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lunes, 30 de noviembre de 2015

Ejercicio para una sumisa: Examen sobre las reglas de sumisión.



Hoy vamos a hacer un ejercicio que a su vez es un examen. Vamos a repasar las reglas que un día te puse, para ver si las cumples a diario, si las entiendes, y si sabes el porqué de las mismas.

Durante la próxima media hora vamos a repasar todas las reglas, de una en una. Deberás decirme si las cumples a diario, y tendrás que decirme qué significa, y porqué existe esa regla. Deberás explicarme cual es el propósito de la misma.

Durante esa media hora responderás a todas las preguntas que yo te formule, y lo harás de rodillas, ante tu Amo, desnuda. Ese es el examen que hoy vas a hacer.

Pero hay mas, también hay un ejercicio. Deberás hacer ese examen con mi polla en tu boca. Responderás esas preguntas mientras chupas mis huevos y mi pene. Durante media hora, deberás lamerme, enterito, mientras prestas atención a mis preguntas, y respondes correctamente.

No quiero correrme, sumisa, no hasta el final. Yo te avisaré, y te diré cuando debes cambiar de posición o de ritmo. Será acabando el del examen, en la última pregunta, cuando me corra en tu boca. Quiero que tu última respuesta sea con mi semen inundando tu lengua, tus labios, tu garganta...



viernes, 27 de noviembre de 2015

Marta, educada y desvirgada. Una nueva alumna para el Profesor.



 - Soy tu Amo, marta; con todas las letras; y tú eres mi esclava. ¿Lo has entendido?

Ese era mi más secreto deseo, entregar la propiedad de mi cuerpo a un hombre. Alguien que me diera las órdenes, me diera placer, que tuviera completa autoridad sobre mí. Alguien que me poseyera y que me hiciera sentir lo que nunca había sentido. Y aún más, alguien que me arrebatara la virginidad de mi culo, algo que nunca había pedido a nadie, y que deseaba sentir. A lo largo de los últimos 15 días había preguntado varias veces al Profesor acerca del sexo Anal, y hoy por fin iba a sentirlo en mi propio cuerpo.

- Si, mi Amo - respondí a mi Amo.
- De rodillas- y caí ante él sin titubeos. Mi Domine me había preparado para obedecerlo.
- Desabróchame la bragueta y saca mi polla. Necesita que la mimes un poco.

Con manos temblorosas desabroché su pantalón hasta liberarla, ésta saltó ante mí, gruesa y dura, las venas azules abultadas y su glande brillante. Mi Domine cogió su polla con la mano y me acarició el rostro con ella, lo deslizó por la frente, bajó por la nariz, se paseó por mis mejillas y la posó sobre mis labios.

- Abre bien la boca, esclava y trágatela toda. Me inmovilizó la cabeza y empujó. Sentí que me ahogaba y empecé a tragar de forma inconsciente.
- Relaja la garganta- me ordenó.

Lo intenté, pero no podía, su polla crecía más y me daban arcadas. Empezó a masajearme el cuello hasta que sus bolas se apretaron contra mi barbilla. Entonces comenzó el movimiento de vaivén, entrando y saliendo de mi boca. Me estaban follando la boca. Era la primera vez. Hasta entonces yo siempre había sido la que chupaba una polla, llevando la iniciativa, pero allí era él, mi Domine, quien llevaba la batuta. Me estaba follando la boca.

Yo ahuequé mis mejillas para poder abarcarla y los sonidos y gruñidos que emitía parecía que le gustaban, ya que la notaba mucho más gruesa. La saliva me caía de la boca y me sentía más caliente y mojada que nunca. Enrolló sus manos en mi pelo y continuó follando mi boca sin parar.

De repente, me apartó de mí un segundo, sacó su polla de mi boca y me ofreció sus huevos, para que yo lamiera.

- Cómeme las pelotas, perra. Ponme la polla como una piedra.

Yo obedecí, acercandome a sus huevos, y lamiendo con pasión, primero uno y luego el otro. El Profesor me obligó a agarrar su polla con la mano, y a acariciarla suavemente mientras lamía sus testiculos. Yo podia notar como efectivamente, su pene se ponía duro como una piedra, como a mi me gusta.

Nuevamente, se apartó de mí para introducir otra vez su miembro enterito dentro de mi boca, hasta al fondo. Aquello me ponia a 100, me sentía violada, utlizada, usada como la perra que yo quería ser, mientras él disfrutaba penetrando mi boca.

