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martes, 26 de abril de 2016

Video porno amateur: otro trío con mis sumisas



Aquella sesión iba a ser diferente. Yo llevaría una máscara de cuero y una peluca que ocultaría mi identidad, al igual que mis sumisas 'puta' y 'zorra'. Íbamos a grabar un video porno amateur, y quería ocultar nuestras identidades.

Como era de esperar, las dos se presentaron puntuales en el sitio consensuado. Ya se conocían de antes, y ya habían tenido varias sesiones conjuntas en las que las había obligado a tener relaciones lésbicas entre ellas. Podemos decir que mis dos perritas disfrutaban comiéndose el coñito la una a la otra. Con las dos vestidas de pié en el centro de la habitación comenzó el espectáculo. Agarré la cámara, y comencé a grabar:

- Bien, sumisas, ya sabes cómo empieza esto. Quiero que puta desnude a zorra, con cuidado, con mimo.

Dicho y hecho, mi sumisa puta comenzó a desnudar a zorra, quien se mantenía de pié en medio de la sala, sin decir nada. Primero la blusa, luego la falda, los zapatos, el sujetador, y las braguitas... en apenas un minuto ya tenía a mi primera sumisa en ropa interior.

- Colócate a 4 patitas encima de la cama, mostrando su culito a la cámara, zorra.

Así lo hizo, obediente. Yo aproveché para repasar con mi cámara cada uno de los rincones de su cuerpo. Quería mostrar al mundo su conejito depilado y sus pechos erguidos.

- Ahora quiero que azotes y masturbes a tu amiguita, puta. Comienza con un par de azotes y unas caricias en su conejito. Luego continuarás con unos pellizcos en los pezones, seguidos de otros azotes. Ya sabes cómo me gusta hacerlo a mí.

Sin perderme ni un gramo de la acción, fui grabando con cuidado cada uno de los azotes. Ella sabe cómo me gusta azotarlas, y así lo hizo ella misma. Primero 2 azotes en una nalga, acompañado de una caricia. Dos azotes en la otra nalga, para deslizar luego la mano por la raja del culito, buscando el coñito de mi otra sumisa, con la idea de ir poniéndola cachonda poco a poco.

Luego otros 2 azotes en cada nalga, mientras con la otra mano pellizcaba los pezones de zorra. No tardó  mucho en estar cachonda como zorrita que es, y en tener los pezones duros e irritados. A continuación, tras indicaciones mías, puta introdujo un plug en el culito de zorra para continuar luego azotando su culito, ya rojo.


Tras unas nalgadas más, continuó introduciendo un consolador en el coñito de su compañera, lo que excitó aún más a su hermanita. De la misma manera que yo suelo hacer con ella, puta comenzó un ritual en el que simultaneaba los azotes en las dos nalgas, los pellizcos en los pezones, el movimiento de los dos consoladores, y las caricias en el clítoris.

Yo continuaba la grabación, repasando el cuerpo de mis dos sumisas, mientras podía oír como zorra se excitaba más y más hasta casi llegar al orgasmo.

- Basta, puta. No quiero que se corra así. Ahora voy a azotarla yo, mientras tú le comes el coñito. Quiero que se corra con tu lengua, puta.

Obediente como siempre, puta sacó el consolador del coñito de zorra y tras ponerse de rodillas detrás de ella, comenzó a pasa la lengua por el chochito mojado de su amiguita, que se retorcía de placer. Viendo la situación tal y como estaba en aquel momento, decidí que era el momento de hacer sufrir también a puta, con lo que opté por agarrar otro plug e introducirlo en su culito, y meter otro consolador en su coñito.

La visión en aquel momento que teníamos la cámara y yo era maravillosa. Mi sumisa zorra se encontraba a 4 patas, en la cama, con un plug en el culito, sus nalgas rojas, al borde del orgasmo, y con puta detrás suyo, también a 4 patas, con los dos agujeritos penetrados... Fantástico.

