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miércoles, 30 de marzo de 2016

Desgarrada viva, en el club de swingers.



Allí me encontraba, mi primera vez en un club de Swingers, y esa noche era la noche temática del Bdsm.

El local estaba a tope de gente. La poca luz que había, hacía disparar mi mente. Sombras moviéndose lentamente de un lado a otro. El morbo húmedo de mi coñito regía mis sentidos aquella noche. La música ambiente del grupo Enigma se mezcla con el coro de gemidos extremos que provenían de los cuartos verdes... cuartos donde se estaba practicando BDSM y duro.

Me dirijo al primer cuarto y me quedo de pie observando como tres hombres se follaban viva a una madura rubia impresionante. Ella, postrada sobre un potro de cuero negro con sus muñecas atadas a la espalda estaba siendo poseída por un hermoso Adonis moreno. No pude distinguir si la estaba enculando o encoñando, pero el tipo sabía manejar muy bien su pollón.

Los otros dos tipos vestían de cuero de pies a cabeza y sus vergas tiesas esperaban turno. Me estremecí de placer. Un calor se apoderaba de mi pecho y de mi entrepierna. Uno de aquellos tipos me invitó a participar pero yo me negué.

Algo en mi interior me decía que me entregara a esa lujuria, pero tan solo me limité a levantar la falda de mi vestido negro, dejar al descubierto mis piernas con medias de encaje estilo ejecutiva y comenzar a tocar mi clítoris por encima de mi tanguita negra...

Mis pezones dolían de lo erectos que se estaban poniendo. En menos de cinco minutos tuve mi primer orgasmo de pie. Recuerdo como me temblaron las piernas del gustazo. Un hombre maduro y fornido se acercó a mí por detrás y observó como me pajeaba. Me dio muchísimo morbo sentirme observada. Me susurró al oído su nombre y me preguntó si quería ir con él a otro cuarto verde a pasarlo bien.

Tragué saliva. No pude distinguirlo bien por la media luz del local. Me extendió su mano, yo dudé en agarrarla, pero mi coño húmedo y sufrido decidió por mí y acepté la invitación. Como si se tratara de un compás de Waltz me llevó a otro cuarto y cuando traspasé su umbral casi gimo de placer al comprobar ante mí un gran sofá de cuero negro y cabecera en blanco y negro, tipo pelaje de cebra.

Allí se encontraba una joven mujer pelirroja sentada sobre una silla, amordazada, con un collar de perro a su cuello y las muñecas engrilletadas las muñecas a la espalda. La tenían allí, con unas medias de encaje negro, sin bragas, los senos al aire, y sentada sobre un gran dildo negro a seis velocidades.

La pobre sufría muchísimo, pero de puro placer. A su lado y de pie habían tres hombres más, desnudos, fuertes, con sus pollones tiesos al aire. El hombre que me había invitado me susurró al oído que me despojara de mi vestido. Apenas tardé cinco segundos en me despojarme de él.

Allí me encontraba tan solo con mi corset negro, mi liguero y mis medias grises de encaje ejecutiva. Los otros tres hombres se acercaron a mí y entre los cuatro me rodearon en círculo. Comenzaron a sobarme, a lamer y morder mis pezones por encima del corset. Mordían a gusto mi cuello. Era la primera vez que me entregaba a varios hombres, y me faltaban manos y bocas para pajear sus pollas.

Me puse de cuclillas y comenzó durante quince minutos el festín de saborear con mi boca y garganta sus vergas. Como disfrutaban los cabrones con mis mamadas!!!  Y como estaba gozando yo con sus vergas!!!  Terminado el festín y sin que llegaran a correrse, me postraron de rodillas sobre aquel sofá.

Me encontraba totalmente abierta de piernas. Uno de ellos me separó delicadamente mi tanga de mi zona vaginal y comenzó a metérmela suavemente. Madre mía que reventón dulce me estaba dando. Otro de ellos se puso de pie sobre el sofá y se colocó ante mi dejándome su impresionante vergón  merced de mi boca...ya era doble placer para mi...atravesada por el coñito y garganta.

