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viernes, 29 de julio de 2016

El jefe abusa sexualmente de su secretaria.




Fui a trabajar como cualquier lunes con la única diferencia de que iba tarde por 15 minutos y yo siempre me caracterizo por ser puntual y responsable, pero me quedé dormida y mientras corría para llegar a mi trabajo rogaba a dios para que mi jefe no estuviese allí en la oficina.
Cuando llegué a la oficina pregunté en recepción por mi jefe y para mi desgracia ya había llegado hace más de media hora. Subí rápidamente a mi piso, dejé mis cosas en mi escritorio y fui directa a la oficina del Sr. Domine. "Toc, toc" :

-       Pase, señorita Sophie, veo que llego tarde y ya sabe que no me gusta la impuntualidad, no quiero que se vuelva a repetir, ¿Le ha quedado claro?
-       Si señor Domine,  no volverá a suceder lo lamento.
-       Perfecto, entonces que hay en la agenda hoy día.
-       Tiene solo una reunión, es a las diez en punto con la Señora Heras.
-       Cuando llegue la haces pasar y que nadie nos moleste, y tráeme un café por favor.
-       Enseguida Señor Domine, con su permiso.

Hice dos cafés uno para el Sr. Domine y otro para mí, pero cuando tomé uno de los cafés se me derramó en la blusa y grité del dolor. “¡¡Joder!!”, pensé para mí. Corrí al baño, me saqué todo y me colocaba agua fría mientras me desesperaba. Cuando ya me calmé y el dolor se había ido un poco fui por mi bolso dónde tenía ropa de cambio, lo único que encontré fue un vestido, no tenía sujetador así que me vestí con solo el vestido.

-       Con permiso Señor Domine, le traigo su café. Él me mira y no pude descifrar su mirada era muy intensa, quizás se dio cuenta que no traía sujetador, no lo sabía.
-       Déjalo aquí encima gracias.
-       Si Señor Domine, ¿necesita algo más?
-       No, déjame trabajar ahora.

Debo decir que mi jefe es muy guapo, pero lo que tiene de guapo lo tiene de amargado, Salí de su oficina y comencé a trabajar en los pendientes y avanzando deberes del siguiente día, en ese momento llego su cita de las 10 de la mañana. 

-       Señor Domine, la Señorita Heras esta aquí.
-       Bien, hazla pasar, y que nadie nos moleste.
-       Sí Señor.

Habían pasado algunos minutos y se escuchaba la música que venía de allí dentro. No presté mucha atención y seguí haciendo lo mío, hasta que llegó Susan (otra asistente), que necesitaba la firma del Sr Domine en los contratos. Era un tema urgente. 

-       Susan, no puedo entrar, ordenó que nadie le molestase.
-       Por favor, Sophie, es urgente, sin estos contratos se perderá un negocio importante.
-       ¿Tan importante es?
-       Claro, imagina que si se pierde este negocio, el Sr Domine estará mucho más enfadado que si entras ahora.
-       Está bien, si me despide será tu culpa.

Toqué la puerta y no respondía nadie, toqué  un par de veces más, y nada. Tomé valor y entré, no  daba crédito a lo que veía, la Señora Heras estaba sobre el escritorio desnuda y el sr Domine la tomaba del pelo y de las caderas mientras la penetraba fuertemente, ahora entendía porque la música, los gemidos y jadeos de ambos eran dignos de una porno, ella pidiendo más mientras la embestía mi jefe, Él la masturbaba y ella no dejaba de gritar… no podía seguir viendo más estaba perturbada con todo esto.

Cuando iba retrocediendo para salir de la oficina cayó un jarrón al suelo, y vi cuatro ojos sobre mí. Estaba metida en un buen lio por culpa de esos contratos. Mientras vacilaba, ellos se vestían. Yo estaba temblando, la señora Heras iba saliendo y yo iba detrás de ella.

-       Sophie, a dónde demonios vas, eh?
-       A trabajar, Sr Domine.
-       Ven aquí, y siéntate.  ¿Qué fue lo que te dije?
-       Que no dejara entrar a nadie Sr Domine. Lo lamento, pero Susan me dijo que eran unos contratos….
-       ¡¡No te pedí explicaciones!! , ahora vete de aquí y ve a trabajar.
-       Si, Sr Domine.

