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lunes, 28 de diciembre de 2015

Una puta desnuda en mi espejo

Prólogo del Profesor Domine

 

Un espejo siempre refleja lo que eres, y siempre muestran lo que el resto de la gente ve en ti. Las sumisas suelen tener dos vidas muy separadas. Una en la que muestran un lado familiar y laboral, y en la que la imagen que trasmiten es la de una mujer sensata, calmada e incluso conservadora, y otra que comparten únicamente con su Amo, y en la que ellas mismas proyectan la imagen de perra que siempre han deseado pero que nunca han mostrado.

Esa imagen, la de una mujer viciosa, pervertida, y entregada a su Domine, suele permanecer oculta para todo el mundo, e incluso para ellas mismas. Sólo el Amo puede verla. Y es justo aquí donde entra en juego el espejo, ese objeto que permite a todo el mundo verse tal y como es.

Desde hace tiempo, me gusta siempre que mis sumisas se vean al espejo mientras están conmigo. Quiero que se vean a 4 patas mientras yo las follo, quiero que se miren al espejo mientras tienen mi polla en su boca, quiero que se vean a ellas mismas con la cara llena de semen.

Y quiero que lo hagan porque así conocerán a la sumisa que yo conozco. No a la madre o a la esposa que cuida de su familia y que acude al trabajo cada día, sino a la puta que se entrega en cuerpo y alma a mi persona, suplicando mi semen. Allí, delante del espejo, ellas ven por primera vez a la perra que siempre quisieron ser, a la zorra sometida que desea darme placer, y que yo les permito ser.
 


Una puta desnuda en mi espejo, por maya.

 

Los espejos nunca me han gustado especialmente, lo reconozco. Tengo amigas que se pasan horas arreglándose y acicalándose delante del espejo, pero yo no soy así. Sin embargo, últimamente les he  cogido afición, cada vez me gustan más, y eso es gracias al Profesor.

Cuando llegamos a una habitación para llevar a cabo una sesión, antes de desnudarme, mi Domine me inspecciona, me palpa el culo y sopesa mis tetas aún con la ropa puesta, sin poder moverme, con la mirada baja, hasta que él me agarra y me pone frente al espejo. Entonces me dice al oído:

- Mírate, sumisa. Mira la cara de puta que se te pone cuando estas conmigo.

Yo levanto la mirada y me veo, con sus manos sobre mis pechos, sus dedos pellizcando mis pezones, la boca entreabierta y los labios temblando, y me doy cuenta de nuevo de que soy su perra y de cómo me gusta serlo.

Luego me hace desnudarme, quedando en ropa interior o absolutamente desnuda, depende de su capricho ese día, y hace que le desnude yo a él. Muchas veces al hacerlo, al ponerme de rodillas para desabrochar sus zapatos, su pantalón, al descubrir su sexo, su polla que ya suele estar dura y húmeda, y me hace mirarme de nuevo al espejo, desnuda, arrodillada, cachonda, sintiendo cómo su miembro recorre mis mejillas y se detiene en mis labios, viendo reflejado en mi cara el mismo deseo que siento en todo mi cuerpo. El mero hecho de verme postrada hace que ese deseo aumente y me ponga más excitada aún. Es delicioso.

A veces, también me obliga a mirarme cuando la sesión está más avanzada, y mi Domine ya ha empezado a utilizar mis juguetitos. Suele empezar lubricando y penetrándome el culo y luego introduciendo otro consolador en mi coñito húmedo hasta el extremo, a cuatro patas sobre la cama, con las piernas juntas para que los sienta más, y entonces empieza a moverlos de forma alternativa, ahora uno, ahora el otro, hasta que empiezo a gemir. Entonces es cuando vuelvo a oír su voz que me dice:

- Mira lo perra que eres, sumisa. Mira cómo te gusta que te follen por los dos agujeritos a la vez.

Yo giro la cabeza hacia el cristal y allí veo la escena; los extremos de los consoladores asomando un poquito y al Profesor Domine cogiéndolos y clavándolos una y otra vez, toda la piel de mi cuerpo erizada y yo gimiendo como una puta, como su puta… Siempre que eso pasa, sin remedio, le tengo que pedir permiso a mi Domine para correrme porque dentro de mí explota un placer indescriptible. La mayoría de las veces el Profesor me lo concede, y me permite correrme, pero otras veces no, y me deja así, mirándome, con los consoladores metidos y mis jugos resbalando por mis piernas, deshecha de deseo y placer.