Pude oír un fuerte gemido proveniente de aquella chica. Seguro que estaría corriéndose a placer con el dildo y observándonos. El que me estaba follando mi coñito agarró con sus fuertes manos mi cintura y comenzó a embestirme fuerte pero lento a la vez. Aquella penetración me estaba matando. Al que se la estaba mamando sacó su pollón de mi boca y como una culebra se deslizó por debajo de mí hasta que su boca dio buenaventura de mis senos.


Lo que ocurrió después nunca lo entenderé, pero el culebrilla aquel comenzó a penetrar mi coño con la polla del otro aun en mi coñito. Dios, como me dolió, y como grité de placer… no me podía creer que tenia dentro de mi raja 40 centímetros de carne dura bombeándome!!!!! Nunca había tenido, ni me había imaginado tener dos pollas metidas en mi coñito a la vez.

Qué locura!!! Que placer!!!!!! Que embestidas!!!!!!...

Los otros dos tipos se sentaron a cada lado de mí con sus vergas en mano y como loca comencé a pajearlos con mis manos...al poco tiempo de pajearlos, aquellos dos hombretones se pusieron de pie a ambos lados de mí y ya no hacía falta saber lo que tenía que hacer.

La chica amordazada tenía ante si una buena panorámica: dos pollones atravesándome a la vez  mi coño, mientras yo mamaba y pajeaba a los otros dos por tiempos.

Yo tragaba sus vergas hasta el fondo de la garganta, provocándome impresionantes arcadas. Entonces los que me follaban me preguntaron donde quería que se corrieran...al estar tomando la píldora anticonceptiva les rogué, les supliqué que lo hicieran dentro de mi coñito, y así fue como ocurrió. Sentí sus embestidas...su chorro de leche caliente dentro de mi...cuando terminaron de correrse los otros dos me pusieron a cuatro patas delante de la sufrida y placentera chica.

Ambos se pusieron condón y uno de ellos me engrasó el ano con un lubricante, se puso por debajo de mí y con sumo cuidado comenzó a penetrar mi estrecho culito. Qué barbaridad!!!!! Qué bien movía su verga dentro de mí. Unos segundos después, el otro hombre se colocó tras de mí y compartió mi culo con el otro tipo... estaba siendo desgarrada viva!!!!!!!

Madre mía que orgasmos tuve... antes dos pollas por mi coño y ahora otras dos por mi culo. Los otros hombres que me habían follado el coñito permanecían allí sentados en el sofá, disfrutando la panorámica. Cuando finalmente se corrieron en sus condones dentro de mi culo, me dejaron tumbada boca abajo en el suelo.

Allí estaba yo, vestida con mi corset negro, mi tanga negra, medias de encaje gris y con mis zapatos negros de taconazo, cogiendo aire, dolorida por ambos agujeros, desgarrada viva!!!!!!...

Uno de aquellos tipos se acercó a la chica de la silla, la desató sus muñecas y la ayudó a incorporarse. La mujer tenía la lujuria escrita en su frente. Me pidieron que me pusiera tumbada boca arriba en el mismo suelo, pero yo vi sus pollas flácidas, así que descarté que me follaran nuevamente. Uno de ellos extendió mis brazos hacia atrás y me ató las muñecas. No entendía bien lo que iba a ocurrir.

Otros dos me separaron las piernas, tirando y sujetando mis tobillos con fuerza. Entonces comprendí que la noche de placer aun no había acabado para mí. Aquella chica, que había visto la escena desde la silla, completamente cachonda, se ajustó el poderoso dildo en velocidad 6 a su cintura con un arnés, se puso de rodillas entre mis piernas, y con una sonrisa de venganza comenzó a follarme.

... 

Un relato de Ave Nocturna.

martes, 15 de marzo de 2016

Tetas y culos, la obsesión del hombre.



Porque a los hombres nos resulta imposible no fijarnos en otra mujer cuando lleva un buen escote, o cuando marca su trasero?  Y por qué nos resulta más excitante ver una mujer con mallas, que verla directamente desnuda?  En cualquier playa de Barcelona podemos ver mujeres enseñando los pechos, pero no le hacemos ni caso, y sin embargo, un buen escote en plena calle nos obliga a girarnos. Pero por qué ocurre eso?

