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martes, 24 de mayo de 2016

El perro sumiso del abogado

La segunda parte del relato de soyunsumiso.

Tras ese primer encuentro, yo andaba un poco desconcertado. Mi experiencia con hombres había sido muy corta, apenas había tenido relación con la pareja de mi Ama de antes de casarme, pero me imagino que fue suficiente para darme cuenta del poder de una polla tiesa en mi boca. Aún no sé como ese abogado se dio cuenta de mi condición de sumiso, pero no puedo hacer otra cosa que alegrarme. Por fin alguien sabía cómo tratarme y darme lo que buscaba, polla en cara y boca, leche hasta saciarme…

A los tres días de ese primer encuentro recibí una llamada a mi móvil, era Él. Me citó en su despacho a una hora de oficina, por lo que pensé que era por algo relacionado con el asunto que me había llevado a su gabinete.
Me recibió la secretaria y como siempre le llamó por el interfono avisándole de mi llegada, la ordenó que me hiciese pasar a su despacho. Llame con los nudillos y pude oír su voz tras la puerta.

- Adelante...
Cuando entré ni me miró, seguía concentrado en algún tema que tenía sobre el escritorio, pero oí que me decía...

- Arrodíllate, aparta la silla y métete bajo la mesa...
Yo estaba pasmado y paralizado ante tal orden.

- ¿A qué esperas, guarra? ¿Tengo que forzarte a hacerlo?

Sin saber cómo me encontré a cuatro patas bajo su mesa donde solo veía sus piernas y  su bajo vientre, vi como sus manos se metían bajo la mesa y bajaba la cremallera de su pantalón, bajando su slip, sacó su polla aun morcillona y me ordenó chuparla...
Yo me apresuré a metérmela en la boca, chupándola y lamiéndola suavemente, deleitándome en su forma y sabor.

¡¡ Dios, como me gusta su polla!!  Es algo maravilloso, no sé explicarlo pero aquello era lo que siempre había deseado.

No conseguía que se le pusiese dura, y yo seguía esforzándome, pero nada.

- Estoy en una encrucijada. - Me dijo - No sé por qué, pero necesito tenerte a mi servicio, que seas para mi uso y disfrute, eres el tipo de puta que siempre había deseado tener, pero deseo oír de tus labios que deseas ser de mi propiedad.

- Lo deseo Señor. - Le dije. - Es para mí un sueño cumplido estar a sus pies arrodillado esperando sus órdenes.

No había acabado la frase, cuando su polla me llenó la boca, creciendo como impulsada por un resorte, como si mis palabras fuesen mágicas y consiguieran la tremenda erección que en esos momentos inundaba mi boca. Ya no hacía falta hablar, sus manos cogiéndome por los pelos me apretaban contra su pubis y su polla entraba y salia acompasadamente en mi boca, nos olvidamos que estábamos en su oficina, con todo el mundo fuera trabajando y que en cualquier momento podían entrar y descubrirnos. Su tranquilidad ante este posible contratiempo me dio a entender que lo tenía todo controlado y la certeza de que nadie nos interrumpiría; pero yo estaba nervioso aunque seguía gozando de su miembro.

De pronto sonó el teléfono, y yo con un sobresalto, dejé de chupar y me aparté. La bofetada me imagino que se oiría en todo el despacho y cercanías

- ¿Quién te ha dicho que dejes de chupar, puta? Puedo atender el teléfono sin que dejes de darme placer.

Sentirme utilizado así, me excitaba tanto, tanto... así que volví a introducirme su polla en la boca y seguí con mi tarea, el mientras tanto había retomado la llamada al teléfono y parecía que no le importaba hacer ambas cosas, aunque de vez en cuando suspiraba un poco más fuerte y yo sabía que era porque estaba gozando, y yo con Él, dándole placer. Su mano libre ahora acariciaba mi pelo con ternura, ahora sabía que era su perra, su puta y que si le complacía, sería premiado con atenciones como estas caricias.

Cuando terminó la conversación telefónica, volvió a agarrarme del pelo y apretaba mas su pelvis contra mi cara, parecía que quería llegar con su polla a lo más profundo de mi garganta, y como yo deseaba desde hacía rato, su apretón mas fuerte me indicó su inminente corrida, yo me esmeré más si cabe y por fin su leche inundó mi boca, con fuerza, caliente, sabrosa y espesa,... qué cosa tan buena, creo que no he probado otra cosa tan sabrosa, que me guste tanto.