Otro de mis recuerdos cuando miro un espejo es aquella primera vez que me obligó a mirarme. Estábamos en una cama redonda rodeada de espejos, yo buscaba su imagen en ellos constantemente, porque quería ver el placer en sus ojos y no me estaba permitido mirarle directamente. Entonces mi Domine me enculó hasta el fondo, haciéndome sentir toda su polla en mi interior, me agarró de la coleta y empezó a embestirme, montandome como si fuera una perra, provocando en mí una mezcla de placer y dolor, un morbo sublime, increíble. Y entonces lo dijo:

- Mira tu cara en ese espejo, maya, mira lo puta que eres.

Yo abrí los ojos, y me vi a cuatro patas, con mi Domine moviéndose tras de mí, follando mi culo, con mis tetas rozando la cama, la espalda arqueada y un orgasmo saliendo a borbotones junto con mis gemidos. Nunca me había visto antes así, y me excitó muchísimo verlo.

Aunque siendo sincera, cuando me miro a un espejo ahora, la imagen que me viene a la mente es aquella, cuando después de correrse en mi cara, mi Domine me dio permiso para lavarme diciendo:

- Anda, lávate, que no puedes salir así a la calle.

Fui al baño y antes de lavarme me miré, con su placer repartido por toda mi cara, mi premio embadurnándome las mejillas y los labios, y una sonrisa en la cara que no podía controlar. Relajada, feliz, me miré y me relamí como una buena puta.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Masajista particular por un dia



Me apunté al curso de masajes por mi mujer. Ella sufre de las cervicales, y yo decidí dar un curso para aprender a dar masajes. Al final, si cada semana tenía que recibir uno, eran 30 euros que gastábamos. No parece mucho, pero 30 euros semanales, al final del año son 1500.

Yo nunca había dado un masaje a nadie que no fuera mi mujer, pero solía pasar por el centro en el que me dieron el curso, a charlar con Carlos, el profesor. Cuando lo vi aquel dia tenía mala cara, no se encontraba bien, y me dijo que quería ir al médico, pero que había un problema. En 10 minuots le llegaba una paciente nueva y no quería quedar mal con ella.

- Necesito que des el masaje por mí, amigo. Cubre mi puesto mientras yo voy al médico. Hazlo como un favor, y quédate el dinero.

Me pilló de sorpresa, pero lo vi tan apurado que no pude decirlo que no. Yo no necesitaba el dinero, pero tampoco quería que mi colega perdiera una posible clienta.

- Claro, Carlos, yo te cubro.

Así pues, se marchó al médico y apenas 5 minutos después sonaba el timbre de la consulta. Una mujer, elegante, de unos 40 años, y con gafas de sol, apareció tras la puerta. Tras mirarme de arriba a abajo, preguntó por Carlos.

- Carlos tuvo que marchar al médico, señora, se encontraba indispuesto.

Sin decir nada, volvió a repasarme con su mirada, de arriba a abajo, lo cual me hizo sentirme desnudado. Se notaba que le gustaba hacerse la importante, y desde luego no iba a ser yo quien la sacara de su error. Entró en la consulta, se sacó las gafas y el abrigo. Yo cerré la puerta, y la acompañé a la sala.

Mientras preparaba la camilla, toallas, y aceite, pude ver como ella se desnudaba por completo, delante de mí. No tenía ninguna intención de ocultar su cuerpo, e incluso se notaba que disfrutaba mostrándomelo. La verdad es que tenía motivos para estar orgullosa, tenía una maravillosa figura.

Tras tumbarse en la camilla, desnuda, coloqué una toalla sobre sus nalgas, para taparla un poco. Yo había recibido algun masaje y sabía que la toalla se colocaba allí. Sin embargo, para mi sorpresa, ella sacó la toalla y la tiró al suelo, dejando al aire su magnifico culo.

- Quiero un masaje diferente, en los glúteos - me dijo con una voz cálida pero contundente.

Aquello estaba tomando un tinte sexual un tanto extraño para mí, pero era mi primer masaje, y no iba a decirle que no sin saber mucho de que iba aquello, o sea que accedí.

Tras poner un poco de aceite en mis manos, y dar un breve masaje en la espalda, me centré en sus nalgas. El tacto inicial fue excelente, tenía un culito duro y respingón, y mis manos comenzaron a acariciar, primero con dulzura, y luego más fuerte sus glúteos, masajeándolos.

Coloqué las manos en la parte superior de las nalgas y empujé hacia arriba y hacia fuera, siguiendo la redondez natural de su trasero. Eso ayuda a liberar la tensión de la columna y abre los músculos inferiores de la espalda.

Continué la fricción hacia afuera, con movimientos circulares, buscando que se relajara. Coloqué mis manos más abajo, entre sus piernas, empujando las nalgas hacia arriba y masajeando su músculo glúteo.

