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lunes, 16 de noviembre de 2015

Castígame, mi Domina.



Aquella mañana había sido estresante; reuniones con clientes, con finanzas, negociaciones con proveedores, informes de ventas, de Marketing, llamadas de todo tipo… hasta de la directora del colegio de sus hijos. Estaba harto de todo, de tener que pelearse con todo el mundo, así que cuando salió de su despacho para dirigirse a su secretaria la intención era ordenar que no le pasaran más llamadas ni visitas hasta el fin de la jornada.

Pero entonces la vio, esperando en recepción, sentada con una estrictamente correcta postura de espalda, cruzando los tobillos y juntando sus rodillas, sujetando su maletín como quien sujeta a un perro bien adiestrado. Llevaba un moño que recogía una visiblemente larga melena negra, gafas de pasta oscura que enmarcaban unos ojos también negros, inteligentes y profundos, labios rojísimos en contraste. La blusa de un blanco puro, como una camisa de solapas largas que ceñía sus voluminosos pechos, cedía su blancura para dejar traslucir sutilmente un sujetador negro que picaba la curiosidad por su tremenda evidencia. La falda de tubo por las rodillas y los tacones de salón, negros ambos completaban una imagen estricta y sugerente en todos los aspectos para Ton. Le preguntó a su secretaria quién era aquella mujer.

- Es una comercial de ingeniería. Lleva 45 minutos esperando para hablar con usted.
- Hazla pasar. Y no me pases más llamadas. No estoy para nadie más hoy, ¿entendido?

Volvió a su despacho con una media sonrisa en los labios, deseando oír por fin la voz de aquella preciosa mujer, aunque no tanto lo que tenía que decir con ella. Su secretaria abrió la puerta del despacho a los pocos segundos, cediendo el paso a la escultural figura femenina de la comercial. Ella se detuvo a pocos centímetros del asiento que le había señalado la secretaria, miró fijamente a Ton y esperó a que la secretaria cerrase de nuevo la puerta. Ton no pudo evitar un sonrojo en sus pómulos cuando imaginó a aquella Diosa desnuda siendo sodomizada por él cruelmente. La mujer lo miraba impertérrita hasta el momento en que simplemente afinó sus labios y rasgó sus ojos sobremanera, sin llegar a sonreír pero evidentemente complacida con lo que sabía que pasaba por la mente del hombre. Dejó su maletín en el suelo y sin mediar palabra se acercó a la puerta echando el pestillo.

Recogió el maletín del suelo y fue a colocarlo sobre la silla frente a la mesa de despacho de Ton, dándole la espalda. Ton no pudo evitar fijarse en la curva deliciosa que marcaban sus caderas, sobre todo cuando ella dobló su cuerpo hacia adelante para buscar algo en su maletín (no importaba qué), sacando sus nalgas hacia afuera, arqueando un poco su espalda para evidenciar la abertura trasera de la falda que se elevó hasta un cierto determinado punto en que permitía apreciar la negrura al final de sus muslos y el encaje en la liga de unas medias que Ton deseó arrancar con los dientes. Estaba hipnotizado ante aquella imagen y por todas las imágenes que se acumulaban en su mente.

De repente, ella se giró irguiéndose y Ton se sobresaltó. La mujer se había desabrochado un par de botones de la camisa, permitiendo que Ton pudiese ver un sujetador de negro cuero con cinchas en el centro y unos imponentes senos que se desbordaban por encima de la prenda. En su mano, en lugar del habitual tríptico informativo sujeta otra cosa que Ton no esperaba; una larga regla de madera que la mujer hacía sonar contra la otra mano.

Ton se agarró con fuerza a los reposabrazos de su sillón de oficina sin poder apartar la mirada. La mujer dio un par de pasos contoneándose, clavándole la mirada, golpeando la regla una y otra vez contra su mano y finalmente apoyó ambas manos y la regla en la mesa de despacho, acercó su cara a la de Ton y dijo con voz grave de mujer:

- Me han dicho que has sido un niño muy malo.

