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lunes, 16 de octubre de 2017

Petplay: La sumisa perrita quiere jugar

Suelto un pequeño suspiro, me encanta ver a mi Domine trabajar, lo concentrado que se encuentra sentado en su silla frente al ordenador, pero quiero su atención. Me tiene esperándolo,  desde hace media hora, sentada, desnuda e impaciente en el tapete que se encuentra en una esquina de la fría habitación. Creo que lo hace aposta, sabe lo impaciente que soy y su pose imperturbable me está volviendo loca, le deseo, lo necesito.

No puedo más, quiero su atención, quiero que juegue conmigo. Me pongo a 4 patas y le echo un pequeño vistazo, parece que no lo ha notado, tomo con mi boca mi platito de perrita que está a un lado del tapete, otro vistazo y sigue en lo suyo. Mi pulso se acelera y se forma un nudo de nervios y anticipación en mi estomago. Camino a cuatro patas, con mi platito en la boca, hasta situarme enfrente de su escritorio, otro vistazo, estoy segura que me está ignorando a propósito.

Me arrastro por el duro y frío piso, mi corazón bombea como loco, mi cuerpo comienza a temblar. Llego a su lado, me siento sobre mis piernas con las manos dobladas a la altura de mi pecho, suelto unos pequeños gimoteos y le miro. Me está mirando fijamente, esta serio, mi corazón da un pequeño brinco, la sangre sube a  mis mejillas y el temblor de mi cuerpo es más notable.

Oh, oh, creo que estoy en problemas. Sin embargo, mi Domine suelta una pequeña risa y me mira con ternura.

- Ya te habías tardado, mi niña. -  dice mientras desplaza la silla a un lado para dejarme sitio.
 

Mi cuerpo se relaja visiblemente,  inmediatamente muevo la colita y le dejo el plato cerca de sus pies. Me sitúo  entre sus piernas, sentada en el suelo y apoyo mi cara en su rodilla, buscando su contacto. Esto provoca otra pequeña risa de su parte, con su mano hace pequeñas caricias en mi cabello y en mi cara. Se siente de maravilla, me encanta su contacto.

Pasan unos pocos minutos, que se sienten como horas, mi Domine sigue concentrado en su trabajo y de vez en cuando me regala algunas caricias. Soy una pequeña revoltosa, lo sé, pero no aguanto más, necesito a mi Domine y tendré que hacérselo saber, aunque estoy segura que ya está esperando mi próximo movimiento. Me restriego un poco contra sus piernas, y suelto un pequeño ladrido, como tenía previsto, su mano se dirige nuevamente hacia mi mejilla, volteo la cara de modo que su mano queda al alcance de mi boca y nariz, aspiro discretamente, me encanta su olor.

Comienzo a repartir pequeños besos en la palma de su mano, noto como se tensa levemente pero deja su mano a mi alcance, escucho el sonido de las teclas del ordenador al ser pulsadas suavemente. Con más valentía paso sutilmente la lengua por la palma de su mano hasta llegar a su dedo corazón, sostengo su mano con las mías, para que no se me vaya a escapar, en lo que me incorporo  sobre los rodillas para tener más movilidad.

Con su mano entre las mías, me acerco mas  y meto la punta de su dedo a mi boca y succiono levemente. Dejo de escuchar las teclas al ser pulsadas y noto que mi Domine se ha quedado quieto, este leve descubrimiento hace que se me escape una pequeña sonrisa de triunfo mientras meto su dedo más profundamente a mi boca, al sacarlo, raspo suavemente su dedo con mis dientes y escucho un pequeño gruñido de mi Amo antes de notar que hecha la silla para atrás y quita la mano de mi alcance.

Mi Domine está sentado frente a mí, mirándome con diversión, mi corazón se acelera, me siento sobre mis piernas  con las manos descansando sobre el suelo, con la cabeza agachada en señal de sumisión. Creo  que ha pasado una eternidad hasta que siento la mano de mi Domine tomar mi barbilla y levantarla para que lo mire, y noto deseo en sus ojos, inmediatamente una corriente de excitación recorre mi sexo.

- Así que mi perrita quiere jugar - dice roncamente.

Veo como abre un cajón de su escritorio y saca una pelotita. Mi corazón bombea como loco, siento como la sangre va más rápido a todas las partes de mi cuerpo, concentrándose especialmente en mi sexo, que empiezo a notar húmedo.  Muevo la colita y suelto unos ladridos.

- Ve por ella Bambi - me ordena mi Domine mientras echa el brazo para atrás y lanza la pelota al otro extremo de la habitación.

Inmediatamente me  arrastro a 4 patas por la habitación hasta coger la pelota con la boca. Regreso hasta situarme enfrente de mi Amo, dejo la pelota en su mano, que está extendida, mientras muevo la colita y ladro para que la lance de nuevo.