Tras 10 minutos de trabajo, reconozco que yo andaba ya medio excitado, pero lo que pasó entonces me sorprendió un poco. Tras girar la cabeza y mirarme de reojo, abrió ligeramente las piernas, mostrándome ligeramente su rajita.

- Busca

Aquella orden, la que siempre le das a un perro, me dejó sorprendido, no sabía entender lo que me estaba pidiendo. ¿De verdad quería que le metiera mano?

- Busca, perrito, busca... - me repitió mientras me miraba de reojo.

Aquella nueva orden ya no dejaba ninguna duda, quería que acariciara su conejito. Tras dudar unos segundos, volví a masajear sus glúteos, pasando mi dedo gordo más cerca de la raja de su culo. No tardé mucho en comenzar a masajear su ano. Viendo ella que yo no me lanzaba del todo, separó un poquito más las piernas, ofreciendo ahora sí su coñito depilado, y repitiendo de nuevo su orden.

- Busca, perro. Busca...

Con todo aquello yo ya había trempado completamente, y mi polla estaba dura como una piedra. Normalmente, yo la habría enviado a la mierda por hablarme así, pero en aquel momento decidí que si quería jugar, íbamos a jugar. Con cuidado, deslicé mi mano entre sus dos nalgas, camino de su coñito, ya mojadito, notando tu humedad y su calor.

- Mmm... Mastúrbame, perro. Hazle una rica paja a tu Ama.

Aquello me puso como una moto, ya. Aquella guarra me estaba vacilando. Tras subir mi mano izquierda, otra vez por sus nalgas, hasta alcanzar su culito, clavé el dedo corazón en su culo, metiéndolo hasta el fondo.

- Aaaahhh... - gritó ella.


Aquello le pilló por sorpresa, no se lo esperaba. Tras girar la cabeza para mirarme, yo comencé a mover la mano, adentro y a fuera, mientras con mi otra mano comencé a realizar un movimiento circular sobre su clítoris.

Tras unos segundos compaginando los dos movimientos, pude ver como su cara había cambiado completamente, mostrando un gesto de placer evidente. Sin dejar de mover mi dedo corazón izquierdo en su culito, introduje suavemente el derecho en su coñito, hasta el fondo también.

Ella, que ya había abierto las piernas completamente, jadeaba como una perrita en celo. Yo, que no había dicho ni una palabra desde el 'Hola' inicial, tenía un dedo hundido en el culo de aquella mujer, y otro en su coño.

Viendo como estaba de cachonda mi paciente, no dudé en meter un segundo dedo en su coñito, incrementando así la intensidad de sus gemidos. Sus gritos me ponían cachondo perdido, y se iban sucediendo con mayor ritmo. Yo continuaba con mi ritmo, cada vez más alto, metiendo y sacando sin parar mis dedos en sus orificios, y provocando que la guarra de mi partenaire quedara al borde del orgasmo.

Y fue justo entonces, cuando ella estaba a punto de correrse, cuando saqué bruscamente las manos de su coñito y de su culito, y paré aquel baile sexual. Ella, mojada completamente, se giró y me dijo:

- Noooooo... ¿Se puede saber por qué coño paras? Estaba a punto de correrme, perro. Acaba tu trabajo.
- Ni de coña, mala puta. Si quieres correrte, deberás pedirme que te folle.
- Que coño, yo soy la clienta y tu el masajista, para eso te pago. Haz tu trabajo.
- Eso es lo que tú te crees, zorra, pero yo no cobro por esto. Yo no hago masajes por dinero, y si quieres correrte deberás pedirme que te folle.

Tras un breve instante mirándome a los ojos, y darse cuenta de que iba en serio, no tardó mucho en responder:

- Está bien, cabrón, fóllame, pero hazlo como dios manda.

Sonreí, bajé mis pantalones, mis calzoncillos, y mi polla, dura y tiesa como una piedra asomó por debajo de mi camiseta. Agarré a mi clienta, y tras bajarla de la camilla y apoyarla en ella, clavé mi herramienta hasta el fondo de una estocada. No me extrañaría que el gritó que pegó se oyera fuera de la tienda, pero me dio igual.

Comencé a cabalgarla como si estuviera poseído, mis embestidas la hacían gritar de placer, y no tardó ni 30 segundos en correrse de lo mojada que iba. Tras su primer orgasmo decidí entonces agarrarla del pelo y follarla como a la puta que era. Si quería correrse lo iba a hacer, 3 o 4 veces, pero como yo quisiera, no como ella había pensado.

Sus gemidos se hacían más intensos, y yo continuaba embistiéndola mientras estiraba de su cabello. Su cuerpo, arqueado y penetrado con violencia, se agitaba de placer al ritmo de mis empujes. Mi polla entraba y salia de su coñito sin darle tiempo a descansar, con lo que ella no salia de su excitación continua.

