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martes, 9 de junio de 2015

Spanking. Castigada y azotada.




Había sido mala. Tras discutir con su amo por una nimiedad, su amo se había enfadado y con razón. Sabía que había sido mala, y ahora recibiría su castigo. Y allí estaba ella, atada de manos y los pies, y completamente desnuda, a 4 patitas, encima de un puf. Su amo iba a azotarla. Ella no podía hablar, pues él le había amordazado para que no dijera nada.



Él le hablaba con esa voz cálida y grave, de manera pausada pero segura, le explicaba el porqué le iba a castigar, y ella estaba nerviosa...



'Plasss...' Primer azote. Su mano atizó la nalga derecha, con fuerza, de manera que la sumisa sintió el dolor inmediatamente, un leve dolor que rápidamente se convirtió en un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo. Nunca había entendido el porqué, pero aquello le excitaba. En el fondo, a pesar del dolor, le ponía cachonda que su amo la azotara.



'Plasss...' Segundo azote, este en la otra nalga, para repartir dolor. Ella sentía como la mano de su amo, cada uno de sus dedos, golpeaba su culo. Nuevamente ese escalofrío recorría todo su cuerpo, pero ahora se dirigía de manera clara a su entrepierna.



'Plasss...' Tercer azote, ahora en la nalga derecha otra vez. Este ya dolía un poquito más, cosas de repetir nalga.

- 'Has sido mala, sumisa. Has contestado a tu amo de malas maneras y debes aprender a respetarme."



'Plasss...' Cuarto azote, nuevamente en la nalga izquierda. Ella, como sumisa, ya sabe que su amo le gusta azotar en tandas de 6, golpeando cada lado de manera alterna. Después de cada nalgada, su amo acaricia suavemente su culito, para que ella sepa que la cuida.



'Plasss...' Quinto azote, en la derecha. Ella sabía que quedaba uno para acabar la tanda, pero aquellos azotes, habían empezado ya a convertirse en placer, más que en dolor. Le excita sobremanera que su Domine le riña mientras le azota. Es una pequeña tortura que ella adora.

- 'Todo esto es por tu bien, sumisa. A veces, para aprender y continuar mejorando, no hay más remedio que ser castigada.'



'Plasss...' Sexto azote, acabando así la tanda. Aunque ella no podía verlo, intuía que culito ya estaba rojito. Para colmo, sabía que ahora venia el premio.



Ella sabe que su amo no azota sin más, sino que le gusta aumentar la 'tortura' incluyendo algún regalito extra. Aquel día, tras la primera tanda de azotes, él deslizó su mano por su culo, acariciándolo, agarrándolo con fuerza, buscando la rajita del culo y bajando poco a poco, camino del chochito de su sumisa.



No tardó mucho en llegar a su clítoris, ya mojadito por la excitación y porque a cada golpe que recibe, ella sabe que recibirá un premio. Suavemente, apartando con sus deditos los labios de su vagina, comenzó a acariciar la parte intima de su sumisa...

- 'Veo que estas cachonda, mi querida putita.'



'Plasss...' Sonó otra vez en la habitación. Después de haber excitado a propósito el coñito de su sumisa, el Domine volvía a sus azotes. La pobre sumisa sabia que le venía encima una segunda tanda de azotes.



'Plasss..., Plasss..., Plasss...' segundo, tercer, cuarto azote. Nuevamente, alternando nalgas, de izquierda a derecha. El culito ya estaba caliente, lo podía notar, y los azotes escocían más que al principio, pero ahora ya estaba completamente mojada y el dolor se convertía en placer.



'Plasss..., Plasss...' Final de la segunda tanda.

Nuevamente, su amo pasaba la mano por su culo, acariciando la parte ya rojita, y volviendo a deslizar su mano entre sus dos nalgas, para llegar otra vez a su clítoris y acariciarlo. Esta vez, su amo aprovecharía para moverse a su lado y llegar a sus pechos.



Mientras él acariciaba su clítoris con la mano derecha, su izquierda subía poco a poco por la espalda, hasta llegar al cuello, acariciando su piel y provocando escalofríos en su cuerpo. Una vez en su cuello, continuó el viaje bajando por el lateral y dirigiéndose a sus pechitos. Tras voltear un par de veces rodeando sus pezones, comenzó a pellizcar, de manera suave, el pezón izquierdo de su sumisa, provocando así que ella se estremeciera.



De esa manera, el amo acariciaba el conejito de su sumisa con la mano derecha mientras pellizcaba el pezón con su izquierda.

- '¿Te gusta lo que te hago, putita?  Recuerda que no puedes correrte hasta que yo quiera'.