Mi Domine repite la acción 5 veces. A la quinta, una vez deposité la pelota en su mano, la vuelve a guardar en su cajón. Me siento sobre mis muslos y pongo mis manos en el suelo. Mi Domine me mira fijamente, posa su mano en mi cabeza y me dice  "buena chica" mientras acaricia mi cabeza. Mi Domine echa la silla hacia atrás, se levanta y camina hasta el sofá, al fondo de la habitación

- Ven- me ordena mi Domine.

Me arrastro a 4 patas hasta quedar enfrente de él. Nuevamente, me siento sobre mis muslos esperando, con impaciencia y excitación, la siguiente indicación.

- Desnúdame Bambi-  ordena mi Domine, con esa voz tan serena e imperturbable. No entiendo cómo puede estar tan tranquilo, mientras yo soy un manojo de nervios y excitación. Le deseo, le deseo con locura.

Me incorporo hasta quedar parada enfrente de él, me encanta ver lo pequeña que soy a su lado. Con mis manos temblorosas comienzo por desfajar su camisa, para después desabrochar los botones. Me acomodo detrás de él y le saco la camisa por los hombros, teniendo cuidado en no arrugar su ropa. Con mucho mimo doblo la camisa, camino hasta el escritorio y la dejo allí. Regreso hasta estar enfrente de mi Amo, me arrodillo y comienzo a desabrochar sus zapatos. Levanta levemente la pierna derecha, retiro su zapato y su calcetín. Ahora levanta la pierna izquierda y repito el procedimiento. Tomo los zapatos y los calcetines, me incorporo y camino hasta el escritorio, los deposito en el suelo. Me arrastro por el suelo a 4 patas, hasta quedar nuevamente frente a él.

Desabrocho el cinturón, luego el botón de su pantalón, le bajo el cierre y el pantalón. Una vez más me dirijo al escritorio y dejo el pantalón, doblado con cuidado, a un lado de la camisa. Le echo un pequeño vistazo a mi Amo, sigue parado enfrente del sofá, mirando me imperturbable. Me encanta todo de él, me encantan sus manos con esos dedos largos y finos, perfectos para chuparlos. Me encanta su espalda, dura y ancha, perfecta para pasar mis manos y  dejar caricias por ella. Me encanta su pecho, perfecto para pasar mi lengua por él.

Dirijo mi mirada a su bóxer, donde puedo notar su polla que está dura, y no puedo evitar pasar mi lengua por mis labios. Me encanta su polla, esa polla dura que es demasiado grande para mi boca, esa polla que me alimenta cuando hago las cosas bien, esa polla que me lleva a la gloria...

- Bambi- me llama la atención mi Domine.

Doy un pequeño respingo, me he quedado embobada, enfrente del escritorio, admirando a mi Domine. No parece nada contento.

-Sube, perra - chasquea los dedos señalando el sofá, mientras me mira, severo.

De inmediato me pongo a 4 patas y me arrastro hasta el sofá, una vez allí, me subo a él. Quedando de cara a la pared, con el culo hacia mi Amo.

ZAS- siento una dura nalgada en mi culo.
 

ZAS- otra.
 

ZAS- aferro mis uñas al brazo del sofá.

Mi Domine repite la acción 12 veces más. Siento mi culo arder, pero también puedo sentir lo mojado que está mi coñito.

De repente siento dos dedos de mi Domine recorrer mi vagina. Los pasa por mis labios, mientras acaricia mi culo con su otra mano. Bruscamente mete los dedos en mi coño, los mete y los saca una y otra vez. No puedo evitar gemir y mover mis caderas en busca de más.

ZAS- una nueva nalgada, me quedo quieta.

Con su mano libre coge mi cabello y tira de él, echando mi cabeza hacia atrás

-Mira que mojada estas, putita- saca sus dedos de mi coño y los pone frente a mí. Con su otra mano sigue sujetando mi cabello.

-Abre la boca- me ordena.

Inmediatamente abro la boca, y el mete sus dedos, empapados de mis jugos, a mi boca. Los chupo hasta dejarlos limpios.

Acerca su cara a la mía, y me susurra - quédate quieta, Bambi, no te muevas- suelta mi cabello y deja una pequeña caricia en mi culo antes de retirarse.

Puedo escuchar como camina por la habitación, escucho el roce que produce su bóxer cuando se lo quita. Escucho cajones abrirse y cerrarse. Escucho que toma algo del suelo y lo escucho acercarse.

Se coloca a un lado mío y empieza a dejar caricias por mi espalda. Me estremezco ligeramente. Agarra mis tetas cosas sus manos y las aprieta.

-Mmm, me encantan estas tetas que tienes, perrita- toma mis pezones entre sus dedos y los estira.

-Te voy a poner estas pinzas en los pezones- extiende la palma de su mano frente a mí, puedo ver las pinzas en ella. - pero primero voy a disfrutar de estas tetas- me incorpora, de modo que quedo de rodillas en el sofá. Agarra mis pechos con sus manos y los estruja. Acerca su boca a uno de mis pecho, dejando pequeñas mordidas en el, para luego meterse un pezón en la boca.

Gimo y me retuerzo, es una deliciosa

-Shhhh, quieta perrita- me da un pequeño pellizco en el culo. Me quedo quieta.