Ton no era capaz de articular palabra. Cogió un bolígrafo sin apartar la mirada de aquellos ojos acusadores y escribió sobre el informe que tenía encima de su mesa una sola palabra “castigame”. La mujer bajó la mirada para ver el mensaje y sonrió de medio lado con todo el rojo de sus labios.

- ¿Sin acento y con minúsculas? ¿Es que nadie te ha enseñado a escribir, niño malo? Tranquilo, a partir de hoy no te olvidarás de cómo se escribe esa palabra, ni de pedir las cosas por favor. Tu Maestra se va a asegurar de ello.

Ton estaba excitadísimo y aterrorizado al mismo tiempo, su respiración agitada y un sutil temblor le delataban. No sabía lo que le esperaba, lo que sabía era que en ningún caso deseaba resistirse a cualquiera de los deseos de ella. Por eso obedeció al instante cuando la mujer, señalando con la regla a un punto en el suelo, dijo en tono casi susurrante:

- Te quiero aquí, niño malo, de cara a la pared.

Ton quedó en posición de firmes, mirando hacia la ventana en el centro de una pared blanca, sin atreverse siquiera a girar la cabeza para seguir disfrutando de la maravillosa imagen de la mujer. Sintió algo en su cintura. Miró. Una mano de uñas rojas le desabrochaba el cinturón y el pantalón con extraordinaria habilidad. De repente sintió un súbito tirón de la ropa hacia abajo, dejándole absolutamente desnudo desde la cintura hasta los tobillos. Su polla erecta evidenciaba su excitación; el temblor de sus nalgas, su temor. Entonces volvió a oír la voz de la mujer, que sin alzar un ápice el volumen ordenó sin dejar lugar a la desobediencia:

- Apoya las manos en el alféizar, niño malo. Saca bien el culito. Y no quiero oír ni un sonido que salga de tu boca.


Ton obedeció al instante, dejando expuestas las nalgas a merced de su Maestra. Sintió como ella apartaba el faldón de la camisa doblándolo sobre su espalda y… ZZZZXT Un golpe de la regla fue a estrellarse contra sus nalgas temblorosas. Ton quiso gritar, chillar, pero reprimió su garganta como pudo. Un simple jadeo sonó contra las paredes del despacho cuando la Maestra, en la recogida, rozó suavemente la zona dolorida con la regla, haciéndola pasar por la parte de sus huevos que quedaba a la vista en aquella posición. ZZZZXT Otro golpe, otro respingo y otro intenso jadeo en la recogida. ZZZZXT En este Ton apretó los párpados para intentar aislarse del dolor, o tal vez para poder sentirlo con más intensidad en su interior, porque aquello, extrañamente, le estaba excitando sobremanera. ZZZZXT Sintió un movimiento involuntario de su polla erecta hacia arriba, aumentado si cabía su erección. ZZZZXT Abrió la boca dejando que su saliva mojara sus labios, jadeando sin control, con los ojos cerrados, temblando ahora ya de puro placer.

Sintió ahora la regla de madera jugando con sus huevos, bamboleándolos de un lugar a otro a voluntad de su Maestra, mientras la voz susurrante de ésta le decía a su oído, dejándole sentir el aliento en su nuca:

- Ahora, niño malo, deletréame esa palabra tuya, que se note que sabes hacerlo bien –sin dejar de cimbrear sus huevos con la regla.
- C mayúscula, a, s, t, i con tilde, g, a, m, e, por favor, Maestra.

La voz de Ton sonó al borde del orgasmo, tal vez porque su Maestra pasaba ahora el borde de la regla entre sus testículos y la hacía pasar a lo largo de toda su verga una y otra vez, rodeándola despacio mientras acompañaba el movimiento de vaivén.

- ¡De pie! –dijo ella cuando Ton acabó el deletreo, sacando súbitamente la regla del lugar en que estaba.

