Marcando a Arya. Lluvia Dorada con Inés

 Faltaba poco para el final de la sesión. Inés había venido desde Toledo para ver como Arya se entregaba y servía a su Amo. Lo había visto en primera fila y había prestado atención a todas y cada una de las explicaciones del Profesor. Se notaba que le gustaba ser educativo y explicaba cada una de sus acciones de la manera más didáctica posible. En el fondo, la idea no era simplemente que Inés aprendiera, la idea era que se excitara y que quisiera ser como Arya.

 

Antes de terminar la sesión, la invitó al baño, para ver la última parte.

 

Le pidió a Arya que se arrodillase en la ducha, como hacía todas y cada una de las sesiones, y le pidió a Inés que se quedara a su lado, fuera de la ducha.

 

- “Ahora voy a orinar sobre Arya, voy a marcarla con mi orina. Le haré las cuatro preguntas que le hago siempre y ella responderá con las cuatro respuestas que siempre me da. A continuación empezaré a mearla. ¿Tienes alguna pregunta?”

- “No, no... todo claro”

 

Se notaba en su tono de voz que Inés estaba nerviosa y excitada.

 

- “Te voy a pedir una cosa, que quizás te parezca raro, pero que a mí me encantaría. Quiero que sujetes mi polla con tu mano mientras marco a Arya con mi pis. Piensa en mi polla como si fuera una manguera con la que regaré a mi perra: si la levantas, mi chorro de orina caerá sobre su cara, y si la bajas, el chorro caerá sobre sus tetas o su coño. Quiero que muevas mi polla arriba y abajo para que mi orina la marque entera. ¿Entendido?”

- “Sí”

 

No alcanzó a decir nada más, estaba demasiado nerviosa. Él la agarró de la mano, la acercó a su cuerpo, y colocó su mano sobre su polla erecta y dura, para que la agarrara. La rodeó con el brazo para que se sintiera más cómoda, y ella le miró, mientras acariciaba su rabo suavemente.

 

Entonces el Profesor giró la cabeza, y se dirigió a Arya, que ya sabía lo que tenía que hacer, su rutina de cada sesión.

 

- “Quién eres?”

- “Su puta, Señor”

- “Quien más?”

- “Su perra, Señor”

- “Qué quieres?”

- “Su semen, Señor”

- “Qué más?”

- “Su orina, Señor”

 

Y sin decir nada más, comenzó a orinar sobre su perra. Un chorro de pis maloliente y caliente salió de su polla disparado para caer sobre los pechos de Arya, mientras apretaba a Inés contra su cuerpo desnudo.

 

La toledana se sorprendió cuando notó que podía sentir en la yema de sus dedos como la orina del profesor atravesaba la uretra para salir por la punta del glande. Reconoció sin problemas ese olor, el de la orina de un hombre adulto. Lo había olido muchas veces, pero jamás en ese contexto. Se sentía parte de la sesión y estaba excitada.

 

- “Levanta un poco el chorro, Inés, quiero mearla en la cara”

 

La invitada obedeció, y pudo observar como el chorro amarillento subía por el cuerpo de Arya, hasta regar su cara. El rostro de la invitada era un cuadro. Con la boca entreabierta, y sujetando la polla del Profesor, podía ver como él marcaba a su perra con su orina. Sentía su polla caliente en su mano, y sabía que si subía o bajaba el chorro caería en otro lado. Ya no estaba tan dura como al principio, fruto de la meada.

 

El olor a pis humano inundaba el baño, y Arya permanecía arrodillada en la ducha, sobre la orina de su Dueño. El sucio y maloliente líquido manchaba su rostros, sus labios, sus pechos, su vientre, y había ido bajando hasta mojar su coño. Se sentía su perra, se sentía marcada por él, se sentía suya, de su propiedad.

 

Al acabar, quedaban las típicas gotas por salir. El Profesor agarró la mano de Inés y la movió hasta que ella pudiera acariciarle los huevos. La toledana obedeció.

 

- “Recoge las últimas gotas, Arya”

 

Sin esperar, Arya se acercó a su Dueño, y comenzó a chupar suavemente la polla del Profesor, recibiendo así las últimas gotas de orina. La toledana seguia mirando, absorta, como la sumisa mamaba como una buena perrita mientras ella acariciaba sus huevos.

 

Como era de esperar, aquel miembro no tardó demasiado en estar dura y hermosa. No lo decía, pero era obvio que aquello le gustaba. Levantó la vista, y se dió cuenta que el Domine le miraba fijamente.


- "Ponte a 4 patitas, Inés, voy a follarte"





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