Mi Domine pasa unos minutos torturando mis pechos, metiéndose un pezón a la boca y luego otro. Hasta que coloca las pinzas en ellos.

Mi Domine se coloca frente a mí, admirando mis pechos.

- Preciosas, y son mías, perra- Da unos pasos para atrás, queda a unos pasos enfrente de mí, chasquea los dedos, señalando el suelo enfrente suyo.

Me bajo de sofá, y me camino a 4 patas hasta quedar enfrente suyo, su polla dura y deliciosa queda prácticamente enfrente de mi cara. Quiero su polla, quiero chuparla hasta tener mi lechita.

Me siento sobre mis talones, levanto los brazos a la altura de mi pecho, doblo las manos, miro su polla y le miro a él mientras comienzo a ladrar.

-¿Quieres comer perrita?- me mira con diversión.

Doy unos pequeños saltitos y ladro insistentemente. Él sabe cuánto deseo su polla.

-Abre la boca y saca la lengua, no chupes-

Hago lo que me pide, saco la lengua y me quedo quieta. Mi Domine agarra su polla con una mano y la posa sobre mi lengua, toma mi cabello con su otra mano, y tira de él para levantar mi cabeza, mientras sigue golpeando mi lengua con su polla, una y otra vez.

-¿Quien es mi perrita, Bambi?- Me mira a los ojos mientras pasa su polla por mi cara.

Suelto un ladrido, mientas le miro para hacerle saber que soy yo, yo soy su perrita, su fiel y obediente perrita.

-Buena chica, abre la boca-  inmediatamente abro la boca y mete su polla dura y deliciosa en ella.

Tomo su polla con una mano y comienzo a moverla, arriba y abajo, mientras la chupo.

Al cabo de unos minutos, saca su polla de mi boca, y yo me quejo, quiero que se corra en mi boca, a él le causa gracia y la pasa por mi cara. Me ordena subir nuevamente al  sofá y colocarme de cara a la pared. Se sitúa detrás mía y pasa su polla, mojada por mis babas, por mi coño, mi coño mojada y sensible por la excitación.  Sujeta mis caderas con sus manos y me penetra, comienza a bombear dentro de mí sin piedad. Estoy tan excitada que al cabo de unos pocos minutos estoy por llegar al orgasmo. Volteo la cabeza para mirarle y ladro, para  hacerle saber que estoy cerca. Me mira a los ojos mientras sigue penetrando me, vuelvo a ladrar.

-Aun no perrita, ni se te ocurra correrte- me advierte.

Gimoteo de frustración e intento concentrarme en no correrme, no quiero quedarme sin mi premio. Después de un par de minutos más, agarra mis tetas, que están muy sensibles por las pinzas, y las masajea. Una vez más comienzo a ladrar y gimotear para hacerle saber que estoy muy cerca.

-Córrete  perrita, córrete  para mí- con una mano comienza a acariciar mi clítoris, no pasaron más de un par de segundo antes de que me corriera como la perra que soy.

Saca su polla de mi coño, escucho que toma algo del sofá y se acerca. Se para enfrente de mí, veo que en una mano trae mi platito, lo deja en el respaldo del sofá y acerca su polla a mi boca. Gustosa la recibo, agarra mi cabeza con sus manos y comienza a penetrar mi boca con brusquedad. Después de unos minutos saca su polla de mi boca, comienza a masturbarse con una mano, mientras con la otra coge mi platito. Se corre depositando su leche en mi platito de perrita. Se queda frente a mí, con el plato en una mano, mirándome. Le miro a los ojos y comienzo a ladrar y mover la colita.

-¿Quieres tu comida, mi perrita?

Me bajo de sofá, me siento a su lado y comienzo a ladrar mirando mi platito. Mi Domine deja el platito en el suelo, enfrente mío. Acaricia mi cabeza y me dice " Buena chica". Se sienta en el sofá y se queda mirándome.

-Come, perrita-  gustosa comienzo a lamer mi lechita, es mi premio y soy tan feliz cuando me permite tenerlo. Lamo el plato hasta dejarlo completamente limpio.

-Eres una buena perrita, Bambi, muy buena.




lunes, 9 de octubre de 2017

Una sesion de spanking + mamada con mi sumisa



'Voy para casa, babi, hoy ha sido un día de mierda en el trabajo'.

Un simple mensaje servía para avisar a mi sumisa de que mi jornada laboral había sido un desastre, pero que ya volvía para casa. Al llegar, abrí la puerta, dejé la maleta en la puerta, y tras dar un par de pasos pude ver enseguida lo que tanto esperaba. Allí estaba babi, en ropa interior, arrodillada en medio del salón, con la cabeza agachada y una cerveza en la mano, ofreciéndomela.

- Buenas tardes, mi Amo y Señor. Siento que su jornada laboral no haya sido satisfactoria. Aquí tiene su cerveza fría, como a usted le gusta.
- Gracias, perrita, la necesito. ¿Has merendado ya?
- No, mi Domine, lo estaba esperando, para merendar con usted si así lo cree conveniente.

