Sígueme vía Email

jueves, 28 de enero de 2016

La perra del sur. Pervirtiendo a una mujer



Aquel día yo andaba por el trabajo, aburrido como casi siempre, y con ganas de pervertir a alguna mujer. Curiosamente, mi nueva perrita del sur estaba en casa, lesionada. No podía ir a trabajar, y su marido también andaba por casa. Aun así, ella estaba cachonda, pensando en su Domine. No me había visto nunca, pero había leído tanto mi Blog, que era como si me conociera. Le encanta hablar conmigo y se pone cachonda imaginando las cositas que le cuento...

Yo sabía, porque mi experiencia así me lo indica, que aquella mujer habría sido una excelente perra si hubiéramos vivido cerca el uno del otro. Sé que se habría entregado a mí, y que habría lamido todo mi cuerpo si yo se lo hubiera ordenado. Ella necesitaba un Profesor vicioso y pervertido que la educara y la enseñara, y yo era la persona adecuada, pero la distancia era demasiada entre los dos.

Aquel día, yo quería que se masturbara en la cama, y quería que lo hiciera aunque su marido no trabajara aquel día. Le pedí primero que lo enviara al súper, a comprar algo, de manera que ella tuviera 40 minutos para masturbarse conmigo. La cuestión es que ella tuviera ese momento a solas para mí.

Ella me respondió que estaba duchándose para salir a la calle. Evidentemente, me pareció perfecto. Solo faltaba esperar a que se marchara para comenzar con las órdenes que mi perrita sureña debía cumplir. No tardó en ocurrir: "Ya estoy libre, Profesor".

El primer Email era muy simple, debía buscar una serie de objetos cotidianos por su casa, con la idea de masturbarse para mí, y un par de pinzas:

"Quiero que te levantes un momentito de la cama...

Quiero que vayas a por dos pinzas de la ropa, que no aprieten mucho. En todas las casas hay varios tipos de pinzas. Pruébalas en tu dedo, y llévate las que no aprieten demasiado.

Busca también tres objetos con forma fálica, que sean de plástico o de vidrio. Vas a masturbarte con esos objetos. Puedes usar un cucharón, un cepillo para el pelo, un bote de crema, o de colonia.

Cuando lo tengas todo, quiero que vuelvas a la cama, con las pinzas y los 3 objetos fálicos, y me avisas. Envíame una foto con esos objetos."

No tardó demasiado en volver. La foto mostraba esos 3 objetos y las dos pinzas que iba a utilizar. Mi perrita estaba esperando mis órdenes, ansiosa por obedecer a tu Amo del norte. Un nuevo email le explicaba exactamente lo que tenía que hacer:


"Bien, perrita.

Quiero que comiences pellizcando tus pezones, calentándolos. Cuando los notes ya excitados, coloca las pinzas en tus pezones, apretando ligeramente, de manera que duelan un poquito. Hazte una foto a tus pechos y me la envías.

Sin sacarte las pinzas, agarra el primero de los objetos, y lo metes en tu chochito, masturbándote con él mientras piensas en el vicioso de tu Profesor. Hazle una foto a tu chochito con ese objeto y me lo envías. No te corras aún.

Vuelve a apretar ligeramente las pinzas de tus pezones, incrementando un poquito el dolor. Agarra el segundo objeto y lo metes en tu coñito, imaginando que es mi polla. Mastúrbate hasta llegar al límite, pero sin correrte. Aún no tienes permiso para hacerlo. Hazle una nueva foto masturbándote y me la envías.

Otra vez más, aprieta tus pezoncitos con las pinzas, incrementando el dolor en tus tetitas. Imagina que soy yo el que las aprieta. Agarra el tercer objeto e introdúcelo en tu coñito. Haz una nueva foto, y me la envías, con ese tercer objeto metido en tu coño, y llega al orgasmo después. Quiero que te corras como la perra que eres, pensando en el Profesor Domine."

Las órdenes eran claras y contundentes. Ella sabía lo que debía hacer y se moría de ganas por hacerlo. La primera foto mostraba sus hermosos pechos, con sus pezones excitados, y 2 pinzas apretándolos. En el email ponía "Estoy cachonda, Profesor."