Había acabado de correrse y yo pensaba que había terminado todo... que equivocado estaba. Sus manos seguían apretándome la cabeza por el pelo y al momento, sentí como un liquido caliente, más claro que su leche comenzó a llenarme la boca...

- Que no caiga ni una gota, o la tendrás que recoger del suelo. - Me dijo.
- No quiero levantarme, ya estas tu para ocuparte de mis necesidades intimas y veo que lo haces bien, eso me gusta de ti.

Se estaba meando directamente en mi boca tras su corrida; tuve que saborear su otro preciado elixir y me sentí lleno de Él, de su leche, de su meada, de su poder sobre mí.

Tragué todo sin rechistar como a Él le gustaba y tras acabar de mearme, limpie su polla y la deje reluciente, notando como volvía a su estado natural, perdiendo toda erección, sus manos por fin aflojaron y me permitió apartar mi cabeza, metió de nuevo su miembro en el slip, subió su pantalón y me dijo:

- Siéntate en la silla, perro, quiero decirte algo muy importante para mí.

Me senté y esperando sus palabras que no tardaron, me comentó:

- Va a venir un cliente muy importante para mí, sé que es un morboso de cuidado y quiero complacerlo para acabar este negocio con él. Sé que es un guarro y le encanta hacer todo lo imaginable en sexo, así que deseo que tú vayas a su hotel y te pongas a sus órdenes diciéndole que eres el presente del letrado Tal y Tal... No espero que estés de acuerdo ni que me digas si quieres hacerlo, es una orden mía, que si la acatas, significara que estas definitivamente a mi servicio y eres de mi propiedad, con todo lo que eso supone. Para sellar este contrato, solo te exijo que antes de salir beses mi mano como señal afirmativa; si sales sin hacerlo, entenderé que quieres acabar todo en este momento. Así es lo que deseo.

Me levanté, me limpie los labios con mi pañuelo y me permití mirarle a los ojos. Y como no podía ser de otra manera, besé su mano.

Salí satisfecho y contento de tener alguien que comprendía mi sumisión y sabía sacarle partido.

Adoro a mi Amo, le pertenezco.


Otra colaboración de soyunsumiso.

martes, 17 de mayo de 2016

Alex, una aspirante a sumisa en el sexólogo



Como cada día, después de casi 20 años de profesión, el Profesor Domine se dirigió al trabajo, un trabajo que le encantaba. Como sexólogo y profesor de sexología, el trabajo se le había colado en la sangre, y despues de oír tantas historias y tantas fantasías, su mente se había pervertido. Sus fantasías eran tan eróticas como las que había oído a sus pacientes y alumnos. Había aprendido formas y fantasías que nunca habían pasado por su ahora caliente imaginación.

Dentro de la dinámica diaria, lo primero que hizo fue abrir el ordenador, mirar correos por si habían novedades, cancelaciones o nuevas visitas que programar. Al entrar en la carpeta de recibidos, vio un mensaje de alguien nuevo, alguien que no había tenido nunca en su lista de "pacientes", le llamó especialmente la tención, lo abrió....

Una chica de 20 añitos, Alex, le contaba que se había enamorado de un hombre de unos 45, pero que no sabía cómo conseguir un acercamiento más intenso, con el propósito de conseguir su amor. Resulta que ya habían tonteado un poco, pero ella no tenía casi experiencia sexual y le daba miedo que su enamorado se aburriera con ella.
Respondió al mensaje, diciéndole que esa misma mañana tenía un hueco en la agenda y que si quería podía atenderla de 13h a 14h, como última visita. Momento en el que aprovechaba para hacer un descanso y reponer fuerzas comiendo algo. Que poco se imaginaba lo que acabaría comiendo...
Recibió respuesta casi de inmediato, dándole las gracias y que se presentaría en la consulta en ese horario.

Pasó la mañana con los clientes con quien tenía cita concertada si más cosas sobresaliente, a la hora indicada, salió a la sala de espera como hacía siempre para recibir a los clientes y se encontró con la única persona que quedaba allí.

"Sera Alex
", imaginó.

