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martes, 27 de diciembre de 2016

Arrodillada ante su polla.



Era temprano, no podía dormir y estaba nerviosa por mi nuevo trabajo con El Profesor. Me había contratado como secretaria, y comenzaría también mi adiestramiento como sumisa.

¿Cómo iba a satisfacerlo?  Nunca he sido sumisa y no soy buena en esto...
Quizás me corra el primer día... ¿o no?

Me bañé y me preparé para irme. Seguía igual de nerviosa...

Llegué a la oficina del Profesor a la hora pero el ya estaba allí. Toqué la puerta y esperé a que me diera el paso.
- ¿Puedo pasar, Profesor?
-Adelante.

Pase y pregunté:
- Buendía Profesor, ¿Necesita algo? ¿En qué le puedo ayudar?

El Profesor me miro un poco molesto y dijo:
- Buenos días. No veo mi taza de café.

Salí de la oficina rápido y volví lo antes posible con su café, que dejé en el escritorio. Al dejar la taza y retirarme, sentí de repente como el Profesor tomaba mi mano. Se estaba levantando. Lo miré, y me dijo qué había cometido un error y que tenía que repararlo.

Le comenté que no era experta en esto, y él me dijo que me ayudaría. Sus palabras me dieron seguridad. Lo mire a los ojos y bajé lentamente hasta quedar arrodillada a sus pies.

Lentamente desabroché su pantalón, bajé sus calzoncillos, y su polla apareció enfrente de mí. Tras guardar la ropa con cuidado, volví a mi posición de sumisa. Estaba delante de mí. La acaricié despacio, de la punta hasta los testículos. Se los toqué y los besé, primero uno, y luego el otro. Me metí una bola entre mis labios, y la mordí un poquito. No quería que el profesor estuviese enojado conmigo. Termine con una, y continué con la otra bola, la chupé, succioné y mordí ligeramente.

Después de pasar un buen rato con sus testículos, y tras volver a acariciarlos, pude observar como su verga se habían puesto bien dura. Eso es que lo estaba haciendo bien. Sin perder tiempo, comencé a lamer su polla, comenzando por abajo, hasta llegar a la punta. Sentí un poco de líquido, y lo lamí. Sin dudar ni un momento me la metí a la boca toda y la empecé a chupar una y otra vez, desde la punta hasta el fondo. Pude sentir como crecía dentro de mi boca camino de mi garganta. Una y otra vez la acariciaba, la lamia como si fuera un helado...  Mmm...,

Me la volví a meter en la boca, succionándola suavemente. Y regresé de nuevo a sus testículos. Me metí sus bolas entre mis labios, las besé, las chupé, estaba encantada de poder comérmelas. Volví con su miembro, lo lamia una y otra vez, repetidamente, descubriendo que me encanta estar así, con el profesor. Entonces sentí como de repente el Profesor me agarraba el cabello y comenzaba a follar mi boca. Yo sentía su empuje, y me notaba usada, sucia, mojada completamente. No tardó demasiado en sentir la lechita del profesor, inundando mi boca.

- ¡¡Tómatela toda, perra!!


Un rio de leche me inundaba la boca. El Profesor aprovechó aquel grito para clavar su polla hasta el fondo de mi boca. Quería correrse directamente en mi garganta, pero lo que provocó fue una arcada que hizo que una parte de su leche saliera por las comisuras de mis labios. Yo, como buena sumisa, me afané a recuperar aquel liquido blanquecino, y sin más me lo tragué todo.

- ¡¡Límpiame!!

Lentamente, y obediente, me dediqué a repasar con mi lengua cada centímetro de su miembro. Deseaba quedar bien con él y que se quedara satisfecho conmigo. Tras un rato secando su verga, y tras cerciorarme de que estaba bien limpia, traté de levantarme, y fue entonces cuando él me dio una advertencia para que no lo hiciera...

- Aún sigo molesto contigo, perra. No te levantes aún.

Vi como tomaba su miembro con su mano otra vez. Lentamente lo masajeó, y me dijo "Mírame". Yo arrodillada le obedecí y lo miré desde el suelo.

- Quítate la ropa ahora...

Entonces me levanté y me quite toda la ropa, que coloque en el sillón. Quedé parada frente a él...

- Arrodíllate ante mí, sumisa, y abre la boca.

Me arrodillé nuevamente delante de él. Vi su miembro erecto, antojable... El Profesor masajeaba su polla una y otra vez, me la pasaba por la cara, por los labios, hasta que de repente un chorro de liquido amarillo y caliente. Mi primera reacción ante aquel chorro fue cerrar los ojos y la boca, por la sorpresa de sentir aquel liquido correr por mi cara. No tardé demasiado en darme cuenta de que aquello era la orina del Profesor, se estaba meando encima mío.

Era la primera vez, pero ya habíamos hablado del tema y yo quería quedar bien con él. Sentí en mi cara una lluvia dorada que provenía del Profesor. Recorrió mi cuello y mi pecho, deslizándose hacia abajo, mojando mis pezones y mi coñito. Lo sentí hasta en mis piernas. Puse mis manos para recibir su orina, y luego la pasé sobre mi rostro. Finalmente, abrí mi boca para sentirla y saborearla. Quería que él Profesor estuviera orgulloso de mí, y él aprovechó para acercarse a mí y orinar directamente en mi boca.

El pis calentito del Profesor salia a borbotones de mi boca, y viendo la cara de satisfacción que ponía, yo me sentía la mas guarra del mundo, la más puta. Esperé a que terminara para limpiar los restos. Lamí su pene hasta que no dejé huellas, y luego lo vestí como él mismo me ordenó.

-Puedes vestirte, perra. Estoy contento contigo. Te puedes retirar...

Salí de la oficina del Profesor y fui al baño a arreglarme de nuevo.



Una colaboración de marina.

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