En cuestión de minutos, los emails se fueron sucediendo. El primero traía una nueva foto, con un cepillo para el pelo metido en su coñito. Había comenzado a masturbarse y estaba cachonda perdida. Le ponía mucho la idea de obedecer mis órdenes.

Apenas unos minutos después, llegaba un nuevo mensaje, esta vez con otra imagen en la que se veía un cepillo distinto metido en su chochito. Continuaba masturbándose, pero no tenía permiso para correrse aún. No hasta el último objeto.

Mi perrita del sur cumplía con mis deseos tal y como yo le había ordenado. Un nuevo email, con la última foto, mostraba el bote de crema en su chocho, ya húmedo. En dicho email, me pedía permiso para correrse, a lo cual yo accedí: "Ahora puedes correrte, perra".

Como era de esperar, no tardó mucho en llegar al orgasmo. Iba tan caliente, tan excitada y mojada, que rápidamente llegó al clímax y se corrió, como yo le había ordenado, pensando en mí. Afortunadamente, la ley de Murphy le dejó tranquila y le permitió correrse a gusto antes de que su marido volviera a casa.


"Ahora quiero que limpies los tres objetos, y los devuelvas al baño. La próxima vez que uses esos objetos pensarás en mí, en cómo te hice correr, y en cómo obedeciste mis órdenes. La próxima vez que uses esos cepillos, te pondrás cachonda pensando en mí."

Es posible que nunca folle a esa mujer. Es posible que nunca la obligue a arrodillarse ante mí para lamer mis huevos, pero lo que sí puedo decir es que aquel día no dejé pasar la oportunidad de pervertir a aquella perrita y que se corriera pensando en mí.

Mi perrita del sur.

lunes, 25 de enero de 2016

Una sumisa maltratada, ninguneada, olvidada.


Como ya sabeis, suelo recibir todo tipo de Emails de gente interesada en el BDSM: dudas, curiosidades, miedos, peticiones raras, etc... Hace casi un mes llegó a mí la carta de una sumisa. Una sumisa dañada por su Domine, maltratada psicologicamente, y prácticamente abandonada. Un Amo que la trató correctamente mientras la captaba, mientras le absorvía completamente, y que la ninguneó cuando ella ya se había entregado a él. Como siempre en estos casos, he intentado aconsejarla y darle mi punto de vista. A continuación, os dejo una carta suya, explicando sus penas y su paso fallido por el BDSM. 

Antes de ello, quiero repetirte que en este mundo puedes encontrar todo aquello que buscas, pero que necesitas a alguien que te comprenda y te cuide como tú necesitas, que entienda que tú también eres una persona y que debe proteger tu mente y tu corazon. Si tú le entregas tu voluntad, tu alma y tu cuerpo, Él deberá cuidarlos como si fueran suyos. O eso, o deberá permitir que vueles libre.




Carta de una sumisa maltratada


Ser sumisa, una vez que entiendes y asumes lo que supone es algo que al revés de lo que pueda parecer, te hace ser fuerte. Esa fuerza procede de la obediencia y de la devoción hacia un Amo que te ayuda, te enseña, te educa, y te hace crecer. Un Amo que sabe comprenderte, que entiende tus necesidades, tu ritmo, tu forma de poder avanzar. Un Amo que te castiga cuando yerras, pero que también te premia cuando haces las cosas bien. A través de la sumisión se puede conseguir una plenitud que sólo podemos comprender las personas que somos sumisas.


No somos personas insignificantes. De hecho somos tan grandes que nos entregamos a otra persona, dejamos nuestra voluntad a disposición de un Amo o Ama (hablo en masculino porque soy mujer, tengo un Amo y no tengo ningún interés por tener un Ama, pero evidentemente da igual el sexo para vivir o sentir, todo lo que tiene que ver con la sumisión). Todo lo hacemos porque se genera una confianza absoluta, porque sabes que tu Amo va a velar por ti, te va a cuidar, te va a guiar. Esta es la teoría y esto es lo que yo empecé a sentir, sinceramente, cuando apareció alguien y me lo mostró, porque nunca había tenido ningún interés específico en estas cuestiones.