La saludó y la invitó a pasar a la consulta, mientras se acercaba a él, dio un repaso de su parte frontal y reconoció internamente que era una chica muy atractiva. Parecía tierna y dulce pero con un toque picarón que le gustó y llamó su atención. Al dejarla pasar la observó por su retaguardia y pensó: " que culito tan precioso, es un bombón, me encantaría explorarlo más profundamente". Entonces salió de su pensamiento y tras invitarla a sentarse al otro lado de la mesa del despacho, inició la conversación con ella.

El Profesor le preguntó que qué quería que hiciera por ella. Ella se ruborizó ligeramente y bajando los ojos, comenzó a explicar la historia de su amor hacia ese hombre maduro, que ocupaba su mente y corazón (aparte de sus deseos mas íntimos hacia el). Le comentó aún sin mirarle a los ojos, que sabía que su amor tenía unos gustos sexuales diferentes y ella quería complacerlo, él siempre llevaba la voz cantante en sus encuentros "íntimos", le hacía cosas que ella aún no entendía y le pedía cosas peculiares que ella no sabía cómo gestionar y normalmente se negaba a hacerlas, sintiendo que él se alejaba un poco de ella.

Le pedía que viniese a los encuentros con ropa llamativa, siempre con medias y tacones y que debajo del vestido llevase lencería muy sexy. Lo veía como algo que su tierna e incipiente sexualidad no llegaba a comprender del todo, no era una mojigata, pero no le gustaba ir por la calle con según que vestimenta, se sentía observada. No le desagradaba del todo, porque íntimamente le excitaba ir así vestida.

Le pidió un día que trajese algún juguete "erótico" y ahí ya se perdió totalmente, no sabía cómo conseguirlos y menos donde, y lo peor de todo no sabía exactamente qué tipo de juguete.

Todo esto lo explicaba con la vista hacia el suelo, sin mirar al Profesor nunca a los ojos.

El Profesor entendió que era por timidez o miedo a un posible reproche.
Tras un rato de charla sobre temas íntimos de ella, el Profesor fue sacando conclusiones pero quería que ella se las dijera directamente, sin remilgos ni tapujos, así se lo demandó, porque si no se sinceraba totalmente, no llegarían a ninguna parte.
Tras un silencio...ella levantó la vista y le soltó de sopetón...
- Necesito llegar a lo más profundo de mi amor, que alguien me guie para ser más atrevida en la intimidad. Quiero ser la amante deseada por mi amor, en definitiva, sorprenderlo siendo más "guarrilla" y entregada a sus deseos, los de su amor de 45 años, con especiales deseos.

El Profesor entendió, por su lenguaje corporal y por como media las palabras para no sobrepasarse por su timidez, que ella quería aprender a ser sumisa, de manera que pudiera satisfacer sexualmente a otra persona, dominante, de unos 45 años.

- Está bien, Alex - le dijo - Si lo que quieres es aprender a realizar según que prácticas sexuales, yo puedo enseñarte.

Ella estaba nerviosa y se la veía tímida. El profesor le preguntó a la chica si se masturbaba a menudo y ella toda tímida no sabía lo que decir.

- Si, claro, lo hago a veces pero es que me da vergüenza. Imagino cosas en el momento de más excitación que no sabía ni que sería capaz de hacer.

El profesor le aclaró que eso no podía ser, se ha de conocer el cuerpo propio para saber qué es lo que te da o no placer,

- ¿Como lo haces, con algún aparatito o solita? - Le preguntó el Profesor.

La chica empezaba a respirar entrecortada.

- No... Bueno....No tengo aparatos, rozo con mis dedos mi clítoris y pellizco mis pezones. Esa mezcla de dolor  me excita mucho.

- Haremos una cosa, Alex - le dijo el profesor - Si realmente quieres avanzar y ser como deseas, te voy a enseñar a hacerlo. Si quieres volver loco a tu novio has de empezar por ahí. Ven, tengo dentro un sofá donde estarás más cómoda.

La chica sonrojada no pudo decir nada, pero se levantó, como forma de aceptar la propuesta del Profesor y al ver que este se adentraba en la sala contigua, le siguió sin más. Una vez dentro el profesor le indicó lo que tenía que hacer:

- Si te parece bien, me gustaría que te sentaras en el sofá y empezaras a acariciar tu sexo como lo haces cuando estás sola.

La chica hizo lo que le decía, metió su mano debajo de su falda y empero a acariciarse con apuros.