Así pues, no tardó mucho en llegar al segundo orgasmo. Esta vez, su gemido sonó más apagado, como si estuviera al borde del éxtasis.

A mí me daba igual, yo todavía no me había corrido y no tenía intención de dejar de follarla hasta que yo me corriera. Sus gritos, cada vez más graves, me excitaban más y más, y opté por incrementar el ritmo y la fuerza, provocando que a aquella mujer le temblaran las piernas.

Un par de minutos después, coincidiendo con su tercer orgasmo, y estando yo a punto de correrme, saqué mi pene de su coñito, y un chorro de semen salió disparado de mi polla, camino de sus nalgas. Ella ya había llegado al éxtasis, y sus piernas apenas la aguantaban de pié. Continué esparciendo mi leche por sus glúteos, aquellos que quería que yo masajeara. Después de un buen masaje, un poquito de leche no va mal.

Ella había vuelto a subirse a la camilla e intentaba recuperar el aliento. Yo, tras limpiar mi polla, y volver a vestirme, me quedé un rato mirando mi obra.

- Llegaste a mí haciéndote pasar por una señora, y te vas como la puta que siempre fuiste. Este servicio es gratis, perra. Vístete, sin limpiarte mi leche, y lárgate.

Pude ver como se vestía, con su culo manchado con mi semen, y como marchaba por la puerta, no sin antes darme las gracias.

Un mes más tarde me enteré de que aquella perra había preguntado un par de veces por mí a Carlos, y mi colega le había dicho que realmente yo no me dedicaba a eso. Simplemente, yo había sido su masajista particular por un día.  


Soy y seré su sumisa



Me parece muy fuerte decir que amo a mi Domine, ya que no lo he visto nunca, no lo conozco, ni tan siquiera sé como es. No es un amor romántico, pero lo amo.

Amo todo lo que me hace sentir. Por la manera que despierta en mí mi sexualidad, por lo sensual, perversa y morbosa que me siento con sus palabras, acciones y deberes. No sé donde me llevará, cuales serán mis limites, hasta donde seré capaz de llegar, es una locura, pero una locura maravillosa.

Ha hecho fluir en mí un lado lascivo y oscuro que no conocía y está haciéndome explorar en lo más profundo de mi ser qué es lo que quiero sexualmente.

Él es el Amo y yo soy y seré su sumisa. Pero no me siento ni usada ni utilizada, por el contrario soy yo la que me siento poderosa ¿porqué? simplemente por saber que soy yo quien voy a darle placer a mi Domine, por que voy a hacer todo lo que me pida, todo lo que a Él le gusta y yo voy a adorar y anhelar cada momento.

Soy yo la que pondrá su culo en pompa para recibir los azotes de mi Amo y no me importará la cantidad ni la fuerza que aplique. Sé que me encantará, por que sé que a Él le gusta ver como se va poniendo cada vez más rojo. Y yo quiero darle ese placer.

Será mi coño el que le acoja como un guante succionando su polla, y estaré húmeda y caliente para que Él juegue como quiera, penetrándome con su polla o con cualquier juguete.

Son mis pezones los que se podrán erectos para su orgullo y placer. Para que los acaricie, los pellizque, los muerda, los lama, los succione como a Él más le plazca.

Es mi culo el que notará la tirantez y la presión de su penetración.  Esperará impaciente a que mi Domine lo tome. Él me desvirgó, mi culo le pertenece, es suyo para lo que quiera.

Será mi boca, salivando, la que le hará una mamada a mi Amo. La que se meterá profundamente tan preciado regalo, lamiendo y succionando su tronco, su glande o sus huevos.  O simplemente dejará que se la folle, a su ritmo, a su gusto.

Son mis manos las que ansían acariciarlo, las que desean enjabonarlo de arriba a abajo, masajeando su cuerpo, encontrando cada rincón, cada punto sensible.

Es mi cuerpo el que codicia sus atenciones, el que anhela que la marque como a su zorra, su puta, por que mi cuerpo le pertenece, mi placer le pertenece.

Es mi deseo y mi lujuria la que aspira, si a Él le apetece que me gane mi regalo, mi premio, su semen.

Son mis sueños, mis sentidos los que se desviven por Él y para Él.

Lo amo por todas las perversiones que me hace y hará sentir. Por que si siento, estoy viva.

Soy marta, sumisa del Profesor Domine.


lunes, 14 de diciembre de 2015

Ejercicio: Relato de una masturbación



Hoy vas a escribir, sumisa. Vas a construir un relato, o una fantasía, de corte sexual, y lo vas a hacer mientras te masturbas.