Al principio todo era así. Mi Amo me mostró un nuevo mundo, me hizo crecer, me castigaba y me premiaba. Me empezó a mostrar una nueva forma de ver la sexualidad, de entender la relación con el dolor. Pero poco a poco, su interés por el sexo fue desapareciendo. Yo pensaba que era porque no era buena sumisa, y mi nivel de esfuerzo empezó a ser absolutamente estresante. 24 horas al día pendiente. En todo momento intentando cumplir sus objetivos que nada tenían que ver con el sexo, que había desaparecido prácticamente por completo de la ecuación. Cada vez ganaba más espacio en nuestra relación el castigo, el insulto y el hacerme sentir absolutamente inútil, incapaz. Siempre diciendo que no estaba a la altura, que no servía, que no podía; riéndose de mí, pidiéndome que le hiciera regalos y más regalos. Yo entendía que esta era su manera de ayudarme, de educarme, pero de pronto un día (hace una semana) me paré, y me di cuenta de que era una auténtica desgraciada, o así me sentía.


Mi interés por leer y por buscar respuestas creció. Pero no encontraba a nadie que hablara de lo que yo sentía. Del vacío, del dolor, de la sensación de impotencia, y a la vez, de la necesidad de seguir al lado de mi Amo. Todo era un absurdo, racionalmente no tenía sentido nada, pero sin embargo, ahí seguía, sufriendo y sufriendo.


Fue entonces cuando decidí contactar con el Profesor, sin ningún otro ánimo que poder compartir con alguien lo que estaba viviendo y lo que estaba sintiendo. Necesitaba saber si aquella situación era lo habitual, si yo estaba confundiendo los términos, o si simplemente la relación con mi Amo no estaba siendo sana para mí. Llevaba meses leyendo sus relatos asiduamente en el blog, y entendía que su proceder es el de un buen Amo. Con la tranquilidad del anonimato, tan importante en este mundo como todos sabemos, me dirigí a él con todo el respeto posible, para poder así pedirle opinión. Hemos cruzado varios mails que me han hecho reflexionar mucho.


Le he dado a mi Amo todo. Mi esfuerzo por agradarlo es absoluto. Es lo único que tengo en la cabeza durante todo el día, pero lo único que recibo son sinsabores. Me siento triste, muy triste casi todo el tiempo. Mi inseguridad con respecto a él es total. Ahora hago las cosas no por la ilusión de hacerlas, si no por el miedo a su reacción. He intentado ser una buena sumisa, y siempre por supuesto, he puesto el placer y el bienestar de mi Amo por encima de cualquier cosa, con el secreto deseo de recibir esa pequeña recompensa que me indicara que estaba contento, que lo estaba haciendo bien. Pero no ha sido así.


Sólo quería compartir este sentir y buscar de alguna manera la fuerza para hacer lo que sé que tengo que hacer, que es salir de esta relación, en la que el desequilibrio me está destrozando. El Profesor me habló de maltrato psicológico y a mí me pareció excesivo el adjetivo, pero después de ir reflexionando mucho en estos días, con mucha pena tengo que reconocer que si no lo es, yo me siento así. Yo no digo que mi Amo sea un maltratador, porque a mí hubo un momento en el que me ayudó mucho, pero es un Amo al que sólo le interesa el dominio y el control mental… el sexo hace mucho tiempo que desapareció. Físicamente sólo nos hemos visto dos veces, y en sesiones muy breves, pese a que vivimos cerca, en ya casi dos años de “relación”. Yo pensaba que esto era el BDSM, pero tras mis conversaciones con el Profesor, me he dado cuenta de que no es así. Tal vez pueda haber alguna persona para la que el BDSM sea esto, pero no para mí. Yo sólo tengo sufrimiento, dolor y tristeza.


Me he dado cuenta de que no tengo brillo en los ojos, sino que ahora son opacos. Esto no es lo que yo quiero. Ahora y después de escribir estas líneas, voy a sacar las fuerzas necesarias para decir adiós. No sé si volveré a tener algún tipo de relación con el BDSM, o si simplemente quedará como una anécdota en mi vida de lo que pudo ser y no fue. Pero ahora necesito salir, pensar y decidir qué es lo que quiero, al menos ya me he dado cuenta de lo que no quiero.


