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jueves, 18 de febrero de 2016

Enjabóname, sumisa. Sé una buena perra, y lava a tu Amo


Todas mis sumisas saben por experiencia que me encanta que me bañen. Después de jugar un buen rato, de follarlas por delante y por detrás, me gusta volver a casa limpio y sin oler a sexo. Por ese motivo les ordeno que me bañen en profundidad, que limpien mis bajos y que dejen reluciente mis partes nobles. Les obligo a hacerlo en cada una de las sesiones que tenemos.

Enjabóname, perrita. Sé una buena sumisa y lava a tu Amo. Luego es posible que debas lamerme. Limpia mis pies, mis manos, mi culo, mis huevos y mi polla, porque deberás pasar tu lengua por ahí, y es importante que estén limpios.

Vale, de acuerdo... Reconozco que no solo les ordeno que me bañen por un tema de higiene. También lo hago por puro vicio. Por el morbo de tener a mis perritas enjabonando mis testículos y mi pene. Por la sensación de sumisión que ofrezco a mi perrita al bañarme y dejarme limpio.

Adoro la complicidad que aparece cuando ella acaricia mi polla repetidamente, con una mano, mientras masajea mis testículos con la otra. Sin prisas, sin pausa, calmadamente, provocando que mi polla se ponga dura como una piedra. Quiero a mi sumisa arrodillada en la bañera, limpiando mi culo por si luego me apetece que me lo chupen. Quiero que sea delicada, como si estuviera limpiando su mayor tesoro, como una madre cuando baña a un bebé.

Me encanta que me masturben, y que acaricien mis partes nobles. Lo encuentro un acto de sumisión maravilloso, en el que la sumisa se entrega a su Amo y lo baña con pasión y con mimo. Y sé que a ellas también les encanta, el poder tocar y limpiar la parte de su Domine que mas desean.

Enjabóname, sumisa. Sé una buena perra y baña a tu Domine.

Y por qué no, de vez en cuando, me encanta correrme en su cara. Me gusta obligarla a acariciarme hasta el final, a masturbar mi sexo hasta que una explosión de semen caiga sobre su cara, sobre su boca. La complicidad y la sumisión que se alcanza en un gesto tan simple como ese difícilmente se puede repetir en otra situación. Mi perrita, desnuda y arrodillada ante mí, masturba mi polla y mis huevos hasta recibir la leche que tanto desean. Su premio. 




lunes, 15 de febrero de 2016

¿Cómo azotar, masturbar y follar un buen culo?

Hola, perrita.

Sé que muchas veces te has preguntado cómo transcurre una sesión de sumisión, o cómo un Amo suele azotar el culo de una sumisa, o cómo suele masturbarla y sodomizarla. Es una duda que pasa por la cabecita de muchas mujeres curiosas como tú. Para safistacer tu curiosidad, te narraré la manera en que yo suelo hacer este tipo de juegos, convirtiendolo en una especie de ritual.

La sesión suele comenzar contigo de pié delante mio, y con la cabeza agachada. Te ordeno que te desnudes, y tú obedeces, hasta quedar completamente desnuda delante mio. Despues de observarte un poco, por delante y por detrás, comienzo con el ritual. 

Coloco primero un par de pinzas en tus pezones, y los pellizco con cuidado, para ir entrando en calor. A continuación te ordeno que te coloques en la cama, boca abajo, y a 4 patas. Suelo colocar un par de almohadas debajo de tu pecho, paa que estes mas comoda. Ato tus manos a la espalda, para inmobilizarte, y comienzo con los azotes, primero un par en cada nalga, bien dados, para que entres en calor.

Suelo acariciar tu culito, despues de cada tanda de cachetes, para tranquilizarte y que sepas que yo cuido de tí. También debo comentar que aunque normalmente suelo usar la mano para atizar el culo de mis perritas, a veces utilizo tambien alguna fusta.

Luego, tras agarrar un bote de aceite lubricante, pongo cremita en tu culito, y meto con cuidado un plug hasta el fondo, para que sientas tu ano bien follado. Otros 2 azotes en cada nalga, y muevo un pelin el plug, lo meto y lo saco, para que tu culito se acostumbre a la sodomía, y se dilate.