Cuando salí de allí, fui al baño y comencé a llorar nunca me había gritado así, tardé unos minutos en dejar de llorar y escuché su grito:

-       ¡¡Sophie!! Ven aquí ahora.
-       Si Señor Domine. Estaba con la cabeza gacha, no quería que me viera así.
-       Ahora voy a salir, cuando vuelva te quiero ver aquí.
-       Si Señor Domine.

Y se fue mi jefe ladrando y dando portazos, que carácter tiene. Hice todo mi día normal, mi jefe no había vuelto y ya estaba a minutos de terminar mi jornada de trabajo, así que le llame para preguntarle si ya venía para la empresa, y no contestó.

Me encontraba aburrida, ya había bebido varios cafés y prendí un cigarrillo en a ventana, me saque los tacones y tenía música de relajación para que me diera mas sueño, yo salía del trabajo a las 17:00 y eran las 19:30 hrs, me quería morir. Vuelvo a mi escritorio, y me quedo allí dormida.

Desperté por un portazo, y supuse que era mi jefe y así era, miro la hora y eran las 21:00 horas, ¡¡ Joder!!  Suena el teléfono:

-       A mi oficina, ahora.
-       Si Señor Domine.
-       Toma asiento.
-       Señor domine, por favor, discúlpeme por lo de la mañana yo no….
-       No más excusas, Sophie, dime como solucionamos esto, te has dado cuenta de lo que sucedió por tu culpa, por tu ineficiencia...
-       Por favor señor domine no me despida, se lo ruego, hare lo que me pida pero no me despida. Y comencé a llorar como la magdalena que era.
-       Harás lo que quiera? Estás segura de eso?
-       Sí Señor.

Cuando dije eso vi en su rostro una sonrisa maliciosa, se sacó su corbata y se puso de pie, camino hacia mí y coloco su corbata en mi boca amordazándome, no lo podía creer mis ojos estaban abiertos de par en par.

-       Ahora harás todo lo que te diga, y no podrás hablar, menos gritar vale.  Sabes que pase todo el día pensando en que no traías sujetador.

El se había dado cuenta, entonces comprendí su mirada.

-       Todo el día pensando en si no traías bragas también… y lo veremos ahora,  párate y colócate sobre el escritorio dejando tu culo al aire.


Suspiré. El señor Domine levantó mi vestido, confirmó que si traía bragas y las rompió. Escuché como se rasgaba la tela y también sentí como acariciaba mis nalgas. Cerré mis ojos  y sentía como sus manos subían y bajaban por mi entrepierna, suavemente, pero repasando cada una de mis recovecos íntimos. El miedo que sentía había desaparecido, y yo me encontraba confundida; sentía deseo de que mi jefe me tocara de esa forma.

-       No te preocupes por las bragas te ves mejor sin ellas. ¿Qué haré contigo, Sophie?  Debería castigarte por no haber cumplido lo que te ordené. Tengo ganas de azotarte hasta dejarte rojo el culo, follarte brutalmente hasta acabar dentro de ti, y de hacerte mi perra, Sophie.

No creía todo lo decía, de que fuese capaz de eso pero todo cambio cuando me ato las muñecas por detrás de la espalda, y me azotaba.

-       Zasss! Zasss! Zasss!! Zasss!!

Empecé a llorar, pues el escozor que sentía era demasiado. Entre cada tanda de azotes podía notal como él me acariciaba, para relajar mis sensaciones. De repente, sin esperarlo, sentí algo frio en mi culito. El Sr Domine dijo que era lubricante y lo colocaba en mi ano, metiéndome su dedo. Era extraña esa sensación, yo no solía tener sexo por allí. El me iba dilatando el ano, con cuidado pero con ritmo. Entonces sacó su dedo y me dio otro par de azotes. Sentía su verga dura en mi entrepierna, su roce provocaba miles de descargas en mí. Mi excitación era evidente y me sentía mal por estar así, no lo podía evitar.

Mi jefe acariciaba mi espalda provocando escalofríos en mí, confusión entre el dolor y el placer me hacía perder la cabeza. A pesar de estar amordazada mis gemidos eran fuertes, se oían por toda la oficina.

-       Estás mojada, perrita, tu coño está demasiado húmedo. Te gusta lo que te hago?

