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jueves, 22 de febrero de 2018

Lexie, atada, y follada por culo y boca



Tras la primera sesión matinal con lexie, tocaba recuperar fuerzas, después de habernos adecentado. Ella había venido desde lejos para probar la sumisión conmigo, y no podía darle solo una sesión. Pero primero había que ir a comer.

Antes de salir, se me ocurrió que mi perrita podía ir a comer sin sujetador y sin braguitas, para darle más interés y morbo a la cita. Así pues, ella obedeció, y entramos en el restaurant. Antes de sentarnos, ella tenía que ir al baño para acariciar su coñito, y ponerse cachonda. Ni que decir tiene que cuando salió del baño los pezones se marcaban en su vestido y sus mejillas rojas indicaban que andaba un pelín caliente. Ni que decir tiene que los camareros repasaron de arriba abajo sus curvas y comentaron la jugada.  

Después del primer plato, y de haber charlado amenamente, le pedí otra vez a lexie que fuera al baño, y que repitiera la jugada, enviándome una foto. Ella volvió a levantarse, con su vestido ajustado, y volvió a pasar por delante del staff del restaurant, que nuevamente se fijó en su precioso culito y en sus pechos. Volvió a acariciar su coñito, y se fotografió para mí de nuevo, obediente. Al salir del baño, sus pezones volvían a estar duros, lo cual provocó nuevos comentarios en la sala. Ni que decir tiene que a mí me encantaba ese juego, pues tenía muy claro que sería yo quien se follara a aquella perita dulce.

Una vez acabada la comida, y el vino, volvimos al hotel por horas en el que habíamos estado antes, pero lamentablemente solo encontramos habitación para una hora. Había que aprovecharla.

Ya dentro de la habitación, le pedí a mi perrita que se desnudara, y que se pusiera a 4 patitas en la cama, para mí. Era hora de volver a zurrar aquel culito precioso. Un par de mordiscos más, en cada nalga, y comencé a arrearle de nuevo. Lo siento, pero me encantó morderle el culo, duro y firme.

- Zas, Zas… - Primeros 2 azotes, y primeros gemidos
- Zas, Zas… - Otros dos azotes, en la otra nalga.

Paso mi mano suavemente por su culo, y la deslizo entre sus nalgas, buscando su coñito, una leve caricia que hace que se ponga tonta en seguida. Busco por su bolsa, y saco el plug, las pinzas, y un par de preservativos. Tras colocar la cremita, en su culo, vuelvo a colocar el plug en su ano, sin muchos problemas. Aquel plug se había pasado 2 horas en su culo por la mañana, y no había tenido ninguna molestia.
Sin embargo, al intentar colocar las pinzas en sus pezones, lexie se quejó. Sus hermosos pezoncitos habían sido castigados por la mañana y habían quedado muy lastimados. Me pidió que si podíamos evitar las pinzas, y le dije que sí, sin problemas.


- Zas, Zas, Zas… - Una nueva tanda de azotes, acompañados de mas caricias.
- Zas, Zas… - Me encantaba zurrarla.

Tras unos 30 azotes más, me apetecía follarla. Ella estaba cachonda, y yo quería volver a penetrar aquel conejito estrecho, calentito y mojadito. Agarré un preservativo, lo coloqué en mi polla, y me puse detrás de ella para follarla. De una estocada clavé mi rabo hasta el fondo en su coñito, tal y como me gusta, y comencé a moverme, adelante y atrás, con ganas.

Tras embestir a lexie un par de veces, agarré su melena con fuerza, para tirar de ella mientras la montaba. Me encanta montar a una sumisa, tirándole del pelo, como si fuera una yegua. Curiosamente a ella no le hizo tanta gracia, y me pidió que lo dejara. Al parecer su cuello no estaba preparado para ello, una lástima.

Así pues, pasé a agarrarla por los hombros y a cabalgarla igualmente. Mi dulce putita gemía como una loca mientras la follaba, y me dejó muy claro que estaba cachonda. Es muy posible que se hubiera pasado media comida cachonda, tras tocarse dos veces en el restaurant, y es muy posible que llegara ya caliente de antemano. La cuestión es que no tardó demasiado en pedirme permiso para correrse. Era su primera vez con un Amo, y le di permiso para hacerlo.

- Córrete, perrita, córrete.

