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jueves, 30 de abril de 2015

Morbo, vício, perversión. El sexo está en el cerebro, y la mente estimula el sexo.



¿Cómo puedo conseguir que una mujer se excite conmigo sin tocarla? ¿Cómo puedo convencer a una mujer para que se entregue sexualmente a mí?

Muy fácilmente, excitando su cerebro. Leonardo Da Vinci ya dijo hace 500 años que "El pene no obedece la orden de su Maestro, quien trata de ponerlo rígido o no, a voluntad. Por el contrario, el pene se erecta por sí mismo mientras el maestro duerme. Se debe decir que el pene tiene su propia mente y funciona a través del ‘estiramiento’ de la imaginación”.


¿Qué significa esto? Pues significa simplemente que un pene se pone erecto por las sensaciones que percibe el cerebro. Es decir, la simple idea de pensar en una relación sexual estimula de manera clara el pene de un hombre. Tener una fantasía sexual en mente, leer un relato erótico u oír unas palabras al oído explicándote lo que te van a hacer, es motivo más que suficiente para una mente se ponga a tono y el pene se ponga bien duro. 


¿Ocurre eso solo con los hombres?  No, evidentemente no. Las mujeres tienen también cerebro y funciona de manera idéntica a la de un hombre. Un relato erótico, o decirle a una mujer al oído lo que le vas a hacer, es un 'calefactor' fantástico para poner a tono a una mujer. 


Actualmente se sabe que el encéfalo es el órgano que rige la conducta erótica del ser humano, desde los impulsos primitivos hasta las sensaciones libidinosas más elaboradas. Así pues, sabemos que para excitar un pene o un clítoris, lo mejor que podemos hacer es excitar primero el cerebro de su propietario.


¿Y qué mejor manera de excitar un cerebro que a través de las palabras?  Una simple ristra de palabras, bien situadas y dichas en un entorno adecuado, son capaces de poner cachonda a cualquier mujer del mundo. Aquellos que sepan utilizar las palabras adecuadas con un contenido sexual concreto podrán seducir y calentar a la mujer que quieran.





El sexo está en el cerebro. Pensamos múltiples veces al día en sexo, en cositas que nos gustaría hacer, y que al final no hacemos. Nos ponemos cachondos pensando en lo que vamos a hacer, o en lo que nos quieren hacer. Ocurre todos los días, seas hombre o mujer.


Aprovecha esa situación, y estimula el cerebro de la otra persona. Puedes hacerlo en directo, a través del correo, o del teléfono. Prepara un encuentro diferente, una situación distinta, que pueda parecer peligrosa o atrevida, y organiza una cita con esa persona. Pero cuéntale antes lo que le vas a hacer. Cuéntale que la vas a atar, que la vas a acariciar, que la vas a azotar, y que la vas a utilizar. Explícale lo que le vas a hacer, y su mente estallará con miles de imágenes. Ella misma construirá en su imaginación esa situación erótica, y arderá en deseos de realizarla.


Si provocas su oído, será su propia mente la que estimule su sexo. Si estimulas su cerebro, llegará tan caliente a ti, que se entregará completamente al juego, y la experiencia será maravillosa.

Este razonamiento tan simple lo comprobé hace años, en un país lejano, a muchos kilómetros de mi país. Tras hablar por chat con una chica, le pedí el teléfono y la llamé. Ahí empecé a explicarle una fantasía erótica en la que ella debía venir a un hotel y realizar el sexo con un completo extraño, a oscuras, y sin haberlo visto antes. La excitación que sufria era tal, que no pudo evitar venir al hotel y poner en práctica lo que antes le había contado. Fue una experiencia inolvidable, y un descubrimiento genial:


Se puede excitar a una mujer hasta extremos insospechados sólo con la palabra. Una vez excitada, esa mujer se entrega esperando cumplir todo aquello que antes se le ha contado.

Cristal. Sumisa en remoto

Mi Domine, mi Profesor, mi Amo.

Acá son las 8:00 pm. Estoy sola y acabo de terminar el ejercicio que mi amo me ordenó. Estoy muy feliz y relajada, me encanta como está pasando todo. Me gusta sentir este olor, que significa puro placer, placer que usted me provoca cuando lo pienso pasándole mi lengua por su culito y luego chupando  sus bolas, y luego su polla que ya está demasiado dura y grande, y ahí me quedo hasta que usted quiera..

