Sígueme vía Email

miércoles, 25 de julio de 2018

La sumisa, tragando su primer semen


Eran casi las 4 de la tarde, un día caluroso de julio. Acababa de llegar a Barcelona, y estaba recogiendo las llaves de su nuevo apartamento, conmigo a su lado. La dueña del piso no paraba de hablar y no había manera de que se marchara del piso. Tras 30 minutos enseñándonos la cocina, el baño, las habitaciones, se sentó a hablar con nosotros tan ricamente. Era evidente que si no nos marchábamos nosotros ella tampoco se marcharía.

Al final le dije a lorena que íbamos a tomar algo, con la excusa de que la nevera estaba vacía. Dicho y hecho, cuando salimos del piso, la dueña salió detrás de nosotros. Dimos una vuelta, tomamos algo refrescante, charlamos, y volvimos al piso.

Eran ya las 5 de la tarde en Barcelona, en pleno Julio, y hacía mucho calor. No teníamos mucho tiempo, pero era la primera vez en que mi sumisa y yo estábamos solos. Estaba muy nerviosa, pues apenas hacía 1 hora que me conocía y por fin estaba a mi disposición. Había soñado 1000 veces ese momento, y por fin iba a ocurrir.

Agarré sus tetas con fuerza, y azoté su culo 4 o 5 veces. Pude notar como su nerviosismo aumentaba.

- Arrodíllate, lorena.

Ella obedeció, y se arrodilló ante mí, nerviosa y excitada.

- Vas a desnudarme, perrita. Primero sacarás mis zapatos y mis calcetines, para seguir con mis pantalones.

Obediente, y con ganas de quedar bien, desató los cordones y me quitó los zapatos, para dejarlos bien puestos a su derecha. Luego sacó mis calcetines, que colocó en mis zapatos, y se detuvo un segundo, para mirar mi paquete. Ella sabía que debajo de aquel pantalón encontraría la polla de su Amo, la que llevaba meses deseando. Desabrochó el botón de mi pantalón, y prosiguió hasta sacarme el pantalón, que guardó cuidadosamente a un lado. Yo había aprovechado para sacarme la camisa.

Al final, como era de esperar, me quedé casi desnudo, con el calzoncillo como único atuendo. Ella miró el calzoncillo, y me miró a la cara, como pidiéndome permiso para sacármelo. Ella sabía lo que había detrás de esa prenda. Había hecho muchos kilómetros para conocer mi polla, para olerla, saborearla, sentirla...

- Sácame los calzoncillos, mi niña, ya sabes dónde está mi polla.

Arrodillada, delante de mí, agarró con cuidado mis boxers, y los bajó hasta abajo, para quitármelos. Irremediablemente, mi pene salió a la luz, hermoso, semiduro... Ella no pudo evitar mirarla durante un buen rato. Por fin tenía delante suyo el miembro de su Amo, el que tantas veces había deseado ver, tocar, lamer.

Como ya he dicho, era Julio, por la tarde, y yo llevaba unos tejanos. El calor había hecho su trabajo, y el sudor había intensificado al máximo el olor a sexo de mi entrepierna. Como ya le había avisado durante meses, quería que mi perra oliera mi sexo, quería que fuera capaz de reconocer a su Amo con el olfato. Di un paso hacia delante, y agarrando la cabeza de mi sumisa, pegué su nariz contra mis huevos, y mi polla.

- Huele, perra. Quiero que aprendas como huele tu Amo, como huele el sexo de tu Señor.

Ella comenzó a inspirar con fuerza, captando el olor intenso y potente de mi entrepierna. Como era de esperar, ella se puso cachonda perdida oliéndome, sabiendo que el rabo de su Domine, sus testículos estaban acariciando su cara, impregnando con su olor todo su rostro. Tras un par de minutos, en los que restregué mi sexo por su cara, le di la siguiente orden:

- Abre la boca, lorena. Voy a meter mi polla en tu boca, y tú no podrás lamerla.

Dicho y hecho, ella abrió su boca, y pudo notar como mi rabo se metía en su boca, hasta el final. Una pequeña arcada le sobrevino. Era la primera vez que alguien metía su polla hasta el fondo en su boca, y no lo esperaba. Poco a poco, con calma, fui follando su boca de perra hasta que mi polla estaba bien dura. Ella tuvo 4 o 5 arcadas más, pero lo aguantó sin problemas. Semanas antes, ella misma me había pedido que follara su boca "hasta atragantarme, Señor".

