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lunes, 30 de enero de 2017

Hoy me he masturbado pensando en tí, sumisa.


Por lo que sea, me desperté antes de tiempo, y no pude evitar notar que tenía la polla completamente tiesa. No recuerdo en que estaba pensando, o en qué estaba soñando, pero tenía mi verga dura como una piedra. Me quedé en la cama, y sin saber el porqué, me puse a pensar en ti.

Recordé las fotos y los videos en los que veía tus pechos y tus curvas, y recordé las veces en las que hemos hablado sobre lo que haríamos si alguna vez nos vemos.

Sin despertar a nadie, sin molestar, me he levantado y me he ido a la ducha. He puesto el calefactor, por el frio que hacía, y me he metido en la ducha, bajo el agua caliente.

Sin querer evitarlo, he comenzado a pensar en ti, imaginándote conmigo en la ducha. He pensado en cómo me bañarías, y en como limpiarías mi culo, mis huevos y mi miembro erecto.

Lentamente, con calma, he comenzado a acariciar mis huevos, sin tocar mi polla, y te he visto allí, en la ducha, conmigo, masajeando mis testículos con calma, con cariño, y viendo como mi verga crecía y se ponía bien dura.

Después de un buen rato jugando con mis bolas, la he agarrado, tiesa, mojada, y la he acariciado, de arriba a abajo, desde la punta hasta la base, mientras con la otra mano seguía masajeando sus hermanitos.

Y te he visto de nuevo, arrodillada en la ducha, con mis testículos en una de tus manos y mi polla en la otra, mirándola fijamente, como si fuera un objeto mágico.

No sé muy bien el porqué, pero si flexiono mis piernas y me agacho un poco, separando las piernas, aumenta el placer. Y así lo he hecho, como si estuvieras entre mis piernas, como si fueras tú la que busca mi regalo. Así te ofrecería mi sexo, sumisa. Así te indicaría que mis testículos y mi pene son tuyos.

Y así he continuado, pensando en ti, acariciando mi polla, hasta que he notado que estaba a punto de correrme, que estaba a punto de estallar, y me he parado. Me he parado justo como yo te lo habría ordenado, para alargar el juego, para alargar el placer, para aumentar el deseo.

Y he continuado limpiando mi culito, acariciando mi ano, y mis huevos, pero sin tocar mi capullo, esperando a que se calmara un poco.  Así te lo pediría yo, así te lo ordenaría, mientras tú miras tu premio, gordo, erguido, hermoso...

Luego volví a acariciar mi polla, a acariciar mis bolas, mientras te imaginaba delante mío, arrodillada, con mi sexo delante tuyo, con mi sexo en tus manos. Sentí el calor de tus dedos, de tu mirada, de tu deseo... y nuevamente me he detenido, con mi verga dura, al borde del orgasmo, roja y deseosa de explotar.

Finalmente, tras repetir el juego un par de vez, llegando al límite del orgasmo para luego parar, me he corrido violentamente. Un chorro de leche ha salido disparado de mi glande, cayendo en la bañera, y no he podido evitar el pensar que si tú hubieras estado aquí, esa leche caliente habría acabado en tu cara, sumisa...

Hoy te he imaginado conmigo en la ducha, y me he masturbado pensando en tí, en mi sumisa, en mi perrita...

Luego me he vestido, me he tomado un café, y me he venido al trabajo, con ganas de contártelo.

Si algún día vienes a verme, sumisa, será así como me bañes. Y tú, como una perrita obediente, bañarás a tu Profesor, y me masturbarás hasta recibir mi leche en tu cara, tu premio.

viernes, 20 de enero de 2017

Mi primera vez con Mi Profesor.


