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viernes, 23 de septiembre de 2016

Desvirgada en el Restaurant.

Cuando aquel hombre de mirada oscura entró en el restaurant, llamó inmediatamente mi atención. Se le veía elegante, varonil y seguro de si mismo. Rápidamente, mi madre le atendió, quería comer algo. Yo no podía dejar de mirarlo, y él se dio cuenta de ello. Se me quedó mirando fijamente, y pude notar como su mirada repasaba mi cuerpo de arriba abajo. Evidentemente, aquel hombre no era del pueblo, y parecía un viajero, de paso por el pueblo camino de otros lugares.

El restaurant estaba completamente vacío, y mi madre no tardó mucho en marcharse, dejándome a cargo del restaurante. Fue entonces cuando aquel hombre me llamó y me invitó a sentarme con él. Dijo que no le gustaba comer solo, y que prefería hacerlo en compañía. No pude evitar mirar su paquete al sentarme a su lado. A pesar de ser mayor parecía un hombre realmente excitante.

s- ¿Qué es eso que llevas en la muñeca? Le dije de lo mas intrigada.
PD- Es una pulsera de dominante, yo enseño a chicas jóvenes a ser sumisas.

Entonces, sin poder evitarlo, me vino a mi mente toda clase de información sobre el tema, los libros de 50 sombras de grey, porno, cuerdas, azotes… etc. Solo de imaginarlo noté como subía mi temperatura corporal; no estaba del todo segura del motivo de mi excitación, pero estaba muy excitada y sin duda él lo notó; puso su mano en mi rodilla y comenzó a subir hacia el muslo lentamente, arrastrando la falda de mi vestido a su paso, erizando mi piel sin apartar esa mirada intensa de mis ojos.

PD-  ¿Quieres probar en tu piel lo que ser una sumisa?
s-  Si. - Apenas pude afirmar.

Se levantó de la silla y se puso frente a mí.

PD-  Bien pequeña zorrita, echa la llave y cierra el restaurant. Luego vuelve,  arrodíllate ante mí, y saca la polla de mi pantalón;  es la hora de comer, y a mí no me gusta comer solo.

Sin pensarlo dos veces hice lo que me pedía, puse un cartel de ¨vuelvo en 30 minutos¨, volví, y me arrodillé ante aquel hombre. Cuando saqué su miembro observé su glande, era realmente apetecible. Lo metí en mi boca y comencé a chuparla, suavemente, con cariño.

De repente, sus manos agarraron mi cabeza, haciendo fuerza para que no la moviera mientras el metía y sacaba su polla, haciendo que la notara en mi garganta, y provocándome alguna que otra arcada. Parecía que quisiera atravesar mi garganta con su pene.  Yo ni siquiera podía tragar mi propia saliva, ésta me salía por la comisura de los labios, cayendo sobre mis pechos.

Quedaba claro que no iba a permitir que yo lamiera su pene; él llevaba todo el control, era él quien follaba mi boca. Su sabor era cada vez más intenso y el sonido de sus gemidos me excitaban cada vez más. Estaba cachonda pérdida, arrodillada en el suelo y sintiéndome follada por la boca.

PD- Ven aquí, perrita, sácate el vestido y bájate las bragas;  sube a la mesa, siéntate y abre tus piernas.

Así lo hice. Senté mi culo en la mesa, y ofrecí mi tierno coñito a aquel hombre maduro. Tras observarme unos segundos se acercó a mí, me acarició un par de veces, y al verme tan cachonda y notarme tan mojadita, encaminó su polla a mi rajita.

No tarde mucho en notar todo tipo de sensaciones en mi cuerpo. Noté como su pene entraba poco a poco en mi coñito, como lo penetraba entero, como iba subiendo mis pulsaciones y el sonido de nuestros gemidos  mientras él marcaba el movimiento con sus manos entre mi cintura y mis caderas, moviéndome mientras me penetraba. Sus envestidas eran cada vez más fuertes, contundentes, con ritmo. No tardé demasiado en comenzar a correrme.