Mi primer objetivo era grabar el orgasmo de zorra, así que acudí a la parte delantera de aquel trenecito, para ayudar a puta en su cometido. Saqué primero el plug de su culito, para introducir luego el consolador que antes había estado en su conejito. El grito de mi sumisa me dejó claro que lo había notado, de sobras.

Sin dejar de grabar en ningún momento, comencé a masturbar el culo de mi sumisa mientras la otra continuaba comiéndole el coñito. Los gemidos de zorra ya se hacían notar con ganas, estaba al borde del orgasmo y estaba siendo comida y follada a la vez. No tardó mucho en correrse como una perra, momento en que aproveché para dejarlas descansar un rato. Aun así, volví a introducir los dos aparatitos en los agujeritos de mi sumisa.

Como era de imaginar, yo ya había trempado y me sobraba la ropa. Tras una orden, mis dos protegidas se arrodillaron ante mí, cada una con su consolador y su plug, y comenzaron a desnudarme. Me gusta obligar a mis sumisas a desnudarme mientras tienen sus agujeritos penetrados, no les permito sacarse los juguetitos.

- Bien, sumisas... ahora quiero que miréis a vuestra hermanita, arrodilladas ante mí, y que os masturbéis la una a la otra.

El ejercicio requería una cierta coordinación, pero no tardaron mucho en alcanzarla: zorra agarró el consolador que puta tenia entre las piernas, y comenzó a masturbarla, mientras puta hacia lo propio con zorra. Las dos, frente a frente, podían verse la cara mientras disfrutaban.

- Ahora quiero que con la otra mano pellizquéis los pezones de vuestra hermanita.

Obedientes como siempre, mis dos alumnas procedieron a cumplir mi orden, pellizcando así los pechos de su compañera. La imagen era maravillosa vista desde la cámara. Las dos perritas, separadas por centímetros, estaban una delante de la otra, desnudas, masturbándose y pellizcándose la una a la otra. Grabé el instante durante unos segundos, captando como disfrutaban, cuando noté que en aquella imagen faltaba algo.

Poco a poco, me acerqué hacia ellas, hasta el momento en que pude colocar mi polla entre sus dos bocas, enfocando la imagen desde arriba.

- Sin dejar lo que estáis haciendo, perras, quiero que saquéis vuestras lenguas y que lamáis el pene de vuestro Amo. Chupad mi polla, sumisas.

Unos segundos más tarde, pude sentir con satisfacción como las lenguas de zorra y puta acariciaban mi glande mientras ellas continuaban masturbándose y pellizcándose la una a la otra. Los gemidos se entremezclaban y podía notar como las dos se ponían muy, muy, muy excitadas.

Con suavidad, comencé a meter mi polla en la boca de cada una de ellas, intercambiando cada 10 segundos de perra. Quería grabar como metía y sacaba la polla de la boca de mi sumisa, para después meterla en la boca de la otra.

Tras unos minutos jugando con ellas en esa posición, pude escuchar como zorra volvía a correrse de gusto. Sus gemidos eran distintos a los de su compañera, y en ese momento caí en la situación de que puta no se había corrido aún. Su hermanita zorra ya llevaba dos orgasmos y ella ninguno. Eso no era justo.

- A ver, puta, túmbate en la cama, boca arriba, con la cabeza al borde de la cama. Y tú, zorra, colócate encima de ella, comiéndole el coñito, de manera que tu culito quede a la altura de su boca, y de mi polla.

La posición era exactamente la que yo quería. Un perfecto 69, con mis dos sumisas, de manera que la cabeza de puta y el chochito de zorra quedaban al borde de la cama, donde yo iba a colocarme.

Sus culitos seguían penetrados por un plug, lo cual yo aproveché para seguir masturbando a puta hasta el orgasmo. No tardé mucho en oír sus gemidos, y en notar como estallaba de placer. Llevaba excitada rato, y era normal que se corriera. Su Amo masturbaba su culo mientras su hermanita zorra lamia su clítoris.
 