- No te preocupes por mi presencia, preciosa, son muchos años de profesión - Le dijo el Profesor con voz suave para tranquilizarla

La chica continuaba acariciándose, cuando él la interrumpió - Creo que es mejor que te quites las medias así no llegaras donde quieres - , la chica le obedeció, trago saliva e hizo lo que le decía, se quitó las medias y siguió, se mordía los labios.

- Lo haces muy bien.- La animó durante un rato donde ella empezó a excitarse

- Pero hemos de liberar tu sexo, quítate las braguitas. - La chica se sintió incomoda

- No puedo Profesor, no puedo continuar con esto. -

 Él le dijo - ¿por qué no? , es lo mismo que haces en casa, no has de pensar en que yo estoy aquí. Piensa en tu chico, en lo enamorada que estas de él y en lo que harás cuando estéis juntos. -

Ella se levantó y se quitó toda la parte de abajo.

- Muy bien cielo -  le decía el profesor  - , Abre las piernas, quiero ver hasta qué punto está tu sexo excitado, sigue con tus caricias.

La chica continuaba pasando el dedo por su sexo.

- De arriba abajo con más intensidad, muy bien ahora tócate los pechos - 

Con la otra mano empezó a hacerlo, cuando rozo de nuevo su clítoris lanzó un suspiro, empezó a moverse en el sofá.

- Vamos, muy bien, estas cerca de correrte, bonita… sigue, mójate los dedos…

 La chica se los llevó a la boca y los humedeció de saliva y volvió a su coñito mojado, - uuuuufffff - Empezaba a suspirar, gemía cada vez más, estaba muy próxima al orgasmo, él lo sabía, y le cogió la mano, retirándola ante la suave resistencia de ella.

- Voy a ayudarte un poco guapa, así lo sentirás más -  Se arrodilló ante ella y mirándola a los ojos, comenzó a chuparle como si fuera un perro, además metió sus dedos en su coñito y empezó a follarla con ellos mientras le chupaba. La chica empezó a gritar, el placer que estaba sintiendo era superior a ella, estaba a punto de estallar, sobre estimulada como estaba, no tardó mucho en finalizar y se corrió en la boca del Profesor, le limpió el coñito con su lengua y espero a que se recuperara.

- ¿Qué tal, como te has sentido ante la presencia de alguien extraño hasta ahora, que ha llegado hasta lo más íntimo de tu cuerpo?





Ella se sentía confusa. 
- Ha sido muy intenso, pero no sé si este es el mejor método para aprender, no he hecho esto nunca. No sé cómo he podido acceder a esto. -

- Esto no es nada malo, no debes sentirte mal, solo te he ayudado un poco, estás conociendo tu cuerpo. Has hecho algo más allá de lo normal. ¿Has tenido novio antes, no? - Le preguntó el Profesor.

- Si he tenido, pero el sexo no es lo que más he practicado, solo caricias, magreos y tocamientos, nada como con mi Amor...O con usted, ahora... - Dijo ella ruborizada, con la frente perlada de gotitas de sudor tras el éxtasis de su orgasmo -

- Haremos una cosa, quiero que disfrutes como nunca, que aprendas a ser lo que quieres ser. Una zorrita en manos de un macho dominante. Me gustaría penetrarte hasta que gritaras como una perra en celo. - Le dijo él con firmeza.

 - Profesor no sé si debiera....

- No es una propuesta, zorrita, es una orden. Ven, haremos una cosa, voy a penetrarte de nuevo con mis dedos. Déjate llevar, piensa que lo que hacemos es por tu macho, por tu Dómine. - Le dijo el Profesor con firmeza.
- Ponte aquí - La posicionó en el sofá del despacho reclinado, empezó a acariciar el culito de ella, se chupó los dedos y los metió en su coñito mojado. Empezó a agitarlos con fuerza, ella se retorcía de placer, lanzaba grititos, gemía. Para acentuar el pacer, con la otra mano le pellizcaba con fuerza los pezones.

  - Así, muy bien, quiero que te corras de nuevo.- Dijo el Profesor con los ojos inyectados de perversión y deseo -

Ella, casi no podía hablar.

- Profesor, Profesor, ¿Qué me está haciendo? Me gusta mucho.... Muchoooooo.

- Lo sé perra, y más que te va a gustar.

 No dejaba de penetrarla,  ella gritaba ya sin reparos...

- Diossss, me voy a correr, me encanta,  me gustaaaaa.... Más fuerte Profesor, se lo suplico, más, quiero más.