Mi Amo y yo nos encontramos a 6,000 kmts de distancia, pero eso no ha sido obstáculo para ser una obediente sumisa en remoto y complacer a mi Domine.
Debo decirles que el uso de herramientas tecnológicas como Hangouts o Skype es el sueño de toda sumisa que aunque se encuentre lejos tenga el deseo de crecer y aprender este arte.

Me pareció como una cita casi real, mi Amo fijó día y hora y me indicó como debía recibirlo y con cuales juguetitos  para nuestro primer encuentro virtual. Estaba un poco nerviosa y ansiosa, y no hablaba nada, solo él me iba ordenando que hacer; me mandó primero a poner pinzas en mis pezones… ufff una delicia y muy placentero ese dolor; me ordenó azotarme el culo y así lo hice, primero con un cinturón y luego con mis manos; a mi Domine se le notaba que disfrutaba lo que veía, y yo lo disfrutaba mucho más. Me ordenó jugar con mi juguetito, colocarlo en mi culo… era como si él mismo  estuviera sodomizándome; me ordenó masturbarme frente a él y completar mi ejercicio. Era increíble lo excitada que estaba, mi sexo no podía estar más mojado.

Soy consciente que para ser sumisa en remoto hay que tener mucha imaginación y hacer un compromiso con nuestro Amo y con nosotras mismas de acatar y obedecer todo ejercicio que se nos pida, pero es completamente real y placentero para ambas partes.

Esta etapa de mi vida como sumisa en remoto no la cambio por nada, he experimentado sensaciones que nunca había sentido. Soy una sumisa que vive para su amo, tanto así que con tan sólo escuchar su voz, aún sabiendo que no lo tengo cerca, ejerce poder y control sobre mi mente y mi cuerpo. 

A las sumisas reales les digo que agradezcan el tener cerca a su Amo, poder disfrutar de él, poder tocarlo y que él las toque…
 
A las sumisas en remoto, como yo, les aseguro que es absolutamente  posible complacer, obedecer y hacer feliz a nuestro Amo con las herramientas que tenemos hoy en dia.

Soy completamente suya, mi Domine.
Con cariños y respeto...
Cristal..

miércoles, 29 de abril de 2015

La motera sumisa, castigada y sodomizada.

Mediodía en el desierto de los Monegros. En un caluroso día, una Africa Twin y una Virago tuneada a lo Custom Harley cruzan el árido terreno camino de Pamplona. Hace mucho calor.

Viajo a lomos de mi Africa Twin, mientras mi sumisa va con su Virago. El calor está haciendo estragos y se hace difícil continuar. Paramos en una gasolinera para tomar algo y aligerar nuestra vestimenta. Sobra ropa. Sin darme ni cuenta, mi sumisa acaba con una minifalda tan corta que ni es mini, ni falda. Un top de tirantes ajustado marca sus pechos provocativamente. Seguro que ella estará fresca, pero va calentando a todo el mundo por el camino. No me hace gracia, pero entiendo que así va más fresca.

Seguimos el camino y mi sumisa no para de hacer imprudencias con la moto, pasa entre dos buses, se salta algún semáforo... yo sigo mosca con su actitud, pero prefiero llegar a Pamplona antes de castigarla.

Al final, la ley de Murphy nos la juega, como siempre. En una rotonda, ella acelera con tan mala suerte que le ven unos policías. Le dan el alto y ella obedece. Yo me paro a una distancia prudencial y observo la situación.

Los agentes le piden los papeles de la moto a mi sumisa, la documentación, etc... Ella les cuenta que la moto es nueva, que no la conoce aún del todo, que se le fue el freno, que no quería infringir las normas, etc...

Los agentes no pueden reprimir el mirarla de arriba a abajo. Es lógico, yo lo haría también. Sus pezones se marcan en su camiseta ajustada, y el escote muestra bastante mas de lo que yo querría que enseñara. Su minifalda muestra claramente sus piernas morenas y torneadas. Sería muy raro que los policías no se fijaran. Ella se percata de la situación y decide jugar el papel de niña buena.