No hizo falta que lo repitiera mucho, lexie se corrió y gimió como una loca, dejándome claro que le había gustado. Pero yo andaba aún con la polla dura, y no había follado su culito, ni la había atado. Había que hacer algo para remediar esos 3 problemas.

Tras sacarme el preservativo, coloqué un par de cojines en el centro de la cama, y le pedí que se tumbara boca abajo, encima de esos cojines. Agarré sus manos, puse unas esposas de cuero que ya conocéis todos, y até sus manos a su espalda, de manera que no pudiera liberarse. Ahora era mía por completo.

- Zas, Zas, Zas, Zas, Zas, Zas…

Esas 6 nalgadas eran simplemente por el puro placer de darlas, para que ella supiera que podía hacer lo que yo quisiera con su cuerpo. Sin decir más, coloqué de nuevo un preservativo en mi polla, y tras subirme en la cama, saqué el plug de su culito, y metí mi polla hasta el fondo.  

Era obvio que el trabajo del plug había funcionado, dilatando su culito, ya que no me costó mucho follarlo. Tras una serie de embestidas, me apetecía correrme a mí, pero había otra cosa que no había hecho, y que quería hacer. Agarré a lexie, le di la media vuelta, para dejarla mirando al techo, y subí hacia su boca, para colocar mi polla dentro.

Ella se encontraba tumbada boca arriba, en medio de la cama, y atada de manos, sin poder moverse, y yo andaba en medio de la cama, con mi polla metida en su boca, y follándola. Nunca habían follado su boca de esa manera, y se sentía utilizada, usada, se sentía feliz, porque se veía sumisa, puta, perra.

Y yo seguía a lo mío, penetrando la cavidad bucal de mi perrita, como si fuera su coñito. A cada embiste yo sentía como me excitaba más y más, hasta que llegó el momento de correrme. Nuevamente, mi semen fue a parar a la boca de lexie, que cerró sus labios para tragar todo lo podía. Ella sabía de antemano que debía lamer hasta la última gotita de leche, si quería ser una buena putita.  Y así fue, relamió mi polla, buscando todas y cada una de esas gotitas, para acabar dándome las gracias por ellas.

Finalmente, habían pasado ya 45 minutos, y en 15 debíamos abandonar la habitación. Desaté a mi perrita obediente, y volvimos a la ducha para bañarnos. Ella volvió a enjabonar mis bajos, y a dejarlos bien limpios mientras comentábamos la jugada. Luego nos vestimos, y fuimos a tomar un café al bar de al lado.

La tarde acabó conmigo marchando para casa, y con lexie marchando hacia el tren, para volver a su ciudad, y con una nueva experiencia que contar, o que callar. No sé si acabará siendo la sumisa de alguien, pero tengo muy claro que no se olvidará de mí, porque yo fui el primero, y yo la pervertí. Me encanta.

Para lexie, con cariño.


Si quereis saber mas sobre lexie, no os perdais su primer escrito y su primera sesión:

Soy suya, y seré suya, mi Amo (por lexie)
Una sesión matinal de lexie con el Profesor.


miércoles, 14 de febrero de 2018

Sesión matinal con lexie, una sumisa novata.



Era la primera sesión de Lexie y se la veía nerviosa. Había venido desde lejos, expresamente para ser usada por mí, y quería quedar bien conmigo. Por otro lado, yo no quería que ella se asustara, por lo que había preparado una sesión tranquila. No quería que su primera sesión fuera demasiado bestia. 

Llevaba un vestido largo que marcaba su cuerpo, muy apetitoso para tener casi 40 años. Suavemente, pasé mis manos por su culo y por sus pechos, mientras le hablaba al oído para tranquilizarla y que supiera que estaba en mis manos. Un azote en el culo, cuando menos se lo esperaba, me sirvió para entrara en el juego. 

Lentamente, subí su vestido para dejarla en ropa interior. Su hermoso culo respingón y duro, pedía a gritos un mordisco. Me encanta morder un culo duro y prieto. Tras sacar su ropa interior, y agarrar sus hermosos pechos, comencé a azotar su culo.

- Zas ¡¡ - Primer azote. Ella da un pequeño saltito, pero veo que lo aguanta bien.
- Zas, Zas, Zas... - No hay duda de que ella disfruta esos azotes.

