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jueves, 10 de septiembre de 2015

Mi vecinita Voyeur (II)



Tras la primera sesión de Voyerismo con mi vecinita, había notado que su manera de mirarme era completamente distinta. Aquella chiquilla de 20 años me había visto en acción, sodomizando, azotando, y masturbando a mi sumisa. Me había visto agarrar la cabeza de mi protegida y obligarla a chupar mi polla. Su mirada cuando se cruzaba con la mía era completamente distinta. Se ponía nerviosa y se excitaba, podía notarlo en sus ojos.

Aquel día, cuando me crucé en el parque con ella, no pude evitar darle un mensaje:
- 'Mañana, a las 18:00, tendrás una segunda sesión'.

Ella se puso nerviosa, y apenas fue capaz de responder, pero entendió lo que le decía y asintió con la cabeza. Al día siguiente, ya lo había preparado todo para tener una segundo sesión y que mi vecinita pudiera verlo. Pude ver como ella había agarrado una silla, y había entreabierto las cortinas para poder ver bien lo que ocurría en mi habitación. Asimismo, yo había abierto bien la ventana para que ella pudiera disfrutar otra vez del espectáculo.

A las 18:00, como yo le había ordenado, llegó mi compañera de juegos. Tras hacerla subir hasta mi habitación, la coloqué ante la ventana, y le ordené que se desnudara para mí y se arrodillara, como siempre. Así lo hizo. Con cuidado, desnudó su cuerpo, y se arrodilló ante su Domine, con la cabeza agachada y las manos a la espalda.

Tras acariciarle la cabeza y hablar un rato con ella, le ordené que se levantara y me desnudara a mí. Ella sabe que debe doblar bien la ropa y guardarla con cuidado. Así lo hizo. Una vez acabado, se arrodilló ante mí, otra vez con la cabeza agachada y las manos a la espalda.

- 'Perrita mía, ahora quiero que con una mano acaricies mis huevos con cuidado, con mimo, mientras con la otra haces lo propio con la polla. Necesito que me la pongas muy dura para luego poder follarte.'.
Sé que a mi protegida le encanta hacerme una buena paja. Le gusta tener mi miembro en sus manos y adora su tacto. Como yo le indiqué, agarró con su mano izquierda mis pelotas y comenzó a masajearlas, a la vez que comenzaba a acariciar mi pene con la otra mano.
- 'Mírame a los ojos mientras me pajeas, sumisa'.
Pude notar, mientras ella me miraba a la cara, cómo subía y bajaba la piel de mi polla, continuadamente, a la vez que acariciaba mis testículos. Como era de esperar, aquello se pudo duro como una piedra.

Mi estimada protegida sabe como masturbarme, pero yo no quería correrme de aquella manera, y le ordené parar. Entonces me acerqué a mi armario, y saqué 2 cuerdas, una venda, y una mordaza que tenia. Vendé sus ojos, de manera que no pudiera verme, y la amordacé para que no pudiera hablar. Luego me acerqué a la ventana un momento para enseñarle las cuerdas a mi nueva amiga.

Agarré una de las cuerdas, y con cuidado, até sus manos a la espalda, para que no pudiera mover los brazos. Luego la levanté, y até los pies con la otra cuerda, de manera que ya era completamente mía. A cada paso que daba le explicaba a mi alumna lo que hacía para tratar de tranquilizarla. Por mucho que una protegida confíe en su amo, siempre se pone nerviosa cuando la atan, y la amordazan. Unas palabras dulces, una caricia, sirve para que ella sepa que está en buenas manos, y que yo la protejo de cualquier mal.

Tras ponerla a 4 patitas en la cama, de manera que su cabeza quedara encima de la cama, sus manos atadas a la espalda, y su culito quedaba en pompa, ofrecido a mí, comencé a azotar a mi presa. Había dejado de ser mi sumisa para ser mi presa durante el rato que durara el juego.
- 'Zasss...', primer azote...
- 'Zasss...', segundo azote, en el otro nalga.
Tras cada azote, pasaba mi mano suavemente por su culito, acariciando su ano, o por su conejito, o por sus pechos. Alternando caricias, conseguía así que los distintos puntos erógenos de mi alumna se sensibilizaran, y que ella se excitara aún más.

Después de una serie de azotes y de caricias, me acerqué al armario, otra vez, para sacar un par de juguetitos y las dos pinzas. Antes de volver a mi sumisa, me acerqué a la ventana, desnudo y con mi polla bien dura, para mostrar los juguetitos a mi vecinita Voyeur. La pude ver, sentada, mirándome fijamente, y pude observar cómo se acariciaba entre las piernas... mi jovencita voyeur.

Seguidamente, volví a mi sumisa, y al igual que en la primera sesión, coloqué una pinza en cada pezón, apretando suavemente para intensificar el dolor durante unos segundos. Igualmente, introduje un plug anal en su culito, hasta el fondo, para moverlo repetidamente adentro y afuera. Para acabar, metí el vibrador en su conejito, hasta el fondo, buscando excitarla al máximo, y comencé otra vez a jugar con todos los juguetitos. Apretaba las pinzas de sus pezones, movía el plug en su ano, y la penetraba continuamente con el vibrador mientras le decía que era mi putita y que estaba a mi disposición para lo que yo quisiera. Todo eso, acompañado de algún azote complementario.

Justo cuando vi que mi protegida estaba completamente excitada, al borde del orgasmo, paré unos segundos. Miré a través de la ventana a mi espía favorita, saqué el vibrador de su chochito, y tras agarrarla por el pelo, firmemente, clavé mi dura polla hasta el fondo, provocando de inmediato el orgasmo de mi perrita. Sus gemidos, entrecortados por la mordaza, se oían en toda la casa.

No quería agarrarla por la cintura, ni por la espalda, ni por los hombros. La quería agarrar firmemente por el pelo, tirando con fuerza y provocando que ella gimiera más aún. La estaba violando, y acompañaba mis embestidas con algún azote que otro.
- 'Eres mía, perrita. Eres mi putita particular, y te follo cuando y como a mí me dé la gana', le decía mientras la follaba con violencia.

Pude notar como ella se corría otra vez, sin descanso, y como volvía otra vez a excitarse. La estaban forzando, como a ella le gusta, como ella desea ser follada. Sin pedir permiso, sintiéndose un objeto, utilizada por su amo.

Al final, justo antes de correrme, saqué mi polla, tiesa completamente, mojada con los jugos de mi compañera de juegos, y mirando a la casa de enfrente, comencé a masturbarme hasta que mi leche cayera encima del cuerpo de mi protegida. Fue un final intenso, muy morboso, y dedicado a aquella gamberrilla que desde la otra ventana hacia rato que estaba masturbándose.

Para acabar, saqué la venda de los ojos de mi sumisa, liberé sus manos, sus pies, y saqué la mordaz de su boca.
- 'Antes de ducharme, mi niña, quiero que limpies mi polla y mis pelotas con tu lengua'...
Un buen final para una gran sesión. Una nueva sesión a tres bandas, con mi protegida, y mi voyeur particular.  


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