No respondí. No dejaba de masturbarme y yo sentía mi coñito ardiente. Joder, como me tocaba  con sus dedos. Entonces se detuvo. El Sr Domine me quitó la corbata de la boca, y yo le miré sin entender. Entonces me coloqué de pie y agaché mi cabeza. Pensé erróneamente que quería que me marchara, que ya había acabado con su 'castigo'.

-       Hasta mañana Sr Domine.
-       Quien te dijo que ya te podías ir?
-       Yo creí…
-       Arrodíllate y abre tu boca.

Me estaba dando su polla para que le chupara, estaba nerviosa y dudé. Él rápidamente me la metió hasta el fondo. Yo me estaba tragando todo, sus embistes me provocaban arcadas por la fuerza. En ese momento agarró mi cabeza con fuerza, haciéndome tragar más y más. Yo trataba de alejarme pero era imposible  él tenia total control de mi,  y yo nunca había tenido una polla tan metida en mi boca.

Se detuvo y me colocó a cuatro patas sobre la alfombra, se alejó y sacó algo de una bolsas que traía no vi lo que era, se puso atrás de mi y metió un vibrador en mi culo, comenzó a darme  azotes pero ya no era su mano, era algo fino como una regla.

- Zasss!! - Salió un grito de mi garganta.
- Zasss!! Zasss!! - El dolor era intenso, yo no estaba acostumbrada a aquello.
- Por favor Señor Domine no siga, me duele…

Mi jefe me acarició una de mis nalgas, en la que acababa de pegarme. Parecía que fuera a compadecerse de mí, pero nada más lejos de la realidad. Mi castigo aún no había terminado.

- Zasss!! Zasss!! - Me ardía el culo, podía sentir la marca arder.
- Zasss!! Zasss!!

Después de un buen rato, sacó el vibrador de mi trasero, y lo metió en mi coño, hasta el fondo. Y tal como lo sacó de mi culo, sin dejarme descansar, metió su dura polla hasta el fondo, clavándomela. Un gemido salió de mis labios, entre el ardor y el placer de sentirlo así, había subido mi excitación. El Señor Domine jalaba de mi pelo haciendo a cabeza hacia atrás podía sentir su pelvis chocando con mis nalgas, sentía cada embestida como me atravesaba como llegaba hasta el fondo de mí.

El vibrador lo sentía igual de profundo haciendo que me mojara más y más, ya no podía más de placer, y mordí mi labio. El Sr Domine me follaba como a una perra, sin piedad, para saciarse con mi cuerpo. Sentía su polla dura entrando y saliendo fuertemente, me dolía, y la excitación me hacía ir al límite. Estaba a punto de  correrme y mis gemidos iban en aumento, pero el Sr Domine se dio cuenta de ello y embistió un par de veces corriéndose dentro de mi culo, llenándolo de semen y se salió.

-       Listo, Sophie. Ahora vete, y mañana tómatelo libre. - Yo no sabía que decir, mi cara seguro fue un poema, confusión total y frustración estaba a segundos de correrme y no alcance, no me dejo hacerlo.
-       Puedo pasar a su baño a limpiarme por favor?
-       No, vete a casa con toda mi leche en tu culo.
-       Si Señor Domine.

Agaché la mirada y salí de la oficina. Cuando llego a mi carro comencé a llorar de rabia, de frustración, de sentirme así, sucia humillada, no era algo que esperaba. Estaba llena de semen de mi jefe,  sin ropa interior y con un terrible dolor en mi trasero por los azotes, pero lo que más me preocupaba es que en cierto modo me había gustado todo aquello.

Estaba en mi habitación cuando recibo un mensaje a mi móvil, era de mi jefe.

-       “Te veo el miércoles y no lleves bragas. Buenas noches”

Un relato de Paz, con el asesoramiento del Profesor Domine.

viernes, 22 de julio de 2016

Una sumisa enculada y azotada.



Y allí me encontraba yo, nerviosa y excitada, mientras escuchaba al Profesor Domine. Estaba de rodillas ante Él, completamente desnuda en la sala y no podía concentrarme. No era fácil verle así, elegantemente sexy en su traje negro. Quería quitárselo de manera lenta lo antes posible.

