa.



La tensión sexual se notaba por todos lados, así que me lancé y le dije:

- "Está usted dispuesta a ganarse el puesto de trabajo, aquí y ahora?"


Tras volver a mirarme, la aspirante dijo "Sí".



Y tras echar el cuerpo hacia adelante, y abrir las piernas al máximo, saqué la mano de debajo de la mesa, y le hice un gesto a la chica, con la cabeza, indicándole que se metiera debajo del mueble, entre mis piernas...



Ella, ni corta ni perezosa, se metió debajo de mi mesa, entre mis piernas, y agarró mi miembro erecto con su manita. Empezó a pasar su lengua por la punta del glande, poco a poco, excitándome aun más.



Yo no veía nada más que mi mesa y mi ordenador, pero lo que pasaba debajo de la mesa era otro tema. Esa guarrilla empezó a bajar sus labios por mi pene, camino de mis huevos, deteniéndose en cuantas zonas podía. Estaba haciendo la mamada de su vida.



Llegó a mis pelotas y empezó a chuparme los huevos con ganas, primero uno y luego el otro. No hay nada que mas cachondo me pone que me coman los huevos. La muy cabrona se dio cuenta, y se pasó 5 minutos pasando de un huevo al otro, mientras con su manita acariciaba mi polla.


Después de comerme las pelotas, empezó a subir otra vez, chupándome la verga hasta llegar al capullo, donde tras sentir unos suaves besitos, bien dulces, noté como sus labios rodeaban mi glande y empezaba a chupar con ganas.



Al mismo tiempo, empecé a notar como su mano agarraba la base de mi polla con fuerza y empezaba a subir y bajar la piel, pajeandome sin pudor. Al cabo de un par de minutos, mi pene se ponía rojo, tieso, gordo, duro, palpitante...



Y ella lo sabía, sabía que iba a correrme, y la muy zorra quería mi semen. Sacó mi polla de su boca, y sin dejar de pajearme, comenzó a acariciar mi glande con su lengua, esperando mi corrida.



No pude aguantar más, mi semen salió disparado, entrando en su boca, y provocando que apartara un poco su cara. Eso hizo que el resto de mi leche no acabara en su boca, sino en su cara. Sus ojos, sus mofletes, su barbilla... toda su cara estaba llena de mi leche, y ella restregaba mi polla por toda su cara.



Antes de salir de debajo de la mesa, la putita me limpió la verga con su boca, llevándose hasta la última gotita de mi sexualidad. Cuando salió de entre mis piernas, se levantó, y tras limpiarse la cara con un pañuelo, me preguntó que cuando podía empezar el trabajo...


Como era de esperar, estaba aprobada, y debería pasar por mi oficina para todos los exámenes internos que existen en la empresa, que con ella serian muchos.


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