- Claro zorra, tendrás más -

En ese momento ella se corrió de nuevo,  entre convulsiones de placer, sus movimientos eras continuos, no se creía lo que estaba sintiendo. El sacó sus dedos y ahora era su miembro duro y enorme el que la penetraba.

- Ahora te estoy follando, perra, así es como tienes que comportarte con tu novio, a mí me has excitado mucho. Eres una perrita preciosa, ahora vicios y pervertida.

El ritmo era frenético, ella ya no estaba pensando en su novio, solo quería que aquel hombre experto la hiciera llegar al éxtasis.

- Así putita. - Le decía. -  Grita, viciosa, no sabes lo que me pone, sigue moviéndote así, me encanta tu culito,  tu novio es un hombre afortunado. Esto es lo que necesitabas....Una buena follada, sin piedad y fuerte, como a partir de ahora vas a desear siempre... No pienses que esto va a acabar cuando tú quieras, acabaras cuando yo te lo ordene, perra.

- Si Señor, siiii Dómine. - le decía ella.

El Profesor, excitado, pero seguro de sí mismo, le dijo parando en seco.
- Ahora, como última lección de tu paso de niñita consentida a zorra pervertida, vas a tener el privilegio de que el Profesor te inicie en lo que va a ser tu cometido desde ahora, obedecer y ser un objeto de placer en manos de tu Dómine. -
Se separo de ella, y como si de una muñequita se tratase, le dio la vuelta, le ordenó que se pusiera a cuatro patas. Humedeció sus dedos y antes de hacerlos servir, le dejó caer en la obertura de su ano un reguero de saliva. Entonces con el culito bien ofrecido, le introdujo un dedo, moviéndolo adentro y afuera, suavemente, pero con firmeza.
Notó que el esfínter se dilataba, que palpitaba como un pez boqueando fuera del agua, y sin pensarlo le introdujo dos dedos. Ella emitía grititos y quejidos pero movía el culo acompasándose con los dedos del Profesor.
- Ahora vas a saber realmente lo que es entrega a un macho dominante. - Gruñó el Profesor. -

Sin pensarlo, encaró su duro miembro hacia la entrada del ano de ella. Puso la cabeza de su polla, encaminada sin piedad hacia su cometido, y sin más, la penetro despacio, recreándose en como entraba su miembro, rompiendo la virginidad de su culito, hasta sentirla totalmente dentro.
Ella se removía, le dolía....
- Profesor, me hace daño, pare, pare.- dijo ella
- Relájate perra, ahora empezarás a saber cómo complacer a un Dómine. Dijo el Profesor, a la vez que le daba unos sonoros azotes en el culo ofrecido de Alex. -

-  Ahhhh, ohhh. - Se quejaba ella.

El Profesor empezó entonces a follarla rápido, la cogía de las caderas para poder dominar la situación, cada vez se movía con más fuerza y rapidez. Ella cambió entonces sus grititos por suspiros, cada vez más seguidos, más ansiosos, el Profesor intuyó que estaba a punto de correrse de nuevo.
Él también tenía ganas de acabar. Iba a acabar dentro de ella, que sus intestinos notasen la calidez de su leche, la presencia de un falo grande, duro, dominador....
Bajó una de las manos y empezó a acariciar su clítoris acompasadamente con los movimientos de su pelvis.
Ella ya no paraba de gemir, emitía unos gemidos de deseo, de placer, de perversión, la perversión que tanto deseaba y que el Profesor le estaba enseñando.
- Ahora vas a sentir lo que es entrega, perra. - Le gritaba el Profesor. - vas a sentir como te invade algo que nunca habías tenido y que va a ser tu súplica ante tu Dómine. -
Ya sin poder, ni querer evitarlo, ella se dejó caer en el éxtasis de un gran y húmedo orgasmo, un interminable cúmulo de sensaciones, que se acentuó cuando el Profesor, soltó toda su eyaculación dentro de las entrañas de ella, un orgasmo de ambos que les dejó por momentos fuera de la realidad, exhaustos y rendidos al placer.
Aun con el miembro del Profesor dentro de ella, notando su vientre lleno de leche, dejó caer unas palabras delatoras.
- Gracias Profesor, gracias mi Dómine, su maestría ha sido una revelación en mi vida. Su impronta ha quedado para siempre en mí.