Veía sus pies mientras paseaba a mi alrededor, mientras me hablaba. Se acercó a mí lentamente y sentí su aliento sobre mi oído, su respiración pausada.

-“Primero, sophie, vendare  tus ojos para luego atarte”. Yo gemí automáticamente como respuesta, en mi cabeza pasaban mil ideas de lo que pasaría y estaba muy ansiosa.
- “Te pondré en 4 y azotaré tu culo”, sonrió al escucharme gemir fuertemente.

- “Luego meteré un plug en tu culito y otro en tu coño” dijo esto mientras me tocaba con la yema de sus dedos. Ese leve roce hacia que se me erizara la piel y yo sentía que me quemaba; quería más, me gustaba la sensación.

- “A continuación follare tu culo y tu coño, y acabare  corriéndome en tu cara”, trague saliva y sentí mi coño más que húmedo; palpitaba y deseaba todo lo que decía. El simple hecho de escucharle decir eso era demasiado para mi

Apenas unos minutos después, me encontraba vendada, atada y a 4 patas, con el culo bien parado en la cama, mientras esperaba los azotes del Profesor Domine. Sin previo aviso, escuché el sonido del  primer azote.  Uno tras otro, con alguna caricia de por medio, calmando el escozor sobre mi culo

Zasss, Zasss, Zasss…. me mordí el labio, me ardía  la nalga.
Zasss, Zasss, Zasss…  gemí al sentir las nalgas rojas y ardientes. Aquellos azotes me mojaban mucho, no era miedo solo excitación, cada azote me excitaba y sentía mi clítoris hinchado de lo caliente que estaba.

- "Más, Profesor, castígueme. He sido una niña muy mala." - Dije yo.
Zasss!, Zasss!, Zasss!... joder mi culo ardía, y podía sentir su mano estampada en mi nalga.
- “No te he dado permiso para hablar, sumisa, o sea que calla. No se te ocurra correrte sin mi permiso” - y se detuvo. Respire hondo

Habían pasado unos minutos y ya había parado con los azotes, yo chorreaba, no podía sentirme más guarra y puta en ese momento, y en vez de sentir rechazo, me encantaba que me azotara el culo, era algo que me ponía muchísimo. Sí, lo é, soy guarra, pero por dios que era feliz.

Yo seguía a 4 patas, impaciente, mojada y con ganas de más. El Profesor Domine me estaba colocando lubricante y el plug en el ano. Un quejido de mi boca mientras Él introducía el otro consolador en mi coño. Yo gemí más fuerte, ahí  sentí subir  mi sangre….

Mi queridísimo Profesor Domine movía los dos juguetitos, los sacaba para meterlos de nuevo, y  mis gemidos aumentaban de manera considerable. No dejaba de moverme, los quería sentir más, era una  delicia era estar perforada  así y aumentaban mis ganas de que me follara fuertemente.

Mi Domine jugaba conmigo, podía sentirle su sonrisa a espaldas a mí, sabía que me tenía muy excitada, que estaba loca y que estaba a su merced, y sabía que en cualquier momento acabaría y tendría un maravilloso orgasmo. Pero no, no iba a dejar que me corriera así. Sacó el consolador de mi conejito, y me metió la polla salvajemente. Gemí muy alto. Entonces, sin avisar, comenzó a follarme tan fuerte que sentí mis piernas flaquear; jaló de mi pelo y tiró hacia atrás con fuerza mientras embestía cada vez más duro; podía sentir como sus huevos chocaban en mi culo, oía los jadeos fuertes que hacia el Profesor Domine y yo pensaba: "Joder ¡¡  Qué rico era ser follada así".

A cada embestida suya, el plug, que continuaba en mi ano, se clavaba más y más, como si me estuvieran follando los dos agujeritos a la vez. Comencé a gritar de puro placer, trataba de moverme al compás de sus caderas para sentirlo hasta el fondo. Una y otra vez sentía mis piernas mojadas, sus manos presionaban mis caderas y comencé a sentir ese hormigueo, estaba llegando al orgasmo.

Él lo notó y se detuvo, saco la venda de mis ojos, y me miró fijamente. Mi cara era un poema. El Profesor Domine quería jugar conmigo y me quería hacer sufrir un poco más. Yo deseaba gruñir y le supliqué para que no se detuviera, vi a sus ojos con devoción, mi Profesor Domine sonrió con satisfacción, y me dijo que aún no lo tenía permitido, no era el momento, mientras movía su cabeza negando.