Tras dar un sorbo a mi cerveza helada, me acerqué aún más a mi sumisa, de manera que mi entrepierna quedaba justo enfrente de su cara y tras acariciarle la cabeza le dije:

- He tenido un día horroroso, perrita, necesito desahogarme. Creo que vas a merendar huevos. Ni se te ocurra tocar la salchicha.

Ella sabía exactamente lo que yo quería decir con esas palabras, y estaba deseosa de cumplir mis deseos. Comenzó sacándome los zapatos, y dejándolos bien puestos a un lado, y continuó por los calcetines. Una vez descalzo, desabrochó mis pantalones, y me los sacó con cuidado, doblándolos y dejándolos bien puestos sobre una silla. Tras levantarse, hizo lo mismo con mi camisa, y volvió a arrodillarse, para observar fijamente mis calzoncillos. Es un momento mágico para ella, cuando baja esos calzoncillos, y ve salir mi polla por encima. Disimuladamente, acerca su cara a ella para que la golpee. Le encanta notar su tacto, y le excita ese momento. Yo lo sé, y se lo permito.

Una vez desnudo completamente, y tras mirarme a los ojos unos segundos, babi hundió su cabeza entre mis piernas, buscando mis huevos, y comenzó a chupar mis testículos, con intensidad, pero sin estirar. Su lengua acariciaba mis huevos mientras yo tomaba mi cerveza. Primero el testículo derecho, y luego el izquierdo. Yo agarré su cabeza para acariciarla, como hago con las buenas perritas, y de vez en cuando me movía para que mi polla acariciara su cara. Le encanta que mi pene golpee sus mejillas y su nariz, y así lo hago siempre. Poco a poco, mi polla se iba poniendo dura, bien dura, mientras yo acababa mi cerveza. Agarré la cabeza de babi con más fuerza, y tras hundirla entre mis piernas, di mi último trago mientras mi perrita lamia mis pelotas, obediente y entregada.

- Bien, babi, ya has merendado por hoy. Creo que voy a sentarme en el sofá a ver un rato la TV.

Tras encender la TV, y sentarme, miré por unos segundos a mi sumisa, que se había quedado sola en medio del salón, y me miraba ansiosa, con ganas de servirme.

- Ven aquí, perrita. Hoy vengo enfadado, y me apetece azotar tu culito, para desahogarme. Túmbate en mi regazo, con el culo en pompa.
- Sí, mi Domine, como usted ordene. Azóteme bien fuerte, hasta que le suplique que pare.

Dicho y hecho, se acercó a mí a cuatro patas, se subió sobre mis piernas, y me ofreció su culo para que lo azotara. Se la veía feliz de poder contentarme.

- Zas ¡¡ - Primer azote, y primer gemido de mi sumisa.
- Zas ¡¡ - Segundo azote, en la misma nalga.
- Zas... Zas... - Tercer y cuarto azote, ahora en el otro nalga.

Tras aquellas 4 primeras nalgadas, pasé suavemente mi mano por su entrepierna. Sus braguitas rojas estaban ya mojadas, se la notaba cachonda. Ella abrió muy ligeramente las piernas para permitir que mi mano acariciara su coñito, como disimulando. Evidentemente, yo había notado como abría sus piernas, pero no iba a castigarla. Ella se ponía cachonda como una perra cuando la azotaba y cuando acariciaba su conejito, y eso me gustaba.

- Zas..., Zas..., Zas..., Zas...- Otros 4 azotes mas, dos en cada parte, seguido de otra breve caricia en su entrepierna. Los gemidos de mi perrita acompañaban cada gesto.
- Zas..., Zas..., Zas..., Zas...- Otros 4. Justo en ese momento deslicé mi mano por debajo de su cuerpo, buscando sus pechos. Durante unos breves segundos me entretuve en pellizcar sus pezones mientras acariciaba su coñito. Quería sus pezones bien duros, para mí.
- Zas..., Zas..., Zas..., Zas...- Y ya van 16. Una nueva caricia en su coñito mojada, y otra en sus pezones, ya duros.
- Zas..., Zas..., Zas..., Zas...- 20, tocaba un descanso, su culo parecía ya rojo, aunque las braguitas lo disimulaban al ser también rojas.

-Bien, babi, ahora quiero que te levantes y te quites las braguitas y el sujetador, y que vuelvas a la misma posición.

Dicho y hecho, mi perrita se levantó, y con la cabeza gacha se desprendió primero de sus braguitas rojas, seguidas de su sujetador. Sus hermosas tetas me apuntaban a la cara, y su coñito depilado se notaba ya húmedo y brillante. Antes de volverse a tumbar sobre mis piernas pude notar como mi putita miraba mi polla fijamente, su objeto del deseo. Aún no había podido probarla, y lo deseaba con todo su cuerpo. Aún así, cumplió con mis órdenes, y se tumbó de nuevo sobre mis piernas, ofreciéndome otra vez su culito.