- Quien eres? - Le pregunté
- Su puta, Señor.
- Quien eres? - Volví a preguntarle
- Su perra, Señor.
- Cómeme los huevos, perra. Pónmela bien dura.

Todo era nuevo para ella. Era la primera vez que me oía, la primera que se arrodillaba ante un hombre para desnudarlo y lamerlo, la primera que follaban su boca, o que la llamaban puta. Era la primera vez que oía la frase "Cómeme los huevos, perra.". Para lorena todo era nuevo, y muy excitante, y quería hacerlo bien.

Abrió su boca, y comenzó a lamer mis pelotas sudadas mientras mi polla reposaba sobre su cara. De vez en cuando azotaba sus mejillas con mi pene bien duro, mientras ella saboreaba y lamía mis testículos. Para intensificar un poquito más la situación, agarraba la cabeza de mi sumisa, y la hundía entre mis piernas, restregando mis pelotas por su cara, y azotando con mi rabo sus mejillas. Tras unos minutos trabando mis huevos, su cara olía a sexo, y mi rabo estaba completamente tieso. Era hora de que mi nueva sumisa chupara mi polla, y se tomara su primera leche. Como ya me había dicho y repetido 100 veces, nunca había saboreado el semen, y quería que el primero fuera el mío.

- Bien, mi niña, ahora vas a chuparme la polla, hasta el final, pero no quiero que te tragues el semen de primeras. Quiero que lo guardes en tu boca, y que me lo enseñes cuando te lo pida.

Tras mirarme a la cara, asintió, y comenzó a chupar mi glande. Su lengua repasaba cada esquina de mi miembro, completamente erecto, mientras yo acariciaba su cabecita, y acompañaba su movimiento con la mano. Yo gemía, y la animaba a seguir chupando: "Muy bien, perrita, chupa, chupa...".

Ella se ponía más cachonda, y deseaba con todo su alma darme el placer que yo le pedía. Después de lamer un buen rato, y de acariciar mis huevos con la mano, llegó el momento que ella esperaba. No pude aguantar más, ni quería, y comencé a correrme, directamente en su boca.

- No lo tragues, puta, no se te ocurra tragártelo.

Mi nueva sumisa chupaba y chupaba, feliz, oyendo como gemía y sintiendo como mi leche calentita inundaba su boca. Obediente, no había tragado nada, y tenía todo el semen de su Amo guardado en su boca. Cuando ella pensó que había acabado, abrió su boca, y me mostró su premio, su alimento. Yo me incliné, para ver mi leche en su lengua, y le di la orden que ella esperaba.

- Muy bien, mi perra, trágate tu leche, es tu alimento. Cuando acabes, repasa mi polla con la lengua. Quiero que tomes hasta la última gotita.

Como ya imaginaba, ella obedeció, y repasó mi pene hasta la última gota. Se la veía feliz, contenta, sumisa, tragando su primer semen. Sabía que por culpa de la propietaria del piso no habíamos tenido tiempo de tener una sesión en condiciones, pero había podido lamer por primera vez a su Amo y Señor, y sabía que en las siguientes sesiones vendrían muchas 'primeras veces'.

Tras acabar, le permití levantarse, y le ordené limpiar mi polla, con agua y jabón, lo cual hizo con ilusión. Me vestí, hablamos diez minutos, y antes de marcharme le pregunté:

- A qué sabe mi semen, perra?
- A yogurt griego, mi Amo.
- jajajajajajajaja... – Reconozco que su respuesta me hizo gracia.

Y así acabó nuestra primera cita, más corta de lo normal. El próximo día te usaré de nuevo, mi sumisa, y cumpliremos varias 'primeras veces', pero esta fue la primera vez que me viste, la primera vez en que te arrodillaste ante mí para darme placer, y la primera vez que saboreaste tu yogurt griego. 

Y efectivamente, tu cara, tus mejillas, tu boca, huelen a polla, a huevos, a sexo. Tu cara, sumisa, huele al sexo de tu Amo.
 