Lo reconozco, me gustan los pechos de una mujer, me encantan. Las tetas, los melones, las peras. Hasta hace unos años, eran lo primero que miraba de una mujer. Con el paso de los años mi obsesión con los pechos se ha mantenido firme, pero ha perdido la primera posición en el ranking en favor del culo de una mujer. Me vuelven loco los culos, me encanta verlos e imaginarlos en mi poder. No puedo evitar el fijarme obsesivamente en un buen trasero cuando me gusta.

La realidad es que la mayoría de hombres se fijan siempre en los mismos atributos de una mujer. Al menos hasta que la conocemos. El trasero de una mujer, y sus tetas, son sin duda la parte del cuerpo femenino más venerado y deseado. Si buscamos tetas o culos en internet aparecen millones de páginas.

También es verdad que desde que soy Dominante, mi manera de observarlos ha cambiado. Antes admiraba el culo de una mujer como un instrumento de belleza, algo que acariciar y admirar. Ahora pienso irremediablemente en azotarlo y follarlo. Me lo imagino a 4 patas, todo para mí, con un enorme consolador clavado hasta el fondo, y azotándolo. Me encanta follar el trasero de una mujer, pero aún más me gusta desvirgarlas.

Igualmente, cuando veo los pechos de una mujer, me la imagino desnuda, delante de mí ofreciéndomelas. Y me veo chupándolas, pellizcándolas, colocando algún tipo de pinzas, para que se le pongan rojas y excitadas. Sé que a mis perras les excita ser folladas mientras pellizcan sus pezones. El leve dolor incesante de las pinzas en los pezones se mezcla con el placer de ser folladas, y los sentimientos se entremezclan aumentando la sensación de placer.


De hecho, cuando veo una mujer por la calle con un buen pecho y un buen trasero, me imagino la situación al completo. Pienso en aquella mujer, desnuda y a cuatro patas, con los pezones excitados tras haberlos pellizcado y su culo atravesado por un consolador. Me veo pellizcando los pezones y azotando el culo mientras le digo a mi sumisa que es una buena perra y que debe servirme.

Pero, porqué los hombres nos fijamos siempre en los pechos y en el culo de una mujer?  Es obvio que cuando una mujer va vestida su conejito no se entrevé ni se intuye. Sabemos que está ahí, pero no podemos verlo ni podemos imaginarlo. Quizás el hecho de no poder intuir nada hace que directamente nos olvidemos del coñito de una mujer. No vemos nada interesante donde no intuimos nada.

Sin embargo, los ojos y la boca de una  mujer siempre están a la vista, y tampoco levantan pasiones. Es posible que el hecho de poder ver siempre los labios y los ojos de una mujer haga que esos atributos pierdan su gracia, a no ser que ellas los utilicen. Es decir... una mujer es perfectamente capaz de poner a tono a un hombre solo con una mirada y un par de gestos con la boca, pero si no hace nada para conseguirlo, nuestra mirada se irá irremediablemente a las tetas y al trasero de esa mujer.

Porqué?  Pues muy simple, porque muestran pero esconden una parte muy importante de la sexualidad femenina. El truco es mostrar sin enseñar, insinuar lo que hay sin que el hombre pueda verlo. Como hemos dicho antes, el coño de una mujer no se ve ni se intuye, y por eso no lo tenemos en cuenta cuando valoramos a una mujer a simple vista. Los ojos y la boca son otras herramientas sensuales, pero tampoco los valoramos porque los vemos siempre, y solo nos fijamos cuando ellas los utilizan.

Pero tanto el trasero como los pechos son difíciles de disimular, salvo en invierno. Suele ser normal que las mujeres marquen su pompis o sus pechos para parecer más sexys, pero nunca los mostrarían por la calle, porque resulta más erótico imaginar el contenido que verlo. En definitiva, el hecho de intuir, sin ver, nos permite a los hombres imaginar. Y es esa imaginación la que nos pone tontos.

