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jueves, 7 de enero de 2016

Una mamada a dos lenguas


Aquel día yo llegaba muy caliente. Una idea me rondaba la cabeza, y quería ponerla en práctica. Las órdenes para aquel día eran muy básicas. Había ordenado a mis dos sumisas que vinieran con un bote de sirope cada una. La primera se inclinó por un bote de chocolate, y la segunda prefirió la fresa. Tenían permiso para elegir sabor, y por suerte no repitieron.

Tras entrar en la habitación, mis dos alumnas se arrodillaron ante mí, con la cabeza agachada, esperando mis instrucciones, como siempre.

- Hoy vais a lamerme, sumisas. Vais a saborearme las dos a la vez. Vais a llenar mis partes íntimas de sirope, y a chuparme enterito. Pero no quiero correrme hasta que llevéis 30 minutos chupándome. Luego, si habéis sido buenas, y os habéis tomado toda la leche, podréis jugar entre vosotras.
- Si, mi Domine.

Mis dos protegidas miraban al suelo, mientras asentían con la cabeza.

- Lo primero que vais a hacer es desnudaros las dos. Quiero que os saquéis la ropa y que la dejéis bien dobladita en la silla.

Dicho y hecho, mis dos perritas se levantaron del suelo, y comenzaron a desnudarse. Físicamente son bastante diferentes la una de la otra. La una es más bien pequeñita, aunque tiene los pechos duros y hermosos, mientras que la otra es más alta y gordita, con generosas tetas.

A medida que se iban quitando la ropa, yo las miraba de arriba a abajo, admirando su cuerpo. No pude evitar dar un par de azotes en el culo de cada una de ellas. Me gusta azotar sus culitos desnudos, no puedo evitarlo.

- Ahora debéis desnudarme a mí, putitas. Como ya sabéis, sed cuidadosas con mi ropa, dobladla bien, y colgadla en el armario. Cuando salga de aquí debo ir impecable.

Saben el orden que yo les impongo a la hora de desnudarme. Primero la camisa, luego los zapatos y los calcetines. Continuamos con el cinturón, y los pantalones. Todo bien doblado y limpito en el armario, hasta que lo único que queda son los calzoncillos. Les encanta ver mi polla ya dura dentro de mi ropa interior. Esperan con ansia el momento en que, tras bajar esa prenda aparece mi rabo, duro, grande, hermoso. Tras dejarme desnudo completamente, se esperan arrodilladas, delante mío, con mi polla a la altura de sus caras, y mirándola, embobadas las dos.

Saben que no tienen permiso para chuparla hasta que yo se lo digo. Aún así, me gusta acercarme a ellas, y acariciar su cara con mi glande. Así lo hice aquel día. Me acerqué y suavemente fui pasando la punta de mi pene por los labios de mis perritas. No podían chupar, las dos saben que no deben chupar si no se lo ordeno yo. Repasé sus mofletes, barbilla y frente, con mi pene, haciéndoles notar que estaba dura y preparada para la sesión.

- Vamos a la ducha, sumisas. Quiero que limpiéis mis bajos y mis pies antes de comerme.

Así lo hicieron. Fuimos al baño, y comprobaron primero que el agua no quemara. Tras poner un poquito de gel, lavaron cuidadosamente mi culo, testículos y pene, así como los pies. Saben que esa es la zona que deben chuparme y así lo hicieron. Como es lógico, el acariciar mis partes nobles con delicadeza y con mimo, provocó en mí que me excitara aún más.

Ya de vuelta a la cama, comenzó el banquete. Coloqué el reloj encima de la mesita de noche, y di un bote de sirope a cada una.

- Quiero que pongáis sirope en mi cuerpo, desde los pies hasta mis huevos, culo y polla. Y quiero que durante los próximos 30 minutos me chupéis enterito, comenzando por los pies. No quiero correrme hasta haber pasado esos 30 minutos.
- Sí, mi Domine. - La orden era clara y concisa.

Tras llenar de sirope mis pies, piernas, huevos, culo y polla, mis dos sumisas se arrodillaron delante de mí con la idea de lamer mis pies. Levanté ligeramente los dedos de los pies, para permitir que pudieran chuparlos sin grandes malabarismos. Poco a poco, pude notar como sus lenguas se colaban entre mis dedos, limpiando y saboreando el sirope que ellas habían escogido.

Reconozco que me pone la polla dura el que una mujer me chupe los pies, pero que sean 2 mujeres, lamiéndome los dos pies a la hora es una maravillosa sensación. Poco a poco, mis dos putitas fueron subiendo por los pies, y por las piernas, en dirección a mi sexo.

- No podéis lamer mi polla aún. Tú te ocuparás de mis huevos, y tú de mi culo.

Me coloqué entre las dos, ofreciendo a cada una parte de mi anatomía. Puse mi miembro erecto encima de la cara de una, permitiendo así que accediera a mis testículos, a la vez que mi otra sumisa, tras abrir mis nalgas, hundía su cabeza entre ellas buscando mi ano.

No tardé demasiado en sentir sus dos lenguas trabajando al máximo. Una de ellas lamia mis huevos, con ganas, repasando cada uno de mis testículos. Primero el izquierdo, luego el derecho, repitiendo sin cesar. Mi polla descansaba sobre su cara, primero a un lado y luego al otro. La otra, repasaba mi ano con pasión, masajeando así mi culo y provocando una excitación extra en mí.

Mi trempera iba tomando forma, y una gotita de lubricante comenzó a salir de la punta de mi pene. Con cuidado, aparté la cara de mi sumisa, para hacerle chupar esa gotita. Mis perritas saben que deben lamer esas gotitas que yo les doy, y que deben agradecérmelas. A continuación, volví a dejarla donde estaba, lamiendo mis pelotas, y poniéndome a tono.