Hay una sumisa nueva en Barcelona, y me pertenece.

miércoles, 4 de julio de 2018

Lorena, sumisa novata, una perra obediente y pasional.


Nunca pensé que una mujer pudiera dejar su vida, su trabajo, su mundo, para venirse a vivir a mi lado, con el único objetivo e ser mi nueva sumisa novata. Pero así es lorena, intensa, entregada y pasional. Así la quiero yo.

Dentro de una semana llegará a Barcelona para servirme, para obedecerme, para respetarme como a su Amo, para darme el placer que yo le pida. Viene por mí, y eso me honra. Sé que quiere ser la mejor sumisa que jamás he tenido y la verdad es que creo en ella. Sé que pondrá todo de su parte para satisfacer mis deseos y para convertirse en mi zorrita, en mi perra obediente.

Tiene 20 años menos que yo, y eso se notará. Se notará en su inexperiencia sexual, y en su manera impulsiva de responder cuando debería callar, y obedecer. Pero sé que quiere mejorar, y que quiere aprender a ser la mejor sumisa que jamás he tenido. Yo creo en ti, lorena, y voy a dar todo lo que esté en mis manos para convertirte en lo que deseas ser, mi sumisa.

Aquí os dejo un escrito, en el que ella misma explica cómo ha llegado hasta este punto. Espero que os guste, y espero que podáis leer mucho sobre ella de ahora en adelante.


"El Profesor Domine y lorena, la nueva sumisa.

Hace casi seis meses andaba de curiosa por el internet, buscando cosas sobre BDSM, amos y sumisas, y llegue a este blog donde me puse a leer unos relatos y posts, lo que me llevó a escribir un mail al autor.

El Profesor Domine me respondió muy cordialmente pero nuestra comunicación acabó en breve. Creo que hablamos de los sentimientos de las sumisas hacia su Amo o algo así, pues yo no tenía mucho conocimiento sobre este mundo. Yo había sentido que encontré a un experto en el tema pero como yo no conocía, la comunicación se perdió.

Semanas después, yo tenía un “amo” en remoto prácticamente pues vivía lejos de mi ciudad y solo nos habíamos visto un par de veces.

Un día, abrí el correo y encontré un mail del Profesor Domine preguntándome cómo iba y alguna cosa más. Yo le respondí, le conté lo del “amo” y poco a poco nuestra conversación fue subiendo de tono. Él me aplicó un cuestionario sexual, el cual básicamente dejaba notar mi inexperiencia sexual y mi falta de perversión, pues habían prácticas que según yo nunca podría realizar porque eran muy duras o sucias, cosas que solo hacen cierto tipo de mujeres. Suena mal pero tenía el prejuicio en la mente y aun me preocupaba ser juzgada de mala manera por algún gusto en particular.

Luego de dicho cuestionario hemos continuado conversando y cada día me iba haciendo mojar las braguitas más y más, nos escribíamos a diario, le iba contando mis fantasías, mis deseos de aprender según qué cosas, y Él me iba diciendo qué cosas hacía con sus sumisas, que le gustaría hacer y me iba contando ciertas experiencias vividas.

No sé en qué punto comencé a desear ser yo la mujer de esas historias que contaba en el blog y en los mails, ni sé cuando empecé a desear pertenecerle a un completo desconocido. Y tampoco sé cuando decidí dejar todo para irme cerca de ese hombre al que yo deseaba como Amo. Sí, esta vez la palabra Amo va en mayúsculas y sin comillas.

Le comenté al Profesor de mis deseos y él muy gentilmente me respondió que no tomaba sumisas en remoto porque era complicado, y porque no creía en esas relaciones a distancia, pero esta vez le dije de mis intenciones de mudarme cerca de Él y eso le interesó. Le expliqué mis planes y supimos desde ese momento que la espera se nos haría muuuy larga a los dos, y que habría altibajos, pues no es lo mismo educar a alguien a quien tienes al lado que a alguien a kilómetros de distancia. Empezó a mandarme pequeños ejercicios diarios y que yo hacía casi al instante a veces. Para otros más elaborados me daba más tiempo. Luego empezamos con los ejercicios semanales y ahí nos dimos cuenta que sin querer ya me había aceptado como su sumisa, por el momento virtual.