Estaba muy nerviosa, con esa sensación de miedo y de deseo, de querer y de no, de saber y de sentir... estaba sentada en el borde de la cama, vestida como él me había pedido. Vestido negro tipo cóctel, sexi y elegante a la par, ligeramente ajustado y justo por encima de la rodilla. Medias negras, conjunto de lencería de encaje, con un liguero que me ajustaba un poquito más de la cuenta, y ese sujetador que sé que le gusta tanto a Él porque le permitirá jugar con mis pezones, sin necesidad de sacar los pechos para ello. Zapatos de tacón de vértigo, que me hacen sentir alta, esbelta... aunque en ese momento me sentía muy, muy pequeñita.

Aunque la puntualidad no es mi fuerte, en esa ocasión sí que había llegado con tiempo para sentirme perfecta para Él. Sólo hay una oportunidad de causar una buena impresión,
y eso era lo que yo más deseaba en el mundo. Perfectamente depilada, con mi cuerpo palpitando, mis hormonas revolucionadas hacían que el tiempo no pasara.

A la hora acordada cogí el pañuelo negro de seda que llevaba y me lo até para no ver nada. En ese momento el resto de mis sentidos se agudizaron. De pronto se oyó la puerta. Un olor penetrante, y varonil, aunque muy agradable llegó a mí, llenándome por completo. Estaba intentando repasar mentalmente en mi cabeza los componentes de ese perfume, había madera y vainilla.

De pronto sentí un escalofrío que recorrió mi cuerpo, de cabeza a pies. Un aliento rozó mi cuello, una respiración profunda a mi lado me sobrecogió. Y de pronto oí su voz susurrante, y con ella perdí la sensación de realidad.
- "Muy bien mi zorrita. " - dijo - "Buena alumna."
Ya estaba mojada, mi entrepierna palpitaba. El deseo me consumía. Entonces me tocó. Cogió mis rodillas con sus manos y suavemente me las abrió. Noté cómo sus dedos rozaban mi coño, y sentí cómo mis flujos salían. Apartó mi braguita, y sentí entrar su dedo. Casi me corro en ese momento, pero me contuve. Entonces noté algo frío que subía por mi entrepierna y de pronto, "Ooohhhh", me sentí penetrada por un consolador. Se me escapó un sollozo, fruto de la sorpresa, el placer y el dolor.

Estaba mojada como una perra y no podía evitar jadear. Mi Profesor me susurraba al oído:
- "Eres mía… sólo mía… soy tu dueño"- Sus palabras estaban dentro de mí.

Yo estaba excitadísima. Su mano jugaba con el consolador. Mis piernas abiertas, concentrada en no correrme. De pronto noté sus labios en los míos, su lengua se abrió paso, y me besó con pasión, deseo, ardor. Entonces sacó de golpe el consolador y a la vez me ordenó:
- "Córrete ahora!!"
Su orden fue un resorte. Un aullido ahogado salió de mi boca y una fuente se abrió paso desde lo más adentro de mi ser. Una explosión de placer, a la que siguió otra y otra, mientras Mi Profesor no dejaba de susurrarme al oído:
- "Así me gusta zorrita, eres una buena niña…" - a la par que pellizcaba mis pezones con diferentes intensidades. Me sentía morir de placer, de deseo...
En ese momento me giró con  brusquedad y sentí dos azotes tremendos en mi nalga izquierda. Grité de dolor y de deseo, y la respuesta fue una caricia, antes de pasar a la otra nalga. Ne sentía extraña, pero estaba disfrutando. De nuevo me introdujo el  consolador, y con la maestría de un experto, alternando cachetes, caricias y movimientos con el objeto que me penetraba, volvió a ordenarme que me corriera y dios, sucedió de nuevo. Esta vez fue aún más intenso. Creí morir de placer.
Estaba embriaga, ya no distinguía la realidad de la ficción. Entonces noté cómo me levantaba para después arrodillarme. En ese momento quitó mi venda de los ojos, y pude ver por primera vez a Mi Profesor, impresionante, gigante a mis ojos. Dos lágrimas bajaron por mi rostro.
- "Ahora, zorrita, vas a dar placer a tu Profesor"
Lo miré y me salió de dentro decirle,
- "No hay nada que desee más en el mundo, Mi Profesor... "