Como era de esperar, mi sumisa se libra de la multa y al volver presume ante mí de saber usar sus 'armas de mujer' para librarse del castigo. Pero a mí no me ha hecho ninguna gracia el asunto. Ha coqueteado con otros hombres, y debe recibir un castigo. Le sonrío, y le digo: "Después veremos si te libras del castigo".

Una hora y media más tarde, ya en Navarra, llegamos a un restaurante de carretera, de esos de camioneros en los que se come bien y barato.

Aparto y le hago señales a mi sumisa para que aparque mi lado, detrás de un camión. Me cruzo de brazos delante de ella y le recrimino su actitud con los polis. Ella es mi sumisa y no puedo tontear con otros hombres, aunque sean policías y le pueda ahorrar una multa.

La apoyo en la moto y le doy unos cuantos cachetes en el culo. La corta falda de poco sirve en esa postura, así que siente mi mano en sus nalgas. Ella protesta, pero debe aceptar su castigo. Es su deber como sumisa.

Una vez acabado, y con el culo rojo, le ordeno que vaya al baño y se quite toda la ropa interior, mientras yo le espero en la mesa del restaurant. Ella protesta:
- "Se me verá todo"
- "No querías que te mirasen?  Pues ahora te verán todos. O es que sólo te gustan los de uniforme?  Sácate toda ropa interior, y te reunes conmigo en la mesa. No tardes"




Ella entra derechita al baño del restaurante, mientras se acaricia el culo rojizo. Le duele. Tras observar el restaurante, elijo una mesa lejana, para que ella tenga que cruzar el comedor en medio de todos los camioneros. Quiero que la vean, y que la remiren de arriba a abajo, para que se sienta avergonzada.

Lo consigo. Tímida y ligeramente molesta, intentando estirarse la falda, ella me busca con la mirada hasta que me encuentra al final del restaurante. Yo la veo y pienso para mi mismo: "Sí, sí... tú estira, que la falda no va a crecer".

Tras cruzar toda la sala y recibir las miradas de todo el mundo, se sienta avergonzada en la mesa con la falda tan corta que apenas la cubre. Sonrío, satisfecho. Mi castigo funciona.

El camarero y los camioneros de las mesas próximas fijan bien su mirada en la avergonzada sumisa. No le quitan la vista de encima. Repasan sus pechos, sus piernas y su culo. Pedimos de comer y lo celebro con un buen vino. Ella no levanta cabeza, no se atreve.

Suavemente, por debajo la mesa, jugueteo con encontrar el sexo ya mojado y excitado de mi sumisa. Ella protesta y yo la riño. Si antes se lo mostró a los polis, a mi no me lo puede negar. Me deleita con su escote. Los pezones despuntan en su fina blusa y su sexo húmedo ha dejado huella en la silla. Disfruto del momento mientras ella se avergüenza en silencio. Sabe que la están mirando.

Pago la cuenta, agarramos las motos y seguimos el viaje. Mi protegida va detrás mío sin infringir las normas de circulación, ha entendido el mensaje. 5 minutos mas tarde, llegamos a un bosque apartado, y busco un buen lugar. Aparcamos, y la obligo a bajar de la moto.

Repito la operación de azotarle el culo un rato. Después le marco un lugar y le ordeno arrodillarse ante mí.

Agarro una fusta que llevo en la moto, la muevo y doy un fuerte golpe en la suela de mi bota. La sumisa se asusta, el sonido de la fusta resuena como un trueno.

Sigo riñéndola por su coqueteo. Le ordeno levantarse y desnudarse. Ella temerosa y avergonzada obedece al ritmo del sonido de la fusta que indica qué prenda desprenderse. Hasta quedar totalmente desnuda.

La miro, le llamo 'Preciosa', y le recuerdo que ella es mi tesoro, que no puede comportarse como una vulgar putita ante la gente, pues es de mi propiedad y me pertenece en cuerpo y mente. Le repito, por si no se acuerda, que yo soy el dueño de su sexualidad.