Siempre íbamos hablando de las perversiones que existen dentro del BDSM, de los azotes, el estar atada, el obedecer sin inmutarse, el estar siempre disponible para el Amo, lamer el cuerpo del Amo, la lluvia dorada, golpes, humillación verbal y demás… Había prácticas que no conocía y no deseaba conocer, pero según íbamos hablando y dándome detalles y contándome del placer que le hacía sentir, yo me iba interesando más y preguntaba más y quería probar más…

En un inicio, el tema de la lluvia dorada me parecía la cosa más sucia y humillante que podía existir pero luego me fui dando cuenta que no es así. Recibir la pis de Mi Amo es un signo, una muestra de servicio, pertenencia y de amor. Una sumisa debe servir a su Amo, darle placer y hacerlo feliz. A este punto, yo solo deseaba hacer feliz al Profesor Domine y servirle, por lo que pasé a desear realizar esta práctica, necesitaba sentir el pis de Mi Profesor caer por mi cuerpo, o limpiar mi cara de niña buena manchada por su leche, como dice Él.

Conforme han pasado los meses mis fantasías también han ido evolucionando, pasaron de ser atada, a ser violada, a ser usada como la mesa de Mi Amo, a ser su perrita, su vaquita, su nenita chiquita y decirle Papito. Ya no solo necesitaba una nalgada mientras me folle, necesitaba más, necesitaba su mano marcada en mi nalga, necesitaba su cinturón azotándome, su mano alrededor de mi cuello, que me jale el cabello, que me dé una bofetada mientras me llama puta, que me diga zorra, que controle mi vida.

¿Que controle mi vida? – Sí – que haga y deshaga, que decida por mí, quiero pertenecerle de tal manera que  me sienta una extensión de Él. Yo sé que suena algo extremo pero ese es mi deseo y necesidad, además que sé que eso le causa placer a Mi Señor y por lo tanto a mí.

Quizá ese deseo extremo y esa necesidad de darle placer y felicidad no solo vienen por mi condición de sumisa, sino por algo más…
Conforme han pasado los meses y nos hemos ido conociendo he ido desarrollando ciertos sentimientos hacía Mi Señor, obvio que respeto, lealtad y gratitud, pero más que eso, puedo afirmar convencida que me he enamorado de Mi Amo. Mezclar amor y sumisión es una combinación perfecta y peligrosa, pues me lleva a entregarme al máximo a Él, pero me deja indefensa y sin nada si esto acaba.

Hace muchos años que no me enamoraba así de alguien, y es que siento que tengo la cajita feliz, un Amo, un hombre, un amante, todo lo que alguien puede necesitar para ser feliz, y es aquí, en la parte más “bonita” donde surgen más temores. No tengo miedo de un golpe muy fuerte, de un azote que marque, tengo miedo que me rompa el corazón…pero bueno, es algo que seguro pasará. Tengo miedo que, inconscientemente me haga daño, que no se valore el amor que siento, que sea minimizado o se abuse de él. Tengo miedo que esto se acabe, que quede desprotegida y sin saber qué hacer, tengo miedo perder mi capacidad de decisión y mi amor propio…pero vale la pena arriesgarlo todo por Mi Amo.

En una semana llego al lado de Mi Amo y los miedos y los nervios crecen y crecen conforme avanzan los días. Nunca nos hemos visto en persona, Él me conoce por fotos y videos pero yo a él no, solo conozco sus letras, sus palabras y su voz tan calmada y sexy que hace que con un “Hola, perrita” me moje como no tiene una idea.

Imagino muchas cosas, desde el saludo hasta cuando me tenga sometida, arrodillada, atada, penetrada o llena de leche. En mi mente dan vuelta tantas ideas que no sé. Como repito, mi experiencia es muy poca y si bien he realizado los ejercicios de Mi Profesor, no creo que se comparen a la experiencia de la vida. Si lo pienso bien, soy afortunada porque la experiencia que ganaré será al lado de un hombre que conoce, que sabe y que me guiará hasta convertirme en una sumisa obediente, y una amante fiel y entregada.

Al fin y al cabo todo esto se hace posible porque confío en Mi Señor, confío en Él como en nadie nunca. Sé que cumplirá su palabra, sé que me tendrá paciencia y me convertirá en su mejor sumisa, sé que estará orgulloso de mí y de cómo voy aprendiendo y pervirtiéndome más y más con el paso de los días y meses.

