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martes, 15 de marzo de 2016

Tetas y culos, la obsesión del hombre.



Porque a los hombres nos resulta imposible no fijarnos en otra mujer cuando lleva un buen escote, o cuando marca su trasero?  Y por qué nos resulta más excitante ver una mujer con mallas, que verla directamente desnuda?  En cualquier playa de Barcelona podemos ver mujeres enseñando los pechos, pero no le hacemos ni caso, y sin embargo, un buen escote en plena calle nos obliga a girarnos. Pero por qué ocurre eso?

Lo reconozco, me gustan los pechos de una mujer, me encantan. Las tetas, los melones, las peras. Hasta hace unos años, eran lo primero que miraba de una mujer. Con el paso de los años mi obsesión con los pechos se ha mantenido firme, pero ha perdido la primera posición en el ranking en favor del culo de una mujer. Me vuelven loco los culos, me encanta verlos e imaginarlos en mi poder. No puedo evitar el fijarme obsesivamente en un buen trasero cuando me gusta.

La realidad es que la mayoría de hombres se fijan siempre en los mismos atributos de una mujer. Al menos hasta que la conocemos. El trasero de una mujer, y sus tetas, son sin duda la parte del cuerpo femenino más venerado y deseado. Si buscamos tetas o culos en internet aparecen millones de páginas.

También es verdad que desde que soy Dominante, mi manera de observarlos ha cambiado. Antes admiraba el culo de una mujer como un instrumento de belleza, algo que acariciar y admirar. Ahora pienso irremediablemente en azotarlo y follarlo. Me lo imagino a 4 patas, todo para mí, con un enorme consolador clavado hasta el fondo, y azotándolo. Me encanta follar el trasero de una mujer, pero aún más me gusta desvirgarlas.

Igualmente, cuando veo los pechos de una mujer, me la imagino desnuda, delante de mí ofreciéndomelas. Y me veo chupándolas, pellizcándolas, colocando algún tipo de pinzas, para que se le pongan rojas y excitadas. Sé que a mis perras les excita ser folladas mientras pellizcan sus pezones. El leve dolor incesante de las pinzas en los pezones se mezcla con el placer de ser folladas, y los sentimientos se entremezclan aumentando la sensación de placer.


De hecho, cuando veo una mujer por la calle con un buen pecho y un buen trasero, me imagino la situación al completo. Pienso en aquella mujer, desnuda y a cuatro patas, con los pezones excitados tras haberlos pellizcado y su culo atravesado por un consolador. Me veo pellizcando los pezones y azotando el culo mientras le digo a mi sumisa que es una buena perra y que debe servirme.

Pero, porqué los hombres nos fijamos siempre en los pechos y en el culo de una mujer?  Es obvio que cuando una mujer va vestida su conejito no se entrevé ni se intuye. Sabemos que está ahí, pero no podemos verlo ni podemos imaginarlo. Quizás el hecho de no poder intuir nada hace que directamente nos olvidemos del coñito de una mujer. No vemos nada interesante donde no intuimos nada.

Sin embargo, los ojos y la boca de una  mujer siempre están a la vista, y tampoco levantan pasiones. Es posible que el hecho de poder ver siempre los labios y los ojos de una mujer haga que esos atributos pierdan su gracia, a no ser que ellas los utilicen. Es decir... una mujer es perfectamente capaz de poner a tono a un hombre solo con una mirada y un par de gestos con la boca, pero si no hace nada para conseguirlo, nuestra mirada se irá irremediablemente a las tetas y al trasero de esa mujer.

Porqué?  Pues muy simple, porque muestran pero esconden una parte muy importante de la sexualidad femenina. El truco es mostrar sin enseñar, insinuar lo que hay sin que el hombre pueda verlo. Como hemos dicho antes, el coño de una mujer no se ve ni se intuye, y por eso no lo tenemos en cuenta cuando valoramos a una mujer a simple vista. Los ojos y la boca son otras herramientas sensuales, pero tampoco los valoramos porque los vemos siempre, y solo nos fijamos cuando ellas los utilizan.

Pero tanto el trasero como los pechos son difíciles de disimular, salvo en invierno. Suele ser normal que las mujeres marquen su pompis o sus pechos para parecer más sexys, pero nunca los mostrarían por la calle, porque resulta más erótico imaginar el contenido que verlo. En definitiva, el hecho de intuir, sin ver, nos permite a los hombres imaginar. Y es esa imaginación la que nos pone tontos.

Imaginamos como serán aquellos pechos y como serán aquellas nalgas, pero nuestra imaginación va más allá. Imaginamos como serán los pezones, y el tacto que tendrá ese pompis. Imaginamos el sabor de esos cántaros de miel mientras nos excitamos pensando en cómo sería penetrar ese ano... Usamos nuestro cerebro para rellenar esos espacios que no vemos.

En resumen, todas las mujeres del mundo saben que un buen escote, junto con un culo bien marcado, llama la atención a cualquier hombre. Deben dejar intuir, sin mostrar. Deben dejar que nosotros acabemos de construir en nuestra imaginación lo que ellas dejan entrever. Deben alimentar nuestra obsesión por el culo y las tetas.



2 comentarios:

  1. Hola, profesor, soy Raul Gonzalez, supongo que me recuerda, solo saludarle y felicitarle por su interesante trabajo, hasta pronto,

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    1. Te recuerdo, Raul... ya sabes donde estoy si necsitas algo

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