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La cabaña II. Jugando con cera y con mi sumisa.

Afuera continuaba nevando, y el fuego de la chimenea calentaba la habitación. Desde luego, había sido un acierto alquilar aquella cabaña. Mi perra continuaba a mi lado, acariciando mis huevos. Yo lo disfrutaba inmensamente, pero quería continuar nuestra sesión en una dirección diferente y estaba seguro de que ella disfrutaría: iba a pasar la tarde jugando con cera y con mi sumisa.

Le ordené que fuera a la maleta negra y me trajera dos velas y la venda para los ojos. También le pedí que me trajera una cerveza para irme refrescando.

Cuando regresó con los artículos, le dije que se desnudara completamente.

- "Quítate las bragas y las medias y colócalas en el suelo frente a la chimenea. Acuéstate con los brazos por encima de la cabeza y las piernas bien abiertas. Quiero ver cómo tu coño brilla a la luz del fuego.

Mientras se desnudaba, mi rabo iba endureciéndose cada vez vez más. Ella lo notó por el rabillo del ojo y le ordené que continuara. No le había dado permiso para detenerse.

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