Ton obedeció al instante. Vio ahora a su Maestra sin la blusa, sin la falda y con el pelo suelto. No se había dado cuenta, ocupado en su propio placer y en su propio dolor, de que la mujer se había ido despojando de las prendas mientras lo azotaba. El liguero de cuero sujetaba unas medias finísimas con ribete de encaje. Y bajo el liguero, nada, únicamente un dedo de vello púbico que bajaba desde su vientre y desaparecía al aparecer los labios de la vulva. La maestra se puso frente a él, le desbrochó la camisa y la corbata y se los quitó de un golpe, sin contemplaciones, sin dejar de clavar la mirada en sus ojos.

- Acaba de quitarte los pantalones, anda; ¡estás ridículo!


Mientras Ton lo hacía la maestra descorrió la cortina de la ventana completamente. A él le asustó, le avergonzó, le excitó… Aquello podía ponerle en un problema seguro, sobre todo si algún vecino lo veía. Sin embargo, había perdido de vista la realidad y lo único que le movía en aquel momento era satisfacer a su Maestra plenamente. Ella dio la espalda a la ventana y se sentó en el alféizar con apenas la mitad de sus nalgas, separando las rodillas al extremo, abriéndose para él. Volvió a hablar para dejar claras sus intenciones:

- ¡De rodillas! –Ton obedeció al instante- ven a gatas hasta aquí –dijo abriendo con las dos manos los labios de su coño, la regla a su lado sobre el alféizar.- Y ahora vas a escribir con la punta de tu lengua aquí esa puta palabrita tuya, hasta que yo te diga que es suficiente… ¡Empieza ya!

Ton gateó, acercó su cara sin apartar la mirada de su destino, estiró el cuello y sacó la lengua. El aroma intenso del sexo de su Maestra le hizo salivar al instante y cuando comenzó la tarea encomendada y pudo degustar su sabor, toda la piel de su cuerpo se le puso de gallina. Trazaba líneas y círculos con la punta de su lengua sobre el clítoris de su Maestra, y a los pocos segundos de empezar, ella inició el ritmo de sus jadeos… “mmm aaaasí… aah … aaaasí”. Apenas un susurro. La Maestra puso una mano sobre el pelo de Ton, hundiendo sus dedos y rozando su cuero cabelludo, cerrando los dedos entre sí para estirar de él suave y alternativamente, marcando la cadencia. Un líquido delicioso ya brotaba de su vagina y resbalaba hacia abajo lenta y provocativamente. Ton quiso lamerlo antes de que empezase a gotear y se perdiera, así que pasó su lengua engrosada por toda la hendidura del sexo de la mujer. Ella acompañó el movimiento con un sutil empujón en la cabeza del hombre, evidentemente complacida por la iniciativa, sin embargo, cuando Ton volvió a la tarea que le había prescrito, la Maestra susurró:

- Eso no te lo había pedido, niño malo. No te distraigas más.

Ton miró hacia arriba mientras continuaba dibujando con su lengua sobre el clítoris de la Maestra: vio cómo ahora ella desanudaba las cinchas que cerraban las copas de su sujetador, dejaba que se abrieran y liberaba unos pezones color granate, endurecidos al límite y absolutamente cautivadores. Ambos a coro estaban llamando a Ton por su nombre y apellidos; deseaba lamerlos, tocarlos, sentir su turgencia entre los labios… pero debía obedecer. La Maestra empezó a acariciarlos suavemente con sus dedos, haciéndolos bailar, pellizcándolos a veces, mientras continuaba sus jadeos. Entonces Ton sintió cómo ella empujaba su cabeza con fuerza hacia su vagina, haciendo que introdujera su lengua por fin en su interior, lo cual hizo con toda la fuerza de que fue capaz. Un trago largo de exquisito elixir inundó su boca al instante, saboreó, tragó todo lo que pudo mientras movía su lengua dentro del coño de la Maestra, pero toda su cara quedó empapada por lo desbordante del orgasmo. Un simple gemido intenso marcó el final de la corrida. Ton retiró la lengua del interior de la mujer y volvió a lamer desde abajo hasta arriba todo el sexo de ella, intentando recoger cada gota de aquel magnífico alimento. Ella liberó la presión de su mano y Ton la miro desde su posición, sonriente, admirado… expectante.