En ese momento el Profesor me acarició los hombros, y al sentirme nerviosa me pasó su mano por la mejilla, me sonrió y me susurró... "juguemos". Entonces sacó su polla, poderosa frente a mí, y empezó a pasarla por mi cara, a rozarla por mis labios.
- "Ni se te ocurra lamerla, no tienes permiso", me dijo con una, mezcla entre mimoso y serio.
 Consiguió estremecerme, pero por supuesto obedecí, aunque lo que más deseaba en el mundo era afanarme en chupar, lamer succionar. Pero él impasible seguía desquiciándome. Ahora además de su pene, sus huevos se paseaban por mi cara. Sentía como mi entrepierna se mojaba. Me palpitaba el coño y me ardían las entrañas de deseo. Mi Profesor seguía impasible, frotando mi cara con sus partes, y disfrutando con mi desesperación.
De pronto sentí la tentación de rozar mi coño ardiente con la punta de mis dedos. Pero mi Domine pareció adivinar mi intención y sólo me dijo, "ni se te ocurra"... lo miré suplicante y en ese momento me dijo, tú sólo abre la boca. Así lo hice y antes de darme cuenta su polla, dura como el cemento, golpeaba mi tráquea con fuerza, sentía como si me fuese ahogar. No podía respirar y entonces su voz susurrante y firme me dijo:
- "No chupes, mi zorrita, y si eres buena mi niña tendrá su recompensa."
Y tras esas palabras empezó a follarme la boca, con pasión que casi parecía desesperación, como si no hubiese un mañana. Jamás nadie me había hecho algo así. Me debatía entre la sensación de ahogo, el deseo que ardía en mi interior y la satisfacción por saber que mi Profesor, estaba disfrutando con su gatita. Lo oía jadear, y sus gemidos se convertían en música celestial a mis oídos.

Ya no podía más, creía que me desmayaría, no podía respirar, pero era feliz, mi Profesor por primera vez estaba disfrutando conmigo y cuando creía que ya se iba a correr, paró, me miró y me dijo:
- "Buena niña, ahora voy a desvirgarte".
Me giró, me tiró a la cama, y oí como decía:
-"Quiero tu culito, es mío, es para mí."


Me puso a cuatro patitas y sentí el primer azote, seguido de un segundo, un tercero... sentí una lágrima que bajaba por mi mejilla y entonces llegó una caricia y con ella una oleada de flujos que bajaban por mis muslos sin que yo pudiera hacer nada. Ese hombre parecía que conociera mi cuerpo a la perfección, pese a ser la primera vez que estaba a su merced.
En ese momento cogió un poquito de lubricante, de un tubito que había sobre la cama y que yo no había visto cuándo o de dónde había salido. Mojó su dedo y empezó a untar suavemente mi ano. De pronto noté cómo su dedo se abría paso por mi culo. Poco a poco perdí el miedo inicial y me fui dejando llevar. Aprendiendo a sentir un placer diferente. Aquello empezaba a gustarme.
Cuando mi Domine consideró que había llegado el momento, me agarró fuertemente por las caderas, y entonces fue cuando literalmente abrió a su zorrita. No pude evitar que una mezcla de grito y sollozo saliera de mi garganta. Poco a poco el dolor inicial se transformó en placer y antes de darme cuenta estaba a punto de correrme.
En ese momento mi Profesor me dijo "Déjate ir" y mis fluidos inundaron la cama. Parecía que se había abierto un grifo. Temblaba, gritaba, me estremecía... y entre tanto placer, con un orgasmo tan intenso, sentí como mi culo recibía la leche de su Dueño. Fue increíble. Fue lo máximo que había experimentado hasta ese momento.
Jamás pensé que mi culito pudiera aceptar un pene, o que yo podría disfrutar de tal experiencia, pero así fue. La polla del Profesor desvirgó mi culo, y yo lo disfruté, porque además sabía que él también lo había disfrutado. Una nueva experiencia para mí.

Gracias Domine. Gracias Mi Profesor.