Tienes 30 minutos para pensar y escribir una fantasía sexual en la que aparezcan tu Amo y tú misma. Si quieres puedes introducir una tercera persona.

Antes de comenzar debes masturbarte unos minutos, sin llegar a correrte. Quiero que estés cachonda mientras tu mente imagina la situación. Quiero que seas una perra mojada mientras ideas tu fantasía.

Luego escribe, anota todo aquello que tu mente excitada imagine, y sé sucia. Detalla los actos sexuales como si fuera una película porno.

Cuando lleves 5 minutos escribiendo, cierra los ojos, imagínate la escena que estas escribiendo, y mastúrbate durante 1 minuto, sin llegar a correrte. No quiero que llegues al orgasmo hasta el final del relato, hasta que lleves 30 minutos.

Después de masturbarte, vuelve a escribir, todo aquello que tu sucia mente ha pensado, durante otros 5 minutos.

Luego vuelve a masturbarte, durante 1 minuto, y repite estos pasos durante media hora: 5 minutos de escribir, 1 de masturbación... cuando acabes el relato, tras un mínimo de 30 minutos, puedes llegar al orgasmo, tal y como lo deseas.

Para acabar el ejercicio, envía una foto a tu Amo, junto con el relato. De esa manera tu Domine conocerá tus deseos más oscuros.


viernes, 11 de diciembre de 2015

Sumisa, follada en la oscuridad.

Allí estaba, tras la puerta contando hasta 20 para poder entrar en la habitación del hotel. Llevaba mi foulard en la mano, un trozo de tela negro con el que sabía que me iba a tapar los ojos.

Esa tarde no vería nada, no conocería a mi Domine. Sólo sentiría sus manos por mi cuerpo, sería follada a oscuras, notaría su polla en todos mis orificios. Estaba emocionada y aterrada a la vez. El morbo a lo desconocido, a tener sexo con un hombre al que ni siquiera iba a ver.

Entré en la habitación, todo estaba a oscuras y noté una mano que me cogió el pañuelo y me lo puso sobre los ojos, atándolo fuertemente. Mis ojos ya no se podrían acostumbrar a la oscuridad, ya no vería nada. Notaba a alguien a mi alrededor, una respiración profunda en mi oído.

- Hola marta - y me acarició por encima de la ropa- estás nerviosa?
- Sí, mi Domine. - contesté.
- Estas cachonda ? - Volvió a preguntar
- Sí, mi Domine

Entonces comenzó a susurrarme al oído todo lo que pensaba hacerme aquella tarde.

- Te voy a desnudar Marta, te pondré a cuatro patas y voy a meter un plug en tu culito mientras inserto un consolador en tu coño.  Luego, cuando lo considere oportuno, voy a follarte esos mismos agujeritos. Y tendrás que chupármela, sumisa. Deberás lamer mi polla como mi perrita que eres.

Temblé, y esta vez no era de miedo. Tampoco era de frío, era de pura excitación. Me estaba mojando y ni tan siquiera me había tocado ni quitado la ropa.

Me cogió de las manos, las suyas eran grandes y estaban calientes. Sin saberlo, mi Domine me estaba tranquilizando mientras nos adentrábamos en la habitación.

Volvió a colocarse a mi espalda, yo notaba que Él estaba desnudo, ya que podía sentir su polla ardiendo en mi espalda. Me abrazó y sus manos fueron a parar a mis pechos todavía con la ropa puesta, me bajó el sujetador y empezó a pellizcarme los pezones por encima de mi camisa. Todavía hoy, cuando cierro los ojos puedo notar la sensación de sus manos en ellos, sus dedos pellizcando mis erectos pezones y rotándolos, y siguen creciendo cuando lo hago y me excito cada vez con ello.

Lentamente fue desvistiéndome y acariciando todo mi cuerpo. Me arrodilló frente a Él y metió su polla en mi boca. Se me hizo la boca agua, notaba como crecía en mi interior su pene y yo movía sin parar mi lengua, jugando con su glande como si de un caramelo se tratase. Me movía delante y atrás, cada vez más fuerte, con más ansias, quería tragármela entera, absorberla.

Me detuvo cuando más desesperada estaba por darle placer con mi boca.

- Todavía no, sumisa. Quiero follarte.

Me levantó y me puso de cuatro patas en la cama, tal y como me había dicho. Acarició mi espalda hasta mis nalgas y me dio un fuerte azote.

Joder!  Que bueno, pensé.  Me excitó muchísimo ese cachete en el culo. Volvió a hacerlo repetidamente, y yo cada vez me iba poniendo más cachonda, la sensación era espectacular. Nunca había sentido nada igual. Seguro que mi culo ya estaba rojo, y me encantaba ya que sabía que a mi Domine le gustaba.