Con suavidad, meto la mano entre el escote, hasta alcanzar sus pezones, con la idea de pellizcarlos. Así lo hago, primero suavemente, y luego mas fuerte, incrementando la presión. Sé que le duele, pero eso es lo que quiero. Entonces le azoto el culo un poco más, y la ato con las cuerdas del equipaje de la moto a un árbol. Ella queda expuesta y atada a mi merced, dándome su culo.

Agarro un látigo y le digo que va a recibir su merecido castigo. Ella gime temerosa.
- "Zasss...", llega el primer golpe y su cuerpo se tambalea a la vez que emite un grito ahogado. Yo la observo.
- "Zasss...", llega un segundo golpe, en la otra nalga. Nunca doy en el mismo sitio, reparto el dolor.

La lección de castigo sigue un buen rato, entre quejas y sollozos. De vez en cuando, cada 3 o 4 azotes, acaricio su culo y su sexo, como parte de la tortura. Sé de buena tinta que a estas alturas, el dolor y el placer se entremezclan volviendo loca a mi sumisa.

Después del castigo, y cuando ya noto que está mojadita del todo, desabrocho mis pantalones, y saco mi polla, dura, tiesa completamente. Ese culito rojo respingón incita a sodomizarla, y eso es lo que voy a hacer.

- "Has sido muy puta, sumisa, y muy zorra. No me ha gustado la manera en que has tonteado con los policías. No quiero que vuelvas a dar motivo, a ningún policía, para que te multe. Y para que te quede muy clarito de que estoy enfadado, pienso petarte el culo, como castigo.".

Dicho eso, sin desatarla del árbol, y acercándome a ella por detrás, meto mi polla hasta el fondo, en su culito, clavándosela entera. Mi sumisa, con un 'Ay' en su boca, aguanta las embestidas de su Domine, que se siente satisfecho de ver que su sumisa está aprendiendo la lección. No es la primera ni la segunda vez que meto mi polla en el ano de mi alumna, pero normalmente suelo hacerlo en la cama, en una mejor posición, con cremita, y con mas cuidado.

Hoy no, hoy es un castigo y quiero petarle el culo a mi sumisa. Tras una serie de empujones, agresivos y violentos, saco mi polla y vuelvo a azotar a mi sumisa, tres o cuatro veces.

De nuevo, vuelvo a clavar mi herramienta en el ano de mi sumisa, enterito. Ella sigue gimiendo, y sollozando. Incluso puedo ver una lágrima caer de sus ojos. Está desnuda, en el bosque, atada a un árbol, y siendo sodomizada por su Amo. Tras una serie de embestidas, cuando noto que falta poco para correrme, vuelvo a sacar mi polla para azotarla otra vez, cuatro o cinco veces. Eso me sirve para bajar un poquito mi excitación y alargar la sodomización de mi protegida.

Finalmente, después de repetir la jugada 3 o 4 veces, me dispongo a follarla ya hasta el final. Introduzco de nuevo mi polla, dura como una piedra, en su trasero, y comienzo a bombear de nuevo, empujando con fuerza, embistiendo con mi alma, para que ella sienta como mi pene penetra su ano. Finalmente, mi excitación llega al máximo, y un río de semen inunda su colon, acompañado de un gemido largo y profundo... Ha sido una corrida importante.

Exhausto, después de haberme corrido en su culo, me acerco a su oído y le pregunto:
- "Mi putita, no volverás a tener multas, verdad?"
- "No mi Domine, seguiré siempre sus pasos y no volveré a correr"
- "Perfecto, eso es lo que quería oír. Veo que vas aprendiendo de tus errores."


Pdta: Una idea producto de la mente de mi ex-sumisa Violant.

lunes, 27 de abril de 2015

Carta a mis sumisas

Hola, mis sumisas.

Como ya sabéis, porque así os lo dije la semana pasada, he aceptado a una nueva sumisa, Marian. Quizás debería haberos avisado antes, pero decidí no hacerlo y sé que para alguna de vosotras ha resultado dificil de entender, pero no debéis tomarlo así.

Desde el principio he querido tener 2 sumisas reales, y NUNCA me planteé la posibilidad de tener una sumisa en remoto. Aún así,  apareció Cristal en mi vida, y su fuerza y su deseo me empujó a aceptarla también como sumisa en remoto. Ahora aparece Marian y con ella cierro el cupo. No voy a aceptar más sumisas que vosotras 3. De hecho, ya sois demasiadas, pero la decisión de adoptar a Cristal es firme y no la voy a cambiar.