- Muy bien, perritas. Ahora voy a darme la vuelta, para que cada una de vosotras pueda lamer la otra parte. Sé que queréis chuparme enterito y tenéis derecho a hacerlo.
- Sí, mi Domine.

Así ocurrió. Tras girarme 180 grados, ofrecí mi culo a quien solo había comido huevos, y mis pelotas a quien solo había probado mi culo. Acompañé el movimiento acariciando su pelo. Una vez en posición, y con delicadeza, hundí la cabeza de mis dos perritas en mis partes nobles, obligándolas a comerme los huevos y el ano.

Nuevamente, coloqué mi polla encima de la cara de mi segunda sumisa, y la obligué a comerme los huevos, lamiendo como la perrita que es. También obligué a mi primera sumisa a buscar con ahínco mi ano, y a lamerlo con fruición, provocando que mi polla se pusiera aún más dura.

La imagen era perfecta, mis dos sumisas arrodilladas, desnudas. Una delante mío, chupando mis pelotas, y la otra detrás, comiéndome el culo. Yo sujetaba sus cabezas con mi mano, empujándolas para que lamieran más y más... obligándolas a repasar con sus lenguas cada uno de los recovecos de mi entrepierna.

Llevábamos ya 25 minutos con el juego, y mi miembro estaba completamente duro como una piedra. Mis sumisas habían lamido todas y cada una de las gotitas de lubricante que había expulsado, y tocaba centrarse en la parte importante.

- Bien, putitas. Habéis lamido bien a vuestro Amo. Ahora podréis comer rabo.

Tras salir del bocadillo en que yo mismo me había metido, entre mis dos sumisas, me coloqué delante de ellas, ofreciendo así mi polla a las dos. Ellas, arrodilladas, y colocadas una al lado de la otra, quedaban a la altura perfecta, de manera que cada una de ellas quedaba a un lado de mi polla.

- Chupad, perritas mías, y bebed el caldo que os ofrezco. Pero no acaparéis el capullo, no seáis avariciosas. Cuando esté a punto de correrme, os avisaré y las dos juntareis los labios para recibir mi semen.

Dicho y hecho, mis dos zorritas se lanzaron a lamer mi polla. La sensación de sentir los labios de mis dos sumisas lamiéndome era maravillosa. La primera repasaba todo el tronco, de arriba a abajo, mientras la segunda pasaba la lengua por mi glande. Inmediatamente, los papeles se intercambiaban y la primera pasaba a lamerme la punta, provocando que llegara casi al límite, mientras la segunda lamia la base del pene como si de un helado se tratara.

Habían pasado ya los 30 minutos, como les había prometido, y yo estaba a punto de estallar. Las dos esperaban su premio, y yo iba a concedérselo.

- Bien, mis niñas. Ahora voy a correrme en vuestras boquitas, y quiero que compartáis mi leche como buenas hermanas que sois. Poneros delante de mí y juntar los labios, besándoos, pero dejando espacio para mi capullo.

Ellas, obedientes ante la orden de su amo, juntaron los labios, dejando un espacio libre para mi polla. Y así me acerqué, de manera que el glande de mi polla quedara abrazado por los labios de mis dos perritas.

- Ahora quiero que saquéis la lengua, las dos, y comencéis a lamer la punta, como si chuparais un chupachups, y que compartáis la leche. No os la traguéis, dejadla en vuestra boca.

Mis dos sumisas, siguiendo mis órdenes, sacaron la lengua y comenzaron a lamer, como si de un chupachups fuera, la punta de mi rabo. La sensación de sentir las dos lenguas pasearse por mi glande era gloriosa, celestial, hasta el punto que no pude aguantar más y estallé en un intenso orgasmo.

Mi leche, almacenada durante 30 minutos, salia a presión de mi glande, yendo a parar a los labios y lenguas de mis putitas. Mis obedientes perritas seguían lamiendo mientras mi leche inundaba sus bocas y sus caras. Durante unos segundos, maravillosos, mis sumisas recibieron mi leche como quien recibe un regalo del cielo, lamiendo y limpiando mi glande con sus lenguas.

Al acabar, ellas continuaban en el suelo, arrodilladas, una al lado de la otra, con sus caritas manchadas con mi semen, y sus boquitas llenas de su rico premio.

- Ahora quiero que os beséis, perras. Quiero que os comáis la boca la una a la otra, compartiendo mi leche entre las dos. Cuando acabéis, mientras yo descanso y os miro, podréis jugar la una con la otra, hasta correros.

Mis dos perritas disfrutaron la una y la otra de aquel caldo, de su calor y su sabor. Compartieron mi semen como yo les había ordenado. Se besaron, se acariciaron, se masturbaron, y se comieron, pero eso ya os lo contaré otro día, pues forma parte de otra historia.




6 comentarios:

  1. Hola; Profesor Domine, le podria preguntar cuantas sumisas tiene usted en la actualidad? y si alguna vez ha tenido sumisos?
    Gracias.
    Un saludo

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    1. Ahora mismo tengo 2 sumisas, y nunca he tenido sumisos, aunque sí he tenido algun voluntario, e incluso he pensado en utilizar algun sumiso en una sesion con mis sumisas.

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  2. la sumisión está bien. yo en particular soy menos generoso y prefiero disfrutar del mando con mi sumisa

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  3. Me encanta poder ser una sumisa, pero me da miedo que mi marido deje de quererme por decirle para practicar. ¿ Algun consejo ? gracias por todo

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    1. No tiene sentido dejar a tu mujer porque tenga gustos sumisos. Si es un hombre de mente abierta deberia dejarte ser su sumisa...

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