Ser sumisa debe ser la mayor de nuestras alegrías, nuestra realización como persona. El Profesor me ha hecho ver que si me siento una desgraciada, y sólo sufro, es porque algo no funciona. Hasta ahora yo creía que la culpa era mía, pero no se trata de buscar culpables. Simplemente creo que mi Amo y yo estamos en planos diferentes y que por mucho que yo me empeñe, él no es lo que yo necesito y seguro que yo tampoco soy lo que él necesita.


Gracias Profesor, por darme la oportunidad de compartir mis pensamientos y sobre todo por su ayuda y su tiempo.
Rojo Pasión.


Pdta: Os invito a leer la sgunda carta de Rojo Pasión, 10 meses mas tarde, y tras haberse liberado de su pesadilla.

viernes, 8 de enero de 2016

Una sesion de sumisión completa con Maya



Antes de salir de casa mi Domine me había pedido unas cuantas cosas que me hicieron correr para poder hacerlas todas y llegar a la cita a la hora en punto, a saber: 
  • Prepararle algo de comer.
  • Lavarme bien el culito.
  • Llevar para la sesión:  esposas, collar, juguetes varios, lubricante, fusta, pinzas, y la cámara de vídeo.
  • Escribir en mi cuerpo las palabras “Propiedad del Profesor Domine”.
  • Meter unas bolas chinas en mi coñito para sentirlas en el camino.

Con todo eso en mente preparé la comida y me duché, me lavé bien como me había indicado el Profesor y preparé una maletita. Me vestí, metí las bolas chinas en mi coño y salí corriendo, para no llegar tarde. En el trayecto las bolitas iban respondiendo a la vibración del vehículo, golpeando en las curvas, los baches y las frenadas o simplemente vibrando deliciosamente, más cuanta más velocidad alcanzaba. Me había puesto una camiseta ajustada y sentía cómo por momentos mis pezones se endurecían. Cuando llegué a recoger al Profesor estaba cachonda perdida, mojada y deseando. Afortunadamente llegué con tiempo suficiente para calmarme un poquito antes de que Él apareciera, vestido con traje de chaqueta, impecable como siempre.

Montó en mi coche y me preguntó qué tal había sido el trayecto. Mientras yo conducía y le comentaba todas las particularidades de la carretera y cómo habían ido mojando mi coñito cada una de ellas, Él empezó a sobar mis tetas.
- Sé que te gusta vestirte así para mí, maya. Sé que te gusta ponerme las cosas fáciles, mi perra.
- Tiene usted razón, mi Domine.

Cuando llegamos a la habitación estaba tremendamente excitada ya; nerviosa y excitada. Él se colocó delante de mí, y siguió sobándome un ratito antes de pedirme que sacara todo mi equipaje. Lo hice colocándolo sobre la cama en orden; al ver los juguetes, la fusta, el lubricante y las pinzas me excité más, simplemente imaginando cómo seguiría todo. Luego me ordenó que me desnudase y me preguntó por las palabras que debía escribir en mi cuerpo. ¡Se me había olvidado hacerlo! Me dio mucha rabia y me puse muy nerviosa al darme cuenta de mi falta.

- Sabía que te olvidarías de algo, sumisa –rio el Profesor -, es más, tenía la esperanza de que te olvidases de algo.

A lo que siguió un sonoro azote en mi culo. Ahora entendía todas aquellas órdenes de última hora; al Profesor le apetecía castigarme y yo le había dado la excusa perfecta. Inmediatamente me ordenó que le ayudase a desnudarse a Él; creo que cada vez lo hago mejor. Entonces mi Domine me puso el collar y los grilletes sin unirlos entre sí, eso vendría después. De momento el Profesor quería que pudiese caminar a cuatro patas con la correa de perra. Fue guiándome por la habitación hasta llegar al punto que Él buscaba, frente a un enorme espejo para que pudiera mirar mi cara de puta mientras Él me usaba. Entonces cogió la fusta y fue alternando azotes con la fusta y con la mano hasta que se me puso el culo rojito. Entonces reparó en el cordón que salía de mi coño.
- ¿Qué es esto, perrita?