Era la primera vez que la azotaban así, por el puro placer de azotarla, y le encantaba. Aproveché entonces para pellizcar sus hermosos pezones, y para morderlos un poco. Ella gimió, en una mezcla de dolor y de placer que me encanta. Es obvio que sus pezones no estaban entrenados, pero me gustó ver que aguantaba el dolor, e incluso que le gustaba sentir cómo se mezcla con su excitación.

Después de unos 30 azotes, lexie ya estaba preparada para iniciar el juego. Yo quería que ella se masturbara para mí, delante mío, pero sin correrse. Tras introducir un plug en su culito, le ordené que te tumbara en la cama, y que se masturbara, mirándome a los ojos. Tras introducir un consolador en su coñito, comenzó a masturbarse delante de mí, mientras me miraba fijamente. Yo continuaba vestido, observándola, y era evidente que la situación era muy morbosa.

- 'Quien eres??' -  Le pregunté.
- 'Su puta' - Dijo ella sin dudarlo.
- 'Quien eres?? Repítelo' -  Volví a preguntarle
- 'Su puta' - Repitió ella, convencida.
- 'Ni se te ocurra correrte, lexie, no tienes mi permiso'.

Ella, obediente, y cachonda, deseaba obedecer mis órdenes, y se masturbó unos minutos, sin llegar a correrse, y sin dejar de mirarme. Yo quería que ella tuviera clara que se masturbaba para mí, porque así lo deseaba yo, y podía ver en su carita el placer de obedecerme.

Cuando llegó al límite de correrse, paró, y esperó mis nuevas instrucciones. Y esas instrucciones incluían darme placer. Tras sacarme la camisa y el pantalón, ordené a lexie que se arrodillara delante mío, sin sacarse el plug y el consolador, y que hundiera su cabeza entre mis piernas.

- 'Huele, perrita, quiero que captes el olor de mi sexo, como una perrita conoce el olor de su Amo.

Ya habíamos hablado antes de ese ritual, y ella sabía lo que yo pretendía de ella. Metió su cabeza entre mis piernas, de manera que su nariz pudiera captar mi olor corporal, mi olor sexual. Mi polla reposaba sobre su cara, mientras su nariz y su boca prestaban atención a mis huevos. No dudé en agarrar su cara, y apretarla contra mis cojones, ni en azotar tu carita de niña buena con mi polla bien dura. Pasé la punta de mi verga, mojadita, por su cara, con la mera intención que ella supiera que era mía, y que yo podía hacer lo que quisiera con ella.

Tras lamer mis huevos un buen rato, provocando que yo me excitara más, le ordené que abriera la boca, para follársela. Introduje mi miembro, tieso, hasta tocar casi su garganta, y ella hizo el ademán de usar sus manos para apartarme, al atragantarse. Era la primera vez que follaban su boca en serio, y no estaba acostumbrada. Tras suavizar mi penetración bucal, ella se relajó y comenzó a disfrutar del hecho de sentirse usada, utilizada.

- Mírate al espejo, perrita, quiero que te veas a ti misma, con mi polla en tu boca.

Ella nunca se había visto así, chupando, lamiendo como una putita, como una perrita, y creo que el verse arrodillada, y con mi rabo en su boca, la intimidó un poco, con lo que solo se atrevió a hacerlo un par de veces. Tras jugar un rato, le ordené que se pusiera a 4 patas, quería castigarla un rato. Colocamos unas pinzas en sus pezones, sensibles, y comencé a azotar su culo de nuevo, con fuerza.

- Zas, Zas, Zas...

Primeros azotes. Ella gemía, en una mezcla de placer y dolor, mientras sentía como las pinzas presionaban sus pezones. De vez en cuando movía el plug que tenía en el culito y el consolador que tenía en el coño, todo con la intención de tenerla siempre excitada, cerca del orgasmo, pero sin correrse. Tras acariciar su culito, suavemente, y presionar de nuevo sus pezones, continuaban los azotes. 
 
- Zas, Zas, Zas...


Ella había traído una regla, fina, pequeñita, de las que los niños usan en el colegio para pintar. Agarré esa regla, y con cuidado comencé a azotar con ella su coñito. Me encantó ver como gemía a cada golpecito que yo daba en su clítoris, o en sus labios vaginales. Estaba cachonda y mojada, y ese leve dolor, acompañado del resto de sensaciones, provocaba que se excitara aún más. Esa mezcla de dolor y placer les encanta, se vuelven locas.