Yo quiero llegar y hacer todo lo que hemos hablado, pero sé que Mi Señor quiere que vayamos paso a paso, escribir como hacer una mamada no es lo mismo que darla, explicar cómo lameré el culo de Mi Amo no es igual que hacerlo.

Aún tengo mucho que aprender y Él mucho que enseñarme, y es por eso que hemos creado varios documentos distintos que nos ayuden a esta formación. Dentro de estos documentos está el contrato y un temario.
El contrato estipula nuestras obligaciones y derechos y especifica ciertas cosas que tienen que ver con salud, higiene, seguridad, privacidad y deseos, como también los castigos para los errores que pueda cometer.

El temario tiene que ver con cosas que debo aprender como el protocolo BDSM, cómo desvestir a Mi Amo, cómo lamerlo, masturbarlo, o bañarlo,  entre otras cosas. Con el paso del tiempo deberé aprender y perfeccionar esas prácticas para poder complacer a Mi Señor.

Finalmente solo queda decir que la espera ha sido larga, pero habiendo voluntad y la química que tenemos, todo es posible, que así haya mil mujeres o “sumisas” que escriban, sé que soy yo a quien quiere Mi Amo. Eso, claro, mientras no lo decepcione o rompa alguna de las reglas ya impuestas. Aún recuerdo cuando moría de celos de ciertas sumisas. Ahora, Mi Amo me ha dado confianza en mí misma y en ÉL, tenemos nuestros límites establecidos y las cosas claras. Si bien los celos no  están permitidos dentro del BDSM, no olvidemos que cada relación Amo/sumisa es única y especial por lo que pueden establecer propias reglas para que la relación marche bien.

Mi Amo conoce mis miedo y yo los suyos, Él sabe lo que necesito y yo sé lo que Él desea, Mi Señor sabe ordenar y yo obedecer, sabe disfrutar y yo darle placer…"

jueves, 29 de marzo de 2018

La perra lamedora, y el sexo de su Amo.


Yo andaba tirado por el sofá, cansado, viendo la TV, y tomando una cerveza, cuando apareció por la puerta mi sumisa, desnuda, a cuatro patitas, y revoloteando a mi alrededor para llamarme la atención. Tras unos segundos, un ladrido llamó mi atención. Aquella sumisa, se acercó a 4 patitas, olfateando mi mano, y rascándola con tu cabecita, como haría cualquier mascota que quiere mimos.

La miré, sonreí, y acaricié la cabecita de vicky, para meter luego mis deditos en su boca. Sus labios se cerraron sobre mis dedos, y su lengua comenzó a recorrerlos de uno en uno, con mucho mismo. Mi perrita obediente sabe muy bien cómo llamar mi atención.

Mientras mi dulce mascota lamía mis dedos, le ordené que se sentara, con un 'Sit'. Ella, obediente y educada, se sentó sobre tus patitas traseras, como un buen chucho, mientras seguía lamiendo. Ella sabe cómo me gusta que me lama, y a mi ya no me interesaba tanto la TV. Tras otra orden, 'Plas', pude ver como mi can se estiraba en el suelo, delante mío, como una perrita, y como sacaba su lengua para respirar...

Me encanta ver a mi sumisa jugando al pet play...

- Quieres jugar, vicky??  Tráeme la pelotita, corre.

Salió corriendo a cuatro patitas por la casa, moviendo su preciosa colita, para buscar su juguete preferido, para que yo te la pudiera tirar. Y así ocurrió. Yo le lancé la pelotita, y ella salió corriendo a por ella, ladrando y moviendo su colita alegre.

Tras tirarle la pelotita 3 veces, volví a rascar su cabecita, y le invité a apoyar su cabecita entre mis piernas. Mi sumisa, obediente, corrió a colocarse entre mis dos piernas, apoyando su cabecita en mi zona central...

- Muy bien, mi perrita linda, eres una excelente perra.