Tenía todo grabado, y reconozco que me gustaba el video tal y como iba hasta entonces, pero faltaba una cosa. Seguía faltando mi pene en aquella grabación. Rápidamente, me dirigí otra vez al borde de la cama, donde me había guardado el espacio que yo quería.

Tras azotar un par de veces su culo, introduje mi polla en el coñito de zorra, quien respondió con un respingo al sentirse penetrada. Mi otra sumisa, puta, observó con curiosidad como donde antes tenía un coñito para lamer, ahora habían los huevos de su Amo. Como buena sumisa, esperó mi orden para comenzar a lamer, cosa que hizo gustosa.

Mientras mi polla atravesaba el coñito de una de mis protegidas, mis huevos eran lamidos por la otra. Igualmente, mi sumisa follada lamia chupaba el conejo de su hermanita, que a su vez lamia mis pelotas. Para colmo, el culito de cada una de ellas seguía penetrado con sus correspondientes plugs. La imagen era maravillosa.


Cada X segundos, yo sacaba mi polla del coñito de zorra, para ofrecérsela a puta, quien lamia bien mi miembro, saboreando los jugos de su amiguita. Mientras, yo grababa la escena con cuidado, que me parecía de lo más excitante que podía haber.

Después de unos minutos jugando, con mi verga dura como una piedra, y habiendo escuchado ya como mis dos sumisas se corrían otra vez (una con mi polla y la otra con la lengua de su hermanita), faltaba el momento final del video, quería grabar mi leche corriendo por tus caritas de perra.

- Bien, perras. Ya habéis disfrutado de la fiesta, y va siendo hora de que hagáis disfrutar a vuestro Domine. Arrodillaros las dos, ante mí, y lamed mi polla. No quiero que os traguéis mi leche, quiero grabar como mi semen sobre vuestra cara, y como laméis luego el liquido de la cara de vuestra hermanita.

Mis dos perritas, cachondas, excitadas, corridas y obedientes como siempre, se apresuraron a bajar de la cama y a arrodillarse otra vez ante mí, con el objetivo de lamer mi polla. Desde arriba, el espectáculo estaba asegurado. Mi mano izquierda sujetaba la cámara, que grababa en alta definición a mis dos sumisas lamiendo mi polla. Mi mano derecha sujetaba la cabeza de mis sumisas alternativamente, mientras yo hundía mi pene en la boca de cada una de ellas.

Apenas 2 minutos más tarde, mi pene estaba a punto de explotar, y era momento de grabarlo con todo tipo de detalle. Saqué mi polla de la boca de una de mis sumisas, y retrocedí unos centímetros, para poder captar mejor el momento.

- Juntaros delante mío, perritas, y sacad vuestras lenguas. Quiero que repaséis el glande con pasión, hasta conseguir vuestra leche, sumisas. No la traguéis, recibidla en vuestra cara...

Ahí estaban mis dos sumisas, desnudas, arrodilladas ante mí, con mi polla en sus labios, y sus lenguas repasando mi glande. Mi polla, completamente excitada, dura y roja como un bote de kétchup, estalló de placer, y un chorro de leche, blanca y espesa, fue a parar a la cara de mis perritas. Mis gemidos se grababan en la película, a la vez que mi líquido espeso manchaba la carita de puta y zorra. Ellas, obedientes y con ganas de satisfacer a su amo, se limitaban a lamer el glande con la punta de sus lenguas, y a recibir su alimento.

Su cara era un mapa, extasiadas, felices, orgullosas, y manchadas de leche, del semen de su Amo que había estallado de placer. Yo estaba contenta con ellas. Habían hecho el trabajo bien, y el video tenía muy buena pinta. Merecían un regalo, merecían tomarse la leche de su Domine, ahora esparcida por sus caras.