Tras un ratito jugando conmigo, justo cuando dio la sensación de que estaba a punto de corrers, volvió a sacarla. Se agarró de nuevo la polla y movió su mano libre para sujetar mi mandíbula. Con mi boca abierta todavía, comenzó rápidamente a acariciar su polla, pajeándose. Empujó sus caderas hacia delante, de manera que su miembro quedara sobre mi boca, y pude notar como estallaba de placer. El primer chorro de semen golpeó el interior de mi mejilla y cayó en mi lengua.

- No tragues, perra. - me ordenó - Mantenlo todo en tu boca.

Continuó sacudiéndosela y pude notar como llenaba mi boca con su semen, ordeñándose hasta la última gota. Tras unos segundos, y después de observar con agrado como su leche inundaba mi boca, continuó con el juego:

- Ahora traga. Hasta la última gota.

Hice lo que me pedía pasando mi lengua por mis labios hasta limpiar el resto viscoso de mis comisuras.

Agarrándome del pelo me levantó lentamente y tras observarme un rato, agachó su cabeza hasta morder uno de mis pezones. Luego lo lamió ligeramente antes de succionarme toda la aureola. Oh, si mi Domine, pensé. Fue bajando su mano hasta pararse en mi coño.

- Estás chorreando, esclava. Sabía que serías una putita estupenda. Mmm...Tienes un sabor delicioso.

Volvió a introducir un dedo y después otro. Con la otra mano, empezó a atormentar mi clítoris una y otra vez. Gritaba y me convulsionaba.

- Eso es, déjate ir, ahora!  Córrete, sumisa, córrete! - Dijo mientras acercaba su boca y me chupaba el clítoris sin piedad.

- Así me gusta, pequeña zorrita. Que seas obediente con las órdenes de tu Domine.

Pasado un rato, no sé cuanto exactamente, mi orgasmo me había dejado fuera del planeta. Mi Domine empezó a moverse por la habitación cogiendo cintas y cuerdas. Lo que más miedo me daba era que me atara las manos y los pies.  Había visto la cantidad de látigos, palas y fustas, y yo temía no ser capaz de aguantar el dolor.

Lo que yo imaginaba fue exactamente lo que ocurrió. Mi Domine me ató, tras colocarme a 4 patitas en la cama. Me sentía vulnerable y aterrada aquella postura. Las piernas tan separadas que podía ver claramente mi coño. Mis pechos temblaban por el esfuerzo de no gritar.

- No puedes hablar, no puedes moverte.

Caminó a mí alrededor hasta ponerse detrás. Me acarició las nalgas con una mano y después se pegó a mi espalda, rodeándome la cintura con el brazo. Asentí, notaba el bulto de su polla, mi Domine estaba otra vez excitado y eso hizo que me mojara de nuevo.

- Tranquila esclava - me susurró - después te follaré como te mereces.


Se apartó y descargó el primer golpe con la mano. Me dolió, el calor se expandió por mi culo y me mordí los labios. Más golpes fueron descendiendo hasta mis nalgas, nunca en el mismo sitio y entre cada golpe me masajeaba la zona enrojecida. Me estaba marcando como suya y yo estaba asintiendo con mi silencio. Curiosamente yo me sentía excitada, sin aliento y retorciéndome de placer.

Me acarició el coño con la misma mano que me había azotado. Lo hacía cada 4 o 5 azotes, para ponerme cachonda. El hecho de que me tuviera atada, a su merced, y de que me azotara y me acariciara el conejito de vez en cuando, me ponía cachonda como una perra. Era su perra, de su posesión, y yo me sentía como un objeto que él podía usar a su antojo.

-Estas muy mojada, mi inocente esclava. Veo que te ha gustado más de lo que te imaginabas.

Y entonces, sin avisar, enterró su polla en mi conejo de un solo golpe. No hubo dolor. Mi propia excitación me había lubricado de tal manera que chorreaba con cada bombeo. No había nada de lentitud ni ternura en su movimiento, su pelvis castigaba mi maltrecho culo y sus testículos golpeaban sin cesar mi clítoris haciendo que mi orgasmo creciera a proporciones gigantescas.