- “Arrodíllate, sophie”, lo hice en el acto e inconscientemente abrí mi boca para lamer su polla.             
- “Ansiosa, putita??”
- “Sí, Profesor Domine”
- “Hazme una buena paja y te follaré hasta que te corras, perra”, a pesar de lo caliente que estaba me daba vergüenza que me llamase así, estaba ruborizada.

Pensé que si le hacia la mamada de su vida me follaría hasta permitir llegar al orgasmo. Así que me la trague sin más. Yo chupaba y lamia rápidamente, despacio, suave, soplaba y me comía sus huevos mientras masajeaba  su polla cada vez más dura. Entonces Él jaló de mi pelo y sin avisar, hundió su miembro hasta el fondo en mi boca. Se movía de manera firme, una y otra vez, provocándome arcadas, demostrando que ÉL era mi amo, y follando mi boca con posesión. A mí se me caía la saliva por los  labios, e intentaba tomar aire, pero con tremenda polla metida hasta la garganta se me hacía bien complicado.

Siguió follándome la boca con fuerza y pude sentir como aceleraba y lo hacía más duro hasta lograr acabar. Tiró toda su leche en mi cara como prometió hacerlo.

- "Límpiame bien la verga, perra”.

De  su polla seguía cayendo semen y era delicioso probarlo  nuevamente. Lamí despacio toda la cabeza, le besaba el glande, frotaba mi mano de manera muy suave. Él  sabía que me gusta hacerlo, y que moriría chupando su polla, por eso lo hacía con más ganas; yo quería complacerlo, obedecerlo y entregarme completamente a ÉL. Era su sumisa, su puta por toda esa noche y eso me  hacía feliz, servirle a mi Amo. Que me usara como deseara me volvía loca, me excitaba, y me volví aun más desesperada por sentir su verga.

 Me detuvo y camino hacia la cama me hizo una seña con su dedo.

- “Ven aquí”


Caminé arrodillada hasta la cama, subí, y me abrí de piernas por instinto. Mordí mi labio a manera de súplica. Ya no podía más, le desea tener dentro y correrme sin parar… y entonces me azotó. Eso no lo esperaba, sentí como una corriente pasaba por ahí.

Zasss, Zasss, sobre mi coño.
- "Mmmmm...Amo". El pellizcaba y tiraba de mis pezones, que estaban durísimos, a la vez que yo me retorcía de placer.
Zasss, Zasss… me ahogaba en mis propios gemidos

No le vi venir cuando de repente comenzó a masturbarme. Metió su mano y tocaba todo mi coño, mi clítoris que estaba hinchado a punto de explotar de puro placer. Yo cerré mis ojos.

-“Sí que estas mojada, putita”. Yo no dejaba de gemir, lo único que pensé fue en rogarle.
- “Si Profesor Domine. Por favor, fólleme y déjeme correrme, se lo ruego, ya no puedo más, mi Domine”. Mi voz sonaba dulce, era como una gatita esperando su comida, esperando su polla.

- “Me gusta oírte suplicar por mi polla, sophie, pero sabes que debes mantenerte en silencio”.
- "Le pido perdón, Profesor".

Entonces me volteo rápidamente, coloco una almohada bajo mi vientre y me empinó el culo lo mejor que pudo, y después de sacar el plug, que aún continuaba dentro, metió su polla hasta el fondo en mi culito. Me lo hacía con fuerza, me follaba el ano tan duro que pensé que me desmayaría.

Dolió. Por más mojada que estuviera yo, aun así dolió. Pero no me importaba, yo lo disfrutaba, yo sonreía mientras sentía a mi Amo follarme. Mientras, Él me abría el culo y yo gemía una y otra vez más fuerte. Comenzó a azotarme otra vez, con fuerza, y yo grité. Ese sí que fue fuerte.

Él metía y sacaba su miembro sin piedad, y yo empecé a sentir como mi respiración aumentaba y mi excitación también, estaba a punto de correrme.