- Bien sumisas, estoy contento con vosotras. Ahora, puta, vas a lamer todo mi semen de la cara de zorra, y te lo vas a tomar. Y tú, zorra, vas a hacer lo mismo con la leche que hay en el rostro de puta. Recordad que eso es el semen de vuestro Amo, es vuestro alimento y no podéis desaprovecharlo. Lamed.

La sesión terminó como siempre suelen terminar mis sesiones, con un baño en el que ellas debían limpiarme en profundidad antes de irme. Pero aquella sesión no era una sesión cualquiera. Aquella sesión había quedado registrada y guardada para el futuro. Un trío lésbico que podría revivir cuando yo quisiera en mi TV.

Mi propio video porno amateur.

jueves, 14 de abril de 2016

La ninfomana cachonda en la consulta del médico.



Era un jueves como cualquier otro, aburrido y tedioso en la consulta. Los pacientes pasaban de uno en uno, explicando sus dolencias y buscando solución a sus enfermedades. 

Hacia las 12 del mediodía, apareció Alex. De unos 40 años, era guapa, elegante, y mantenía una buena figura. Tras hacerla sentarse, le pregunté cual era su problema.

- Es difícil de explicar, Doctor Domine. No sé si es un problema físico o psicológico. - Se la veía nerviosa y un pelín inquieta, como si no estuviera a gusto.
- Bueno, cuénteme que le pasa, e intentaremos ayudarla en lo que sea.
- Verá, Doctor, es que noto que últimamente, por lo que sea, tengo una mayor facilidad para excitarme sexualmente, sin motivo, y sin saber el porqué...

Y así, de repente, me lo suelta. Aquella mujer, que me atraía sexualmente, me contaba que se ponía cachonda sin más, sin más motivos. Habría que aprovechar aquella situación.

- Bien señorita.... Alex. Eso podría deberse a una enfermedad llamada Hipersexualidad que aumenta la libido de las personas.
- ¿Y cree que se puede curar?  Es que últimamente comienzo a tener la sensación de ser una ninfómana, todo el día cachonda.
- ¿Todo el día, señorita?  ¿Está excitada ahora mismo?
- Si, Doctor Domine, no puedo controlarlo.

Aquella situación me estaba poniendo cachondo a mí también, o sea que había que hacer algo para arreglar esa situación.

- Bien, debemos comprobar si esto es un problema físico o psíquico. Necesito que se desnude y se coloque de pié en el centro de la habitación.
- ¿Desnuda completamente, Doctor?  Me parece un poco raro...
- Debo acceder a sus zonas erógenas, señorita Alex, con el fin de saber si se pone usted cachonda por un tema físico o mental.
- Vale - dijo mirando al suelo y comenzando a desnudarse. Se la veía vergonzosa y nerviosa.

Creo que ella esperaba que la enviara al psicólogo, pero yo tenía otros planes para ella. Unos segundos más tarde, Alex estaba desnuda completamente para mí, en el centro de la consulta. Sus pechos eran firmes pese a su edad y su culito tenía el tamaño adecuado.

- Bien, ahora voy a tocarla en según que zonas y usted deberá decirme si le excita o no.

Tras asentir con la cabeza, quedaba muy claro que en el fondo ella ya estaba cachonda. Estaba desnuda, delante del Doctor Domine, sabiendo que iba a meterle mano con la idea de excitarla. De por sí, sólo esa imagen ya la excitaba, y yo podía notarlo.

Suavemente, comencé a pasar mi mano por su culo, acariciándolo. Pude notar como un leve escalofrío pasaba por su cuerpo. Con cuidado, coloqué mis dos manos en sus dos nalgas y comencé a acariciar su trasero con mayor intensidad.

- ¿Le excita que la acaricie, señorita Alex?
- Sí, Doctor - Su voz sonaba entrecortada, como si se hubiera quedado sin aire.

Sin dejar de acariciar su culo, me dirigí a la parte delantera donde comencé a acariciar sus pezones, ya duros. Intentaba no mirarme a la cara, para intentar que aquello no fuera algo personal, pero no pudo evitar mirarme a los ojos. Tras colocarme delante de ella, mis manos se habían centrado ya en sus dos pezones, que pellizcaba suavemente, aumentando la presión poco a poco. 