- Zas..., Zas..., Zas..., Zas...- Comencé la nueva tanda como la otra, pasando de nuevo la mano entre sus piernas. Eso sí, ahora sin braguitas, podía notar claramente sus jugos vaginales en mi mano. Estaba como una moto.
- Zas..., Zas..., Zas..., Zas...- Volví a deslizar mi mano por debajo de su cuerpo para pellizcar sus pezones mientras la acariciaba con la otra. Sin soltar sus pezones, continué con la tanda.
- Zas..., Zas..., Zas..., Zas...- Ya iban 32, y ella estaba cardíaca. Notaba mi polla bajo su cuerpo, mi mano izquierda en sus pezones, y mi derecha tocándola. Su chochito goteaba ya, y sus nalgas estaban rojas ya como un tomate.
- Zas..., Zas..., Zas..., Zas...- 4 más, ya estábamos acabando, y su culo ardía completamente.
- Zas..., Zas..., Zas..., Zas...- y 40.

Tras levantarse, y mirarme a la cara, volvió a bajar su mirada al suelo, echando un vistazo antes a mi miembro viril, erecto y bien duro. Se la veía exhausta, cansada, con el culo adolorido. Era evidente que aquella perrita deseaba ser follada, y que se moría de ganas por que la empotrara en cualquier lado. Babi es una perrita muy sexual, que desea ser follada a menudo, ya sea por delante o por detrás. Sin embargo, las palabras que salieron de su boca me sorprendieron gratamente:

- Mi Domine, sé que viene de un día horroroso, y que necesita desahogarse. Use mi culo como quiera, y azóteme hasta que le ruegue que pare, mi Domine.

Aquello me dejó muy gratamente sorprendido. Babi se estaba convirtiendo en una gran sumisa, y se ofrecía a que le zurrara el culo, para mi disfrute.

- Está bien, sumisa, voy a buscar una regla y te azotaré hasta que me ruegues que pare. Colócate a 4 patitas sobre el sofá, de manera que pueda azotarte bien.

Tras abrir un armario, saqué la regla que buscaba, y aproveché para agarrar el aceite lubricante y un plug anal de gran tamaño. Volviendo al sofá pude ver qué tal y como yo le había ordenado, mi putita ya estaba a 4 patas encima de él, ofreciéndome su culo. Sin avisarla antes, coloqué un poquito de aceite en su culito, e introduje mi dedo corazón hasta el fondo, lo que provocó que diera un leve saltito de sorpresa. Tras meter y sacar el dedo en su culo durante un par de minutos, agarré el plug que había buscado, y lo introduje en su ano bruscamente. Sé que el culito de mi perrita está acostumbrado, y que le encanta que se lo follen.


Debo reconocer que estaba contento con ella. Se había ofrecido como desahogo, sin habérselo pedido yo, y eso la convertía en una mejor sumisa. Evidentemente, yo iba a aprovechar la ocasión. Agarré la regla que había buscado, y comencé a azotar el culo de babi otra vez.

- Zas... - Un primer azote que se provocó un gemido en mi sumisa. No lo esperaba con esa intensidad.
- Zas... - Segundo azote, en la misma nalga. Se acabó el contar, acabaríamos cuando babi me lo suplicara.
- Zas... - Otro más, ahora en la otra nalga, para repartir mejor el dolor
- Zas... - Un cuarto azote, como a mí me gusta. Tras mi clásico parón, acaricié el culito de mi putita, que pude notar ya caliente, jugué con el plug de su culito, metiéndolo y sacándolo un par de veces, y pasé mi mano entre sus piernas otra vez, para comprobar que efectivamente continuaba chorreando.

- Gírate un poquito, babi, y chupa mi polla mientras te azoto. Sé que es difícil, pero intenta no rascar con los dientes cuando te dé con la regla.

- Zas... - Comenzaba una nueva tanda, y como era de esperar, los dientes de mi sumisa fregaban ligeramente con mi glande cuando la golpeaba. No iba a castigarla porque sé que resulta casi imposible evitarlo.
- Zas... - Los gemidos de mi sumisa empezaban a denotar un claro dolor, a pesar de que con mi polla en su boca sonaban mas ahogados
- Zas..., Zas..., Zas..., Zas... - Otros 4, seguidos, con intensidad.

Una lágrima brotó de los ojos de babi, lo cual me dejó claro que aquello comenzaba ya a dolerle de verdad. Aún así, ella se había ofrecido y había dicho textualmente 'hasta que le ruegue que pare, mi Domine', así que iba continuar hasta que eso ocurriera. Eso sí, paré un momentito para permitirle lamer. Mi putita es una excelente mamona y sé que le encanta lamerme. A pesar del dolor que sentía, colocó sus labios alrededor de mi glande, y comenzó a mover su lengua con movimientos circulares alrededor del capullo, exactamente como a mí me gusta.