Entonces cogió mi plug anal, lo embadurnó de lubricante y con sus dedos fue mojando también mi ano, luego lo fue insertando poco a poco para no hacerme daño, hasta el fondo. La sensación era rara, mi ano se iba abriendo poco a poco para dejarlo entrar, mi Domine iba jugando con él, sacándolo y metiéndolo y cuando mi culo se acostumbró me lo dejó insertado.

Después cogió mi vibrador y me lo metió por mi coño mojado. Volvió a darme un cachete y creí morirme del placer de sentir mis agujeros llenos y su mano en mi culo, cuando creí que la cosa no podría mejorar, me dijo que aguantara el consolador y el plug con mis manos.

Yo seguía sin ver nada, a oscuras completamente, pero noté el peso de su cuerpo en la cama cuando se puso delante de mí, y bajándome la cabeza me metió su polla en la boca y me dio la orden de chupársela. Así lo hice, la engullí, la mojé con mi saliva, mi lengua lamía su glande, iba subiendo y bajando por su tronco y succioné sus huevos. Qué sensación tan maravillosa, ahora sí que estaba insertada por todos mis agujeros y era increíble.

Yo quería saborear a mi Domine, hacerle una gran mamada para hacerle saber todo el placer que me estaba dando, pero Él tenía otra cosa en mente.

Se levantó, lo oía moverse por la habitación hasta que me llegó el sonido de un paquete al rasgarse. Me acarició el culo, arriba y abajo, calentando mis nalgas con las manos y sacó el plug. Me abrió los cachetes y  fue paseando su polla por la raja de mi culo hasta parase en mi ano, presionó poco a poco para introducirse donde momentos antes había estado el plug. No me dolió, mi Domine era suave y delicado, fue entrando lentamente hasta que toda su polla estuvo en mi interior.

Un momento increíble,  mi primera vez. Nunca me habían follado el culo. Notaba como mis músculos se iban adaptando a su polla, a su calor, no me gustaba el plug, me encantaba sentir la polla de mi Domine en mi interior, algo vivo, caliente y con vida propia. Empezó a moverse, el placer era cada vez mejor. Me encantaba la tirantez que notaba cuando se retiraba y la enorme presión cuando me llenaba de una forma que jamás hubiera imaginado.

Arqueaba la espalda para acercarme más a Él. Era demasiado, era abrumador. Me corrí tras el permiso de mi Domine con esa sensación de no saber donde estaba. Tampoco me importaba. Continuaba sintiendo el vaivén de las caderas de mi Domine y mi climax se alargó hasta que se corrió en mi culo.

Luego la sesión se alargó, y se convirtío en una tarde maravillosa, pero aquella sería mi primera experiencia anal, y a pesar de mis miedos y de mis temores, resultó ser increíble.

Ahora quiero más.



miércoles, 9 de diciembre de 2015

Quiero ser violada



Por distintos motivos, aquel día mis sumisas no podían quedar conmigo. La primera tenia la regla y andaba bastante pachucha, y la segunda estaba de médicos, con su hija. La cuestión es que eran las 12 del mediodía, yo andaba cachondo, y no había esperanzas de poder follar aquella tarde. Y la verdad es que me apetecía ser malo, muy malo.

De repente, un correo apareció en el email del Profesor Domine:

"Llevo días leyendo tus relatos y tus sesiones con tus sumisas. Estoy cachonda y quiero ser violada".

Sonaba bien, muy bien. Rápidamente, respondí a ese correo:

"Dime donde vives, tu edad, y si tienes libre hoy, a las 4 de la tarde".

Apenas dos minutos más tarde, recibí la respuesta.

"Vivo en Mataró, tengo 40 años y a las 4 de la tarde podría estar donde usted quiera. Continúo muy cachonda"

Aquel email me alegraba el día, parecía que al fin podría follar esta tarde.

"Quiero que llames al Hotel Catalonia Plaza, en Barcelona, y que reserves una habitación a tu nombre. Tú pagarás la habitación. Y quiero que me des tu teléfono. A las 4 de la tarde, yo te llamaré, desde el vestíbulo del hotel, para que me des el número de la habitación. Cuando suba, deberás recibirme desnuda, y la habitación debe estar a una temperatura adecuada para violarte."

Otros dos minutos más tarde, recibía la respuesta:

"Como usted ordene, Profesor. A las 4 de la tarde estaré desnuda en la habitación del Hotel Catalonia Plaza, en Barcelona. Mi teléfono es el 555.123.456. Allí le espero."