Tras una nueva tanda de azotes, otros 30 más, me apetecía follarla. Quería probar su coñito, así que aparté el consolador de su coñito, e introduje mi rabo hasta el fondo. Rápidamente pude sentir el calor y la humedad de su conejito mojado. Agarrándola por las caderas, con fuerza, embestí fuertemente contra su coñito, pudiendo oír como mi perrita obediente gemía una y otra vez.  

Mientras follaba su coñito, no pude evitar pensar que un par de azotes bien dados vendrían bien para ponerla más cachonda. Me encantó su culo y sus caderas, o sea que no iba a perder la oportunidad de arrearle un poquito más. Otros 3 o 4 azotes sirvieron para que ella soltara un par de gritos más. A cada embestida mía, el plug que continuaba en su culito se clavaba otra vez, lo cual provocaba aún más excitación en ella. Las pinzas continuaban presionando sus pezones, también. Pero aquella era la primera vez que follaba a lexie, y no quería correrme en su coñito, yo quería que ella saboreara mi leche, que tomara mi semen, hasta la última gota, y tampoco quería que ella se corriera antes que yo. No tenía permiso para eso. Si se iba a correr, tendría que ser después de mí.

- Túmbate en la cama, lexie, boca arriba, y con la cabeza en el borde del catre. Voy a follar tu boca.

Ella nunca había estado en esa posición, pero deseaba probar cosas nuevas, así que obedeció. Se estiró en la cama, boca arriba, y dejó su cabeza al borde de la cama, mirándome. Tras colocar una pierna a cada lado de su cabeza, ella tenía encima suyo mis huevos y mi rabo. No tardé mucho en ofrecérselos para que chupara. Tras lamer un rato mis pelotas, provocando que me excitara más, introduje mi rabo en su boca para comenzar a follarla. Poco a poco fui introduciendo mi verga en su boca, más profundo, hasta el final. Ella volvió a atragantarse otra vez, pero ahora ya confiaba en mí, y no usó sus manos para separarme.

Tras un rato en esa posición, vi que no iba a correrme, y le pedí que se arrodillara de nuevo. Una vez de rodillas, volví a meter mi polla en su boca, y ahí sí que vi que podía correrme. Agarré su cabeza, con fuerza, y comencé a follarla otra vez, provocando de nuevo las arcadas de mi putita. Pero fue ahí cuando pude sentir un nuevo cambio en su actitud. Ahora era ella la que quería que metiera mi polla hasta el fondo, la que buscaba que mi rabo llegara hasta su garganta. Tras una serie de empujones, llegó el momento de correrme.

- No te lo tragues aún, lexie, no puedes tomarte mi leche hasta que yo te lo ordene.

Poco después de pronunciar estas palabras, llegué al éxtasis, y una explosión de semen inundó la boca de mi perrita, que obediente, no tragó. Tras repasar bien mi polla con su lengua, y con sus labios, hasta la última gota de mi leche, ella apartó su cabeza, y me enseñó su rico premio, blanco, espeso, en su lengua. 'Tómatela, perrita', le dije, y ella obedeció, ingiriendo mi semen como una niña buena se toma la leche antes de ir a dormir. Educadamente, y con mimo, repasó mi pene entero con su lengua, limpiando cada rincón y tomándose hasta la última gota. Una buena perrita sabe que la última gotita siempre tarda en salir.

Era obvio que yo había quedado contento, y ahora quería ver como ella se corría para mí. Le ordené que se tumbara en la cama, y que se masturbara para mí. Ella ya estaba cachonda perdida, y era evidente que tardaría poco en llegar al orgasmo. Introdujo de nuevo el consolador en su coñito, y comenzó a masturbarse con él mientras acariciaba su clítoris. Justo entonces, me acerqué a su oído y le di una orden muy clara: 'Córrete, putita, córrete. Quiero ver cómo te corres'. Esas palabras hicieron que llegara al orgasmo y se retorciera de placer en la cama. En medio del orgasmo se le escapó una risita, que curiosamente no puede evitar, y que me pareció graciosa.