Os pido por favor que no luchéis entre vosotras, que no os veáis como contrincantes ni enemigas, sino como hermanas. Hermanas que atienden y que obedecen a un mismo amo. Las tres deseais lo mismo y a las tres trataré por igual.

Violant, sé que eres la primera y sé que te sientes insegura y débil con respecto a mis otras sumisas. Cuando te acepté como sumisa ya sabía de tus problemas y de tu inexperiencia. Te tomé como un reto, el reto de formarte como sumisa y como amante. Desde entonces he visto como mejorabas y como aprendías de mí. Sé que a veces me cuesta ser paciente contigo, y que hemos tenido malos momentos, pero no he acabado mi trabajo contigo. Debo hacer de ti una amante experta y sumisa, y así lo haré. No temas a Cristal ni a Marian, no pienso dejarte mientras sigas mejorando. Ese es tu reto, mejorar y avanzar hasta entregarte a mi por completo.

Cristal, tu fuerza y tu pasión me cautivó desde el principio a pesar de que nunca había tenido una relación en remoto ni pensé en tenerla. Sé que eres una amante excepcional, y detecto que estas empezando a entregarte a mí como sumisa. Juntos iremos aprendiendo poco a poco como moldear nuestra relación y a mantener el fuego encendido a pesar de la distancia. Sé que sientes envidia de tus hermanas sumisas por no poder tocarme ni poder complacerme, pero deberás aprender a convivir con eso. Seguiremos avanzando.

Marian, todo esto es nuevo para ti, una recién llegada a este mundo. Quiero decirte que trataré de enseñarte y de educarte en el juego de la sumisión. Recuerda que esto es un juego para disfrutar y descubrir tu propia sexualidad. Tómalo como tal, y disfruta de él.

Quiero que sepáis que las tres tenéis mas o menos la misma edad, y que os voy a tratar a las tres por igual. Sois mis sumisas y yo soy vuestro Domine. Prometo protegeros y cuidaros como tal.  Respetaré vuestra identidad y mantendré en secreto todo aquello que pueda poner en peligro vuestra privacidad.  Asimismo, os pido discreción absoluta y respeto hacia mi vida privada.

Violant. Carta a mi Sr. Domine

Mi Sr Domine me comunica que está en conversación con otra sumisa, que quiere tener dos sumisas con él.

Mi mente estalla. Los celos, algo prohibido en BDSM, surgen en mí. Lloro, no quiero perder a mi Domine, y temo no poder competir por él.



Mi Sr Domine me tranquiliza, me recuerda las normas y me dice que si no quiero no la veré. Pero no es eso, yo sí la quiero conocer. Quiero saber con quien comparto a mi Sr Domine, quien tiene también el tesoro por el que yo día a día voy aprendiendo mi rol de sumisa. Me dice mi Sr Domine que no va a dejarme, que tengo que mejorar y considerar a marian como una hermana. Le pregunto cómo es ella y la descripción es buena. Me siento más tranquila.


Sentimientos confusos cruzan mi mente. Deseo y miedo a perder lo que más ansío.

¿ Cómo ser amiga y hermana de marian y compartir a mi Domine ? 



Ella es más experimentada. Me gana en eso. Aun me queda mucho por aprender. Me dijo en su último mail que estaba contento conmigo, que quería subir mi nivel. No puedo perderle. Me siento algo perdida y curiosa a la vez por saber quién es esa hermana. Será buena conmigo ?


Mi Sr Domine es mi ser, mi sentir, mi respirar... es mi sexualidad,  yo se la regalé. Él me cuida y me protege, me hace crecer dentro de este mundo.

¿ Como esta pequeña sumisa puede aprender mas rápido ? ¿ Cómo llegar al nivel de su nueva hermana ?



La pequeña sumisa tiene miedo de perder a su guía, a su Domine.



¿ Cómo la pequeña sumisa podrá mejorar rápidamente para no sentirse torpe delante de su nueva hermana ?  Ella no tiene la experiencia de sus nuevas hermanas cristal y de marian, todo lo que sabe se lo ha enseñado su Sr Domine. Algún día será tan buena amante como ellas.