- Lo has hecho bien, mi niño, te has portado como debías por una vez. Estás deseando pajearte ¿verdad? Tienes la polla a punto de estallar –dijo ella mientras daba unos suaves toquecitos en el sexo de Ton. Él asintió con la cabeza mientras se sentaba sobre sus pies quedando de rodillas a los pies de la Maestra -. Lo sé, ahora vas a aprender a pedir las cosas por favor, a rogar como un niño bueno. Demuestra cómo lo haces.
- Oh! Maestra, por favor, te lo suplico. Prometo ser un niño bueno de ahora en adelante, pero, por favor, necesito… Te ruego que permitas que me pajee. No puedo más, por favor.
- Está bien, veo que aprendes rápido. Ponte de pie –Ton lo hizo al instante, mientras ella también se incorporaba y empezaba a caminar a su alrededor, rozando con las yemas de los dedos su torso, sus pezones, su abdomen, su espalda, sus nalgas y otra vez hacia delante, su pubis-. Cógetela, aprieta los dedos, quiero ver cómo te crece ese capullo más todavía… Bien, así perfecto. Ahora moja tu mano en mí –dijo esta vez abriendo un poco sus piernas y Ton obedeció agradecido-. Ahora pajéate antes de que me arrepienta.

Ton envolvió su polla con la mano empapada en aquel lubricante supremo, apenas sintió la humedad estuvo al borde del orgasmo, pero entonces escuchó otro susurro en su oído:

- Ni se te ocurra correrte hasta que te lo mande, demuestra que sabes ser un niño bueno.
Ton tuvo que reducir el ritmo de su mano y cerrar los ojos para pensar en cualquier otra cosa, pero le resultó imposible; la imagen de la Maestra seguía ahí por más fuerte que apretara los párpados.
- No abras los ojos. No te preocupes por la señora que te está mirando desde la calle, jajaja –y con un susurro apenas audible continuó-. Tranquilo, era una broma. No abras los ojos. Continúa moviendo esa manita.

Ton sintió unos dedos húmedos abriendo sus nalgas y un dedo inclemente metiéndose en su culo de un solo golpe. Gimió. Apretó los párpados más. Abrió su boca. Lamió sus labios, dulces y salados, que aún conservaban el sabor de la Maestra. Siguió la masturbación suave y con movimiento lento, intentando controlar el placer y retrasar el orgasmo hasta que le estuviera permitido. Pero cuando pensaba que había conseguido dominarse, una lengua empezó a jugar sobre su glande, resbalando por cada milímetro de la piel, metiéndose en cada curva y cada pliegue.


Esa lengua desapareció un instante. “No se te ocurra correrte, pero sigue pajeándote”. Y continuó rodeando su capullo con unos labios gruesos y fuertes y golpeándolo con la lengua al mismo tiempo. El dedo entraba y salía de su culo marcándole un ritmo de masturbación que estaba volviéndole loco. Los labios y la lengua seguían trabajando su capullo, destruyendo a cada segundo su voluntad. No aguantaba más. Y menos cuando involuntariamente se abrieron sus ojos y vio a su Maestra de rodillas ante él, rodeando su polla con los labios rojísimos, asomando sus pezones entre el cuero negro, dejando ver sus nalgas bajo el liguero redondeadas al extremo en aquella postura. El dedo insistió, absolutamente metido dentro del culo, frotando intensamente un punto de su anatomía que desconocía que existiera y que acabó por quebrar el poco dominio de su cuerpo que le quedaba. La Maestra seguía su trabajo en la primera salpicadura de su eyaculación. Apartó la boca y se quedó cerca mirando la polla de su alumno, que seguía salpicando una y otra vez, mojándole en la cara, en el cuello y resbalando hasta sus tetas.