Una nueva tanda de azotes, y palpo a ver si tu chochito está mojadito. Como es normal, chorrea como la perrita que eres. Entonces agarro el consolador, y lo meto hasta el fondo en tu conejito, para que tengas los dos agujeritos penetrados. Tengo la sana costumbre de penetrar los dos agujeritos de mis perritas.

A continación, una nueva tanda de 4 azotes, y comienzo a masturbar tu coñito con pasión, parando cada X tiempo, para que no te corras. No puedes correrte hasta que yo lo diga. Comienzo entonces una sucesion de movimientos pensados unicamente para provocarte una mezcla de placer y dolor muy particular. Una especie de coreografia sexual:

- Mas azotes, y masturbo tu culo...
- Mas azotes, y vuelvo a tu coñito...
- Cada 4 o 5 minutitos, acaricio tu espalda, con suavidad, provocandote escalofrios..

Tus gemidos me permiten saber cuando estas a punto de correrte, y paro entonces, para hacerte sufrir. El dolor de los azotes se mezcla con el placer de la masturbación, y eso hace que te pongas cachonda perdida.

Cuando ya te veo muy muy caliente, a punto de estallar, paro y me siento delante de tí, interrumpiendo el juego. Agarro tu cabeza, e introduzco mi polla en tu boca, hasta el fondo, para tener penetrado así tus 3 agujeritos a la vez. Te obligo a chupar un ratito, hasta que mi polla está dura completamente. Evidentemente, no me corro.

Vuelvo a la parte trasera de tu cuerpo, y vuelvo a jugar con tu culo, y tu coñito, continuando con el juego:

- Mas azotes, y masturbo tu culo...
- Mas azotes, y vuelvo a tu coñito...
- Acaricio tu culo, y pellizco tus pezones cada 4 o 5 minutitos, aumentando tu excitación.

Cuando veo que otra vez estás al borde del extasis, y que ya no aguantas mas, dejo otra vez tu trasero, y me planto de nuevo delante de tu boca. Agarro de nuevo tu cabeza, e introduzco mi rabo, ya duro, en tu boca. Nuevamente, debes lamer el miembro de tu Amo hasta que yo lo decida.

Finalmente, cuando yo decido que ya puedes correrte, vuelvo a la parte trasera de tu cuerpo, saco el plug de tu culo, y meto mi polla, dura completamente, hasta provocar que te corras 2 o 3 veces seguidas. Con el calentón que llevas no resulta muy dificil. Evidentemente, yo te monto como a una perra hasta que mi leche inundo tu culo.

Una vez follada, me levanto, me limpio, y descanso un momento mientro te observo en la cama, atada, extasiada, con un consolador en el culito, y con el culo en pompa y lleno de semen...

Atada, azotada, masturbada, sodomizada, obligada a chupar, y follada.




Pdta: si tienes alguna duda, puedes ponerte en contacto con el Profesor Domine via email, o via Hangouts, escribiendo a profesor.domine@gmail.com

jueves, 11 de febrero de 2016

Mientras friego. Follada en la cocina.



Son las 5 de la tarde, todos los clientes han marchado del restaurante, y la jornada ha ido bien. El local está vacío, y aún falta fregar los platos. Mientras me pongo comienzo a pensar en lo que ha ocurrido hace una hora y media, más o menos. Durante la comida, un cliente nuevo ha estado tonteando un poco conmigo, de manera clara y sin tapujos. Reconozco que ha habido mucho feeling entre los dos, y que ha conseguido ponerme cachonda. Su manera de mirarme, lasciva y con deseo, me dio un morbo especial.

De repente, oigo a lo lejos como la puerta del restaurant se cierra.  Alguien ha entrado. Elevando la voz, para que pueda oírme, le digo que está cerrado, y que no puedo atenderle, pero no recibo ninguna respuesta. Entonces, al girar la cabeza, lo veo en la puerta. Está mirando cómo friego, y mi corazón da un vuelco. Mi corazón, y mi sexo. Entonces, ese desconocido me ordena que calle.

- Chisssttt... no digas nada. Sigue fregando.

Mi ritmo cardiaco se pone a 100, y puedo nota como mi entrepierna se activa. Sin saber muy bien el porqué, le obedezco, y sigo fregando, mientras noto como él se acerca por detrás. Sé que no debería estar allí, y que no deberíamos jugar, pero la situación me puede, y el morbo me domina.