Yo arqueaba mi espalda para que mi Domine entrara cada vez más profundo, cada vez más rápido, notaba su respiración agitada. Con la mano me agarraba con fuerza del pelo y estiraba hacia atrás mientras clavaba su miembro en mi coñito. Me estaba montando como a una perra, y yo estaba excitadisima y a punto de correrme. Pero justo cuando estaba a punto de gritar de placer, mi Domine salió de mi interior, dejandome al borde del extasis y se colocó delante de mí.

- Todavia no, perra. No puedes correrte. Ahora que estas mojada completamente, voy a volver a follar tu boca, como he hecho con tu coño.

Mi Amo  volvió a meterme su polla en la boca, lo cual yo ansiaba. Su sabor era adictivo. Fue menos suave que la vez anterior, bombeando rápidamente mientras mis arcadas no paraban. Aún así, yo no quería soltarla, movía mi lengua más rápidamente, acariciando su glande. Yo necesitaba que mi Amo me diera su leche. Quería su semen, mi premio, pero él no tenia eso planeado para mí.

- Aún no te toca leche, sumisa, por ahora estoy jugando contigo.

El miembro de mi Domine seguía recto y duro como una piedra, y quedaba una cosita importante por hacer, algo nuevo para mí.

- Bien, mi putita. Ahora ponte a 4 patas, voy a follar tu culo.

Uuuffff... nadie me había sodomizado hasta entonces, mi Amo había estado jugando con los plugs, pero nunca había sentido una polla en mi interior. Primero bañó mi ano de lubricante, para asegurarse de que no me dolería demasiado, y antes de darme cuenta, noté como su capullo entraba en mi culito.

Yo, que era virgen del culo hasta entonces, pensaba que aquello iba a dolerme más, pero no fue así. Me preguntó si me dolía, y le dije que no, que todo iba bien. Antes de lo que me imaginaba tenía su polla clavada hasta el fondo en mi culo. Que gusto, pensé, mientras cogía mis pezones desde atrás y los apretaba con fuerza, volviéndome loca.

Entonces, comenzó a moverse de atrás hacia adelante, empujando contra mi culo, chocando sus pelotas en mi coño chorreante, y haciéndome gozar de algo que hasta ese momento no había sentido nunca. Él me cogió del pelo y empezó a cabalgarme, tirando cada vez más fuerte.

Yo me sentía más perra, más utilizada que nunca, y eso me encantaba. Iba dándome azotes en el culo, dejándolo cada vez mas rojo, como a mi Amo le gusta, y el vaivén se hizo más rápido, pedí permiso a mi Amo para correrme y así lo hice cuando lo obtuve.

Saciada y cansada, mi Domine sacó su polla de mi culo y se corrió por mi espalda mientras mi cuerpo se arqueaba mas por la presión de sus manos en mi pelo. Fue una sensación increíble, la de ser follada por mi Domine, en mi primera sesión.

Ahora quiero ser la puta, la zorra, la mejor perra para mi Amo.



lunes, 23 de noviembre de 2015

Maya, castigada sin correrse.



La semana anterior me había portado mal. El día antes de nuestra sesión me había enterado de que me sería muy complicado acudir a la cita, pero no quise aceptarlo, me convencí a mí misma de que sí que podría encontrar una forma de disfrutar una nueva sesión con el Profesor Domine, pero evidentemente no fue así y me vi obligada a anular la cita a pocas horas de la hora a la que habíamos quedado. El Profesor se molestó conmigo y no sin razón; si yo hubiese aceptado mis limitaciones, él y mi hermanita auriel habrían podido disfrutar de un encuentro y mi Domine hubiera estado atendido como merece, pero fui egoísta, pensé mas en mí que en mi Amo, y negué la evidencia. Necesitaba un castigo y Él me lo iba a proporcionar.

Cuando llegamos al hotel el recepcionista nos preguntó si queríamos tomar algo y mientras iba a buscar las bebidas el Profesor empezó a sobarme los pechos. Aquel simple hecho ya me puso muy caliente, por el hecho de empezar a ser usada en un lugar público con un riesgo evidente de ser “cazados”. Me quedé muy quieta mientras Él lo hacía, excitada y alerta, hasta que oí un ruido que decía que el recepcionista regresaba y di un bote, asustada. Cuando llegamos a la habitación ya me sentía mojada.