Aquello prometía. Era viernes, y como cada viernes, salía de trabajar a las 2 de la tarde. Tiempo suficiente para comer, y acercarme al hotel. Sólo era necesario que ella estuviera allí y que no fuera todo una farsa.

A las 4 de la tarde, en punto, me encontraba en el vestíbulo, llamando a su teléfono:

- Riingggg...Riingggg...
- Hola. - Su voz sonaba entrecortada, nerviosa.
- Hola, perrita. Soy el Profesor Domine. Dame el número de tu habitación y en 1 minuto estaré delante.
- Sí, Profesor. Es la 719.
- Perfecto, ahora subo.

Apenas unos segundos después me encontraba en su habitación. Ella estaba desnuda, completamente, en el centro de la habitación. Delante de ella, abrí mi maletín, y saqué con calma una serie de objetos de dentro: 2 juegos de cuerdas, unas pinzas, una mordaza, una venda para los ojos, un bote de aceite lubricante y dos consoladores, de distinto tamaño. Pude notar cómo se excitaba a medida que le enseñaba los objetos.

- Ahora voy a violarte, perrita. ¿Estás de acuerdo?
- Si, Profesor Domine.

Perfecto, eso era lo que yo quería oír. Coloqué primero dos almohadas en el centro de la cama, para poder colocarla a ella, cómodamente. Antes de comenzar, repasé su cuerpo de arriba a abajo, con parsimonia, sin prisas. Acaricié su culo, sus pezones, y su coñito, ya mojado. Azoté un par de veces su culo, y me detuve delante de sus pechos. Tras pellizcarlos ligeramente, coloqué las pinzas en cada uno de sus pezones, ya duros y erectos. Un gemido salió de su boca.

- Silencio. No te he dado permiso para hablar, puta.

Un par de azotes, más fuertes, acompañó la orden. Ella calló y me miró, asustada y cachonda perdida.

- Ahora túmbate en la cama, boca abajo, con tus caderas encima de las almohadas, de manera que tu culo y tu coñito queden elevados, a mi disposición.

Así lo hizo. Se estiró en la cama, boca abajo, con las dos almohadas bajo sus caderas. Su culo quedaba subidito, ofrecido, redondito y respingón, preparado para ser azotado y usado.

Sin mediar palabra, agarré primero una cuerda, y até sus piernas con fuerza, para que no pudiera patalear. Podía escuchar sus gemiditos de fondo. Las pinzas en sus pezones hacían su trabajo, y el estar tumbada boca abajo hacia que su presión fuera más intensa aún. Aproveché el momento para azotar un par de veces cada nalga, con fuerza.

Volví a la mesa y agarré la otra cuerda, para atarle las manos. Ahora ya era mía, la tenia atada de manos y pies, y no podía moverse. Tras otro par de azotes más, aproveché para acariciar su coñito, separando las nalgas de su culito...

- Estas mojada, puta. Las mujeres como tú, de cuarenta y tantos, necesitan que de vez en cuando las follen como a perras, que las violen de verdad.

Nuevamente en la mesa, agarré la mordaza y la venda. Me subí de nuevo en la cama, y vendé sus ojos, con cuidado. No hacía falta hacerle daño, solo impedir que viera, para intensificar así sus sentidos. Igualmente, coloqué la mordaza en su boca, impidiendo que pudiera hablar.

- ¿Sabes lo que pareces?  Pareces un paquete, amordazada, vendada, y atada de manos y pies. Ahora eres mía, zorra, y voy a hacer contigo lo que me de la real gana.

Zasss... Zasss... Dos nuevos azotes, en su culo, comenzaban a dejar un todo rojizo en su trasero. Aproveché para sacarme los zapatos y la camisa.

Zasss... Zasss... Otros dos, más fuertes, la hicieron gemir. Ahora sus grititos sonaban mas ahogados, se notaba que la habían amordazado. Tras acercarme a la mesa otra vez, agarré el lubricante y el consolador más pequeñito.

Separé de nuevo sus nalgas, eché un chorro de aceite en su ano, y comencé a introducir lentamente el dildo en su culo, hasta que entró por completo. Sus gritos ahogados se intensificaron, lo cual me obligó a azotarla otra vez.

- Te he dicho que te calles, perra. Un artista necesita silencio cuando realiza su obra.

Tras sacar mis pantalones y mis calzoncillos, volví a la mesa para agarrar el último objeto, otro consolador de mayor tamaño, que utilicé para penetrar su coñito. Estoy seguro que aquella era la primera vez en que aquella mujer era follada a la vez por delante y por detrás.