Después de aquella primera sesión, matinal, tocaba descansar y comer un poco. Antes de ello, hicimos una serie de fotos, que ya habíamos apalabrado anteriormente, y que os enseñaré en un próximo post, y le pedí que me bañara. Ella accedió a gusto, y comenzó a enjabonarme con las manos, entreteniéndose en mi culo, mis huevos y mi polla. También era su primera vez, y le gustaba. No tardé en darme media vuelta, para pedirle que me enjabonara los huevos y la polla desde detrás. Me encanta que deslicen la mano entre mis piernas, desde atrás, para agarrar mis testículos y mi verga, y masturbarme. No puedo evitarlo, me apasiona esa postura.

Y así acabó nuestra sesión matinal. Nos vestimos, y fuimos a comer a un restaurant, para recabar fuerzas de cara a nuestra sesión de tarde... pero eso ya os lo contaré en otro post.



Si quereis saber mas sobre lexie, no os perdais su primer escrito y su segunda sesión.

Soy suya, y seré suya, mi Amo (por lexie)
Atada y follada, por culo y boca.



miércoles, 7 de febrero de 2018

Soy sumisa, y seré suya, mi Amo.



Hace poco más de un mes, curioseando sobre la sumisión en internet, encontré su blog y contacté con usted por primera vez; despistada, ingenua, ignorante y más bien torpe en este tema, pensaba que solo buscaba una idea para una 'cita' especial; ahora veo claro que no tenía ni idea de que estaba buscando en realidad.
Aun así, recuerdo perfectamente la sensación que tuve antes de escribirle, leí varios de los escritos más recientes de su blog y me encantaron. Me sorprendí a mí misma excitándome mientras leía como azotaba a su sumisa e imaginando que era yo la que se encontraba a 4 patas y sentía como pasaba su mano por mi coñito cada 8 azotes. Me avergonzó un poco excitarme cuando describía como se corría en su cara y como ella se deleitaba con su leche.
A cada palabra que leía iba apretando las piernas cada vez más y contrayéndome para acentuar esa excitación. Tuve muchas ganas de tocarme y lo hice, en la mitad del segundo escrito ya me había corrido pero me excité tanto que leí otro más y volví a correrme con él.
Recuerdo quedarme acostada de lado sobre la cama, desnuda de cintura para abajo, con los pantalones y las braguitas por los tobillos por las prisas que me entraron y con una de mis manos aun agarrando mi coño, notando la humedad entre mis muslos y en mis dedos, jadeando y sonriendo a la vez.
Como sabe, aquel primer contacto fue para pedirle consejo, para tratar de satisfacer a otra persona, aunque esa cita nunca llegó a celebrarse, y desde su primera respuesta, de alguna manera consiguió que me sintiera normal y que no me sintiese como un bicho raro por preguntar y ser curiosa. Fue muy directo y lo agradecí.
Días después empezó a hacerme preguntas que ni siquiera yo me había hecho nunca y de esa forma, poco a poco, me fui dando cuenta de que esto me gustaba más de lo que en aquel momento era capaz de reconocer.
Al principio pensé que tan solo sería un juego excitante, atrevido y algo fuera de lo común, al menos para mí. Me atrajo mucho la sensación de estar haciendo algo que no debía, algo inadecuado y que no podía contarle a nadie, algo que solo sabíamos usted y yo. Poco a poco fui entrando en el “juego” y cediendo a sus órdenes y sus deseos (a los míos también), me envió un cuestionario sexual que me hizo pensar mucho y consiguió que me preguntara a mí misma muchas cosas en las que nunca me había parado a pensar anteriormente.
Algunas de las cosas que mencionaba en su cuestionario las había probado de forma más “light”, pero nunca desde el punto de vista de la sumisión o mejor dicho, desde la conciencia de la sumisión, al menos no de este tipo de sumisión. Siempre me ha gustado dar placer, he disfrutado sabiendo que lo que yo hacía conseguía excitar y hacer llegar al orgasmo a mi pareja, por eso cuando me han pedido algo fuera de lo habitual, no he tenido reparos en probar y repetir incluso si a mi pareja le había gustado, aunque a mí no me resultara especialmente placentero.
Con mis experiencias sexuales anteriores me fui haciendo más consciente de la atracción que determinadas prácticas tenían sobre mí y fui comprobando que existía la posibilidad de que mis gustos sexuales fueran más amplios de lo que quería reconocer y que, no solo disfrutaba de algún azote o de que me “obligaran” a mantener una postura o de que me “forzaran” la boca o de tragarme la leche… sino que lo buscaba.
Tras solo un par de semanas hablando con usted, nuestra “relación” se ha ido estrechando, al menos esa es la sensación que yo tengo. Me siento muy cerca de usted, Profesor, he ido recibiendo con mucho gusto sus órdenes, he hecho cosas para usted que no había hecho nunca para nadie, me he grabado masturbándome, corriéndome, introduciendo plugs, consoladores y otros objetos en mi boca, en mi culito, en mi coñito… y la verdad es que me ha gustado hacerlo simplemente porque usted me lo ha ordenado. Me gusta complacerle y me gusta obedecerle. Eso produce en mí una excitación enorme.
En muy poco tiempo, hemos ido dando pasitos, probando cosas nuevas, entrenando mis rodillas, mis pezones, mi culito… y de ésta forma casi sin darme cuenta, me he ido convirtiendo en Su perrita, en Su sumisa. Me parece mentira que ahora sea capaz de escribir éstas palabras con tanta facilidad, sintiéndome reconocida en ellas, sin ofensa, sin vergüenza y hasta se las puedo decir en alto. Sí, mi Amo, soy Su puta y deseo ser suya.
Hasta este momento, todo ha sido virtual o en remoto como usted dice, a distancia y mucha, por eso había que dar el salto y probar en persona, porque yo necesito sufrirlo y disfrutarlo. Tras darle algunas vueltas y pensar en distintas fechas, finalmente compré el billete y empezó la cuenta atrás.
Recuerdo el nudo en el estómago que se me puso antes de dar el último clic. Me puse tan nerviosa y me asusté tanto que por un momento pensé que me había equivocado, que todo había sido un error, que se me había ido la cabeza. ¿Cómo voy a querer ir a Barcelona, una ciudad en la que solo he estado una vez, para dejar que un desconocido haga lo que quiera conmigo? Es de locos. Debo estar loca.
Y si lo estoy… ¿Qué pasa?