Y estiró del cordel sacando las bolas y liberando un torrente de humedad que albergaba en mi coño. Las bolas estaban empapadas.
- ¿Seguro que no te has corrido, perrita?
- Seguro, Profesor –dije atemorizada.

Él me puso unas pinzas en los pezones e hizo que me tumbase boca abajo en la cama, levantando mi culo ayudada por todos los cojines de la habitación, con mi cara apuntando al espejo, hizo que pusiera mis manos a la espada y unió los grilletes entre sí, quedando atada, expuesta y ofrecida. Entonces empezó a jugar con los consoladores; me metió uno en el culo y otro en el coño, moviéndolos de forma intensa, ora uno, ora el otro, a veces ambos a la vez. Estaba al borde del orgasmo, lo reconozco; desde que me había bajado del coche estaba al borde del orgasmo. Pero no tenía su permiso todavía. El Profesor sacó el consolador de mi coño y me lo folló con embestidas fuertes que hacían que me volviera loca de placer.

- ¿Qué le pasa a mi perrita? ¿Quiere correrse mi perrita?
- Sí, mi Domine, por favor.
- Córrete puta, vamos, córrete ahora.

Ufff… Me deshice en líquido, sentía como resbalaba por mis muslos aquel orgasmo. Luego el Profesor me volvió a meter el consolador en el coño y sacó el del culito.
- Veo que te has lavado bien, como te había pedido.
- Gracias, Profesor.


Y sin mediar más palabras embistió mi culo hasta el fondo con su polla. Me hizo gritar, me folló, me volvió loca, mientras me decía:
- Mira la cara de puta que se te pone cuando tienes la polla de tu Domine petándote el culo, ¡mírate!

Me costaba levantar la cabeza por la posición en que estaba, pero lo hice, y vi mi cara de placer absoluto, mis manos atadas a mi espalda, mis nalgas elevadas, abiertas, su mano azotándolas y su cara mientras miraba cómo me metía su polla hasta bien al fondo. No podía controlarlo mucho tiempo más, así que le pedí permiso:
- Mi Domine, por favor, necesito volver a correrme.
- ¿Quiere volver a correrse mi puta? ¿Tanto te gusta sentir la polla de tu Domine en tu culito? Córrete! Vamos, córrete ahora!
 
El Profesor siguió follándome una y otra vez, por uno y otro agujero, hasta que me había provocado… perdí la cuenta, cinco o seis orgasmos maravillosos. Sentía mojadas hasta las rodillas. Cuando ya había tenido suficiente mi Domine me ordenó que me incorporase. Las pinzas de los pezones me estaban matando, y le supliqué que me permitiera quitarlas. Se lo pensó un poco, pero finalmente me las quitó él mismo.

Luego me indicó que me tumbase en la cama de nuevo, boca arriba dejando mi cabeza fuera del colchón y cogió la cámara. La encendió y me metió su polla en la boca, follándomela. Más tarde, en casa, vi el vídeo resultante y me volví a poner cachonda perdida, casi tanto como en aquel momento en que la polla de mi Domine taladraba mi garganta.

A todo esto, mi Domine todavía no se había corrido ni una sola vez, debía estar controlándose para poder llegar a lo que tenía previsto. Hizo que me pusiera de rodillas en el suelo y siguiera con mi trabajo oral, porque lo que tenía previsto no era otra cosa que correrse en mi boca, y ordenarme no tragar, mostrar su semen sobre la lengua para poder fotografiarlo, y luego ordenarme tragar y relamerme mirándole a los ojos. Lo hice gustosa, porque me encanta, es mi premio y me fascina recibirlo y degustarlo.

A mi Domine le había entrado hambre con todo aquel ejercicio, así que le serví la comida y comió mientras me daba conversación y me explicaba que había acertado con la única comida que no le gustaba… Me sentí muy tonta.