Una vez detrás de mí, siento como su cuerpo se engancha al mío, tímidamente, y escucho una voy grave, seria, masculina, que me dice al oído:

- Ahora vas a hacer lo que yo te diga. Vas a seguir fregando, y a dejarlo todo como una patena. Mientras tanto, yo voy a desnudarte y a jugar contigo. Voy a azotar tu culo, a masturbar tu conejito, y a sodomizar tu culito. Tú no podrás gritar, ni gemir, ni hablar, ni girarte. Deberás seguir limpiándolo todo, como una buena niña. Luego te follaré, y meteré mi polla en tus dos agujeritos, hasta correrme. Luego, cuando haya terminado, yo me marcharé, y tú acabarás tu trabajo. ¿Entendido?  Si estás de acuerdo, mueve tu cabeza de arriba a abajo.

Yo, sin saber aún el porqué, muevo la cabeza de arriba a abajo. Sigo fregando los platos, pero cojo el estropajo con un poco de más fuerza, nerviosa. Al momento siento la respiración de ese hombre sobre mí, tiene un aliento a vino insoportable, que hace que baje mi cabeza.

Siento como desabrocha los botones de mi uniforme y lo deja caer al suelo, dejándome en ropa interior. Aunque el aliento de hombre no me gusta tiene unas manos suaves. De repente, me aprieta con fuerza los pechos, con el sujetador puesto.

- No dejes de fregar, perra.

Sigue tocándome los pechos con mucha fuerza, pero a la misma vez, me pellizca los pezones y me los pone como piedras. Yo friego, pero el ritmo ha caído y tardo en un plato la misma vida. Cierro los ojos y me muerdo los labios para no gemir.

Al momento quita las manos de mis pechos y me quita el sujetador casi sin darme cuenta, y aparta el tanga a un lado, para acceder a mi coñito. Su mano empieza a tocarme y a buscar el clítoris, que encuentra con una facilidad increíble. También es verdad que mi coño está completamente mojado. Mi violador concentra dos dedos en el clítoris y yo giro mi cabeza varias veces de placer mientras me agarro al fregadero moviendo el coño.
 
- No te veo fregar, guarra. O friegas, o me largo y te dejo aquí sola.

Rápidamente, me suelto del fregadero, sin dejar de mover el coño y mordiéndome los labios, para empezar de nuevo a fregar, esta vez sin fuerzas, corriéndome de puro placer.

Mi violador, viendo que mis piernas flaquean con el primer orgasmo, introduce su polla en mi coñito, hasta fondo, y empieza a follarme con todas tus fuerzas, embistiendo con todas sus ganas, llevándome al éxtasis. Noto su gran polla como me llena el coño entero y me da un placer inmenso. Me agarro de nuevo al fregadero y empiezo a moverme como una loca, poseída por el placer.

Entonces él empieza a abrirme las nalgas y escupirme en el culo, para lubricarme. Noto como introduce un dedo en mi culo, sin miramientos, bruscamente. Me duele, pero no puedo quejarme y muevo más el coño, mientras vuelvo a alcanzar el orgasmo.

Y justo en ese momento, después de mi segundo orgasmo, siento como esa bestia saca su polla de mi conejito para meterla entera en mi culo, de un solo empujón. Yo giro la cabeza, bruscamente, y diciendo que noooooo. Pero él me rompe el culo metiéndola de una estocada... Cuando está dentro de mí comienzo a notar como el dolor, poco a poco se transforma en placer, y empiezo yo a mover el culo, con ganas.

Puedo escuchar como su respiración se acelera y eso me pone aún más cachonda. Quiero que se corra en mi culo. Quiero sentir como su leche sale de mi ano... Finalmente, yo acelero el ritmo, moviendo mas rápido mi trasero, buscando su leche, buscando su orgasmo y el mío. A la vez, juntos...

Finalmente, un gemido profundo me indica que mi violador se corre. Un chorro de semen inunda mi culo, y esa sensación me lleva al orgasmo. Al sacar su polla de mi culo, puedo notar como su leche chorrea por mis piernas, caliente y viscosa.

- No te gires, y sigue fregando, perra.