Una fantasía de Alex, que tiene ganas de ser tratada como una alumna...

jueves, 5 de mayo de 2016

Un sumiso en el bufete de abogados

Un relato de soyunsumiso


Nunca me he considerado gay, ni me he planteado tener relaciones con un hombre, pero como sumiso me debo a los deseos de mi Am@, sea cual sea su género, y mi objetivo es siempre satisfacer a mi Domine, ya hombre o mujer. De manera esporádica he tenido Amos y Amas, y creo que siempre he cumplido con mis deberes como sumiso, pero nunca he tenido Dominante durante un tiempo largo, con lo que siempre me ha sido difícil explicar que deseo ser utilizado, ensuciado, humillado. Nunca había encontrado a alguien que entendiera a la primera mi vicio, mi perversión. Nadie sabía que necesito ser el perro de mi Am@. Hasta aquel día.

Por temas diversos, debía acudir a un abogado para tratar un tema, y me decidí por uno que tenía un anuncio en internet bastante oscuro, tenebroso incluso. Cuando entre en el despacho, vi lo que hay en todos, las paredes llenas de títulos universitarios, una gran mesa y un mullido sillón, al otro lado dos sillas mucho más sencillas que dejaba entrever que no estaría mucho tiempo sentado, y libros, muchos libros de leyes. Sentado en el sillón, un abogado de entre 45 y 50 años, atractivo, moreno de tez y que trasmitía seguridad y experiencia. Tras los saludos iniciales, note que me apretaba la mano de una forma especial, haciéndome sentir su fuerza y con su mirada parecía atravesarme.

Empezamos la entrevista y le conté mi caso detalladamente, y el de vez en cuando me hacia alguna pregunta directa. Al rato veo que aprieta el botón del interfono y le dice a la secretaria que no le pase llamadas hasta nuevo aviso...yo me quedo un tanto sorprendido pero me alegra que tenga tanto interés por mí. Para mayor sorpresa me lanza esta pregunta:
- ¿Te gusta lo que ves?

Yo me quedo perplejo pero me imagino que de alguna manera que no comprendía, aquel hombre se había dado cuenta de cómo le miraba, admirando su seguridad varonil.

- ¿A qué se refiere? - Le pregunté sorprendido.

- Me he dado cuenta de cómo me miras y parece que quieras desnudarme. - Me responde.
-¿Te gustaría verme así?

Yo me quedo sin respuesta y me pongo rojo de inmediato. No puedo creerme que un abogado, sin conocerme de nada, me preguntes eso. Aún así, mi mente pervertida y mis ansias de sumiso me pueden, y rápidamente me siento excitado.

Él se levanta, da la vuelta a la mesa y me pone la mano en el hombro.
- Acompáñame un momento.

No sé porque pero me encantaba como me decía las cosas, me lleva delante de una puerta y me dice:
- Si atraviesas esta puerta, te garantizo que tendrás algo que deseas, algo que anhelas desde que me viste por primera vez, pero no podrás decir que no a nada, y deberás acatar mis órdenes...

Abre la puerta y veo que es un pequeño aseo pero totalmente equipado. Sin mirarle, con la cabeza gacha, entro y cuando atravieso, me da un azote en el culo.
- Sabia que lo harías, tu silencio era un gran SI.

Una vez dentro ambos, cierra la puerta y me ordena
- Aflójame el cinturón y sácalo de mis pantalones, así...
- Ahora dámelo y baja mi cremallera. Mete tu mano con sumo cuidado y saca tu tesoro, lo que desde ahora será lo que más deseas.

Yo meto mi mano con cuidado y palpo un buen bulto, blando aun, pero de unas dimensiones aceptables, lo saco con cuidado como si fuese de cristal y una vez fuera puedo ver parte de esa preciosa polla.

- Arrodíllate ante mí y levanta la tapa, voy a hacer algo que te va a encantar.

Levanto la tapa del wáter y espero lo siguiente, empieza a orinar, con un grueso y potente chorro y me dice

- Saca tu lengua e intenta pararlo...

Meto mi lengua entre el chorro y comienza a salpicarme por toda la cara, algunos momentos, puedo llenar mi boca y saboreo ese liquido adorable... cuando terminó de mear, me dijo que le secase bien la polla y yo tonto de mi, voy a coger un trozo de papel higiénico, ante lo cual me suelta una sonora bofetada y me dice:

- ¿Crees que me has de tocar con eso? Lámelo, perro, eso es lo que tienes que hacer.