Después el Profesor me guio hasta el baño, entró en la bañera e hizo que yo entrase también y no fue hasta entonces que me dijo:
- Ábrete el coño, que tengo ganas de mear.

Me di la vuelta, mirando a la pared, me incliné hacia delante y puse mis manos en los labios de mi sexo para abrirlos todo lo que pude. Sentir su orina templada, mojándome con fuerza, metiéndose en mis agujeros abiertos, resbalando por mi culo y mis piernas… ufff, no lo puedo evitar, es que me encanta, y volvió a ponerme muy cachonda.

Luego lavé al Profesor, despacio y deleitándome, como a él le gusta y a mí me encanta. Disfruto mucho con su polla entre mis manos, no puedo negarlo. Le sequé y mientras el Profesor regresaba al dormitorio me ordenó que me lavase yo. Lo hice lo más rápido que pude, porque tenía ganas de volver a su lado. Cuando entré en la habitación mi Domine estaba tumbado boca arriba, relajado, sonriente.
- Anda, ven aquí a chupármela un ratito, que sé que te gusta.

Lo sabe muy bien, muy muy bien. Me arrodillé entre sus piernas y empecé a jugar con su polla en mi boca, lamiendo a ratos sus ingles y sus testículos como me gusta hacerlo, recorriendo su tronco con la lengua y pellizcando suavemente su glande con los labios. Mientras tanto mi Domine me daba conversación, me preguntaba cositas… Yo intentaba responder sin sacar su polla de mi boca, con gestos de la cabeza y cuando me era imposible la sacaba, respondía crípticamente y volvía a mi juego. Creo que tuvo que insistir un par de veces para que yo me diera por aludida y dejase de deleitarme con su sexo.
Me lo pasé en grande aquel día.

jueves, 7 de enero de 2016

Una mamada a dos lenguas


Aquel día yo llegaba muy caliente. Una idea me rondaba la cabeza, y quería ponerla en práctica. Las órdenes para aquel día eran muy básicas. Había ordenado a mis dos sumisas que vinieran con un bote de sirope cada una. La primera se inclinó por un bote de chocolate, y la segunda prefirió la fresa. Tenían permiso para elegir sabor, y por suerte no repitieron.

Tras entrar en la habitación, mis dos alumnas se arrodillaron ante mí, con la cabeza agachada, esperando mis instrucciones, como siempre.

- Hoy vais a lamerme, sumisas. Vais a saborearme las dos a la vez. Vais a llenar mis partes íntimas de sirope, y a chuparme enterito. Pero no quiero correrme hasta que llevéis 30 minutos chupándome. Luego, si habéis sido buenas, y os habéis tomado toda la leche, podréis jugar entre vosotras.
- Si, mi Domine.

Mis dos protegidas miraban al suelo, mientras asentían con la cabeza.

- Lo primero que vais a hacer es desnudaros las dos. Quiero que os saquéis la ropa y que la dejéis bien dobladita en la silla.

Dicho y hecho, mis dos perritas se levantaron del suelo, y comenzaron a desnudarse. Físicamente son bastante diferentes la una de la otra. La una es más bien pequeñita, aunque tiene los pechos duros y hermosos, mientras que la otra es más alta y gordita, con generosas tetas.

A medida que se iban quitando la ropa, yo las miraba de arriba a abajo, admirando su cuerpo. No pude evitar dar un par de azotes en el culo de cada una de ellas. Me gusta azotar sus culitos desnudos, no puedo evitarlo.

- Ahora debéis desnudarme a mí, putitas. Como ya sabéis, sed cuidadosas con mi ropa, dobladla bien, y colgadla en el armario. Cuando salga de aquí debo ir impecable.

Saben el orden que yo les impongo a la hora de desnudarme. Primero la camisa, luego los zapatos y los calcetines. Continuamos con el cinturón, y los pantalones. Todo bien doblado y limpito en el armario, hasta que lo único que queda son los calzoncillos. Les encanta ver mi polla ya dura dentro de mi ropa interior. Esperan con ansia el momento en que, tras bajar esa prenda aparece mi rabo, duro, grande, hermoso. Tras dejarme desnudo completamente, se esperan arrodilladas, delante mío, con mi polla a la altura de sus caras, y mirándola, embobadas las dos.