Yo puedo oír como se limpia y se viste, mientras yo sigo fregando, desnuda y corrida completamente. Cuando se va me visto rápidamente y me doy cuenta que ha sido de las experiencias más morbosas que me han pasado.

Y sigo fregando como si nada. Follada, corrida, extasiada…



jueves, 4 de febrero de 2016

Visita a domicilio del Doctor a su perra.



Aquel día me encontraba en casa de baja por una lesión, y andaba medio aburrida en la cama, reposando. Unos días antes había conocido a un hombre, el cual se hacía llamar Profesor Domine, al que le gustaba pervertir y someter mujeres. Era un Amo que quería 'educarme' para convertirme en su perrita.

Esa mañana, sin saber qué hacer, me decidí a escribirle. La realidad es que me pone bastante cachonda hablar con él, y quería hacerlo. Ya me había masturbado un par de veces charlando con él, y me ponía mucho la idea de conocerlo. Después de un rato charlando de sexo y de nuestras fantasías sexuales, me sorprendió con una propuesta muy entretenida.

Me propuso hacerse pasar por el médico y pasar a hacerme una visita para proporcionarme el tratamiento adecuado. Como era lógico, al principio aquello me pareció demasiado atrevido. No lo conocía de nada, y aquel hombre pretendía follarme como a una perra. Lo normal habría sido decirle que no, pero en aquel momento yo andaba muy mojada y no pude negarme.

Una hora más tarde, él apareció con su bata de médico y su maletín. Yo ya me encontraba un poco nerviosa, sin saber lo que iba a ocurrir a partir de ahora, y eso me excitaba aun mas.

Me había ordenado que dejara entreabierta la puerta y lo esperara desnuda en la cama. Yo, como buena niña, así lo hice,  y así me encontraba cuando el llego.

- 'Hola perrita, voy a proceder a hacerte un examen exhaustivo para ver el alcance de tu lesión. Quédate quieta y te prometo que no te dolerá' - me dijo.

Sin más, el Doctor el Doctor Domine comenzó a tocar mi cuerpo, con detenimiento, pasando por todos los rincones de mi anatomía, mientras me susurraba al oído lo que me iba a hacer. Aquel hombre pellizcaba mis pezones, ya duros, aumentando la presión, cada vez un poco más fuerte, provocando que me retorciera de placer en mi cama.

Mi respiración se aceleraba, y de mi garganta salían pequeños gemidos, a lo que el Doctor me decía 'Chisss … Silencio perrita, aun no quiero oírte'.

Para entonces yo ya me encontraba muy cachonda. Sus manos habían ya acariciado mi cuerpo, y mi conejito estaba ya mojado. Entonces, sin mediar palabra, tiró de mi cuerpo y me hizo girar completamente, dejándome al borde de la cama, con mi culo en pompa y a su alcance.

- 'Zasss' -  un azote inesperado.
- 'Vamos a ver como andas de temperatura', dijo.
- 'Zasss', otro azote mientras yo me estremecía. Nunca me habían azotado pero aquello me gustaba.

Cada X azotes, el Doctor paseaba sus dedos por mi culo y mi rajita, para lubricarlos con mi ya más que evidente humedad. De repente, sin avisar, introdujo un plug en mi culo, que me hizo dar un respingo, y él me volvió a azotar.
- 'No te muevas, perrita. No interrumpas el tratamiento.'

Cuando mi culo ardía por sus azotes, comenzó a  jugar con el plug en mi ano, a penetrarme y a sacarlo. A mí ya me temblaban las piernas, lo sentía entrar y salir, dilatando mi inexperto culito. Nunca habían poseído mi culo, y siempre le había tenido mucho respeto a esa experiencia. Pero sorprendentemente para mí, lo estaba disfrutando, y mucho.

Yo estaba a punto de correrme y Él lo sabía. Por ese motivo, para impedirlo, paró aquel movimiento, y me dijo:
- 'No he acabado contigo perrita, no puedes correrte aún. Acabamos de comenzar, y sólo podrás correrte cuando te atraviese con mi polla.'.

Entonces subió a la cama, posicionándose delante de mí, con su pene a escasos centímetros de mi cara. Yo hacía esfuerzos por contenerme, la boca se me hacia agua deseando saborearla pero no tenía permiso para hacerlo:
- 'Ya sabes que las buenas perritas chupan sólo cuando su amo se lo ordena, y por ahora no puedes. Quiero que primero lamas mi culo'.