Tras unos minutos descansando, y como era de esperar, vicky no podía evitar sus instintos como mascota, se aburría. A ella le encanta olisquearme, como a cualquier perra, y su curiosidad le llevó a olfatear entre mis piernas, captando el olor de mi sexo. Acercó su naricita de perra a mis partes nobles, y a traves de mi pantalón comenzó a captar el olor de mi polla y de mis huevos. Como era normal, le gustó lo que olía, y quería mas. Yo podía sentir como cada vez metía más su hocico entre mis piernas, intentando oler más, y más...

Al final, tras un rato intentando llegar a mi sexo, mi linda sumisa retiró su cabecita, y ladró, para llamarme la atención. Se quedó mirando mi sexo, sentada sobre tus patas traseras, y con la lengua fuera, esperando a que yo hiciera algo.

- Que quieres, mi linda vicky??  Quieres oler??  Muy bien, mi preciosa mascota, voy a bajar mis pantalones y mis calzoncillos, para que puedas olerme bien...

Dicho y hecho, me bajé los pantalones y los calzoncillos, y volví a sentarme en el sofá, abriendo mis piernas, y ofreciendo mi sexo a mi mascota, para que lo oliera. No tardó mucho en meter su cabecita entre mis piernas, para captar mi olor corporal. Ni que decir tiene que yo ya andaba excitado con el juego.

Ella no dudó en meter su naricita entre mis piernas, para captar primero el olor de mis huevos, que repasó con cuidado, para seguir subiendo por mi pene, hasta llegar a la punta. Una punta que ya estaba mojada. Como era de esperar, una gotita de lubricante había brotado de la punta del glande. Una gota, que ella no tardó en lamer, como haría una buena perra curiosa.

En ese momento, vicky se paró unos segundos, esperando mi respuesta. Yo no le había dado permiso para lamer, y necesitaba mi aprobación.

- Tienes hambre, mi putita??

Un simple ladrido fue su respuesta. Yo acaricié su cabeza, y la acerqué a mi rabo, ofreciéndole su alimento. Y sin dudarlo ni un segundo, ingirió mi polla entera, hasta el fondo, tal y como sabe que me gusta. Tras un par de lamidas intensas, mi mascota sacó mi rabo de su boca, y dirigió la atención hacia mis huevos, donde metió su cabeza hasta el final.

Yo continuaba mirando la TV, aunque sin prestarle atención, y aproveché para dar un nuevo trago a mi cerveza, mientras vicky lamía mis pelotas. Sabía cómo hacerlo, y tras lamerme un testículo, pasó al segundo, para hacerme gozar un poquito más. Cinco minutos fueron suficientes para conseguir que mi polla estuviera dura como una piedra, y yo excitado como un bonobo.

Tras un nuevo ladrido, mi obediente sumisa se dirigió a por su presa, con ganas de acabar la faena. Nuevamente, ingirió mi verga entera en su cavidad bucal, hasta el final, hasta sentir su boca llena de polla, por completo. Yo podía sentir como su lengua se movía alrededor del tronco, aumentando el placer.

Entonces, poco a poco, fue retirando su cabeza, hasta hacer coincidir sus labios con mi glande, y ahí se quedó. Aprisionó con sus labios la punta de mi polla, y comenzó a mover su lengua alrededor de mi glande, la parte más sensible de mi anatomía. Mientras yo acariciaba la cabecita de mi perrita, podía notar como su lengua repasaba la puntita de mi verga, ya excitada completamente...

Y fue entonces, justo cuando ella incrementaba su ritmo, cuando llegué al clímax. No pude aguantarme, y una explosión de placer estalló dentro de mí, provocando que me corriera enterito en la boca de mi chucho, y que mi semen llenara tu cavidad bucal. En ese momento, pude ver como vicky daba un pasito adelante para meter mi rabo otra vez hasta el fondo, impidiendo que ninguna gota se escapara.

Tras un minuto extasiado, pude ver como mi niñita repasaba con su lengua cada rinconcito de mi sexo, buscando hasta la última gota de leche. Tras apartarla suavemente con la mano, le dije:

- Muy bien, mi putita. Eres una buena perra, una perra excelente. Te voy a poner tu platito de agua, y tu comida.

Me acerqué a la cocina, agarré un bol con agua, y un platito con la comida de mi perra, y se lo coloqué en el suelo para que pudiera comer. Y allí quedó ella, feliz, comiendo en el suelo, mientras yo volvía a mi sofá para ver la TV.