- "¿Quieres correrte putita?". Ya no me importaba que me llamara puta, al contrario, yo quería ser su puta.
- "Si por favor, Profesor Domine."  Yo me retorcía de placer ya no podía más, no podía sostenerme más.
- "Córrete puta, vamos córrete." Mi amo subía el ritmo de las embestidas y sentí como empezaba a correrme. Grité, y hasta llegué a llorar. Era tan intenso el orgasmo que mis lágrimas caían sin parar, perdí todo control de mi cuerpo y de mi mente.

Los espasmos venían a mí, varias veces, mientras el Profesor Domine seguía embistiendo fuerte. Sentir su cuerpo sudado sobre mí, sus manos en mis caderas tomándome con fuerza, me ponía al límite. Me corrí tan fuerte que quede agotada, sudada, temblorosa y extasiada. Caí sobre la cama mientras él seguía follándome el culo, hasta que acabo llenándolo de semen. Lo sentía caliente dentro de mí.

Después del esfuerzo, no podía moverme. Aquello había sido demasiado para mi, y el Profesor me dejó descansar unos minutos sobre la cama. Yo sentía como salía de mi culo su leche, era una sensación única. Si pudiese hablar le pediría más.

Ya un poco repuesta me ordeno que le bañara y lo dejara bien limpio, no pude negarme después de haberme hecho tan feliz. Forma parte de mis obligaciones limpiar a mi Domine.

Preparé el agua para mi Profesor Domine, y cuando estaba el agua a una temperatura adecuada, le avise para que entrara, mientras yo esperaba arrodillada.

Poco a poco, comencé a pasarle el jabón por todo su cuerpo, por su polla lenta y tranquilamente con adoración, la bese y seguí pasando jabón, le observe y vi sus ojos cerrados, relajado disfrutando de aquello. Masajeaba sus hombros para que se relajara más aun, su cuello, sus brazos  su abdomen y su polla.

No sé quién disfrutaba más de aquello, si el Profesor Domine o yo. El morbo que me provocaba verlo así era inmenso, y su relajo total era mi recompensa por haberlo complacido.

Luego de unos minutos, Él  estaba bañado y limpio. Debo reconocerlo, soy una pervertida y no pude evitar poner mi mejor cara de niña buena antes de pedirle permiso para chuparle esa parte de su anatomía que me volvía loca. Tras reír un rato, asintió con la cabeza. Al tener su permiso lamí, chupé con ansias su verga. Yo tocaba sus huevos mientras la tragaba toda, le escupí la punta y se la jalaba una y otra vez; lamí su ano y su polla creció más, lamia y chupaba con adoración.

No recuerdo en qué momento me detuvo, pero sí que me puso las muñecas por la espalda, me ató, y me sentó sobre Él, en sus rodillas. Siguió frotándome el coño, masturbándome y calentándome de sobremanera, tanto que ya estaba mojada, me encantaba como me acariciaba el coño.

Entonces, me subió sobre ÉL y  me hizo montarlo; me la clavó tan fuerte por mi coñito que ya ardía por tanto sexo. Dolía, pero el placer era mucho más grande. Mis tetas se movían de arriba abajo mientras mordía mis pezones. Continuó subiendo, y mordió mi cuello. Otro gemido salió de mí, me hacía montarle tan fuerte y rápido que estábamos llegando a la gloria los dos. Comienzo a oír sus jadeos que eran  tan fuertes como los míos. Y fue entonces cuando escuché otra vez esa maravillosa orden: “Córrete, sumisa, córrete para mí”.

- “Sí, Profesor, sí!!” y chillé de placer cayendo sobre el Profesor Domine, exhausta, agitada, con la respiración entrecortada, con el coño  ardiendo, mojado y lleno de semen.

- “Gracias, Profesor Domine”, y sonreí satisfecha de aquel encuentro.

Como era de esperar, me vi obligada a limpiarle de nuevo, como ya sabía. Cuando terminé de bañarle, ordené su ropa, y le ayudé a vestirse, dejándolo impecable, como si no hubiera pasado nada.

- “Ahora, sophie, báñate y vístete, yo me tengo que ir. Cuando llegues a casa, estate atenta y espera mi mail”
- “Sí, Profesor Domine, esperaré su email”.

Y aquí estoy en mi casa, sobre el sofá, escribiendo el relato de nuestra cita, y esperando el mail de mi Profesor Domine.



Un relato de Paz, con el asesoramiento del Profesor Domine.