- Sé que es usted un profesional, Doctor, pero para mí esta es la primera vez, y me está costando controlarme.
- No se preocupe, señorita, yo sé lo que me hago. ¿Le excita que le pellizque los pezones, Alex?
- Mucho, Doctor Domine... - Tardó unos segundos en responder, se la notaba ya nerviosa y cachonda perdida.

Mirándola a la cara, fui bajando la mano derecha hasta alcanzar su coñito, afeitado y mojadito. Ella no pudo evitar dar un respingo y mirarme a los ojos otra vez. Le estaba acariciando su chochito. Sin dejarla hablar, y mirándola fijamente a los ojos, comencé a masajear su clítoris, con suavidad primero y más intensamente después.

Su respiración se había disparado y era el momento de entrar a matar. Metiendo el dedito entre sus labios inferiores, accedí a su conejito. Tras abrir ligeramente las piernas, para permitir que accediera mejor, ya no pudo apartar su mirada de la mía. Estaba mojada completamente, y sus ojos me pedían que la follara.

- Y esto, señorita, ¿le excita esto?
- Sí, Doctor Domine. Si sigue usted acabaré corriéndome.

Eso no podía permitirlo, no aún. Tras sacar mis deditos mojados del chochito de aquella mujer, deslicé esa misma mano hacia el trasero de Alex, buscando su ano. Rápidamente, encontré aquel agujerito, entre sus dos nalgas, esperando a ser penetrado. 

Ella me miraba sorprendida, asustada, como preguntándose si sería capaz de hacer lo que parecía que iba a hacer. La repuesta no tardó en llegar. Sin dejar de mirarla, atravesé con mi dedo mojado su ano, introduciéndolo hasta el fondo, lo que provocó un leve gemido de mi paciente. Sin dejarla descansar, comencé a sodomizar su culito, penetrándola con cuidado, pero sin pausa. Igualmente, aproveché la otra mano para buscar otra vez su conejito, de manera que Alex fuera masturbada por los dos agujeritos a la vez...

- Y ahora, Alex... ¿te excita que meta mi dedito en tu culo?

Sus gemidos ya eran demasiado intensos, y se había olvidado de la visita. Solo quería sexo y ni siquiera oyó mi pregunta. Estaba al borde del orgasmo.

- Te he preguntado que si te excita que meta mi dedito en tu culo, perra - le dije elevando el tono de voz.

Fue justo en ese momento cuando pude notar cómo se corría enterita. Se había entregado completamente al juego y su orgasmo la liberó por completo. Un gemido profundo, de unos 10 segundos, salió de su garganta.

- Ahora ponte a 4 patas, Alex. Para ver si tienes algún problema, tendré que follarte enterita.

Aquella mujer, cachonda perdida, obedeció a la primera. Se apoyó en la camilla, ofreciéndome su sexo. Yo aproveché aquella situación para introducir en su culo un plug anal que tenía en la consulta, y que otras veces había utilizado con una enfermera. Pero aquella enfermera ya no trabajaba allí y ahora el plug le pertenecía a mi nueva perrita.

Tras mover aquel juguetito varias veces en el culito de Alex, comencé a azotar sus nalgas, con fuerza, a la vez que pellizcaba de nuevo sus pezones. 


- Zasss, Zasss, Zasss...

Los azotes provocaban que ella se retorciera de placer. Aquella perrita, completamente desatada, gemía y respiraba profundamente, pidiendo que la follaran. Tras un buen rato durante el que castigué repetidamente sus pezones, a base de pellizcos, sus nalgas, azotándolas, y su ano, moviendo el plug, llegaba la hora del gran final.

Como era obvio, mi polla ya estaba dura como una piedra. Me saqué la bata, desabroché el cinturón y el pantalón, y bajé mis calzoncillos.