La experiencia es algo que la pequeña sumisa debe aun obtener, paso a paso, pero lo lograra. Violant es una alumna constante y no pierde la ilusión.


La pequeña sumisa sueña con su Domine, espera verle, espera saber de él, cumple sus deberes, y espera el próximo mail. Tal vez uno de estos días comparta la experiencia de ver a la nueva sumisa .


Ya se verá.... el Sr Domine decidirá…


Violant, la pequeña sumisa

Spanking, una sumisa azotada y educada en el tren


Cuando irrumpió con el paso acelerado en el amplio hall de la estación, con su faldita corta de vuelo ondulando al ritmo de sus pasos y sus tacones resonando contra las paredes, llamó la atención de todos los presentes. Estaba acalorada, a pesar de que siguiendo las instrucciones de su Tutor, ese día no llevaba ropa interior, lo cual provocaba que sus pechos se intuyeran de forma más que evidente a través de la seda de su blusa. Estaba nerviosa por el encuentro al que se dirigía, se había cambiado como cien veces antes de salir de casa, lo cual había hecho que llegase a la estación muy justa de tiempo, corriendo, a falta de 10 minutos y… ¡sin el billete! Dos semanas con el billete preparado y ahora se daba cuenta de que se le había olvidado encima de la de mesa. Al acordarse de ello frenó en seco, mirando a su alrededor aturdida, sin saber si dirigirse hacia el arcén y colarse billete, o a la taquilla y arriesgarse a perder ese tren.

De pronto alguien llamó poderosamente su atención; un hombre alto, elegantemente vestido, impecable, que la miraba divertido por encima de las páginas de su periódico. Inmediatamente algo en él destacó ante su mirada; una pulsera de cuero con un símbolo Triskel grabado a fuego. Ese hombre pertenecía a su mundo y de pronto se sintió a salvo.

Él ya se había fijado en ella, por supuesto, su aspecto y su actitud eran “rotundos” en el amplio espacio casi vacío, y el símbolo que llevaba colgando al cuello, un Triskel como el que él lucía en su muñeca, le había dicho que esa muñequita, de una forma u otra, estaría a su servicio en breve. Al verla desconcertada y como perdida, dejó a un lado su periódico y se acercó a ella decidido:

- Pareces necesitar ayuda, preciosa –dijo él, acercando un dedo para acariciar el símbolo plateado de su collar-. ¿Le importará a tu Amo que otro Domine te saque de tu apuro?
- No, Señor –contestó ella bajando la mirada-, no tengo Amo todavía. Estoy aprendiendo con un Tutor que me está preparando para un Domine que está interesado en mí, pero aún no me ha acogido bajo su protección.
- Entonces ¿Cuál es tu problema, sumisa?
- He olvidado el billete en casa y necesito tomar ese tren, pero no tengo ni dinero para sacar otro billete y el tren está a punto de salir.
- ¡Qué casualidad! Yo debo tomar el mismo tren. No te preocupes, yo he reservado un compartimento, tomaremos el tren y en cuanto veamos un revisor le explicaremos la situación y yo pagaré tu billete. Vamos, camina delante de mí.
- Muchas gracias, Señor –dijo ella evidentemente aliviada.

El Profesor Domine se colocó tras ella, mirando el bamboleo de su faldita y las nalgas que por momentos asomaban bajo la tela, sobre todo al subir los empinados escalones del vagón. Su culito era redondo, sutilmente bronceado, con una piel suave a la vista… perfecto para ser azotado. Él se moría por comprobarlo.

Una vez en el compartimento, sentada frente a él, ella sacó de su bolso un Tablet y empezó a leer, mientras los músculos de su cuerpo se tensaban por momentos. El Profesor la miraba curioso, viendo cómo por momentos separaba sutilmente las piernas, o arqueaba un poquito su espalda como ofreciendo sus pechos…

- ¿Qué lees, sumisa?
- Repaso las posturas, Señor. Debo aprenderlas y practicarlas por orden de mi Tutor.
- ¿Quieres que te ayude a practicarlas?
- Eso sería estupendo, Señor.