Saben que no tienen permiso para chuparla hasta que yo se lo digo. Aún así, me gusta acercarme a ellas, y acariciar su cara con mi glande. Así lo hice aquel día. Me acerqué y suavemente fui pasando la punta de mi pene por los labios de mis perritas. No podían chupar, las dos saben que no deben chupar si no se lo ordeno yo. Repasé sus mofletes, barbilla y frente, con mi pene, haciéndoles notar que estaba dura y preparada para la sesión.

- Vamos a la ducha, sumisas. Quiero que limpiéis mis bajos y mis pies antes de comerme.

Así lo hicieron. Fuimos al baño, y comprobaron primero que el agua no quemara. Tras poner un poquito de gel, lavaron cuidadosamente mi culo, testículos y pene, así como los pies. Saben que esa es la zona que deben chuparme y así lo hicieron. Como es lógico, el acariciar mis partes nobles con delicadeza y con mimo, provocó en mí que me excitara aún más.

Ya de vuelta a la cama, comenzó el banquete. Coloqué el reloj encima de la mesita de noche, y di un bote de sirope a cada una.

- Quiero que pongáis sirope en mi cuerpo, desde los pies hasta mis huevos, culo y polla. Y quiero que durante los próximos 30 minutos me chupéis enterito, comenzando por los pies. No quiero correrme hasta haber pasado esos 30 minutos.
- Sí, mi Domine. - La orden era clara y concisa.

Tras llenar de sirope mis pies, piernas, huevos, culo y polla, mis dos sumisas se arrodillaron delante de mí con la idea de lamer mis pies. Levanté ligeramente los dedos de los pies, para permitir que pudieran chuparlos sin grandes malabarismos. Poco a poco, pude notar como sus lenguas se colaban entre mis dedos, limpiando y saboreando el sirope que ellas habían escogido.

Reconozco que me pone la polla dura el que una mujer me chupe los pies, pero que sean 2 mujeres, lamiéndome los dos pies a la hora es una maravillosa sensación. Poco a poco, mis dos putitas fueron subiendo por los pies, y por las piernas, en dirección a mi sexo.

- No podéis lamer mi polla aún. Tú te ocuparás de mis huevos, y tú de mi culo.

Me coloqué entre las dos, ofreciendo a cada una parte de mi anatomía. Puse mi miembro erecto encima de la cara de una, permitiendo así que accediera a mis testículos, a la vez que mi otra sumisa, tras abrir mis nalgas, hundía su cabeza entre ellas buscando mi ano.

No tardé demasiado en sentir sus dos lenguas trabajando al máximo. Una de ellas lamia mis huevos, con ganas, repasando cada uno de mis testículos. Primero el izquierdo, luego el derecho, repitiendo sin cesar. Mi polla descansaba sobre su cara, primero a un lado y luego al otro. La otra, repasaba mi ano con pasión, masajeando así mi culo y provocando una excitación extra en mí.

Mi trempera iba tomando forma, y una gotita de lubricante comenzó a salir de la punta de mi pene. Con cuidado, aparté la cara de mi sumisa, para hacerle chupar esa gotita. Mis perritas saben que deben lamer esas gotitas que yo les doy, y que deben agradecérmelas. A continuación, volví a dejarla donde estaba, lamiendo mis pelotas, y poniéndome a tono.



- Muy bien, perritas. Ahora voy a darme la vuelta, para que cada una de vosotras pueda lamer la otra parte. Sé que queréis chuparme enterito y tenéis derecho a hacerlo.
- Sí, mi Domine.

Así ocurrió. Tras girarme 180 grados, ofrecí mi culo a quien solo había comido huevos, y mis pelotas a quien solo había probado mi culo. Acompañé el movimiento acariciando su pelo. Una vez en posición, y con delicadeza, hundí la cabeza de mis dos perritas en mis partes nobles, obligándolas a comerme los huevos y el ano.