Sus gemidos eran intensos, y se la veía sudando y retorciéndose como buenamente podía. Estaba al borde del orgasmo, y a mí me apetecía hacerla sufrir. Un par de pellizcos, fuertes, en su culo, y una tanda de 10 azotes, lograron que su culo quedara completamente rojo, adolorido, como a mí me gustan.

Volví a agarrar los dos consoladores, y a moverlos con fuerza, metiéndolos y sacándolos, provocando un estado de excitación incontrolable para aquella mujer. No tardó mucho en correrse, pude notarlo en sus gestos y sus sonidos, pero yo no iba a parar. Quería que su coñito acabara irritado, así que continué follando sus dos agujeritos sin piedad durante unos 3 o 4 minutos, lo que provocó un segundo orgasmo en mi nueva putita.

- ¿No querías que te violaran, guarra?  Pues ahora vas a saber lo que es una polla como dios manda.

Con cuidado, me subí encima de ella, y coloqué una pierna a cada lado de su cuerpo, de manera que mi polla quedara en el sitio perfecto para penetrarla. Saqué el consolador que tenía en su vagina, y de una estocada, clavé mi rabo hasta el fondo. Ella gritó de placer, un gemido agudo y alargado, como si estuviera a punto de estallar.

Rápidamente, comencé a bombear, encima de ella. Apoyé todo mi peso encima de su cuerpo, para clavar aún más mi pene en su cuerpo. A cada embestida mía, golpeaba con la ingle el otro consolador, que se clavaba aún más en su culito. Era como si la taladraran a la vez por los dos agujeritos...

Pasé 4 o 5 minutos follándola, como a una perra, sin piedad, lo que provocó que ella estallara de placer otra vez. Ya se había rendido completamente, y ya no ofrecía ningún tipo de resistencia. Los azotes, pellizcos y orgasmos la tenían extasiada totalmente.

Era el momento de un descanso. Mi polla continuaba dura como una piedra, y necesitaba un trago. Coloqué otra vez el consolador grande en el coñito de mi presa, y azoté de nuevo su culo rojo. Me acerqué a la nevera, y saqué una cerveza. Me apetecía un trago.

Mientras bebía, se me ocurrió otra maldad más... Volví a por mi perrita, y apliqué una nueva tanda de azotes, a su culo maltrecho, mientras movía nuevamente los dos consoladores. Metí las manos debajo de su cuerpo para apretar un poquito más las pinzas de sus pezones, mientras terminaba mi cerveza.

- ¿Tienes sed, puta?  Sé que quieres beber, y que te apetece una cerveza.

Sin dar tiempo a descansar, saqué el consolador de su vagina e introduje el cuello de la botella hasta el fondo. El tacto frio de la botella con su chochito provocó que un espasmo recorriera su cuerpo entero. La estaban follando con una cerveza. Tras moverla un ratito, lubricando bien la botella, introduje con cuidado el objeto hasta casi el fondo, provocando que sus gemidos aumentaran.

Llegaba el toque final. Yo quería correrme. Volví a colocarme encima de ella, poniendo una pierna a cada lado de su cuerpo, y tras poner un poco de lubricante en mi miembro, y sacar el dildo de su ano, clavé mi polla hasta el fondo en su trasero.

- He venido a violarte, guarra. Deberás aguantar lo que te echen.

En ese momento comencé a bombear de nuevo, su culo, provocando que nuevamente llegara al éxtasis. Pero yo no había acabado. Continué empujando y empujando, con fuerza, taladrando su culo, mientras la botella de cerveza seguía haciendo su trabajo en su coñito. Fueron 4, 5 minutos, follando su culo sin piedad, hasta que llegó el momento de correrme.

Saqué mi pene de su culo, completamente tieso, rojo, palpitante, y tras agarrarlo con la mano, comencé a pajearlo, hasta provocar que me corriera en su espalda. Un rio de semen, caliente, espeso, manchó su espalda llenándola de leche. Tras descansar unos segundos, y observar unos segundos a mi prisionera, me levanté y le dije:

- Querías que te violara, y te he violado. Ahora voy a ducharme, zorra, y tú te quedarás aquí, esperando a que yo salga.

Por narices. Continuaba atada, amordazada, y vendada, lo cual impedía que pudiera moverse. Se la veía cansada, extasiada, derrotada. Coloqué otra vez el dildo pequeño en su culo, y tras azotar nuevamente su culo, me dirigí a la ducha.

Quince minutos más tarde, ya duchado y vestido, mi presa continuaba en la misma posición, con la cerveza en su conejito y el dildo en su trasero. Observé por un momento mi obra de arte, me acerqué a la cama, desaté sus manos, y le dije:

- No te olvides de pagar la habitación, perra.

Un portazo cerró aquel encuentro.