- Zas... - Un nuevo azote interrumpía la escena, y provocaba que un grito saliera de su boca
- Zas... - La marca de la regla se podía ya notar en sus nalgas, y sus ojos estaban ya enrojecidos.
- Zas... - En el otro nalga. Mas gritos de dolor, pero ella aguantaba. No sé cuánto tiempo esperaría hasta suplicarme que parara, pero se la veía al límite.
- Zas... - Un cuarto azote para acabar con la tanda. Volví a pasar mi mano por su culito, que ya ardía literalmente, y a colocar de nuevo el plug. Visité igualmente su coñito, que seguía igual de húmedo que antes. Estaba sorprendido de la entrega de babi.

Ella seguía lamiendo mi polla, educada y obediente, con la única intención de darme placer y que mi tarde noche fuera mejor de lo que había sido el día. Era evidente que estaba mejorando como sumisa, y que comenzaba a entender el verdadero significado de la palabra 'sacrificio'.

- Zas... - Otro grito salió de la garganta de mi perrita. Ese le había dolido de verdad, y dejó de chupar.
- Zas... - Otro más. Babi soltó mi polla, que ya era incapaz de lamer, y otra lágrima salió de sus ojos. Aún así, no se quejó, ni suplicó que parara.
- Zas..., Zas..., Zas..., Zas... - 4 azotes, más fuertes, mas seguidos, supusieron el final de aquella sesión de spanking. A cada azote le había seguido un grito de dolor, seguido de más lágrimas.

- Ya está, Señor, le suplico que pare. - El ruego que yo esperaba salió de su boca.

Su culito ardía, y estaba rojo como un tomate. Mi putita gemía adolorida, pero se la notaba contenta porque había aguantado la sesión, tal y como ella me había prometido. Su coñito estaba caliente y mojado, esperando una polla que no llegaría nunca. Aquello era una prueba de entrega hacia su Amo y debía pasarla con nota. Sabía que no la iba a follar.

Tras unos segundos de descanso, en que la acaricié sus nalgas para calmarlas, mi perrita dirigió de nuevo su cabeza hacia mi polla, con la intención de acabar su trabajo. Colocó de nuevo sus labios alrededor de mi glande, y comenzó a mover su lengua alrededor, con movimientos rotatorios. Estaba cansada y necesitaba acabar pronto. Ella sabía que me encanta ese movimiento y que puede provocarme fácilmente un orgasmo de esa manera, o sea que se esmeró para hacerlo lo mejor posible y acabar rápido.

Yo podía notar como su lengua recorría mi glande, excitándome, y llevándome al límite. En una situación normal le había ordenado que parara, para alargar el juego, pero ese día opté por otro final. Justo cuando estaba a punto de correrme, agarré su cabeza con fuerza, con las dos manos, y hundí mi rabo hasta el fondo en su boca, pillándola por sorpresa, justo cuando llegaba al orgasmo. Un chorro de semen inundó la boca de mi perrita, provocando que se atragantara, y que parte de esa leche saliera de su boca, por los bordes de sus labios, y por la nariz. Sin dejarla que se soltara, comencé a follar su boca suavemente, corriéndome dentro, buscando que hasta la última gota de mi semen cayera dentro. 

Una vez acabé, solté la cabeza de babi, la acaricié de nuevo, y me aparté un metro, para ver como estaba. Me miraba con ojos de perrita degollada. Exhausta, con los ojos llorosos y las nalgas rojas y adoloridas, tenía cara de agotada. Llevaba mas de una hora a mis pies, cumpliendo mis deseos y buscando mi aprobación. El plug continuaba en su culito, y su coñito seguía húmedo. Las marcas de la regla se podían ver en su culo, e incluso algún que otro dedo. Los restos de mi semen decoraban su cara, y a pesar de estar agotada, se la veía feliz. Ella sabía que había hecho bien su trabajo, y que yo estaba contento con ella.

- Estoy orgulloso de ti, babi, te estás convirtiendo en una excelente sumisa. Hoy has sabido reaccionar a mi llegada y has complacido a tu Domine como nunca lo habías hecho. Te has sacrificado por mí, y valoro muy positivamente esa entrega. Ahora quiero que acabes tu faena, y que me hagas la cena.
- Sí, mi Domine. Es un placer servirle.


Pdta: con cariño para babi.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Las dos mujeres en el espejo



Carta de Bambi al Profesor Domine.

"De repente me he descubierto pasando más tiempo enfrente del espejo... 

No solo eso, también me he descubierto regalándole una sonrisa a la chica que me muestra el reflejo. Y me gusta, por primera vez, me gusta de una forma que no logro entender. No reconozco a esa chica del espejo, pero me agrada, quiero ser ella.

A veces esa chica tiene pinzas en los pezones, otras veces tiene escrito por el cuerpo: puta, zorra, perra, guarra. Y algunas veces solo está ahí, parada y desnuda, pero se ve tan feliz,  tan pura, libre...
Y yo deseo ser ella, dedo sentir lo que ella siente.

Anhelo, anhelo verla en cada reflejo que se cruza por mi camino, la busco con desesperación, pero no siempre está presente. La mayoría de veces, solo me veo a mí. Yo, con mis miles de dudas e inseguridades, yo, con mis miedos y mi mente que trabaja a mil por hora y nunca se apaga. Solo yo.