El Profesor Domine cerró las cortinillas de las puertas del compartimento y se sentó relajado frente a la chica, observándola con detenimiento de arriba abajo.

- Primera postura –comenzó a recitar la sumisa-, de pie, con los talones elevados, con las manos a los lados, sacando un poquito el culo y con la espalda arqueada para mostrar los pechos, cabeza humillada y mirada baja.
- Necesito que te quites la blusa para ver si es correcta esa posición, sumisa.
La chica se sonrojó por un momento, y miró directamente a los ojos del Profesor.
- Sabes que eso es intolerable, niña, no debes mirar nunca directamente a tu Domine a menos que él te ordene. Creo que voy a tener que adiestrarte. Obedece, quítate la blusa y adopta la posición she-sleen, ¿la conoces?
- Sí Señor –dijo ella bajando inmediatamente la mirada-.
- Pues, ¿a qué esperas?

Ella, cohibida, se desabrochó la blusa y se la quitó, dejándola sobre uno de los asientos, y se puso de rodillas y apoyó las manos en el suelo, quedando a cuatro patas frente al Profesor Domine. Él repasó minuciosamente su postura, viendo su cabeza agachada, sus pechos desnudos apuntando al suelo, la espalda perfectamente plana, las piernas separadas ofreciéndose. Tras tenerla así un par de minutos, el Profesor apartó su falda subiéndola hacia la cintura, descubriendo completamente su culito redondo y apetecible, acariciando su piel suavemente y sintiendo cada una de sus curvas. Ella no lo esperaba, soltó un respingo y volvió a girar su cabeza para mirar al Profesor.

- ¿Otra vez, sumisa? Vas a necesitar unos cuantos azotes para que no olvides nunca que eso no lo debes hacer.

Ella, avergonzada, volvió a bajar su cabeza, humillándola para marcar su sumisión. El Profesor dejó un momento la mano abierta sobre una de sus nalgas, para calentar la piel un poquito, mientras le daba instrucciones a su joven alumna:

- Ahora voy a azotarte, sumisa. No quiero que te muevas ni un milímetro, mantén la postura pase lo que pase. Quiero que cuentes los azotes, inmediatamente y en voz baja, pero que yo te oiga, y que des las gracias por cada uno de ellos diciendo “Gracias, Profesor, por usar mi culo de puta”. ¿Lo recordarás?
- Sí, Profesor –dijo ella, mientras sentía como su coñito se humedecía con solo oír esas palabras.

El Profesor Domine apretó un poquito los dedos que aún apoyaba sobre su culito, pellizcando sutilmente su nalga izquierda y rápidamente separó la mano y propinó el primer azote a la sumisa.

- ¡Uno! Gracias, Profesor, por usar mi culo de puta.
- Más bajo, no quiero que se entere todo el vagón de lo que estamos haciendo –dijo el Profesor mientras pasaba las uñas por la piel recién azotada, causando en ella un pequeño estremecimiento.

Aquello iba a llevarle su tiempo, así que se quitó la chaqueta, se dobló los puños de la camisa hacia arriba remangándose y volvió a poner su mano blandamente sobre la piel recién azotada, moviéndola para acariciarla suavemente. De repente, separó su mano y volvió a lanzarla para impactar en la misma zona exactamente.

- ¡Dos! Gracias, Profesor, por usar mi culo de puta.
- Así mejor. No te muevas, sumisa –acariciando de nuevo la zona enrojecida.
- Tres. Gracias, Profesor, por usar mi culo de puta –su voz empezaba a quebrarse por la excitación, y su respiración se empezaba a descontrolar, pero ella se esforzaba por mantenerse ofrecida al castigo-. ¡Cuatro! Gracias, Profesor, por usar mi culo de puta –sintió otro azote más, justo en el mismo sitio, la piel empezaba a escocer a pesar de la caricia de la mano del Profesor Domine -. Cinco. Gracias, Profesor, por usar mi culo de puta.

El Profesor Domine estaba excitado viendo el cuerpo de aquella muñequita arrodillado, expuesto para él, apenas cubierto por una franja de tela en la cintura, con las piernas abiertas, mostrando su culito y los labios de su coñito depilado… Al pasar hacia el otro lado de su culito rozó con sus dedos la humedad que empezaba a abrirse paso entre ellos.