- Ahora voy a clavar mi polla en tu coño mientras tu plug sigue en tu culito, Alex. Debes decirme si te excita o no, perra.

Y sin decir nada mas, clavé mi polla hasta el fondo en su chochito mojado. El grito que soltó fue lo suficientemente fuerte como para que lo oyeran fuera, pero no me importó lo mas mínimo. Comencé a embestir a mi paciente como si fuera el último polvo de mi vida. Cada vez que clavaba mi miembro erecto en su conejito, golpeaba igualmente el plug que aún tenía en su culito, lo cual le permitía sentirse doblemente follada, por delante y por detrás.

Agarrándola del pelo, con fuerza, y estirando hacia atrás, pude sentir otra vez como mi yegua llegaba otra vez al orgasmo, corriéndose de puro placer. Pero eso no frenó mi ímpetu; al contrario, lo incrementó.

Aumentando el ritmo, continué cabalgando aquella yegua mientras el plug penetraba su culo y yo estiraba con fuerza de su pelo. Tras unos minutos fallándola, yo estaba llegando a mi orgasmo, el cual hice coincidir con su tercer orgasmo. 

Al no llevar yo preservativo, no podía correrme en su interior. Así, me vi obligado a sacar mi verga de su conejito y a correrme en su espalda, inundándola de semen mientras acababa de pajearme. 

La imagen era perfecta. Alex estaba desnuda, apoyada en la camilla, con un plug en tu culito, y su espalda llena de semen. Se la veía extasiada, agotada. Tras limpiar mi polla y mis manos, volví a vestirme, recuperando mi aspecto normal de Doctor.

- Bien, señorita Alex. Puedo confirmarle de que efectivamente, sufre usted una enfermedad llamada Hipersexualidad, lo que le lleva a ir cachonda a menudo. Es usted lo que vulgarmente llamamos una perra en celo. Tendrá que venir aquí cada dos días para aplicarle el remedio.

- Sí Doctor Domine. - Dijo obediente.
- Pues ahora puede usted tomarse la leche, vestirse, y cuando salga pídale hora en administración para volver dentro de dos días.

Ni que decir tiene que desde entonces, Alex se ha convertido en mi paciente favorita.


Pdta.: Se llama Hipersexualidad al aumento repentino o la frecuencia extrema en la libido o en la actividad sexual. Vulgarmente llamamos 'Ninfómanas' a las mujeres que sufren de Hipersexualidad.

Para Alex, mi paciente cachonda...

martes, 12 de abril de 2016

Follando a mi ex sumisa, miranda.



Llevaba casi un mes sin tener relaciones BDSM con nadie, y necesitaba desquitarme. A falta de sumisas en aquel momento, decidí acudir a mi ex-alumna miranda. Sé que puedo contar con ella cuando sea necesario, y que sabrá atenderme si así se lo pido. Ella sigue teniendo buen recuerdo de mí, y sigue deseando que la use y la folle bien follada.

Como todos los viernes, aquel día salía antes de trabajar, y me dirigí rápidamente a casa de mi ex-perrita. Soy un hombre bastante morboso, y a veces me gusta algo tan básico como pedir a mis sumisas que me bañen y me dejen bien limpio.

Nada más llegar, ella me estaba esperando, sexy, tal y como ella sabe que a mí me gusta encontrarla. Ligerita de ropa, pero vestida. Así la imaginación tiene donde trabajar, y yo puedo entretenerme desnudándola o metiéndole mano...

- Bien, perrita, ahora vas a desnudarme, poco a poco, y vas a doblar mi ropa con cuidado para que no se arrugue.
- Si, mi Domine.

Dicho y hecho, mi alumna comenzó a desnudarme con mimo. Primero los zapatos, luego la camisa, el pantalón, y por último el calzoncillo. Sé que a ella le encanta el momento ese en que mi polla sale de debajo del calzoncillo y asoma la cabeza erguida y dura. Incluso intenta acercarse lo suficiente como para que golpee su cara mientras está arrodillada ante mí. Es un ritual en el que miranda sabe que aquella polla que tiene delante va a follarla y va a educarla. Y ella debe cuidar y mimar esa polla.