Y de esa manera terminaba la masturbación, dando paso a una nueva tanda de azotes:



'Plasss..., Plasss... Plasss...' La sumisa ya había perdido el norte y su placer se estaba convirtiendo en tortura. Ella quería correrse pero su amo no se lo permitía. Su coñito estaba mojado completamente, excitado y hambriento. Su pezón estaba adolorido y durito, y su culito tomaba una tonalidad roja más intensa. Cada nalgada era recibida con un gemido, mezcla entre dolor y placer, y que costaba oír al estar amordazada.



'Plasss..., Plasss... Plasss...' cuarto, quinto, sexto azote, y fin de la tercera tanda. La sumisa ya jadeaba con dificultad, ansiosa, deseando que su amo la usara sin más...

- 'No pensaras que esto se ha acabado, ¿verdad?  Has sido mala, y necesitas sufrir...'



Tras decir eso, su amo sacó de su bolsillo un plug anal que tenia escondido, y lo introdujo en el culo de su sumisa. Antes, para mojar su ano y que entrara más fácilmente, había escupido en su culito, a modo de lubricante. Eso volvió loca a su sumisa, que iba notando como su Domine metía y sacaba el plug de su pompis, primero poco a poco, y luego sin miramientos.



Ya puestos, decidió que quería pellizcar un poquito más aquel pezoncito, de manera que utilizando otra vez la mano izquierda, apretó de nuevo de nuevo su pezoncito, ya estimulado de antes. Aquello era insufrible. Notaba como su cuerpo se estremecía y no era capaz de dominar aquel dolor/placer.



Tras un par de minutos excitando sus tetitas y sodomizando el culito, su amo volvió a acariciar su clítoris... pero esta vez fueros solo unos segundos, para comprobar que ella estaba completamente mojada y para que ella supiera que él no se olvidaba de su coñito.



Las sensaciones se mezclaban en el cuerpo de la castigada, que se veía al borde del orgasmo, adolorida y excitada hasta niveles que rozaban la locura. Aun así, ella sabía que aquel sufrimiento que estaba sintiendo, acabaría dando paso a un placer indescriptible. Ella sabía que después de la tormenta siempre llega la calma, y que cuando el amo la trataba así, el orgasmo era mayor aún.



'Plasss..., Plasss... Plasss...', primero, segundo y tercer azote de su amo, en la cuarta tanda. Los azotes ya picaban de manera clara, y su amo no había sacado el plug del culo, lo notaba aún bien dentro suyo. El pezón izquierdo estaba adolorido y bien duro, excitado. El culito estaba rojo como un tomate y caliente, después de 21 azotes. Su ano iba acostumbrándose y aceptando el plug que le habían metido, y su conejito estaba completamente mojado, esperando por fin que alguien lo follara.



'Plasss..., Plasss... Plasss...', y final de la cuarta tanda. 24 azotes de dolor y placer.

- 'Ahora sí, sumisa, acabó tu castigo y llega tu placer'.



Su amo se colocó detrás de ella, y sin sacar el plug de tu culito, embistió con fuerza el coñito se su sumisa, introduciendo su dura polla dentro. Ella, que no podía aguantar más de placer, se corrió de placer, alcanzando el orgasmo que su cuerpo suplicaba desde hacía rato.



Los gemidos se oían apagados, como si la acción transcurriera en otra habitación, por culpa de la mordaza.

- 'Veo que te gusta, zorrita mía... me alegro.'.

Lejos de frenar con sus embestidas, el Domine aumentó el ritmo de sus penetraciones, provocando que la sumisa alcanzara un clima de éxtasis del que no podía escapar.



Al final, después de sentir como su polla le penetraba durante un buen rato, y después de que ella se corriese 3 veces, su amo se dirigió a la parte delantera, con su polla bien dura y excitada, y tras sacar la mordaza de la boca de su adoctrinada, le dijo:

- 'Come y traga, mi putita. Llegó la hora del postre.'.



Y de un empujón, seco, directo, metió su roja polla en la boca de la sumisa. Ella arqueó su cuello, para dejar pasar el miembro de su amo hasta el final de su boca. No hizo falta mucho trabajo. Él estaba a punto de explotar, y en seguida un rio de semen invadió la garganta de la sumisa, que al no esperarlo, sufrió una arcada que provocó que una parte de la leche de su amo se le saliera de la boca.



- '¿Estás bien, sumisa? Recuerda que debes tomarte hasta la última gota de mi semen. Es tu manjar.'.

Ella asintió con la cabeza, y comenzó a pasar su lengua por el miembro y los huevos de su amo, buscando hasta la última gotita de leche.



Una vez acabado, su amo le acarició el culito, todavía calentito y rojo, y le dio un besito antes de desatarla.

- 'Has sido una buena sumisa, aguantaste el castigo muy bien.'.


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