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miércoles, 8 de julio de 2015

Bañando a mi amo, mi Domine.



Hoy tengo asignado un ejercicio por el que he esperado mucho tiempo. Mi Domine precisa que yo le bañe y limpie cada parte de su cuerpo.

Lo espero de rodillas, con la cabeza baja, como hago siempre. Siento cuando abre la puerta y noto como camina hacia mí.

Tras observarme unos segundos, acerca su boca a mi oído, y me ordena con mucha autoridad:
- "Déjame limpio, Cristal, completamente limpio"

Me incorporo, frente a mi amo, y con mucho cuidado y delicadeza empiezo a desabotonar su camisa, dejando ante mi vista su torso al descubierto. Aflojo su correa y abro su pantalón, bajo hasta el piso para quitar sus zapatos y medias. Una vez le he quitado toda la ropa a mi Domine, coloco todo muy bien doblado para que no se arrugue ni manche.

Entramos a la bañera, pongo a correr agua, y comienzo a bañar a mi amo. Para eso estoy, y quisiera poder hacerlo siempre. Pongo jabón en mis manos y desde su cabeza, mis manos resbalan por todo su cuerpo, enjabonando cada parte con cuidado y cariño: sus oídos, su cuello, su espalda, que puedo admirar bien, sus nalgas... Me arrodillo para quedar a la altura de su culo... Dios, que excitada estoy... limpio muy bien cada una de  sus piernas y ambos pies, dedito a dedito, y la planta.

Mi Domine se voltea y automáticamente queda frente a mí su rica polla, a la misma altura de mi carita. Muero por tenerla en mi boca, pero aún no me lo ordenan, debo esperar. Me concentro en la limpieza minuciosa de su polla, cada uno de sus huevos, me incorporo para limpiar su torso y cuello... mi Domine esta relajado.

Debo aclarar a mi amo, sacando el jabón de su cuerpo. Abro el agua, y comienzo a lavarlo. Ya después de correr mucha agua sobre mi Domine, tengo dejarlo bien sequito... usando sólo mi lengua. Es una orden suya, una orden que deseo cumplir.

A los pies de mi amo que adoro, pongo mi lengua sobre ellos, y recorro muy bien, y despacio, cada uno de ellos. Recojo toda el agua de entre sus dedos, ando por sus tobillos y piernas con total esmero y sumisión, feliz de servirle. Chupo sus pies como si fuera un helado de chocolate, repasando cada uno de los rincones.

Sigo subiendo, y quito cada goda de agua de sus brazos y manos; sus manos simplemente me encantan. Aprovecho no solo para secárselas, también para lamer cada parte de ellas y uno por uno sus dedos. El no lo sabe, pero había fantaseado con hacer eso desde hace tiempo.

Su culito tiene mucha agua. Mi Domine se voltea, ya quiere que lo seque ahí. "Mmmmm..." Paso mi lengua calientita por su culo, aspirando toda el agua que pueda haber allí, y centrándome en chuparle el ano, cosa que encanta a mi amo. Noto como mi Domine se está excitando, y yo también. Puedo ver como esa polla va quedando erguida, poniéndose dura como una piedra.

Veo que mi Domine abre las piernas, dejando espacio para que entre. Yo no puedo resistirme, y arrodillada detrás suyo, hundo mi cabeza entre sus nalgas, buscando sus huevos. Los lamo, los chupo, primero uno y luego el otro. Después al mismo tiempo los recorro con mi lengua. La polla de mi Domine no puede estar más dura. Está llenita, con toda la lechita caliente dentro, lechita que yo necesito ya.

Lamo todo el tronco de su polla, de un lado al otro, y voy alternando metiéndola completita en mi boca. La punta llega hasta lo más profundo de mi garganta y me quedo sin aire unos segundos, la saco despacio, como si no quisiera tenerla fuera de mi boca, dejando hilos de saliva todo el recorrido. Me gusta muchísimo hacer eso. El glande bien rosado y brilloso, pidiéndome atención, que lo chupe, que juegue un poco con mi lengua sobre él, haciendo pequeños círculos, primero hacia un lado, luego hacia el otro.

Necesito chupar los huevos de mi Domine un poco más, me encantan. Los meto de nuevo en mi boca, mientras voy masturbando toda la polla. Ya la siento muy palpitante y caliente, y pongo de nuevo mi boquita sobre ella, lista para recibir mi premio, el exquisito semen de mi amo. Lo trago todo, no quiero perder ni una gota.
Mi sexo está liberando jugos, y me mojan todos los muslos.

Con una toalla, recorro todo su cuerpo para así terminar de secarlo. Sé que él está contento conmigo, lo he hecho bien. Pero yo lo estoy más. Soy muy feliz sirviendo a mi Profesor; todo lo que sé de este mundo que tanto me gusta, se lo debo a él. Por eso, todo lo que él me ordene, lo haré con total sumisión y entrega, porque le pertenezco.


Suya, siempre.
Cristal.

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