- Ahora vamos a ir a la ducha, sumisa, y deberás bañarme y limpiar mis bajos como a mí me gusta.
- Si, mi Domine.

Tras colocar el agua a la temperatura adecuada, mi perrita comenzó a poner jabón en mis partes íntimas, con cuidado, con mimo. Pasando sus manitas pequeñas por mis testículos, por mi culo, acariciando mi polla ya dura y tiesa, y enjabonando los recovecos de mi entrepierna. Me gusta mirarla fijamente mientras lo hace, porque puedo notar su cara de satisfacción teniendo mi polla y mis huevos en sus manos. No puede evitar el mirarme a la cara para ver si gesto de aprobación, a pesar de que sabe que no puede mirarme.

Tras pasar sus manos por mi verga, erguida y excitada, le ordeno que me saque el jabón y que me seque. Ella está cachonda, y sabe que después de secarme iremos a jugar. Así lo hace. Tras un aclarado, pasa una toalla suave por mis partes, cuidando especialmente las partes que luego deberá lamer.

Volvemos a la habitación, donde se arrodilla ante su Amo otra vez. Tras acercarme a ella, coloco mis huevos encima de su boca, obligándola a chuparlos. Sabe lo que tiene que hacer, y así lo hace. Lame cada uno de mis testículos con pasión, sin miedo. Al cabo de un par de minutos, retiro poco a poco mis huevos de su cara, ofreciéndole así mi miembro para que lo chupe.

- Lame la polla de tu Domine, miranda. Dame placer.

Obediente como siempre, ella comienza a pasar su lengua por la base de mi pene, repasándola de abajo a arriba, hasta llegar a la punta, donde se entretiene lamiendo la punta. Es su alimento, y sabe que debe chupar con ganas, como a mí me gusta. Una vez la tengo delante, y con mi miembro ya bien duro, agarro la cabeza de mi perrita y comienzo a follar su boca, con fuerza, metiendo y sacando mi polla de su boca.

Se acabó el chupar, ahora debe tragar rabo. Al introducir mi miembro hasta el final, hasta su garganta, no puede evitar el tener una arcada. Es justo lo que yo busco, quiero que tenga arcadas, para que entienda que ahora soy yo el que lleva el mando de la situación. Continúo follando su boca, y provocando sus arcadas, pero eso a ella no le importa, sabe que debe aguantarlas y que yo la saco antes de que llegue a más...

Tras un rato, decido sacarla bruscamente. Puedo ver como intenta recuperar la respiración, y me mira con respeto, preguntándose qué será lo siguiente. Yo ya ando muy excitado, pero no quiero correrme en su boca, y aún menos tan pronto.

- Ponte a 4 patas, sumisa. Serás mi perra hoy.

Ella, obediente, se coloca al borde de la cama, a 4 patitas, ofreciéndome su sexo.
- Zasss... - Primer azote.
- Zasss... - Otro mas - Zasss...

Se repiten las nalgadas iniciales, como una manera de iniciar el juego. Entonces paro un momentito, y aprovecho para introducir en su coñito un consolador de gran tamaño. Puedo notar lo mojadita que está, y como se estremece al notarse penetrada.

- Te gusta, zorra??  
- Zasss... - Otro azote - Zasss...

Nuevamente, elijo de la mesa un plug anal, y tras ponerle algo de cremita, lo meto en el culo de mi perrita, hasta el final. Ella responde con un respingo, al notar como su segundo agujerito es penetrado también. Ahora estamos en la posición que a miranda más le gusta. Sé que le encanta ser follada a la vez por los agujeros, y que la masturbe bien.


- Zasss, Zasss, Zasss...