Solo quiero silenciarla, solo unos minutos, y así poder  ver el espejo y mirar a esa chica, que a veces parece querer restregarme en la cara su felicidad, su libertad. Algo tan lejano para mí.

Estos últimos días he tenido la oportunidad de verla más. Incluso ayer, extendió su mano y me invitó a  tocarla, pero hay una fina pared que nos separa. Entonces me siento tan desdichada por tenerla justo ahí, enfrente de mí, pero esta esa maldita pared.

Algunas veces esa pared es demasiado gruesa y opaca, entonces esa chica se siente tan lejana. Otras veces esa pared es tan fina, prácticamente inexistente, y me siento tan cercana a aquella chica, que casi podría jurar que yo soy ella. Y soy feliz  esos días, y cada vez son más comunes.

Usted, mi Domine, usted es el culpable. Es el culpable de la sonrisa traviesa de aquella chica, el culpable de su mirada descarada, el culpable de su libertad.

Y entonces le temo, mi Domine, por ser capaz de causar tanto en aquella chica. Si ha logrado todo eso  en solo unas semanas, ¿Qué será de ella en dos meses, o en 4?...
¿Qué será de ella cuando usted no esté?
¿Qué será de mí?
¿Qué será de mi cuando por fin me encuentre arrodillada a sus pies? 

Creo que en ese preciso momento, cuando mis rodillas toquen el suelo, cuando agache mi cabeza, cuando solo pueda ver la punta de sus zapatos, y usted diga "MI perrita". Entonces me convertiré en una marioneta. Su marioneta. Y lo que más me asusta, es cuanto lo deseo.

Suya, bambi."



Respuesta del Profesor Domine.


"Hay dos mujeres en ese espejo, bambi.

Hay una chica joven, tímida, buena persona, que quiere estudiar para llegar a ser alguien dentro de este mundo, y que desea ser vista como una chica normal, sin más. Una mujer sin experiencia sexual, que busca un lugar en el mundo.

Pero también hay otra mujer en el espejo, una mujer sumisa, descarada, sucia, perra, y puta, que desea salir de ese espejo, y que desea encontrarse con su Amo, porque sabe que solo con él será así, sumisa, zorra, puta.

El juego de los espejos lo he utilizado yo también, buscando siempre que esas mujeres se vean como yo las veo. Las he hecho levantarse, para ir al baño a mirarse la cara, a ver su cara llena con mi semen. Y se han visto, se han reconocido a ellas mismas, pero se han visto con la cara llena de semen, y se han sentido putas, zorras, rameras... y felices. Felices por ser mi puta, la puta del Profesor Domine.

También las he arrodillado delante de un espejo, para lamer mi polla. Y han lamido mi polla mientras se miraban al espejo, ellas que nunca se habían visto así. Han visto una puta, una sumisa, una guarra. Y han sido felices viéndose así, viendo como chupaban la polla de su Amo, viendo como les follaba el culo.

Sé que te pasas el día ocultando a esa mujer, para que nadie sepa que tú eres ella, y que ella eres tú. Y sé que lo deseas, que deseas ser ella, ser esa puta que obedece mis órdenes y que es feliz sintiendo como la uso.

Esas dos mujeres son la misma, bambi, eres tú. Tú serás la tímida joven que intenta estudiar, y que pretende ser una buena persona. Serás alguien de quien merezca la pena decir que eres su amiga. Serás alguien que ayude a los demás, y que haga que la gente quiera ser como ella. Y luego, en la soledad, o cuando estés conmigo, serás esa puta que me pertenece, esa perra que desea lamer a su Amo."

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Relación entre Amo y sumisa. Como educar a una novata.



No existe la sumisa perfecta, ni existe el Amo perfecto. Partiendo de una premisa tan básica como esta, pretendo aquí dar mi punto de vista acerca de cómo debe educar a una sumisa novata un Amo.
Evidentemente, cada Amo tendrá su librillo de instrucciones, ejercicios, reglas y rutinas de enseñanza, y algunos Amos serán más severos que otros. Para aquellos seguidores del sado maso, este post sirve para muy poco.
Para mí, el objetivo más importante para un Amo o Tutor debe ser el conseguir que su alumna confíe ciegamente en él y se entregue por completo. Para conseguir que eso ocurra, la sumisa debe sentirse protegida con esa persona, debe sentir que se le escucha y que se le presta atención, y sobre todo debe sentir que está aprendiendo con ese Amo, que está convirtiéndose en una verdadera sumisa.
Para ello hay que dialogar con la sumisa, descubrir sus fantasías sexuales, y conseguir que ella te trasmita sus necesidades y anhelos. Igualmente, durante este proceso, hay que explicarle detalladamente las distintas reglas que ella debe respetar y obedecer, y establecer un vínculo emocional entre la alumna y su Profesor.
Ella debe aceptar y entender esas reglas y normas que se le imponen, y debe aprender a respetar, obedecer y satisfacer a su Amo. Para ello es importante saber explicarle el motivo de dichas reglas, y hacerle entender el importante papel que la sumisa tiene en la relación.
Cuando una mujer acepta que desea ser sumisa, es necesario hacerle entender lo que significa ser sumisa, hay que explicarle que debe sacrificarse por atender y obedecer los deseos de su Amo, y sobre todo hay que conseguir que ella se sienta feliz atendiendo a su Domine. Sin esa felicidad, sin esa evolución, la sumisa se sentirá desgraciada, y abandonará su educación.