Los primeros minutos de la sesión mi Domine los dedicó a explicarme el porqué del castigo, aunque yo sabía muy bien a qué era debido, mientras sobaba y pellizcaba mis pechos por encima de la ropa.

- Si me lo hubieras dicho el día antes, maya, yo podría haber disfrutado con tu hermanita, pero te pudieron las ganas de estar conmigo, no fuiste realista y al final nos perjudicaste a auriel y a mí. Eso es intolerable.
- Sí, mi Domine –decía yo avergonzada.

También me explicó en qué consistiría el castigo; en la sesión de hoy no podría correrme, ni durante la sesión, ni después en casa. No podría tocarme al menos hasta que llegasen las 12 de la noche. La sesión de hoy sería exclusivamente para el placer del Profesor Domine, para compensarlo por mi falta. Me lo había ganado sin ninguna duda, aunque solo con aquello ya sentía la tela de mi tanga mojadita de la excitación y me preguntaba, si la cosa continuaba así, cómo haría mi Domine para conseguir que no me corriese.

Tras esos primeros minutos el Profesor me ordenó que me quedase en ropa interior y así lo hice. Luego me ordenó que me pusiera a cuatro patas en la cama y obedecí. Él comenzó a azotarme el culo, primero con la mano, luego con la fusta, haciéndome que mirase al espejo que tenía al lado para que viera lo perra que soy.

De vez en cuando me preguntaba “¿Quién eres, sumisa?” y yo respondía “Soy su puta perra, mi Domine”. Él sonreía y seguía azotándome. Me excitó muchísimo aquello, ver su cara de placer mientras me daba aquellos azotes, verme postrada aguantando su castigo, ver cómo se enrojecía la piel de mis nalgas más a cada golpe, causando un contraste visual entre el negro de mi tanga, el blanco del resto de mi piel y el rojo cada vez más intenso.

Los últimos azotes que me propinó ya no solo escocían sino que dolían directamente. En ese momento el Profesor se detuvo, cogió un par de consoladores, me bajó las bragas y me penetró los dos agujeros con ellos hasta llevarme al borde del orgasmo.

Yo jadeaba y gemía sin control. Pero mi Domine ya me conoce muy bien, sabe cuándo estoy a punto, así que justo en ese momento se detuvo, me subió el tanga de nuevo para que sujetara los juguetitos y me ordenó incorporarme. Me colocó delante del espejo con él a mi espalda, y así, penetrada y cachonda a más no poder me volvió a sobar las tetas a su capricho, pellizcando mis pezones, mirándole a los ojos y viendo mi cara de puta.

Lo acompañé al baño donde me ordenó lavarle bien, y lo hice con mimo y dedicación, sintiendo los consoladores metidos en cada uno de mis movimientos. Lo sequé con cariño y me condujo de nuevo a la cama, donde el Profesor me ordenó que lamiera sus pies, estando yo de rodillas en el suelo, mamándolos, jugando con sus deditos en mi lengua y lo hice entregada hasta que decidió que era suficiente.

Había llegado la hora de dar a mi Domine un masaje para el que me había estado preparando toda la semana, viendo videos y leyendo en internet cómo debía hacerse. Empecé con su espalda, luego pasé a sus piernas y glúteos, para pasar a continuación a su culito, su perineo y sus testículos.

Aun estando boca abajo veía cómo su polla de vez en cuando me ofrecía una gotita de aquel líquido sublime de excitación y placer. Yo debía lamer, sorber esas gotitas, y dar las gracias por cada una de ellas, y lo hacía cada vez que podía, agachándome para recogerlas con mi lengua y con mis labios. Aunque ya que estaba allí…



- Mi Domine, ¿me da usted permiso para lamer sus huevos?
- Sí, maya, tienes mi permiso.

En cada gesto sentía cómo se movían los consoladores de coño y mi culo y eso me ponía aún más excitada. En algún momento tuve que recolocarlos ya que, concentrada en mi tarea, no había notado que la tela del tanga se había escurrido y había empezado a escurrirse alguno de ellos. Pero seguí con el masaje, con mis manos y mi lengua, hasta que mi Domine decidió darse la vuelta. Habían pasado cuarenta minutos de masaje cuando lo hizo. Yo seguí esta vez centrándome en su sexo, despacio porque las órdenes eran claras; el Profesor Domine debía correrse cuando él lo decidiera.