A veces tengo la sensación de que necesito justificarme y convencerme de que aunque sea poco convencional o habitual, no es nada malo tener estas inquietudes y deseos, quizá sea algo imprudente, pero definitivamente no tiene nada de malo. ¿O sí? ¿Por qué me preocupa lo que puedan pensar los demás… si no lo van a saber?
Tengo sentimientos contradictorios, hay momentos en los que apenas puedo esperar a que llegue el día, me vuelvo ansiosa, me excito con solo pensarlo y otros en los que me vuelvo a asustar, se me agarrota el estómago y me entran dudas. Me preocupa pensar en si sabré complacerle, si será paciente conmigo, si seré capaz de controlar los nervios, si le gustaré, si sentiré dolor, si podré disfrutar de ese dolor…
Quiero empezar ya, que llegue ese momento en el que me encuentre frente a usted, sin un ordenador o una pantalla en la que “protegerme”, desnuda, vulnerable y a su merced. Deseo que me ponga a prueba y deseo superar esas pruebas. Me gustaría que me haga más suya de lo que ya soy.
Siempre he pensado que necesitaba cierta atracción física o algún tipo de conexión especial con alguien para tener relaciones sexuales y ahora me encuentro con que voy a ir a pasar el día a otra ciudad a más de 600 km de distancia, sola, sin decírselo a nadie, con el único objetivo de ser sometida y de que un desconocido me ponga a 4 patas, me sodomice, me azote, me pellizque, me ate, me penetre, se corra sobre mí, me haga tomar su leche… y además lo hago voluntariamente.
No le conozco, no sé cómo es y aun así siento esa conexión, puedo confiar en usted, sé que sabe perfectamente lo que hace y que va a manejar la situación para que me sienta cómoda y relajada. Voy a experimentar la sumisión en persona por primera vez y será algo único. Para una novata como yo dar este paso no es fácil, pero si necesario.
El hecho de excitarme sexualmente obedeciendo órdenes y el disfrutar grabándome mientras me masturbo o me pongo unas pinzas en los pezones solo porque usted me lo pide era algo que no me había planteado como una posibilidad en mí vida. Seguro que en algún momento he podido pensar que eso no lo hace una mujer normal, que no es propio de alguien como yo, que no está bien.
Pero cuando hablo con usted siento que de alguna manera me libero, me transformo y que puedo explorar partes de mí que no había dejado aflorar con nadie. Sensaciones y fantasías de las que no podía hablar hasta ahora. Las estoy dejando salir y siento que puedo atreverme, ¿Por qué no?
Y aquí estoy Profesor, míreme… faltan menos de 2 días para la primera sesión con usted y cuanto más lo pienso, más duros se me ponen los pezones, más se moja mi coñito y más ganas tengo de que llegue la hora.
Hágame suya, mi Amo, se lo ruego.