Para lograr esa evolución de la alumna, y conseguir que ella se 'enganche' a su Profesor, es importante trazar una línea de enseñanza, trabajando con ejercicios, que ella deberá realizar para contentar a su Amo, e incrementando el nivel de los mismos poco a poco. El Dominante deberá explicar a la sumisa como debe realizar esos ejercicios, y deberá corregir los errores que ella cometa al realizarlos, siempre desde un punto de vista educativo, y buscando que ella aprenda y evolucione. 
Igualmente, en las primeras sesiones con la sumisa, el Domine debe incrementar el nivel poco a poco, comenzando por los pasos más simples de la sumisión, y teniendo en cuenta también la experiencia sexual y vital de la sumisa. Una mujer de 40 años ha vivido mucho más que otra de 20, y sabe cómo y cuándo debe hablar. Es necesario que la sumisa aprenda y entienda los conceptos que poco a poco se le van inculcando, logrando que ella misma sienta que está aprendiendo y que su Amo está contenta con ella.
Dentro de la educación de un aprendiz, habrá momentos buenos, y momentos malos. La sumisa cometerá errores, y necesitará ser castigada, siempre en su justa medida, sin excederse demasiado. En este punto los masoquistas y sádicos estarán en contra, pero no puedo contentar a todo el mundo.

Personalmente, creo que la sumisa necesita una serie de castigos cada X tiempo, con el objetivo de reforzar la atención de la sumisa, e impedir que distraiga su atención. También es importante remarcar que dichos castigos deben buscar siempre el educar a la sumisa, corrigiendo algún error que haya hecho, o remarcando alguna explicación ya dada anteriormente. Dicho castigo nunca debe aplicarse con el simple motivo de causar daño.
Igualmente recomiendo siempre castigos más psicológicos que físicos, intentando que ella misma entienda el motivo por el cual se le impone ese castigo, para que así pueda mejorar y evitarlos en un futuro. No creo que dejar marcada a la sumisa sea especialmente divertido ni entretenido. Al contrario, una sumisa azotada y maltratada físicamente puede salir huyendo de su Amo. Además, la utilización excesiva del castigo físico puede acabar provocando que el propio Amo sobrepase los límites entre BDSM y abuso.
Una vez aplicado el castigo, y aceptado por parte de la sumisa, el Amo debe saber perdonar a la sumisa. La base de todo este proceso es que la sumisa comprenda el motivo por el cual se le castiga, lo acepte, y aprenda de él. Si la protegida ha aprendido del castigo, el Dominante debe perdonarla, e incluso felicitarla por ello. También es importante que el Domine sea capaz de diferenciar entre los distintos errores, y aplicar siempre un castigo proporcional al nivel del mismo. No es lo mismo hacer mal un ejercicio simple porque la sumisa lo ha entendido mal, que traicionar a su Amo con otra persona.
La parte psicológica de la sumisión es igualmente importante. La protegida debe sentirse valorada y querida por su Amo, debe sentir que hace bien su trabajo, y que su Amo está contento con ella. Ello le permitirá entregarse con más ilusión y ganas. Dar algún premio a la sumisa, cada X tiempo, puede ayudar a que ella se sienta valorada por su Amo. Un simple regalito puede hacerla feliz y ayudarla a dar un paso adelante en la relación.
Igualmente, una dosis de cariño de vez en cuando, o unas palabras de apoyo que acerquen a la sumisa a su Amo, pueden permitir a la alumna sentirse querida por su Domine. "Muy bien, perrita, eres una excelente sumisa", o "Me encanta que seas mi sumisa". Frases de ese tipo pueden hacer que ella se sienta feliz con su Amo y que busque evolucionar como sumisa.

Para acabar, quiero remarcar un tema que para mí es básico en la relación Amo-sumisa. La psique de la alumna es sumamente importante en éste juego, ya que realmente es ella quien realiza casi todo el esfuerzo. Ella da todo lo que tiene para hacer feliz a su Amo, y el simple hecho de apoyarla y felicitarla puede ayudarle a entregarse más y mejor. Por contra, maltratarla psíquicamente o criticarla constantemente, pueden llevar a que ella se desanime. A pesar de ser sumisa y de aceptar obedecer y respetar a un Amo, ella continúa siendo una mujer y necesita pequeños estímulos emocionales que la hagan continuar y aprender más.
Como ya he dicho, este es mi modo de educar a una sumisa, que no tendrá nada que ver con la manera de educar de otro Amo, mas severo e inflexible que yo.




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