Transcurrida una hora desde el inicio del masaje, mi Domine decidió que tenía hambre. Yo, a orden suya, había llevado algo de comer para Él en una fiambrera, y había llevado un plato y cubiertos para que pudiera comer durante la sesión, ya que ésta coincidía con la hora de su comida.

El Profesor me ordenó ponerme a cuatro patas, con la cabeza entre sus piernas, para servirle de mesa. Nunca lo había hecho y temía no dejar la espalda lo suficientemente plana o hacer algún movimiento que provocase un desastre, así que estaba bastante asustada.

Con el primer bocado mi Domine me dijo que le gustaba lo que le había llevado (una ensalada de arroz fría) y que podía empezar a lamerle los huevos de nuevo. Lo hice apenas sin moverme, estirando el cuello para alcanzarlos y observando la polla del Profesor, que seguía derramando sus exquisitas gotitas, para poder recogerlas con mi lengua cuando se produjeran. Pero apenas sin moverme y sintiendo los consoladores haciendo de las suyas.

En un determinado momento, el Profesor Domine se detuvo, se puso en pie y fue a mover los juguetes de mi culo y mi coño como sólo él sabe hacerlo, llevándome otra vez al borde del orgasmo, sin poder reaccionar, sin poder moverme porque aún sostenía su comida en mi espalda… No sé cómo conseguí que no se cayera nada.

Él volvió a sentarse con las piernas a los lados de mi cabeza y me ordenó meterme su polla en la boca. Estirando el cuello, girándolo, lo hice y empecé a mover la lengua a su alrededor, despacio y a frotar su glande con la misma, sin poder hacer nada más para no moverme, muy despacio, porque mi Domine no quería correrse todavía.

No fue hasta que acabó su comida que se puso en pie y me dio permiso para hacer que se corriera. Yo ya incorporada pero de rodillas aún, chupé y mamé como llevaba casi dos horas deseando hacerlo. Tenía órdenes concretas también para ese momento; mi Domine no quería correrse en mi boca sino en mi cara, así que en cuando sentí sobre la lengua la primera gota de su eyaculación, saqué su polla de la boca y seguí masturbándole, sin separar un milímetro su polla de mi cara, moviéndola de una mejilla hacia la otra.


Cuando su orgasmo terminó lamí su glande para limpiarlo con mi lengua y recoger hasta la última gotita de mi premio. El Profesor me miraba cuando todo acabó, de rodillas, penetrada, excitada, con la cara cubierta por su semen y se deleitó mirando durante un ratito, hasta que dio una nueva orden:

- Ahora sumisa, recoge mi leche de tu cara y cómetela, es tu comida de hoy.

Lo hice despacio y con cuidado, empujando con dos dedos hacia mi boca todo el líquido que podía, y chupando mis dedos para recogerlo todo, relamiéndome para aprovechar un poquito más de mi premio.

No sé cuánto tiempo llevaba de rodillas cuando el Profesor me ordenó incorporarme. Me dolían las piernas por estar de rodillas, el culo por estar penetrado y el vientre por la constante excitación que había sentido mi cuerpo durante todo aquel tiempo. El Profesor me dio permiso para sacar los consoladores antes de ir a lavarlo de nuevo al baño. Esta vez lo lavé a conciencia, para retirar de su cuerpo los restos del aceite del masaje, y centrándome de nuevo en su sexo que volvía a estar erecto. Al verlo, al sentirlo en mi mano, al secarlo con cuidado, no podía evitar la sonrisa en mi cara.

- ¡Cómo te gusta todo esto, maya! –rio mi Domine -. Anda, lávate la cara que así no puedes salir a la calle.
- Gracias, Profesor.

Lo hice no sin pena, porque aquel era mi premio y parte de él se estaba yendo por el desagüe. Pero el Profesor tenía razón, no podía salir así a la calle. Cuando terminamos nos vestimos, le llevé de vuelta a su trabajo y Él me dijo algo que me hizo sentir muy orgullosa.

- Estoy muy contento contigo, maya; hoy has traído todo lo que te había pedido, has hecho tus deberes, has aguantado los azotes y el castigo sin quejarte y has sabido purgar tu culpa. No podrás masturbarte hasta mañana, pero recuerda que a las 00:01 ya será mañana.

- Gracias, Profesor –dije con una enorme sonrisa en los labios. 


Un relato de maya.