Por Lexie. 


Para seguir la historia de lexie con el Profesor Domine:

Una sesión matinal de lexie con el Profesor. 
Atada y follada, por culo y boca.
 

lunes, 23 de octubre de 2017

Amo y sumisa, preguntas y respuestas en Internet



Hoy en dia puedes encontrar de todo en Internet, la gente utiliza la red para buscar todo tipo de información sobre cualquier tema, por muy variado y extraño que pueda parecer. Es una realidad aplastante de la cual no escapa el BDSM.

Cada día, miles de curiosos buscan datos sobre la sumisión o la Dominación a través de la red. Hombres y mujeres, de todo tipo y edad que se sienten atraídos por este mundo, y que en la muchas ocasiones nunca se han atrevido a dar el paso adecuado y declararse Amos o sumisas. Los hay casados, solteros, viudos, separados... hombres y mujeres... heteros, homos, bis...

Por mi Blog pasan también cientos de personas cada día buscando información, o simplemente curioseando. Y muchos de ellos ven mi cuenta de correo, profesor.domine@gmail.com. Muchos se quedan mirando mi cuenta de email pensando en si me escriben o no, y algunos siguen leyendo mi Blog sin darle mas importancia. Otros, por mera vergüenza, no me escriben por miedo a que no les responda, o por miedo a revelar que tienen gustos sexuales distintos. Otros sí te atreven, y me acaban pidiendo ayuda o consejo sobre sus relaciones sexuales.

He ayudado a matrimonios que llevaban 10 años juntos a iniciarse en el BDSM. Tras 10 años viviendo juntos, la mujer le explicaba a su marido que quería ser sumisa, pero que no quería buscar Amo fuera de casa, sino que esperaba que su Amo fuera él. Sin mucho conocimiento del tema, el marido decidía entonces escribirme y pedirme consejo, y yo encantado se lo daba. Sinceramente, me gusta saber que puedo ayudar a mejorar la vida sexual de una pareja, y conseguir darle un nuevo punto de mira.

También he aconsejado a Amos novatos que no sabían como tratar a sus sumisas novatas, y que buscaban ejercicios e información sobre como tratarlas. O curiosas novatas que querían iniciarse en el mundo de sumisión pero no sabían cómo empezar. Muchas de esas curiosas no se atrevieron a escribirme por miedo o por vergüenza, y eso me entristece porque soy de los que cree que hablando se entiende la gente, y porque sinceramente, me encanta hablar de sumisión y de sexo con las mujeres. Me gusta leer sus gustos, y responder sus preguntas. Me encanta preguntarles yo a ellas sobre sus gustos sexuales, y tirarles de la lengua. Me apasiona saber que alguna desea tener un trío con otra mujer, o que otra desea que se corran en su cara. Hay miles de fantasías sexuales, y quiero que me las cuenten, porque al final, cuanto más hablo con la gente, más aprendo de este mundo, y más puedo ayudar a otras personas.

Yo no me como a nadie. Estoy dispuesto a ayudar a todo el mundo siempre que sean medianamente educados conmigo. Odio los que escriben una vez, con mensajes del tipo 'Necesito ayuda', y tras recibir mi respuesta ni siquiera se dignan a darme las gracias por el consejo o la ayuda.

Escríbeme si tienes alguna duda. Si quieres ser sumisa y no sabes cómo comenzar, si tu pareja quiere ser sumisa, si tú quieres ser un buen Amo, o si buscas consejos sobre tus fantasías sexuales, anímate, y pregúntame. Eso sí, te ruego que seas educad@, y que agradezcas el tiempo que te dedico.



Pdta: si tienes alguna duda, puedes ponerte en contacto con el Profesor Domine via email, o via Hangouts, escribiendo a profesor.domine@gmail.com