Aquella frase me excitó aún más. No lo dudé ni un segundo, a pesar de no haberlo hecho nunca, y ayudada con mis manos comencé a lamer, pasando mi lengua una y otra vez por la raja de su culo, hundiendo mi lengua en su ano, sin presionar. Yo notaba su excitación y su polla cada vez más dura, y comencé a masajear sus huevos, suavemente. Aunque él no me lo había pedido, tampoco le molestó. Yo seguía lamiendo su culo, mientras iba deslizando mi lengua hacia sus huevos, con la ida de chuparlos, primero uno, luego el otro, metiéndolos en mi boca.


Entonces, un sonido gutural salió de su garganta, lo cual hizo que me mojara más si cabe y agarrando mi pelo me ordenó
- 'Abre bien la boca, puta, voy a meter mi polla.', y comenzó a follar mi boca.

Él metía su miembro erecto hasta el fondo, llenándome la boca, hasta topar con mi garganta, lo cual me hacía saltar las lágrimas. Aun así, yo no dejaba de lamer su pene  con mi lengua, y aprovechaba para chupar su capullo cada vez que la sacaba y la metía. No sé cuánto tiempo estuvimos así, pero a mí me pareció maravilloso, haciéndome sentir como una autentica puta.

- 'Ahora abre la boca y saca la lengua, zorra. Vas a recibir parte de tu medicación', dijo tras sacar su rabo de mi boca, y colocarlo justo enfrente de mí.

Un chorro de semen, calentito, inundó mi boca, entrando hasta la garganta, y haciéndome sentir más perra que nunca. Parte de aquel manjar salpicó mi cara provocando que cerrara los ojos. El Doctor Domine hizo que le limpiara la polla con la lengua, tragando cada gotita de mi medicación, y aún con mi cara llena de su semen, me dijo al oído:
- 'Ahora me voy a ocupar de ti, zorra'.

Y así, sin descanso, volvió a ocupar su posición detrás de mí. Acarició primero mi culo, donde seguía metido el plug, e introdujo luego un vibrador en mi coñito, hasta el fondo, para comenzar así una coreografía sexual. Follaba mi culo y mi coñito con los aparatitos mientras volvía a azotar de nuevo mi trasero:

- 'Zasss, Zasss…', dos azotes en una nalga,
-  'Zasss, Zasss…', otros dos en la otra, y a follarme de nuevo.

Él notaba siempre cuando estaba a punto de correrme, y paraba sus movimientos, o los alternaba, para no dejarme correr. Yo le suplicaba que por favor me dejara llegar al orgasmo, pero él se hacía de rogar. Quería que yo sufriera, y que me excitara hasta el límite.

Finalmente, tras un dulce suplicio que duró unos minutos más, y que incluía una buena tanda de azotes, y una larga sesión de masturbación y sodomía, sacó el vibrador de mi coñito, y tras agarrarme del pelo con fuerza, introdujo salvajemente su polla, para comenzar a embestirme.

Aquello era lo que yo venía suplicando desde hacia media hora. El Doctor Domine me estiraba del pelo y me montaba como se montan a las perras. Apenas tres o cuatro empujones más tarde, al borde del éxtasis, y casi sin poder controlarme, fué entonces cuando por fin pude oír la frase que tanto deseaba:

- 'Ahora, perra, córrete para mí. Quiero oír como gimes.'

Aquello fue un detonante para mí. Todos los fluidos que llevaba guardando salieron de mi conejito mientras yo gritaba como una perra. Un gemido profundo y largo salió de mi garganta, mientras él continuaba embistiendo, sin piedad. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, transformándose en un increíble orgasmo, y dejándome totalmente exhausta.

Entonces, adolorida por los azotes, los pellizcos, y mi propia lesión, sacó su polla de mi coñito, y me acarició amorosamente. Yo sabía que aquello no era lo habitual, pero a causa de mi lesión, amablemente me ayudó a asearme, me devolvió a la cama y con un tierno beso me dijo:
- 'Verás como ahora te sientes mejor, perrita…'

Y se marchó dejándome rendida, en la cama, y sumida en un dulce sueño.

Pdta: A mi la perrita del sur, recupérate pronto.