- Eres una perrita muy caliente, sumisa –dijo sonriendo, mientras apoyaba su mano húmeda sobre el otro glúteo de la chica-; me gusta.




La chica se sentía muy avergonzada por muchos motivos. Primero, por haber cometido un fallo tan tonto como aquel, segundo por estar siendo usada por un perfecto desconocido como era el Profesor Domine para ella, pero sobre todo por la evidente posibilidad de que alguien abriese la puerta del compartimento y por estar tan cachonda con toda aquella situación. ¡Y esos azotes!


Esos azotes, esas palabras, estaban consiguiendo que su deseo creciera sin poder controlarlo, tal vez por eso con el siguiente azote junto con su “Seis. Gracias, Profesor, por usar mi culo de puta” su voz se entremezcló con un sonoro gemido. Él dejó la mano pegada a su piel, estirando los dedos para pellizcar toda su nalga, tensando su piel y abriendo su culito y los labios de su coño con ese movimiento. La respiración de la sumisa era rápida y sonora, su pecho se movía al ritmo, haciendo cada vez más evidente su desnudez.


El profesor no podía dejar de sonreír al propinar el siguiente azote… y al siguiente… y el siguiente… y al observar la vibración que éstos causaba en la carne, y al acariciar con sus uñas la zona enrojecida, y al pasar sus dedos arriba y abajo por la rajita expuesta de la sumisa… “Siete. Gracias, Profesor, por usar mi culo de puta… Ocho. Gracias, Profesor, por usar mi culo de puta… mmmmm ¡Nueve! Gracias, Profesor, por usar mi culo de puta”.


Al llegar al “Diez. Gracias, Profesor…” el Profesor Domine sentía la piel de su mano ardiendo. Quería continuar con ese castigo que tanta satisfacción le estaba reportando, pero no quería seguir usando su mano, así que, a falta de un instrumento más apropiado, se quitó el cinturón que llevaba puesto, lo dobló cogiéndolo por los extremos y volvió a prestar su atención a la chica que seguía a cuatro patas con respiración jadeante. El primer azote con el cinturón, que fue a impactar en horizontal, a sus dos nalgas y a sus labios ofrecidos, causó un grito de dolor en la chica. Intentó retomar su posición inmediatamente y controlar el tono de su voz para decir “Once. Gracias, Profesor, por usar mi culo de puta”. La franja sonrosada que había quedado marcada en la piel de la sumisa era un aliciente delicioso para el Profesor. Sin dar a la chica tiempo para contar y agradecer, fue repartiendo azotes por todo el culito y los muslos de ella, enrojeciendo toda la zona, y deleitándose con aquella visión. Al llegar al número “Veinte…” se detuvo, dejó su cinturón a un lado y volvió a acariciar aquel culito y aquel coñito ofrecido.


- Se te ha puesto muy rojito, sumisa, con veinte azotes nada más. Deberías ir azotándote tú misma en casa para ir acostumbrando tu piel a los castigos. ¿Llevas en tu mochila algún tipo de crema?

- Sí, Señor.

- Pues no te muevas, que te voy a poner un poquito.


El Profesor Domine sacó de la mochila un tubo de crema hidratante, ayudó a la chica a incorporarse y la tumbó sobre sus rodillas con el culito hacia arriba. La crema fría, junto con la suave caricia del Profesor sobre su piel sensible, llevó a la sumisa a un estado de excitación extremo.  


- Te has portado bien, sumisa. Estoy seguro de que tu futuro Amo podrá sentirse muy orgulloso de ti –dijo Él mientras untaba la crema y acariciaba al mismo tiempo el pelo de la chica.

- Gracias, Profesor.


Una voz anunció por la megafonía que el término del viaje estaba próximo, así que la chica volvió a ponerse la blusa y ayudó al Profesor Domine a ponerse el cinturón, cerrar los botones de los puños de su camisa y colocarse bien la chaqueta.


Una simple sonrisa entre ambos sirvió de despedida y el Profesor Domine vio cómo esa muñequita se alejaba para encontrarse con su Tutor, mostrando la rojez de sus nalgas y sus muslos con el bamboleo de su minúscula faldita.