Ton no recordaba un orgasmo tan intenso como aquel en toda su vida. Intentó recuperar la respiración. Miró atemorizado a la Maestra que seguía mirando su polla como hipnotizada. Entonces ella recostó su cuerpo hacia atrás, apoyándose en las manos tras sus pies, mostrando su cuerpo bañado del semen de él.

- ¿Es esto lo que te había pedido? ¡Ven aquí y limpia lo que has ensuciado!

Ton volvió a ponerse de rodillas y se abalanzó sobre la Maestra, sacando la lengua para lamer el cuerpo de la mujer y limpiarlo de su leche. No la había probado nunca. Tenía un sabor desagradable pero era lo que menos importaba en aquel momento. Le lamió la cara, los labios, la barbilla, el cuello y finalmente sus deliciosas tetas, mientras ella abría las rodillas y se masturbaba sin pudor alguno, marcando la cadencia con sus caderas que se elevaban por momentos. La Maestra tardó apenas dos minutos en tener un nuevo orgasmo casi tan intenso como el anterior y quedó jadeando en aquella postura un momento, intentando recuperar el ritmo respiratorio normal. Mientras, Ton la miraba como quien observa un milagro ante sus ojos. Ella por fin abrió los suyos y los clavó en los de su alumno. Sacó su mano del coño y se irguió metiéndole a Ton dos dedos en la boca. Él volvió a lamer y ella se acercó para lamer con él, hasta que los dedos desaparecieron y ambos, Maestra y alumno, se fundieron en el único beso de aquella tarde, mezclando sus lenguas, mordiendo sus labios, frotando sus cuerpos como si quisieran convertirlos en uno sólo. Las manos de Ton fueron a la espalda y a las nalgas de la Maestra, apretando con fuerza para retener el contacto de su cuerpo.

Al poco tiempo la Maestra lo separó, empujando despacio pero fuertemente sus hombros hacia atrás, separándolo de sí. Ella se puso de pie y caminó despacio para ir a recoger su ropa tirada por el suelo del despacho. Mientras lo hacía daba la espalda a Ton, que veía como cada vez que la Maestra se agachaba a recoger una prenda, sus nalgas se redondeaban y su coño engrosado asomaba entre sus muslos. Ella cerró las copas del sujetador, se puso la falda y se ciñó de nuevo la camisa. Estaba perfecta, si alguien dijera que acababa de salir de misa cualquiera lo creería. Ton también fue vistiéndose aunque sin apartar la mirada de la mujer. Ella fue a recoger la regla de madera que se había quedado en el alféizar de la ventana, la llevó a su maletín volviendo a dar la espalda a Ton. El brillo intenso de una gota que caía del sexo de la Maestra fue a impactar en su retina. Volvió a arder de deseo. Ella se giró, lanzó un pliego sobre la mesa de despacho y dijo con tono insinuante:

- Firma el contrato, niño malo. Así podré seguir… “educándote” –Ton lo hizo sin saber siquiera lo que estaba haciendo –. Has sido un buen alumno, pero te queda mucho por aprender. Volveré pasado mañana a las tres en punto de la tarde. No vuelvas a hacerme esperar. ¿Entendido?

Ton asintió con la cabeza aunque ella ya no le miraba. Tras guardar el contrato y la regla en el maletín salió del despacho sin volver la mirada. Ton sonrió complacido. Apenas faltaban 43 horas para su siguiente lección.


Pdta: Una aportacion de Maduritaseconfiesa.

2 comentarios:

  1. No te imaginas cómo envidio tu forma de relatar. ¡Me dejas fascinado!.
    La verdad que no soy de BDSM, pero estoy aprendiendo mucho de tus historias. Ésta es la primera que leo en la que ella es la dominadora y él el sumiso. ¡Fantásticas descripciones!.

    ¡¡¡Enhorabuena!!!

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    1. Gracias por tu felicitación, Francisco. Deberás decidir si te gusta mas el rol de Dominante o de sumiso si decides iniciarte en este mundo. Tambien puedes ser lo que se llama un Switch, una persona que adopta un rol u otro dependiendo del momento y la persona con la que está. Tu mismo.

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