Me coloco ante su polla y comienzo a lamer las últimas gotas,  mientras él se acaba de desabrochar el pantalón y veo como cae a sus pies, se baja el slip y entonces puedo admirar su polla y sus huevos en toda su perfecta dimensión. Él nota mi cara de bobo y me dice:

- Sabía que te gustaría desde el primer momento en que te vi. Ahora a ver si sabes que es lo que tienes que hacer.
Claro que sabía lo que tenía que hacer, metérmelo en la boca y lamer, chupar, saborear.

Está preciosa, y noto como va creciendo dentro de mi boca, no es grande pero es la medida ideal para entrar hasta mi garganta. Me coge del pelo y me aprisiona contra su pubis, no puedo hacer nada más que chupar y chupar, le agarro de las nalgas y comienzo a hacer yo mismo el vaivén de simular que me folla la boca y él se deja hacer sin soltarme del pelo.

Como tiene el cinturón a mano, con la que le queda libre comienza a fustigarme la espalda, mi culo, mis piernas… primero suave, y poco a poco va incrementando la fuerza y la velocidad de los cintazos, paralelo al placer que le estoy dando.

De pronto para, deja de azotarme y suelta el cinto. Me agarra la cabeza con las dos manos y me aprieta más contra si, como si quisiera atravesar mi cabeza con su miembro. Yo no puedo separarme, ni quiero, y con unos temblores que me dan a entender que se va a correr, noto como mi boca se inunda de su leche. Borbotones de semen que me llegan hasta el fondo de mi garganta y toda la boca. No me deja separarme hasta que ha soltado hasta la última gota, que saboreo con deleite. Cuando ha terminado, y me ha dejado la boca dolorida y regada, se relaja y me deja libre la cabeza.

- Lo has hecho bien, - me dice - pero esto no es más que una toma de contacto. Tenía que probarte y me ha gustado como te comportas, así que si quieres, a partir de ahora serás para mí un objeto de desahogo y de placer. ¿Qué me dices?

- Señor, si mi premio son sus jugos, le pertenezco por entero, disponga de mí para lo que desee...


Gracias por tu colaboración, soyunsumiso
 

martes, 3 de mayo de 2016

Spanking, una sumisa azotada en la estación del tren.



Es curioso ver la poca gente que va en el tren a las 6 de la mañana, un día cualquiera. Pocas empresas que no sean fábricas suelen abrir a esas horas. La sumisa miranda iba como cada día a trabajar, y el vagón iba como siempre vacío, o casi. Ella se entretenía con el móvil, curioseando en paginas BDSM o buscando fotos subiditas de tono.

En el vagón iban los de siempre, un par de currantes, y el revisor de Renfe, que ya la conocía de otras veces, y que ya había mantenido alguna conversación con ella. A esas horas resulta normal entablar una charla para matar el tiempo. Ya se habían tirado alguna indirecta picante, y miranda no es de las que se amilana. Le gusta el sexo, y le gusta tontear con todo hombre que quiera jugar. Aquel día iba especialmente cachonda, no sabía el porqué, y la visión de aquellas fotos la había puesto más mojada aún.

Entonces, como muchas otras veces, el revisor se acercó a ella, para pedirle el billete.

- Hola, guapa. Sé que pagas cada día, pero debo pedirte el billete.
- Claro, señor revisor. Ya sabe que yo siempre cumplo con mis deberes.

Mientras miranda buscaba su billete del tren, se le pasó una idea por la cabeza, bastante gamberra.

- Pues se va a reír, señor revisor, pero no encuentro el billete. No lo entiendo. - dijo ella con cara de buena niña.
- ¿Como que no?  Si lo llevas cada día, no me digas que voy a tener que multarte.
- Pues no aparece, no lo entiendo, señor...
- Bueno, hacemos una cosa, bajamos en la siguiente parada y lo buscas más tranquila, ok?

Dicho y hecho, en la siguiente parada bajaron los dos, y se dirigieron hacia la garita. Curiosamente, a ella se la notaba mas suelta y feliz que a él. Al revisor no le hacía mucha gracia tener que multar a aquella chica, con la que ya había tonteado alguna vez. Le gustaba, y le caía bien. Una vez en la garita de la estación, a solas, el revisor le pidió que buscara de nuevo su billete.

