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jueves, 11 de febrero de 2016

Mientras friego. Follada en la cocina.



Son las 5 de la tarde, todos los clientes han marchado del restaurante, y la jornada ha ido bien. El local está vacío, y aún falta fregar los platos. Mientras me pongo comienzo a pensar en lo que ha ocurrido hace una hora y media, más o menos. Durante la comida, un cliente nuevo ha estado tonteando un poco conmigo, de manera clara y sin tapujos. Reconozco que ha habido mucho feeling entre los dos, y que ha conseguido ponerme cachonda. Su manera de mirarme, lasciva y con deseo, me dio un morbo especial.

De repente, oigo a lo lejos como la puerta del restaurant se cierra.  Alguien ha entrado. Elevando la voz, para que pueda oírme, le digo que está cerrado, y que no puedo atenderle, pero no recibo ninguna respuesta. Entonces, al girar la cabeza, lo veo en la puerta. Está mirando cómo friego, y mi corazón da un vuelco. Mi corazón, y mi sexo. Entonces, ese desconocido me ordena que calle.

- Chisssttt... no digas nada. Sigue fregando.

Mi ritmo cardiaco se pone a 100, y puedo nota como mi entrepierna se activa. Sin saber muy bien el porqué, le obedezco, y sigo fregando, mientras noto como él se acerca por detrás. Sé que no debería estar allí, y que no deberíamos jugar, pero la situación me puede, y el morbo me domina.

Una vez detrás de mí, siento como su cuerpo se engancha al mío, tímidamente, y escucho una voy grave, seria, masculina, que me dice al oído:

- Ahora vas a hacer lo que yo te diga. Vas a seguir fregando, y a dejarlo todo como una patena. Mientras tanto, yo voy a desnudarte y a jugar contigo. Voy a azotar tu culo, a masturbar tu conejito, y a sodomizar tu culito. Tú no podrás gritar, ni gemir, ni hablar, ni girarte. Deberás seguir limpiándolo todo, como una buena niña. Luego te follaré, y meteré mi polla en tus dos agujeritos, hasta correrme. Luego, cuando haya terminado, yo me marcharé, y tú acabarás tu trabajo. ¿Entendido?  Si estás de acuerdo, mueve tu cabeza de arriba a abajo.

Yo, sin saber aún el porqué, muevo la cabeza de arriba a abajo. Sigo fregando los platos, pero cojo el estropajo con un poco de más fuerza, nerviosa. Al momento siento la respiración de ese hombre sobre mí, tiene un aliento a vino insoportable, que hace que baje mi cabeza.

Siento como desabrocha los botones de mi uniforme y lo deja caer al suelo, dejándome en ropa interior. Aunque el aliento de hombre no me gusta tiene unas manos suaves. De repente, me aprieta con fuerza los pechos, con el sujetador puesto.

- No dejes de fregar, perra.

Sigue tocándome los pechos con mucha fuerza, pero a la misma vez, me pellizca los pezones y me los pone como piedras. Yo friego, pero el ritmo ha caído y tardo en un plato la misma vida. Cierro los ojos y me muerdo los labios para no gemir.

Al momento quita las manos de mis pechos y me quita el sujetador casi sin darme cuenta, y aparta el tanga a un lado, para acceder a mi coñito. Su mano empieza a tocarme y a buscar el clítoris, que encuentra con una facilidad increíble. También es verdad que mi coño está completamente mojado. Mi violador concentra dos dedos en el clítoris y yo giro mi cabeza varias veces de placer mientras me agarro al fregadero moviendo el coño.
 
- No te veo fregar, guarra. O friegas, o me largo y te dejo aquí sola.

Rápidamente, me suelto del fregadero, sin dejar de mover el coño y mordiéndome los labios, para empezar de nuevo a fregar, esta vez sin fuerzas, corriéndome de puro placer.

Mi violador, viendo que mis piernas flaquean con el primer orgasmo, introduce su polla en mi coñito, hasta fondo, y empieza a follarme con todas tus fuerzas, embistiendo con todas sus ganas, llevándome al éxtasis. Noto su gran polla como me llena el coño entero y me da un placer inmenso. Me agarro de nuevo al fregadero y empiezo a moverme como una loca, poseída por el placer.

Entonces él empieza a abrirme las nalgas y escupirme en el culo, para lubricarme. Noto como introduce un dedo en mi culo, sin miramientos, bruscamente. Me duele, pero no puedo quejarme y muevo más el coño, mientras vuelvo a alcanzar el orgasmo.

Y justo en ese momento, después de mi segundo orgasmo, siento como esa bestia saca su polla de mi conejito para meterla entera en mi culo, de un solo empujón. Yo giro la cabeza, bruscamente, y diciendo que noooooo. Pero él me rompe el culo metiéndola de una estocada... Cuando está dentro de mí comienzo a notar como el dolor, poco a poco se transforma en placer, y empiezo yo a mover el culo, con ganas.

Puedo escuchar como su respiración se acelera y eso me pone aún más cachonda. Quiero que se corra en mi culo. Quiero sentir como su leche sale de mi ano... Finalmente, yo acelero el ritmo, moviendo mas rápido mi trasero, buscando su leche, buscando su orgasmo y el mío. A la vez, juntos...

Finalmente, un gemido profundo me indica que mi violador se corre. Un chorro de semen inunda mi culo, y esa sensación me lleva al orgasmo. Al sacar su polla de mi culo, puedo notar como su leche chorrea por mis piernas, caliente y viscosa.

- No te gires, y sigue fregando, perra.

Yo puedo oír como se limpia y se viste, mientras yo sigo fregando, desnuda y corrida completamente. Cuando se va me visto rápidamente y me doy cuenta que ha sido de las experiencias más morbosas que me han pasado.

Y sigo fregando como si nada. Follada, corrida, extasiada…



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