Imaginamos como serán aquellos pechos y como serán aquellas nalgas, pero nuestra imaginación va más allá. Imaginamos como serán los pezones, y el tacto que tendrá ese pompis. Imaginamos el sabor de esos cántaros de miel mientras nos excitamos pensando en cómo sería penetrar ese ano... Usamos nuestro cerebro para rellenar esos espacios que no vemos.

En resumen, todas las mujeres del mundo saben que un buen escote, junto con un culo bien marcado, llama la atención a cualquier hombre. Deben dejar intuir, sin mostrar. Deben dejar que nosotros acabemos de construir en nuestra imaginación lo que ellas dejan entrever. Deben alimentar nuestra obsesión por el culo y las tetas.



martes, 8 de marzo de 2016

Profesor: Un Amo firme e inflexible, pero compasivo.



Siempre me he considerado un buen Profesor, por encima de todo. Me gusta especialmente educar a una sumisa, y evolucionar con ella hasta convertirla en una sumisa entregada y fiel. Me apasiona recibir un email de una novata en este mundo, con ganas de aprender. Me encanta pervertir su mente hasta que se convierten en mis perritas entregadas. Me gusta ver como sonríen cuando las felicito por su trabajo bien hecho.

Soy un Amo firme, que cuando busca algo de una sumisa, generalmente acaba consiguiéndolo, aunque sea al cabo de unos meses. Hay mujeres que inicialmente no desean realizar según que prácticas sexuales, y a medida que van asistiendo a mis clases, se sienten más seguras y van avanzando en su aprendizaje. En muchos casos, después de una serie de clases, ellas mismas acaban pidiéndome lo que al principio yo les pedí.

Soy un Amo inflexible, que tiene claro que debe castigar a una sumisa cuando ella comete un error o desobedece alguna orden mía. Evidentemente, debo diferenciar entre una falta grave o leve, y debo aplicar siempre un castigo proporcional al nivel de la falta cometida. Es decir, no puedo aplicar un castigo severo por un error leve, ni debo aplicar un castigo demasiado suave por una falta de indisciplina repetida.

Lo que sí tengo claro es que después de un error o de un desacato, la sumisa debe recibir un castigo. Forma parte de su enseñanza y de su aprendizaje. Igual que castigamos a un niño, o a un perro cuando hace algo mal, debemos hacerlo con nuestra alumna, con la idea de que aprenda y entienda cómo debe comportarse ante su Domine.

Soy un Amo compasivo. Entiendo que mis sumisas son humanas y que pueden cometer errores. Por eso mismo, si el error cometido no es de muy alto nivel, suelo perdonar a mis sometidas después de una reprimenda verbal. Igualmente, suelo premiar a mis sumisas si han aguantado el castigo sin quejarse y aceptando su culpabilidad. La sumisa debe aprender de los castigos, y dichos castigos deben tener una finalidad.

Me gusta enseñar a mis perritas. Quiero que mis sumisas se entreguen a mí, y que sean felices obedeciendo mis órdenes y satisfaciendo mis deseos. Pero para que eso ocurra, la sumisa debe sentirse protegida, cuidada, y educada por mí. Debe sentir que yo soy un Profesor amable y delicado, que sabe educar a sus sumisas y hacerlas evolucionar hasta convertirse en su perrita fiel.

Por encima de todo, una sumisa desea sentirse la perrita fiel de su Amo, y desea que su Domine sea feliz con ella. La satisfacción de una sumisa de ver que su Amo se ha quedado contento con su trabajo es comparable a la de un niño cuando el padre le felicita, o la de un perro cuando recibe el premio de su dueño al hacer bien un ejercicio.

Por ese motivo, también es importante premiar a la sumisa cuando ha hecho algo bien, y ha cumplido los deseos de su Domine. Una simple caricia, acompañado de un 'Muy bien, sumisa' puedes bastar para que ella se sienta contenta. Aun así, algún regalito de vez en cuando también aviva la relación, y consigue que la sumisa se sienta valorada por su Profesor.

Un Amo educa, pervierte, protege, cuida, premia, corrige, castiga, azota y perdona. Lo realmente importante es saber cuándo debemos hacer una cosa o la otra. Un buen Profesor siempre lo sabe.