- Estoy seguro de que llevas el billete en algún sitio, tú eres de las que siempre pagas.

Tras hacer como si buscaba un ratito más, miranda se lanzó a por su presa.

- Lo siento, señor revisor, pero he sido mala y hoy no he pagado el billete. Creo que tendrá que castigarme...

Aquel tono no era el de una mujer arrepentida. Al contrario, era el de alguna gamberra con ganas de provocar, y lo estaba logrando. Él se había puesto nervioso.

- ¿Y cómo vamos a solucionar esto?
- Pues creo que lo más justo sería que usted me azotara por niña mala, hasta que aprenda a comportarme como es debido.
- ¿Azotarte?  ¿Y cómo vamos a hacer eso? 
- Usted siéntese en la silla, señor revisor, y yo me tumbaré en su regazo, para recibir mis merecidos azotes.

Dicho y hecho, el hombre se sentó en la silla, en medio de la garita. La sumisa cerró la puerta para que nadie entrara, y tras sacarse los pantalones, se tumbó encima de sus piernas, ofreciéndole su culito respingón.

Aquel hombre, que nunca había hecho aquello, estaba sentado en la garita de la estación, su lugar de trabajo, con una chica en ropa interior, tumbada en su regazo, ofreciéndole su hermoso trasero, para azotarlo. No lo dudó ni un momento...


- Zasss... - primer azote, seguido de un suave gemido.
- Zasss... - segundo azote, y un nuevo gritito por parte de ella.
- Zasss... - tercer azote, contestado nuevamente.
- He sido mala, señor revisor, azóteme más fuerte ¡¡¡  Debe corregir mis malos hábitos...

Aquella voz de niña arrepentida y sus buenas maneras, aún lo ponía más cachondo.

- Zasss..., Zasss..., Zasss... 

Los azotes fueron subiendo de intensidad, visto que la viajera traviesa quería guerra.

- Zasss..., Zasss..., Zasss...

Cada nalgada era acompañada por un gemido de placer de miranda, que no daba la impresión de estar pasándolo mal. Mas al contrario, aquella sumisa bajó su mano hasta sus braguitas, que bajó rápidamente para dar acceso al revisor a su parte más intima. El hombre, trempado completamente, no dudó en acariciar el coñito de aquella mujer, a lo que ella contestó con un nuevo sonido... mmm...

- He sido una niña mala, señor revisor, y usted debe aleccionarme.

Él ya estaba desatado, y tras meter dos deditos en el coño de miranda, continuó azotando su culo, con la otra mano.

- Zasss..., Zasss..., Zasss...
- Debes pagar el tren cuando te subas, perrita.
- Zasss..., Zasss..., Zasss...

Las nalgas de miranda comenzaban ya a estar rojas mientras los dedos de aquel hombre penetraban sin parar su conejito. Ella comenzaba a estar  completamente mojada, y su excitación iba en aumento. Eran las 6:30 de la mañana, y aunque iba a llegar tarde al trabajo, al menos llegaría con un orgasmo, que siempre va bien...

- Zasss..., Zasss..., Zasss...
- Esto es para que aprendas a pagar el tren, gamberra.
- Zasss..., Zasss..., Zasss...

El tono rojizo del trasero de aquella chiquilla era ya evidente, y los dedos del revisor no paraban de taladrar su chochito mientras seguía azotando su culo. Ella continuaba acostada sobre sus piernas, en la garita de la estación. La intensidad en el movimiento había aumentado considerablemente, cuando llegó el orgasmo deseado.

- Aaaaarrrrrrggggggg...

El gemido se oyó perfectamente en media estación, pero a aquella hora difícilmente se enteraría nadie. El orgasmo de miranda había sido pronunciado, y se había corrido de placer.

El hombre, aún sorprendido, acariciaba el pompis de su presa, completamente colorado. La muchacha, satisfecha y contenta, recuperó su verticalidad, y tras levantarse, limpió con un pañuelo de papel sus partes nobles. Luego volvió a subir sus braguitas, y a ponerse de nuevo los pantalones, como si allí no hubiera pasado nada.

Antes de marcharse, miranda agarró firmemente el paquete de aquel revisor. Tenía la polla dura como una piedra y estaba completamente excitado. Tras acariciarlo debidamente durante unos segundos, miranda se despidió:

- Siento no haber pagado el billete, señor revisor. El próximo día habrá que buscar una nueva manera de pagar la multa…