Nuevamente, coloqué mi polla encima de la cara de mi segunda sumisa, y la obligué a comerme los huevos, lamiendo como la perrita que es. También obligué a mi primera sumisa a buscar con ahínco mi ano, y a lamerlo con fruición, provocando que mi polla se pusiera aún más dura.

La imagen era perfecta, mis dos sumisas arrodilladas, desnudas. Una delante mío, chupando mis pelotas, y la otra detrás, comiéndome el culo. Yo sujetaba sus cabezas con mi mano, empujándolas para que lamieran más y más... obligándolas a repasar con sus lenguas cada uno de los recovecos de mi entrepierna.

Llevábamos ya 25 minutos con el juego, y mi miembro estaba completamente duro como una piedra. Mis sumisas habían lamido todas y cada una de las gotitas de lubricante que había expulsado, y tocaba centrarse en la parte importante.

- Bien, putitas. Habéis lamido bien a vuestro Amo. Ahora podréis comer rabo.

Tras salir del bocadillo en que yo mismo me había metido, entre mis dos sumisas, me coloqué delante de ellas, ofreciendo así mi polla a las dos. Ellas, arrodilladas, y colocadas una al lado de la otra, quedaban a la altura perfecta, de manera que cada una de ellas quedaba a un lado de mi polla.

- Chupad, perritas mías, y bebed el caldo que os ofrezco. Pero no acaparéis el capullo, no seáis avariciosas. Cuando esté a punto de correrme, os avisaré y las dos juntareis los labios para recibir mi semen.

Dicho y hecho, mis dos zorritas se lanzaron a lamer mi polla. La sensación de sentir los labios de mis dos sumisas lamiéndome era maravillosa. La primera repasaba todo el tronco, de arriba a abajo, mientras la segunda pasaba la lengua por mi glande. Inmediatamente, los papeles se intercambiaban y la primera pasaba a lamerme la punta, provocando que llegara casi al límite, mientras la segunda lamia la base del pene como si de un helado se tratara.

Habían pasado ya los 30 minutos, como les había prometido, y yo estaba a punto de estallar. Las dos esperaban su premio, y yo iba a concedérselo.

- Bien, mis niñas. Ahora voy a correrme en vuestras boquitas, y quiero que compartáis mi leche como buenas hermanas que sois. Poneros delante de mí y juntar los labios, besándoos, pero dejando espacio para mi capullo.

Ellas, obedientes ante la orden de su amo, juntaron los labios, dejando un espacio libre para mi polla. Y así me acerqué, de manera que el glande de mi polla quedara abrazado por los labios de mis dos perritas.

- Ahora quiero que saquéis la lengua, las dos, y comencéis a lamer la punta, como si chuparais un chupachups, y que compartáis la leche. No os la traguéis, dejadla en vuestra boca.

Mis dos sumisas, siguiendo mis órdenes, sacaron la lengua y comenzaron a lamer, como si de un chupachups fuera, la punta de mi rabo. La sensación de sentir las dos lenguas pasearse por mi glande era gloriosa, celestial, hasta el punto que no pude aguantar más y estallé en un intenso orgasmo.

Mi leche, almacenada durante 30 minutos, salia a presión de mi glande, yendo a parar a los labios y lenguas de mis putitas. Mis obedientes perritas seguían lamiendo mientras mi leche inundaba sus bocas y sus caras. Durante unos segundos, maravillosos, mis sumisas recibieron mi leche como quien recibe un regalo del cielo, lamiendo y limpiando mi glande con sus lenguas.

Al acabar, ellas continuaban en el suelo, arrodilladas, una al lado de la otra, con sus caritas manchadas con mi semen, y sus boquitas llenas de su rico premio.

- Ahora quiero que os beséis, perras. Quiero que os comáis la boca la una a la otra, compartiendo mi leche entre las dos. Cuando acabéis, mientras yo descanso y os miro, podréis jugar la una con la otra, hasta correros.

Mis dos perritas disfrutaron la una y la otra de aquel caldo, de su calor y su sabor. Compartieron mi semen como yo les había ordenado. Se besaron, se acariciaron, se masturbaron, y se comieron, pero eso ya os lo contaré otro día, pues forma parte de otra historia.