Me llegaba un orgasmo tras otro, estaba exhausta pero estaba gozando como nunca. Mientras me agarraba con fuerza por el pelo, tirando hacia atrás, y montándome como si fuera una perra, empecé a notar como deslizaba su mano hacia mi culo y acariciaba mi ano con el dedo. Yo notaba como mi ano iba dilatándose y como iba entrando su dedo mientras su polla no dejaba de darme placer.

PD- Muy bien zorrita, ¿alguna vez te han dado por el culo?
s- No, nunca.
PD- Pues hoy probarás lo que es; ponte de pié y date la vuelta, échate en la mesa y abre bien tus piernas.

Y nada más girarme sentí un fuerte azote en el culo que realmente dolió, aun que para mi sorpresa hizo que mi excitación aumentara aun más.

PD- Debiste decir ¨no nunca, Amo¨. Por eso te he azotado.

Me agarré como pude a la mesa, esperando que desvirgara mi culito. A pesar de que él me había dilatado el ano con el dedo, aún costaba que entrara el pene. Para arreglarlo, escupió sobre su glande, y extendió su saliva por el capullo, a modo de lubricante. Y ahora sí, pude notar como metía su puntita dentro, con cuidado. Fue poco a poco entrando cada vez más, hasta el fondo. Casi diría que lo hizo dulcemente, disfrutando cada milímetro que avanzaba en mi desvirgación anal.

Una vez entera dentro y ya dilatado completamente empezó a subir el ritmo y la intensidad, y fue entonces cuando empecé a sentirlo gustoso y cuando mis gemidos de dolor cambiaron a gemidos de placer; ni siquiera sé cuantos orgasmos llegué a tener pero fuero muchos.


PD- Bien zorrita, ahora vas a comerme la poya de nuevo, quiero notes tu sabor y el mío; baja y arrodíllate de nuevo.

Me baje con mis piernas temblorosas de tantos orgasmos  y me metí de nuevo su pene en la boca. Antes lo lamí bien, desde el nacimiento de este lentamente llevé mi lengua hasta el glande y comencé a dibujar círculos en el con mi lengua y ya ahí la metí en mi boca moviendo mi cabeza lo más rápido que podía a la vez que con mi pequeña mano le pajeaba.

Tras un par de minutos, él la sacó de mi boca y seguidamente comencé a sentir como su semen caliente caía por mi pecho. Aquello me puso de nuevo cachonda, y comencé a masajear mis pechos, esparciendo el semen  por ellos mientras él terminaba de correrse.



PD- Bien pequeña zorrita, estas resultando ser una buena sumisa. Ahora quiero que limpies bien mi polla  mis huevos, que lo dejes todo bien limpito.

No podía saber el porqué, pero estar arrodillada ante aquel hombre, oyendo sus órdenes, me ponía como una moto. Dicho y hecho, comencé a lamer otra vez su glande, intentando probar aquel líquido espeso. Al notar el sabor de los restos de semen en su pene, me sentí la más guarra del pueblo, la más guarra para él, y eso me encantaba; yo nunca había probado el semen y su sabor estaba siendo una grata sorpresa.

PD- Me ha encantado zorrita, eres una mujer realmente hermosa y con grandes dotes; ahora ya ve a limpiarte y vístete.

Agarré mi vestido y mis bragas y me fui al baño pensando en lo que me acababa de pasar, alucinando pero feliz; me lavé un poco y coloqué mi pelo y salí; él había abierto la puerta y ya había clientes que atender.
Mientras atendía lo observaba, estaba como si nada hubiera pasado, ni un solo pelo fuera de su sitio. Me pidió la cuenta, me acerque a él y me agarro del brazo tirando de mi hasta que sus labios rozaban mi oreja.

PD- Espero que podamos repetirlo pequeña zorrita.
s- Lo esperaré con ganas, mi Amo.

Y allí me quedé, en mi restaurante, viendo marchar a aquel hombre al que quizas no volviera a ver nunca más, y sabiendo que habia sido él, un completo desconocido, quien me habia desvirgado el culo y me habia dado a probar el semen por primera vez.

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