Una nueva tanda, acompañada del juego que me llevo con sus dos consoladores, la ponen al límite, cachonda perdida. Me gusta agarrar los consoladores y moverlos de manera alternativa, sin dejar que se corra, pero excitándola al máximo. Cuando veo que moviendo uno de ellos está a punto de correrse, paro, y comienzo a mover el otro. De esa manera la excitación se interrumpe y comienza otra nueva. Eso la vuelve loca.

Cuando veo que ella está al borde del orgasmo, y yo ando ya cachondo perdido, coloco un preservativo en mi polla, un pelín de cremita, y tras sacar el plug de su culito, la penetro con fuerza, agarrando su pelo y estirando hacia mí. Ha llegado el momento de follarla como a la perra que es.

Ella, que aún tiene el consolador en su coño, gime de placer al sentir como mi miembro atraviesa su ano, hasta el final. Sin parar, comienzo a bombear su culo, follándola sin piedad, estirando de su pelo como se ve en las películas de la prehistoria...

- Córrete, puta, ahora tienes mi permiso para correrte.

Ella, que ya va mojada y al límite desde hace un rato, no tarda mucho en llegar al primer orgasmo. Va tan cachonda, que no pierde la excitación, y yo, que controlo la situación en todo momento, continuo el baile, y sigo embistiéndola, sabiendo que no tardará demasiado en correrse otra vez. Si sigo follándola como la estoy follando, no tardaré en correrme yo también, así que decido parar un momento.

Pero no voy a permitir que miranda tenga un solo agujero libre, o sea que vuelvo a introducir el plug nuevamente en su sitio, provocando que se corra otra vez.

- Arrodíllate ante mí, sumisa, y lame otra vez mis pelotas - le digo tras sacarme el preservativo.

Nuevamente, con ella desnuda y arrodillada ante mí, coloco mis testículos en su boca, y la obligo a chupármelos durante un par de minutos, tras los que vuelvo a realizar la misma coreografía de antes. Aparto mis huevos de su boca, ofreciéndole de nuevo la base de mi verga. Ella, obediente y extasiada, lame el tronco de mi polla de abajo a arriba, hasta llegar al glande.

- Vuelve a la cama, miranda, quiero correrme en tu coñito.

Ella, cuando escucha esa frase, vuelve rápido a la cama, esperando que por fin mi polla penetre su conejito mojado.

- Zasss, Zasss, Zasss... - Una nueva tanda de azotes antes de follarla.

Después de jugar un minutito con su aparatito y otro más con el plug, saco el consolador, e introduzco mi polla hasta el fondo, momento en el que puedo escuchar un nuevo gemido por su parte. Ahora tiene el plug en su ano, y mi polla en su vagina, hasta el fondo.

Agarrándola de nuevo del pelo, y estirando fuerte hacia mí, comienzo a embestirla otra vez, con fuerza, con ritmo, buscando mi orgasmo. Aún así, primero llega el suyo. Mi perrita continua cachonda perdida, mojada, excitada, y con poco que haya se va corriendo una y otra vez...

Tras unos minutos empotrándola contra la cama, noto que llega mi momento, y tras advertir que no llevo preservativo, saco mi polla de su coñito para correrme en su espalda. Un rio de semen inunda su espalda, acompañada de un gemido, profundo y largo, que le hace saber que me estoy corriendo.

- No te muevas, perra, me estoy corriendo en tu espalda.

Ella obedece, y deja que mi leche corra por su cuerpo. Yo aprovecho para pasar mi glande por sus nalgas, rojas, para dejar también parte de mi leche en su culito, y limpiarme así.

- Bien, miranda... me has servido bien. Ahora, sin limpiarte, y sin sacar el plug de tu culito, debes bañarme y dejarme bien limpio, para que yo pueda marcharme a casa. Luego, podrás sacar el aparatito de tu ano, y podrás limpiarte tú.

Mi ex-sumisa, siempre ofrecida y obediente, cumple mis últimas órdenes antes de verme partir por la puerta.